Advertencia: Este capítulo contiene muchas referencias que aparecen al final, pero son prescindibles. Es sólo para dejar constancia de que saqué la información de internet y por si les interesa una explicación más acabada.

Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.

Para la recientemente reelecta embajadora Taiora del foro Proyecto 1-8

Genee

¡Felicidades!


~ La búsqueda del tesoro ~

Capítulo 2

Se reunieron un domingo afuera de la secundaria en la que antaño habían estudiado la mayoría de ellos y donde algunos todavía asistían. Llegaron todos, salvo por Jou e Iori, quienes no iban a poder participar, pero habían ayudado a Taichi a organizarlo todo, porque nadie consideraba sensato que el castaño se encargara sólo de aquello. ¿La razón? Podían decirse varias, aunque tal vez la más importante era que no confiaban en que no fuese a hacer trampa.

—De acuerdo, ahora que estamos todos es momento de saber con quién iremos. Las chicas y Takeru tendrán que sacar un papel para conocer a sus parejas.

—¿Y por qué yo tengo que ir con las chicas?

—Lo lamento, Teeks [3], pero son menos mujeres en el grupo y tuve que decidirlo al azar —le explicó Taichi sin poder evitar una cuota de burla en su voz.

Takeru lo miró con desconfianza, presintiendo que el castaño lo había hecho a propósito para molestarlo, pero sabiendo que no había nada que pudiera hacer al respecto.

Yamato, de pie a un lado de Taichi, le dedicó una mueca igualmente burlona a su hermano, el que se alzó de hombros con una sonrisa. Tampoco es que importara tanto.

—Muy bien, ¡empiezo yo! —Mimi fue la primera en acercarse, pero Taichi la evitó ágilmente acercándose a la pelirroja.

—Sora, tú primero —le dijo con determinación.

—Aish, eres un maleducado, Taichi-san —protestó la princesa del grupo.

Sora, mientras tanto, pestañeó confusa, sin entender la necesidad de que ella fuera la primera.

—Date prisa, me estoy haciendo viejo aquí.

La chica le sacó la lengua e introdujo la mano en la bolsa para hacerse con uno de los papelitos. Mimi fue la siguiente, porque si no seguro que le asestaba un buen golpe a Taichi y él no iba arriesgarse. La siguió Hikari, Miyako y por último Takeru.

Sora observó perpleja el papel frente a sus ojos. Las letras inequívocamente formaban un nombre, pero ¿no sería demasiada coincidencia que se tratara de su mejor amigo? ¿El que, por cierto, había estado diciendo lo divertido que sería participar juntos el otro día en la pizzería?

«¿Lo imaginas? Será como en los viejos tiempos», le dijo justo antes de despedirse. Sora sólo pudo encogerse de hombros pensado que demasiadas cosas habían cambiado desde aquellos tiempos como para que fuera igual.

—¿Y bien? ¿con quién irás, Sorita? —la apremió el susodicho; sus grandes ojos cafés observándola con curiosidad.

Ella levantó la cabeza de golpe y descubrió una sonrisa en su rostro. Una sonrisa confiada.

Negó repetidamente con la cabeza. No, no había forma de que Taichi lo hubiera arreglado. A él le gustaba que la competencia fuera justa, ¿verdad? Era uno de sus lemas cuando practicaba fútbol.

—Pues parece que la suerte está de tu lado, Yagami —sonrió enseñándole el papel.

La sonrisa del chico se acentuó mientras ambos chocaban las manos, al igual que hacían Takeru y Ken en ese momento.

Yamato, por su parte, miraba con recelo a Taichi como si también creyera que el castaño obviamente había alterado los papeles. Él estaba con Hikari, ¿acaso su mejor amigo confiaba tanto en él como para dejarla a su cuidado en vez de haberla puesto con Takeru?

Sora nuevamente dudó al ver una pequeña mueca burlona en los labios de Taichi cuando Mimi le enseñó toda entusiasmada su papel a un no tan entusiasmado Koushiro. Las expresiones de sus rostros eran una representación gráfica de la antítesis.

