Beckett no veía nada a su alrededor más que las montañas al fondo, unas grandes torres de piedra caliza en la distancia y los mismos matojos de antes. Se preguntaba qué había allí para que Castle la hubiese hecho levantar tan temprano, para impedirle beber alcohol el día de antes. Pero… ¿su regalo no era el pasar un fin de semana de lujo, de fiesta y apostando? ¿Qué más podía tener preparado? También, el día de antes Castle le permitió preguntar sobre cualquier cosa de su vida y eso era un regalo encantador. Pero… allí, en el desierto… ¿qué podían esconder esos matojos?

Se habían dirigido al este y por el tiempo que habían tardado en llegar sospechaba que estarían cerca del parque nacional del Gran Cañón, pero había visto fotos del parque y el panorama que se divisaba desde donde ella estaba no aparecía ningún complejo turístico, ni un rancho. No había ninguna carretera asfaltada que llevase a algún restaurante o casa de lujo.

Sí se dio cuenta que había una pequeña vía marcada sobre la superficie reseca del desierto que no contenía matorrales ni hierbas, siguió ese camino con la vista y distinguió una construcción que se camuflaba con el entorno. Esa construcción tenía tanto polvo que no se distinguía fácilmente del suelo.

Conforme se acercaron vio que había otro helicóptero como el que estaban montados y lo que parecía tres avionetas más asomaban por la puerta de la nave. Cerca de la construcción había un tanque cilíndrico y una especie de colchoneta circular de color rojo y nada más… Nada más.

¿A qué sitio la había traído Castle? No estaba incómoda pero… porque estaba él… si no… habría estado más agitada. En ese lugar… pensó que podían matarla en aquel mismo sitio y los animales y el polvo consumirían completamente su cadáver, tanto su carne como sus huesos. En menos de 15 días no quedaría ningún rastro y nadie podría encontrarla. ¿Qué tenía preparado para ella? En comparación con la cantidad de gente que había en el casino, las luces de la ciudad… este lugar parecía que estaba en un universo distinto, era desolador.

Un par de minutos más tarde aterrizaron al lado de la construcción, el piloto les indicó:

- Pueden desatarse y bajar. Hemos llegado.

Castle se dirigió con Beckett al interior de la nave, ya empezaba a calentar los rayos del sol.

- Rick ¿a dónde me has traído? ¿Qué hacemos aquí? – Veía que era una nave diáfana con unas estanterías al fondo. Todas ellas llenas de artilugios.

- Este es tu regalo.

- ¿Mi regalo? – También vio una mesita con papeles cerca de lo que sería un despacho.

- Sí.

- ¿Me has traído a un hangar en medio del desierto? – A la otra parte del despacho habían unos sacos como mochilas negras con bandas a colores.

- Sí.

- Castle - Beckett inspiró profundamente - ¿Qué clase de regalo es este? – colgado de una de las paredes habían tubos metálicos y unas bolsas alargadas de colores como petates pero de unos dos metros y medio de largo y muy finas.

- Uno que espero que disfrutes.

- ¿En un hangar, Castle? – Comenzó a alterársele la voz.

- Sí… ¿Qué pasa?

- ¿No se te ocurre otra idea que traerme a la NADA, precisamente a un hangar?

- Ei, ¿Qué pasa? Aún no has visto todo esto… no sabes de lo que va y… te estás alterando.

- No… - Beckett reprimió el gritarle para que el piloto no la oyese – Tú… no te das cuenta qué sitio es éste. Castle, ¿no te das cuenta de lo que has hecho?… ¿De lo que me has hecho…? – se le deformaba la voz de manera irregular.

- Yo… ehhh… - Castle no entendía el enfado de Beckett, aunque percibía también angustia en su tono de voz.

Alarmado, no entendía la reacción de ella. Sabía que traerla a un desierto en medio de la nada sin decirle lo que iba a hacer podía extrañarla un poco, pero de eso a que se lo recriminase de esa forma, con ese coraje y con esa tensión en todo su cuerpo… no caía. Parecía que incluso podía empezar a llorar… o a golpearle… o… ambas cosas. De pronto… cayó.

