- Bueno, déjale que durante este primer salto se lo piense aquí en tierra. Ya tendrá más saltos para hacerlo.

- No me convenceréis – Aseguró Castle.

- ¿Más saltos? Creía que sólo nos tirábamos una vez.

- Noooo. Tu amigo nos contrató para toda la mañana, y si te gusta creo que se podría ampliar a parte de la tarde. Por lo menos podrás hacer unos cinco o seis saltos. Podrás salir de aquí con el título básico de salto en parapente. ¿Nos subimos?

- Claro. Pero antes quisiera terminar de convencerlo.

Castle estaba sentado en una silla de la mesa de papeles, había mirado el periodo de instrucción de Beckett. Ahora ella se acercó y se acuclilló delante de él, apoyándose en sus rodillas le habló bajito para que los otros instructores no la oyesen.

- ¿Te acuerdas de ayer por la noche?

- Qué parte, exactamente.

- La vergüenza que pasé ante ti por ser mi ángel de la guarda.

- Sí – Esbozó una sonrisa.

- Pues ahora quiero que sigas haciendo lo mismo. Con la diferencia que ahora no sólo quiero que seas mi ángel de la guarda. Ahora quiero que lo demuestres y hagas el salto del ángel.

- ¿Eh? – Ahora se le quitó cualquier rastro de sonrisa.

- Pero con paracaídas.

- Kate, por favor, no.

- Quiero que de la misma manera que me avergoncé delante de ti por mi torpeza, ahora quiero que te avergüences ante mí por tu torpeza. Eso sí sería un "regalo especial" para mí.

- Beckett…

- Rick, tienes este salto para pensarlo. Luego nos iremos o nos quedaremos, depende de ti. Si saltas conmigo me quedo, si no saltas nos vamos. Sabes que cumplo mis amenazas.

- No me pongas en ese dilema. Lo de anoche fue torpeza por tu parte, pero sólo un equívoco. Unas palabras mal escogidas, nada más. Lo que me pides ahora es que me ponga en ridículo pero además teniendo que superar mi miedo.

- Exacto. Sería muy dulce por tu parte ¿verdad?

- No me creo que pienses que es dulce. Lo dices para devolverme lo de anoche y abochornarme en caso que cuente algo de lo de ayer.

- Bueno… Quizás también haya un poco de eso. Piénsatelo: O saltas o nos vamos.

Beckett se levantó y se dirigió a la avioneta junto a Nick y el piloto. Arrancó motores y se alejaron por la no pista del desierto, a los 20 minutos otro de los monitores cogió el jeep y se fue a buscar lo que sería el punto de reunión o de aterrizaje de los paracaidistas.

Allí se quedó Castle solo, sentado en la mesa de los papeles, los ojeó y vio que eran unos planos topográficos de la zona con los puntos marcados de recogida de los saltadores. Folletos de propaganda de la empresa "Airéate". Papeles con previsión del tiempo y corrientes de aire y otros planos que indicaban las rutas y saltos de las otras actividades que hacían allí: Visitas turísticas al cañón en helicóptero o avioneta, saltos en ala delta, ruta en jeep o helicóptero de los miradores paisajísticos de la zona, parapente motorizado y una especie de deporte que se parece al Kite-surf pero en lugar de hacerlo en el mar lo hacían en el desierto. La tabla que usaban tenía acopladas unas ruedas, como un gran monopatín. Para desplazarse por el desierto el practicante era atado a un arnés empujado por un pequeño parapente.

Unos minutos más tarde aterrizó la avioneta de saltos, ya había soltado su cargamento por el camino. El piloto, que también era un instructor, entró en el despacho. Sacó un par de cervezas y se sentó con Castle en la mesa ofreciéndole una.

- Creía que los pilotos no podían beber, ¿os hacen controles como la poli a los que conducimos en tierra? – El comentario lo hizo de una manera simpática pero por un momento se inquietó por contratar los servicios de una compañía de beodos.

- Mientras trabajamos sólo sin alcohol. Este desierto es lo que tiene, o bebes o te deshidratas.

- ¿Y el agua?

- Para cuando quieres cambiar de bebida y las urgencias. Si toca bañar a alguien o mojar la cabeza es mejor hacerlo con agua que con cualquier otro refresco, ya sea cerveza sin, cola, limón o lo que sea, se quedan pegajosos.

- Visto de ese modo, tienes razón - Sonrió Castle un poco más tranquilo mientras enredaba con uno de los folletos. Estaba haciendo un avioncito de papel con ese folleto.

- No he podido evitar escuchar que tu novia quería convencerte para saltar.

- ¿Kate? No es mi novia. Es una amiga, ella tiene pareja.

- Huh. Pues normalmente cuando llaman por teléfono aunque digan que son amigos como dijiste tú pero se presentan aquí como vosotros, generalmente son novios o pareja.

- Pues no es nuestro caso.

- ¿Puedo saber que hacéis para ser sólo amigos?