Esta parecía ser exactamente una de las jugarretas que utilizaría sólo para molestar a Kou, a sabiendas de que el pelirrojo probablemente lo que menos quería era quedar emparejado con ella después de la discusión que había desencadenado aquella situación.

—¿Todo bien, Sora?

La pelirroja salió bruscamente de sus pensamientos al sentir al castaño justo a su lado y se vio obligada a asentir en silencio.

—Esto será pan comido. El premio tiene que ser nuestro.

Ella no puedo evitar contagiarse de su entusiasmo y sus deseos de ganar, aunque ignoraba que cuando Taichi decía que tenían que ganar hablaba muy, muy en serio. Al fin y al cabo lo importante era que serían una gran pareja. Años atrás, cuando estaban en secundaria y sus obligaciones todavía les permitían juntarse de vez en cuando, ellos habían sido la dupla del terror, ganando cada juego o concurso que se les ocurría hacer.

Todos siempre trataban de evitar a toda costa que fueran juntos porque si lo hacían, sabían que con lo competitivos y cabezotas que eran los dos (aunque todos evitaban decírselo a Sora porque no era precisamente que le agradara ese calificativo) pocas posibilidades tendrían de arrebatarles la victoria.

Ahora, de pie frente a la que había sido su escuela y estando codo a codo con su mejor amigo luego de meses sin haberlo visto, Sora experimentó una extraña euforia mezclada con tintes de nostalgia que se manifestó en la forma de un cosquilleo en la punta de los dedos de las manos y los pies. Estaba ansiosa por comenzar.

A una pequeña distancia, y absortos en una acalorada discusión, Daisuke y Miyako se gritaban insultos de todo tipo, era obvio que la noticia de que irían juntos no les había sentado nada bien.

—Serás idiota. ¿Cómo iba saber que sacaría tu nombre? ¡De haberlo hecho a propósito habría sacado el de cualquiera menos tú!

—Pues no te creo, cuatro ojos. Y ahora por tu culpa, estoy atrapado contigo.

—¡Que no es mi culpa!

Taichi le dirigió una significativa mirada a Sora antes de acercarse a ellos.

—Hey, chicos.

Los dos menores se giraron hacia él, dirigiéndoles idénticas miradas de furia.

—Deberían tranquilizarse un poco, sólo es un juego.

Daisuke estuvo apunto de replicar. Las palabras hubieran abandonado su boca si no fuera porque Taichi lo atajó a tiempo.

—Basta, Daisuke —dijo con un tono de seriedad que muy pocas veces utilizaba—. Entiendo que los dos se lleven mal, pero no es motivo para tratar así a Miyako. Estoy seguro de que eres mejor que eso.

—Pero… —fue el débil intento de Daisuke por rebatirle, pues no podía creerse que su ídolo estuviera regañándolo.

—¿Crees que si los dos se comprometen puedan pasar el día juntos sin matarse?

—Díselo a ella.

—Te lo estoy diciendo a ti.

El chico asintió de mala gana.

—Muy bien. Sora y yo ya nos vamos así que hagan las paces de una vez y vayan por la segunda pista o se quedarán atrás.

Taichi y Sora apenas habían llegado a la esquina cuando la voz de Miyako lo hizo detenerse y a la pelirroja imitarlo.

—Gracias, Taichi-senpai —susurró Miyako, un poco sonrojada.

Taichi la miró de reojo y asintió mientras cruzaba los brazos detrás de la nuca.

—De nada. Sabes que Daisuke es un poco brusco a veces, pero no es un mal chico.

—Mira quien lo dice, el más delicado de todos. Qué descarado eres, Taichi —intervino Sora, con las manos en la cintura como si estuviera enfadada, pero Miyako pudo distinguir un brillo de diversión en sus ojos.

Taichi soltó una risotada llena de desfachatez.

—Pero, Sorita —dijo fingiéndose ofendido—. Me estás calumniando, ¿cuándo te he tratado mal?

—¿Necesitas que te lo recuerde?

Miyako sólo sonrió pensando cuánto deseaba tener una relación así con alguien. A pesar de que discutían todo el tiempo y que el castaño claramente disfrutaba de picar a la pelirroja, ambos se querían y eso era tan evidente como si se lo dijeran todo el tiempo.