- ¡OH! ¡JODER! ¡OSTIAS!... ¡Me cag' en mi puta calavera!, ¡Kate, Lo siento! ¡No me di cuenta! Yo… ¡IMBÉCIL! – Le dio las espaldas a Beckett y empezó a lanzarse mentalmente todos los insultos que conocía.

Beckett nunca había visto a Castle insultar de aquella manera. Lo había visto alterado y enfadado pero nunca… nunca lo había visto insultar o perder los modales. Y eso que lo había visto en situaciones complicadas. Definitivamente no lo había hecho a conciencia. Se serenó un poco y volvió a preguntarle.

- ¿Por qué me has traído aquí?

- Yo… Lo siento – volvió a girarse hacia ella - Cuando pensé en traerte aquí no me di cuenta que las instalaciones de donde se sale es un hangar. No quería hacerte revivir lo del capitán. Yo… ¡MIERDA!... Lo siento. Vámonos ¿vale?, no pasa nada, es mi culpa por no haberlo visto – estaba implorando perdón – Yo… cuando pensé en este sitio lo hice pensando en lo que se hace aquí, no pensé en la instalación de origen, no pensé en el hangar. Perdóname, yo… mira la he cagado. Sabía que al preparar el viaje en dos días, se me podría pasar algún detalle, pero éste ha sido garrafal. Si me hubiese dado cuenta no te habría traído aquí, habría pedido salir desde otro punto o habríamos hecho otra excursión. Yo… perdón. Soy un completo idiota.

- Bien, tranquilo… Ya me he dado cuenta que no lo has hecho a propósito. Dime al menos lo que tenías preparado para decirte si nos vamos.

- Yo… cuando salgas… si sales a hacer la actividad no es necesario volver al hangar. Esto sólo es el punto de partida y llegada.

- ¿Qué habías pensado?

- ¿Quién de ustedes es el que va a atreverse a realizar el gran salto? – Interrumpió un hombre joven, más bien alto y delgado.

- ¿Gran salto? – Preguntó Beckett.

- Sí. Gran salto – afirmó Castle - Había pensado que te gustaría tirarte en paracaídas, mejor dicho: en parapente. Yo… quería que te divirtieras… Me pareció que tirarse en parapente, ver las vistas del cañón desde el aire, la sensación de vértigo… te habría gustado más que cualquier fiesta o espectáculo de los hoteles. Yo pensé…

- ¡Parapente! – Soltó Beckett.

- ¿Y bien? ¿Entonces es usted – dirigiéndose el instructor a Beckett – la valiente de hoy?

- Un momento, por favor – le indicó Castle - No lo va a hacer si no quiere – Se giró de nuevo hacia ella pero ahora cogiéndola de sus hombros - Kate, sé que lo he hecho mal. Creo que si te hubiese avisado antes de salir o si me doy cuenta y lo preparo de de otra forma te habrías animado pero… así… entiendo que no quieras hacerlo, no lo he hecho bien y podemos hacer otras cosas en Las Vegas. ¿Nos vamos? – Tiró ligeramente de ella para acercarse al helicóptero y reemprender la vuelta.

- Espera – Lo detuvo en su intento.


Nota autora: En absoluto me molesta si me rectifican faltas de ortografía (con buenos modales ja, ja, ja) Sé que cometo faltas gramaticales, ortográficas o de puntuación. Procuro quitarlas pero siempre se escapa alguna.

Y antes que me digáis nada... Sé que Castle no insulta de esa manera. Como mucho dice algún shit o son of...

He procurado que los personajes sean parecidos a la serie, pero también he de reconocer que me he tomado alguna licencia en este fic para ciertas acciones (como la de aquí con los insultos de Castle, otras que se han dado y otras que vendrán). Me resulta a veces complicado verlos cómo serían fuera de la comisaría o sus reacciones de vida cotidiana, de ahí que improvise algunas cosas como la reacción de Beckett cuando Castle la levantó a las 4:30 en su mejor parte del sueño o posibles acciones que no estamos acostumbrados en la serie pero que sinceramente creo posible; como la insinuación de ella al principio del fic. Mi excusa es que esto lo escribí antes de saber siquiera que habría un doctor Burke y que es ficción, no un capítulo de la serie.

Lo que busco es que paséis un rato entretenido leyendo (y yo escribiendo) y que no se os haga muy largo el fic a pesar de la cantidad de páginas que tiene.

Saludos