Disclaimer: One Piece y sus personajes son propiedad de Eiichiro Oda
Hola a todos, gracias por entrar a leer! Si algo me quedaba en el bolsillo para escribir sobre este fandom, seguro tenía que ver con Brook. Hay muy pocos personajes que llegaron a movilizarme tanto como el músico. Me pareció de una sensibilidad sublime el que Luffy considerara que una tripulación de piratas no podía prescindir de uno, es una de las ideas más extraordinarias que se han planteado en la serie.
Este es mi pequeñísimo homenaje. Es un fic muy, muy simple, nada los sorprenderá demasiado, pero al menos espero que les resulte entretenido. Serán ocho drabbles en total y ya tengo bastantes adelantados, así que actualizaré semanalmente.
El tema central es la inspiración. En lo personal creo, como Picasso, que es mejor encontrarla trabajando. Tantas veces me vi tecleando sin mucha idea de cómo continuar una historia... hasta que de repente, escribiendo, lograba cerrar un argumento en mi cabeza. Es absurdo esperar que nos nazca de adentro o que nos venga de afuera, porque la inspiración es un pequeño milagro y esas cosas no suceden con frecuencia, sería demasiado pretencioso depender exclusivamente de su "llegada" para continuar produciendo. Hay que sentarse con tiempo y ponerse en acción, punto.
De todas formas, a los fines del presente fic, me he tomado algunas libertades conceptuales al respecto. Perdón por la cháchara y gracias por su tiempo :D
Primer movimiento: andante con equívoco
Necesitaba inspiración. Debía encontrar con urgencia algo o alguien que le sacudiera el alma o no podría sacarse de adentro la difusa melodía que comenzaba a gestarse en su interior. Quizás alguno de sus nakamas pudiese ayudarlo.
De pronto vio a Nami, que venía en su dirección. ¡Belleza! La belleza era un atributo esencial en toda creación. Brook rió por lo bajo con regocijo. Una joven como ella siempre resultaba inspiradora para el artista que ha sido aguijoneado.
-¡Nami-san! –llamó, entusiasmado, mientras iba a su encuentro con el violín en posición-. Nami-san, por favor…
-Ya conoces mi respuesta, Brook –lo cortó ella con sequedad.
El músico la miró contrariado.
-¿No quieres? –le preguntó, sorprendido por el imprevisto rechazo. Creía que las mujeres apreciaban servir como fuente de inspiración. La historia del arte así lo atestiguaba.
-Si tanto te interesa –sugirió ella-, tendrás que pagar.
Ahora Brook la observó con perplejidad. ¿Tenía que pagarle para que sea su musa? Insólito… ¿Tanto habían cambiado los tiempos? La modernidad era algo que al pobre esqueleto le costaba cada vez más comprender.
Brook suspiró, desalentado. ¿Qué haría? El llamado era demasiado apremiante. Dudó, pero finalmente tomó una decisión. Aunque le parecía innoble traficar con algo tan excelso como la creación artística, se resignó a aceptar lo que se le ofrecía. Todo sea por la belleza de su obra.
-Nami-san, ¿tendrías la gentileza de fiarme por esta vez? –pidió, pues no contaba con efectivo.
La navegante lo midió con la mirada. Luego hizo ademán de pensárselo, hasta que finalmente le respondió con fingida indulgencia.
-Lo siento, Brook. Viviría en la ruina si tuviera que fiarle con tanta liberalidad a cada pirata de este barco –dictaminó sin piedad.
-¿Ni siquiera por amor al arte? –intentó él.
Nami arqueó una ceja. Su amigo era muy ingenuo si creía que podía persuadirla con semejante argumento. Además, ¡era lo único que faltaba! ¿Tan desesperado estaba por mirar sus bragas? La joven meneó negativamente la cabeza.
-Ay, Brook, ¡sabes que algo así está fuera de discusión!
El susodicho pareció compungido.
-Entiendo –musitó.
La joven prosiguió su camino creyendo que lo había puesto en su lugar. Lo de cobrarle había sido un subterfugio de último momento, porque por lo general bastaba con una rotunda negativa. Sin embargo, comenzó a entrever una interesante veta lucrativa en la manía del músico. Más tarde lo pensaría con más detenimiento.
Por su parte, Brook se quedó preocupado. Había creído que sería una muy buena idea recurrir a los delicados dones de Nami para dar nacimiento a su incipiente melodía, pero en fin, tendría que buscar por otro lado.
Menos mal que tampoco se le había ocurrido solicitar la contemplación de sus bragas. Era evidente que su nakama no se hallaba de buen humor ese día.