—No los detengo más. ¡Gambatte Kudasai! [4]—dijo golpeando el aire con un puño en señal de ánimo.

—Tú también, Miyako-chan —le contestó Sora con una sonrisa—. Y si quieres un consejo, no juzgues muy duro a Dai. Si es un poco como Taichi, como creo que es, es muy probable que no sepa expresar bien sus sentimientos y por eso sea así contigo.

La menor asintió en silencio, dándole a entender que lo haría a pesar de que no entendió lo que había querido decirle exactamente.

Sora se apresuró a seguir a Taichi, quien ya le llevaba unos cuantos pasos de ventaja.

—Oye, Taichi —dijo al llegar a su altura y sincronizar sus pasos con los del chico.

—¿Hmm?

—Creo que ya maduraste.

Taichi la observó discretamente por el rabillo del ojo y vio que una sonrisa adornaba su rostro, pero no pudo decidir si estaba molestándolo o no. Suspiró sin darse cuenta.

—No digas eso. La última vez que alguien lo hizo…

—¿Qué? ¿La última que alguien te lo dijo qué?

—Olvídalo. Fue hace mucho tiempo y obviamente Yagami Taichi no madura.

La pelirroja se quedó mirándolo en silencio con una extraña sensación en el pecho. A pesar de que Taichi había sonado tan bromista como siempre, la frase que dejó inconclusa le produjo un mal presentimiento.

—¡Vamos! Tenemos un juego que ganar y no lo haremos si no puedes sacar tus ojos de este bonito rostro.

¿O quizá se equivocaba y no había sido nada importante?

—¡Presumido!

~.~

Ya todos se habían marchado, porque para bien o para mal, las otras parejas que se formaron estaban más acostumbradas a relacionarse entre sí, en cambio Yamato y Hikari no estaban muy seguros sobre cómo comenzar.

—Entonces… ¿tienes el papel? —preguntó Hikari con una sonrisa gentil.

Yamato, que se había quedado perdido dentro de sí, salió bruscamente de sus pensamientos y asintió con la cabeza antes de abrir el mencionado sobre.

La chica se quedó mirando sus dedos largos rasgando el sello para extraer rápidamente el pequeño papel de su interior. Sin duda eran dedos de músico.

«Puedes arrojarlo con fuerza hacia el interior, pero siempre regresará a la orilla. La primera pista aguarda donde la espuma se convierte en aguamarina»

—Esa es fácil —susurró Hikari apenas él terminó de leer—. Es un juego de palabras, aguamarina es una piedra, pero se refiere a agua de mar, así que tiene que ser una playa.

El rubio asintió, decidiendo al instante que ella debía tener razón.

—Odaiba Kaihin Koen [5] es la más cercana, deberíamos empezar por esa —Hikari estuvo de acuerdo con esa conclusión—. Aún así queda a una hora de aquí. Podríamos ir en mi motocicleta, pero creo que Taichi se enfadará si sabe que hice que su hermanita se subiera a una de esas. Seguro que está en esa lista que tiene de "Cosas que nunca jamás dejaré que Hikari haga" justo debajo de salir con un motoquero.

La risa de Hikari resonó en sus oídos. Era suave y melódica.

—No tiene una lista así.

Yamato enarcó las cejas, desafiándola a que le llevara la contraria.

—No se enfadará si no se entera —dijo ella alzándose ligeramente de hombros—. Yo no diré nada si tú no lo haces.

—¿Estás proponiendo que le mienta a mi mejor amigo?

Hikari le mantuvo la mirada sin responder. Él hizo lo mismo hasta que notó su rostro caliente, no sabía por qué se había sonrojado. Antes de decirle que sí, sintió un cosquilleo en su estómago ante la expectativa de hacer algo con su hermanita a espaldas del atolondrado de Taichi. La idea, incomprensiblemente, le resultó estimulante.

Comenzó a caminar en dirección al callejón donde la había aparcado con Hikari pisándole los talones.