- Yo colaboro en su trabajo. Así es como nos conocimos y así seguimos.

- Vaya, pues no lo parece. Y bien, ¿te ha convencido para saltar?

- No sé. Me ha puesto en un brete y soy yo el que tiene que decidir. Sabe jugar bien sus cartas. Y sabe usar las palabras exactas para convencerte – Mentalmente añadió, "no me extraña que sea tan buena en los interrogatorios, conmigo ha usado una mezcla de cumplido y amenaza"

- ¿Un brete?

- Sí, sabe que me asustan las alturas y quiere vengarse de una cosa que hice ayer. Bueno, lo de ayer no fue culpa mía pero sí lo que le he hecho en otras ocasiones. Por otra parte sabe que quiero que disfrute de la jornada. Así, o salto para que ella siga haciéndolo y me pone en ridículo o nos vamos sin que ella salte y yo conservo mi pellejo pero quedando como un cobarde.

- Igual se tira para atrás y no cumple su amenaza.

- Ella no cederá. Eso puedo asegurártelo.

- Ahora sí empiezo a creer que no sois pareja. Cuando han llegado así y uno de los dos se asusta más de lo normal, al final acaba cediendo el que amenaza porque le tiene demasiado cariño al otro.

- No quiero saltar por miedo y por quedar en ridículo. Pero tampoco quiero regresar tan pronto, ni quedar como un cobarde.

- ¿Entonces te animas a lanzarte?

- No sé. No lo tengo claro. Lo que sí es verdad es que esta mañana, hace un rato, sí he hecho algo para disgustarla, no lo he hecho a propósito pero ha pasado.

- Tío. Sinceramente. Si una tía como esa es amiga mía intentaría no disgustarla, si realmente le has hecho algo malo, sería una muy buena forma de pedirle perdón.

- Buffff. ¿Seguro que no pasa nada?

- Je. No. Te da un poco de vértigo los primeros segundos pero cuando alcanzas la velocidad de caída libre se te va.

- ¿Y al saltar no te puedes pegar con la rueda o la cola del avión?

- No. Para eso ya estoy yo aquí.

- ¿Y el peso? ¿Aguantará el paracaídas con los dos?

- Claro. ¿Pesas más de 200 kilos?

- Noooo.

- Pues entonces aguantará. El fabricante es lo que dice. De todos modos una vez quisimos hacer la prueba de resistencia del parapente cuando tuvimos uno viejo para tirar.

- ¿Cuánto aguantó?

- Verás le pusimos un saco de 200 kilos de peso. Más que dos personas juntas y a cada salto que hacíamos le íbamos cortando unos hilos de la vela. Lo suficiente para debilitar el parapente pero de manera que aún se podía abrir. Cuando se quedó con sólo unos pocos hilos fue cuando falló y el saco se estrelló.

- Hum. Parece que aguanta bastante. ¿Podrías detallarme cómo se hace el salto? Sé que no debería conocer los detalles, pero lo prefiero.

- Mira. Saltamos en tandem. Tú y yo juntos o bien con mi compañero, el de las fotos. Si tu amiga se anima a saltar sola, entonces te toca Nick. Tú no tendrás que hacer nada, nosotros somos quienes gobernamos la vela. A la hora de saltar tú te pones delante de mí y de espaldas. En el avión a la hora de saltar te sentarás en el bordillo del compartimiento de carga con las piernas colgando fuera, yo estaré justo detrás y tendrás que echar la cabeza y los pies hacia atrás. La cabeza la tienes que apoyar en mi hombro y los pies pasarlos entre mis piernas, curvado como si fueses un plátano.

- Ya me estoy poniendo como un plátano, pero de blando.

- Je, tranquilo. Luego seré yo quien empuje y saltaremos. En el aire no tendrás que encogerte como una piedra, estirarás las piernas y los brazos. Si llegas a saltar solo, comprobarás que los pies y las manos son el timón para hacer los giros.

- ¿Giros? No me hace falta. Estoy en tierra y ya me da vueltas la cabeza de pensarlo.

- Como te he dicho antes, la sensación de vértigo es de sólo unos pocos segundos, 5 o 10 como mucho. Luego se desciende en caída libre durante un minuto y abriré el parapente grande. Has de saber que también se lleva otro de seguridad. Luego ya sólo es planear por el aire hasta llegar a tierra, serán unos 20 minutos de descenso lento. ¿Alguna pregunta más?

- ¿Qué velocidad se alcanza?

- Je, je. De unos 180 a 250 Km/h. En cualquier caso la muerte será rápida si nos estrellamos contra el suelo.

- No quisiera acabar como el chile.

- Ya. Yo tampoco, pero salto. Es seguro. ¿Te animas?

- Creo que no tengo otro remedio.

- Entonces vamos. Voy a hacerte la iniciación antes que llegue Mick con el jeep.

- Oye. Me gustaría preguntarte otra cosa antes.