Cuando la alcanzaron le extendió un casco sin mirarla y se subió al vehículo para ponerse el suyo.

—¿Yamato-san?

La miró por sobre el hombro a través del cristal que le cubría los ojos. Ella se mordió los labios, apenada.

—Nunca me he subido a una de estas.

Recién en ese momento se percató de que la seguridad que había mostrado hasta hace un minuto atrás había sido fingida, pues la chica no dejaba de mirar la motocicleta con cierto temor.

Suspiró.

—Estarás bien, sólo confía en mí —las palabras salieron de su boca antes de que pudiera procesarlas, y apenas lo hizo se sintió un idiota, ¿quién era él para pedirle que le tuviera confianza?

Al fin y al cabo, eran prácticamente dos extraños atrapados en el mismo grupo por azares del destino. Sí, pensó que esa era una buena manera de referirse a ellos. Y la última vez que Taichi la había puesto a su cuidado las cosas no habían resultado muy bien. Tal vez eso era lo que más lo incomodaba de ir con ella en este estúpido juego.

Iba retractarse cuando la vio asentir dos veces con la cabeza. Contra todo pronóstico, parecía decidida a confiar en él.

—¿Qué tengo que hacer?

Yamato se demoró un momento en asimilarlo.

—Sólo párate a un lado de la motocicleta y sujétate de mí para pasar tu pierna hacia el otro lado.

Hikari se acercó titubeante y estuvo apunto de hacer lo que le había dicho cuando él la detuvo.

—Espera. Dame el casco —dijo acercando la mano a la suya para quitárselo y luego, inclinándose muy ligeramente hacia ella, ponerlo sobre su cabeza—. Ahora hazlo.

Ella volvió a asentir y, esta vez sin titubear, puso las manos sobre sus hombros para poder impulsarse hacia arriba. En un segundo estaba sentada tras él y sus manos habían caído a sus costados, como si no quisiera tocarlo más de lo necesario.

—Bien, ahora… —dudó un segundo antes de darle la siguiente instrucción—. Tienes que sostenerte de mí. Agárrate de mi cintura, es la forma más segura de viajar.

Hikari lo sospechaba, pero aquello sólo volvía todo más incómodo. Si Yamato supiera lo que realmente la asustaba de viajar en motocicleta lo habría entendido, pero no podía decírselo.

—¿Así está bien? —preguntó acercándose hacia él y cruzando sus brazos alrededor de su cintura sin ejercer demasiada presión.

—Sí —dijo antes de levantar un pie hacia el embriague e introducir la llave en el contacto.

El motor rugió despacio y poco segundos después arrancaron por la orilla de la calle.

Hikari se abrazó un poco más a él por instinto mientras la motocicleta ganaba velocidad, sin embargo, tan sólo una cuadra más allá, ésta se detuvo con un ruido sordo.

—¿Qué demonios? —Yamato lucía bastante molesto mientras se quitaba el casco y la chica lo imitaba.

—¿Qué ocurre? —preguntó todavía sin soltarlo e intentado mirar por sobre su hombro, ya que él aparentemente veía algo sobre la pantalla con cierta frustración.

—El estanque está vacío.

—¿Vacío? Pero… ¿cómo puede ser? —lo preguntaba porque no le parecía algo propio de él descuidar ese tipo de detalles, y aunque no lo conocía tan bien, creía poder opinar con mediana certeza sobre ello.

Yamato bufó y se bajó bruscamente del vehículo, sobresaltándola. Hikari lo observó en silencio mientras él se pasaba una mano por la cabeza, desordenando su cabello.

—¿Estás bien? —preguntó ella en un murmullo.

—Sí —mintió él, o al menos eso le pareció porque sus ojos decían lo contrario—. Sólo que voy a matar a ese hermano tuyo.

Los ojos de Hikari se abrieron más de normal producto de la impresión. ¿Qué quería decir Yamato? ¿Acaso su hermano había…? No, Taichi no sería capaz. Ni siquiera por ganar un bobo juego como ese.

Yamato la ayudó a bajarse, alejándose tan pronto como ella tuvo los pies en el suelo, y empujó la motocicleta de vuelta al callejón. Hikari lo siguió de cerca sin decir nada y lo vio apoyarla contra la esquina al tiempo que sacaba el celular de su bolsillo.

Se tardó menos de un minuto en teclear furiosamente un mensaje cuyo destinatario, ella intuyó, se trataba de Taichi.

—Entonces… ¿cómo vamos a llegar a la playa? —preguntó al terminar.

—Podemos tomar un bus. Hay uno que nos deja como a cinco minutos, sé cuál es —ella y Takeru habían hecho ese trayecto muchas veces antes, tantas que Hikari creía que habría podido hacerlo con los ojos cerrados.

Se encaminaron hacia la parada más próxima en completo silencio hasta que ella divisó un bus acercándose. Se detuvo un segundo y entrecerró los ojos para ver su número, ¡era el que les servía!

Yamato se detuvo un par de pasos por delante al darse cuenta de que la chica no lo seguía. Se volteó para preguntarle por qué se detenía, pero antes de que pudiera articular una sola palabra ella lo agarró de la mano y lo jaló hacia adelante.

—¡Corre! —le ordenó—. ¡Ese es nuestro bus!

El chico apenas alcanzó a procesar sus palabras mientras era guiado por ella temerariamente a través de la calle en la cual por fortuna el semáforo estaba en rojo para los vehículos.

Llegaron justo cuando el bus estaba por partir. Hikari se agarró de uno de los pasamanos y subió a toda prisa, mientras él la seguía un poco más tranquilo. Pagaron sus boletos y caminaron hacia el final, eligiendo un par de asientos a la derecha.

Ella escogió la ventana y él se dejó caer despreocupadamente a su lado. Estaba un poco cansado por la inusitada carrera y el corazón le latía deprisa. El de Hikari también iba más rápido de lo normal, pero no estaba segura de que fuera únicamente por haber corrido.

—Lo lamento —musitó avergonzada—. Es que si lo perdíamos hubiéramos tenido que esperar veinte minutos más y ya estamos retrasados.

Yamato, que en ese momento se acariciaba distraídamente la mano que ella le había tomado con la otra, la miró sin comprender.

—¿Por qué te disculpas?

«Por tomarte la mano sin permiso», pensó ella, pero en cambio se limitó a negar con la cabeza pidiéndole que lo olvidara.

El chico observó la forma en que aquel movimiento hacía que su cabello rozara sus mejillas con ligereza y lo dejó estar.

Tardaron menos de la hora que Yamato había presupuestado en llegar. Por suerte no tuvieron que buscar mucho, pues las pistas estaban dentro de tres idénticas botellas transparentes enterradas a la orilla del mar, lo que significaba que dos parejas ya habían estado allí.

Hikari cogió una de ellas y sacó el papelito enrollado a través de su estrecha abertura. Debatieron algunos minutos sobre el lugar al que podía referirse dando ideas o refutando las del otro hasta que estuvieron de acuerdo en que habían dado con la respuesta correcta.

El chico se dio la vuelta dispuesto a tomar el bus, pero nuevamente notó que la chica no estaba a su lado. Se giró para buscarla con la mirada y la halló justo en el lugar donde la espuma se desvanecía.

Pensó en preguntarle qué hacía, pero por algún motivo prefirió acercarse en silencio.

—Deberíamos irnos ya —le advirtió llevándose las manos a los bolsillos.

—Lo sé. Es sólo que pensé que ya que estamos aquí deberíamos aprovechar, ¿no crees? Vamos a mojarnos un poco.

Yamato la miró con cierto recelo.

—No creo que sea una buena idea.

—Pero no tiene que serlo —comentó ella, risueña—. Vamos —lo alentó con un movimiento de cabeza—. Sólo será un momento.

El chico estuvo seguro de que el que respondió que sí no fue él. Su voz le sonó extraña, ajena, como si alguien más hubiera tomado su cuerpo, pero sea como sea, lo cierto es que siguió a Hikari hacia el interior del mar.

~.~

La sonrisita traviesa de Taichi le causó mala espina, así que disimuladamente miró la pantalla de su celular. Era un mensaje de Yamato, lo habría sabido incluso si no dijera su nombre en la parte superior por las palabras que usaba y la brevedad de la misiva.

«Me lo pagarás, Yagami»

—¿Qué hiciste ahora?

Taichi no pudo evitar sobresaltarse doblemente por sentir y ver a Sora tan cerca de él.

—¿Qué haces tan cerca? Esto cuenta como invasión a la privacidad, está en la ley.

La pelirroja entornó los ojos ante el intento de su amigo por cambiar de tema utilizando sus escasos conocimientos en leyes. Se dio cuenta de que hace mucho tiempo que no hacía aquel gesto, pero desde que había comenzado esta loca aventura debía llevar por lo menos unas cinco, lo que dejaba claro que no era un tic de ella, sino uno provocado por Taichi.

—¿Por qué Yamato te ha mandado ese mensaje? —preguntó ignorando sus últimas palabras.

Taichi suspiró y miró hacia otro lado.

—Ya qué. Te entrarás de cualquier forma, así que mejor te lo digo yo. Vacié el estanque de su motocicleta.

—¡¿Qué hiciste qué?! —súbitamente recordó que el castaño había sido el último en llegar a la secundaria, cosa que no era extraña tratándose de él, pero que ahora cobraba un nuevo sentido en su cabeza.

Después de eso no lo había perdido de vista, así que tenía que haber sido en ese momento.

—Vamos, tampoco es para tanto.

—No puedo creerlo, Taichi. Solías ser de los que siempre jugaban limpio, decías que un juego ganado con trampa no era un juego ganado, ¿recuerdas?

El ceño de Taichi se frunció tanto como cuando no comprendía algo en clase de matemáticas.

—¿Y quién dice que lo hice para sacar ventaja?

—Si no es eso, entonces ilústrame. ¿Por qué otro motivo ibas hacerlo?

—No iba dejar que Hikari se subiera a su motocicleta.

Sora se quedó mirándolo unos segundos como si no acabara de comprender las palabras de su amigo. Luego dirigió los ojos hacia el frente y decidió seguir caminando.

—Bueno, pues sigue siendo hacer trampa porque el efecto es el mismo, retrasarlos. Además, sólo es Yamato, por todos los cielos. No un motociclista tatuado y drogadicto [6] —se cruzó de brazos como hacía sólo cuando estaba muy enojada.

«Sólo es Yamato». Taichi pensó que ese era normalmente el problema con él, que sólo era como era, y él muchas más veces de las que hubiera querido para tratarse de su mejor amigo, no lo entendía. Pero aún podía dejar a Hikari bajo su cuidado, ¿verdad?

—Un momento —Sora volvió a detenerse de golpe—. Para decir que no querías que Hikari se subiera a su motocicleta, tendrías que haber sabido que ellos iban a quedar juntos.

Taichi se puso muy recto y procuró evitar todo lo que pudo la mirada de Sora, que por el contrario, buscaba sus ojos con ahínco. Podía imaginar sus ojos achicados taladrándolo sin piedad.

—¡Yagami Taichi! ¡Dime que no arreglaste el sorteo!

Claro que lo había hecho, ¿cómo si no iba hacer que él quedara con Sora, y Koushiro con Mimi?

Le entró una risa nerviosa y se rascó la nuca.

—Claro que no, Sorita. ¿Por qué piensas eso?

—¿Entonces tienes una mejor explicación?

—¡Mira, ahí viene el bus! —y se echó a correr cual gallina antes de que su amiga pudiera detenerlo.

A Sora no le quedó otra que correr tras él. Por más enfadada que estuviera, debía reconocerse al menos a sí misma que había algo más, otro sentimiento que se mezclaba con el enojo, algo mucho más sutil, pero a la vez punzante.

Si Taichi había arreglado el sorteo eso significaba que quería ir con ella, ¿pero qué significaba eso a su vez? ¿Quería ir con ella porque sabía que así tendría más posibilidades de ganar?

Algo le decía que el chico a su lado ya no era tan infantil como antes, que para él había cosas más importantes, que no todo podía tratarse de una burda competencia por la que ni siquiera se había mostrado muy interesado al principio.

¿Pero qué era entonces? O más importante aún, ¿cuál esperaba Sora que fuera el motivo?

Cuando finalmente alcanzó al chico, él se dio vuelta en el escalón más alto y extendió una mano hacia ella para ayudarla a subir, disolviendo así todas sus preguntas y preocupaciones.

Con la segunda pista ya en sus manos, se dirigieron al próximo destino.

Taichi se sobresaltó, o más bien fingió sobresaltarse, cuando las puertas automáticas se abrieron frente a él dejándolo pasar a un mundo desconocido.

—No pretenderás que te crea que nunca antes has estado en la Biblioteca General de Odaiba [7], ¿verdad?

—Oh, no espero que me creas, pero es la verdad.

—Incluso si fuera cierto, no es el único lugar que tiene puertas automáticas, baka [8].

—Aish, tienes la mala costumbre de no creerme.

—Y tú la mala costumbre de querer engañarme como si fuera una tonta.

—No pienso que seas tonta en lo absoluto, yo sólo quería añadirle un poco de emoción al asunto. Ahora, ¿dónde deberíamos buscar? —preguntó deteniéndose justo en la mitad de dos estanterías—. Este lugar es inmenso

Sora pensó que eso tenía que concedérselo.

—¿Tienes el papel?

—Sí, sí, lo tengo justo aquí —susurró Taichi comenzando a revisarse todos los bolsillos.

Y justo cuando su cara comenzaba a tonarse pálida ante el pavor de lo que podría hacerle Sora si lo había perdido, extrajo el pequeño papel todo arrugado del bolsillo de su camisa.

Sora lo estiró con ambos pulgares frente a sus ojos y Taichi juntó la cabeza a la suya para que lo releyeran al mismo tiempo.

«Para la tercera pista encontrar, el lugar indicado deben registrar. Díganme ustedes, queridos viajeros, ¿dónde se suele el conocimiento conservar?»

A la pelirroja volvió a parecerle una mala rima en vez de una verdadera pista, pero no halló nada en ella que le indicara por dónde comenzar a buscar. Se rascó la nariz mientras Taichi se apartaba algunos pasos, permitiendo que recuperara su espacio personal, cosa que le agradeció internamente.

Dejó escapar un gritito de frustración y tiró el papel al suelo.

—Esto no sirve para nada.

Taichi se agachó a recogerlo y volvió a extenderlo porque la chica lo había hecho bolita.

—Sora, ¿qué es eso al final?

—¿Qué cosa? —esta vez fue ella quien se acercó para poder ver lo que el chico decía.

Descubrió en la parte inferior de la hoja una extraña palabra. La había notado la primera vez, cuando descifraron el acertijo, pero después no volvió a pensar en ella.

Imakarum —pronunció lentamente para ver si el sonido le evocaba algo.

—¿Será algún autor?

—No lo creo, no suena como… espera, ¿tienes un bolígrafo?

—¿En serio? —preguntó sarcástico—. ¿Tengo cara de andar con un lápiz para todos lados? No soy Takeru.

—Vale, lo siento, espera acá.

Taichi la vio marchar decidida hacia la entrada del lugar, dirigiéndose a la señora detrás del enorme mesón, y luego regresar donde él con una pequeña sonrisa en el rostro.

—Voltéate.

—¿Qué?

—Sólo hazlo. Necesito apoyarme en algo.

Taichi iba a replicar, probablemente algo acerca de que no lo tratara como una cosa, pero una mirada de Sora lo hizo desechar la idea, por lo que le dio la espalda a la chica para que pudiera usarla como mesa y luego se mordió la lengua porque la punta del lápiz le hacía cosquillas. Por fortuna los trazos rápidos y limpios de la chica hicieron que la tortura durara poco.

—Ya está, tenía razón. ¡Es un anagrama, Taichi! —chilló con emoción contenida, enseñándole el papel donde una nueva palabra se leía al lado de Imakarum.

—¿Murakami? [9] —preguntó él, confuso, cuando pudo entender lo que decía, ya que la chica se lo había puesto demasiado cerca de los ojos haciendo que al principio sólo pudiera distinguir manchas en lugar de letras.

—Sí, ¡Haruki Murakami! No me digas que no lo conoces…vamos, debería estar por acá. Su última novela se llama 1Q84 [10], así que podríamos empezar por ahí.

Taichi fue el encargado de tomar el libro cuando Sora lo ubicó entre los diversos títulos del autor debido a que estaba en la estantería de más arriba, pero no lo hizo sin burlarse un poco por su baja estatura, desde luego.

—No soy bajita, tú eres muy alto —le dijo ella, sacándole la lengua.

El castaño se sorprendió de que usara un argumento tan débil para variar y disimuló su risa mientras extendía el brazo para tomar el dichoso libro, sin embargo, apenas lo deslizó fuera de su sitio, un sobre resbaló de entre sus hojas.

Sora se agachó a recogerlo, más que feliz al saberse en lo correcto, y con dedos rápidos deshizo el sello y se dispuso a leer.

~.~

«Cuando un animal que ha sido especialmente amado por alguien aquí en la Tierra muere, entonces va al Puente del Arco Iris»

—Es extraño. Las palabras me suenan de algún lado, pero es como si tuvieran algo distinto —comentó Koushiro apoyándose contra una de las estanterías con el papel en sus manos.

—¿En serio? Pues a mí no me suena de nada.

—Puente del Arco Iris —susurró el pelirrojo ensimismado.

Desde afuera Mimi podía imaginar su interior como una especie de computador gigante en el que el sistema operativo estaba funcionando a toda velocidad en busca de una respuesta. Después de todo, Koushiro era una especie de Google en el que podías introducir cualquier clase de pregunta esperando una respuesta o solución de vuelta. Todavía le resultaba sorprendente que el chico supiera tanto sobre literatura japonesa.

—Puente del Arco Iris —repitió ella sólo por decir algo—. Suena parecido al inglés…

—Un momento —intervino Koushiro haciendo que ella se volteara a verlo sin estar muy segura sobre lo que sucedía, ¿habría descifrado el acertijo?

Mimi esperaba que no porque nada de esto estaba saliendo como quería. El plan era demostrarle que ella también podía jugar ese estúpido juego, pero el chico había descifrado las dos primeras pistas casi en el mismo momento que terminó de leerlas, sin darle a ella ninguna posibilidad de pensar, y además se estaba aburriendo terriblemente.

—¿Dijiste que se parece al inglés?

—Sí, ya sabes. Reinbō Burijji es Rainbow Bridge en… ¡oh! ¡el Rainbow Bridge! [11] —sus ojos se iluminaron instantáneamente al percatarse de que esta vez ella había ayudado a descifrar la pista.

¡Al fin algo en lo que era mejor que Koushiro! Si bien el nivel de inglés del pelirrojo era aceptable y probablemente mejor que el de todos los elegidos, todos los años que Mimi había vivido en Nueva York le habían dado una ventaja de un microsegundo. El microsegundo que él se tardó en asociar los dos idiomas por su cuenta.

Ahora Koushiro entendía por qué las palabras le habían sonado extrañas. Eran las palabras de un poema en inglés y no en japonés.

—Soy terriblemente buena en esto, ¿no crees, Kou? —alardeó.

Pero el chico no iba celebrarle esa pequeña victoria. No, él se limitó a asentir con la cabeza y decirle que para ir hasta allá necesitaban tomar el metro.

Mimi lo siguió hacia el exterior, sintiéndose frustrada y desanimada a partes iguales ¿Acaso no podía simplemente darle algo de mérito? Un «lo hiciste bien» o «me ayudaste esta vez» habría bastado, pero supuso que eso era pedirle demasiado a un genio de las computadoras que así como poseía un abundante conocimiento sobre esas maquinitas insufribles, demostraba una total falta del mismo en lo que a sentimientos y emociones se refiere. Por más esfuerzo que hiciera, cada vez se sentía más lejos del que alguna vez había sido su mejor amigo.

—No podemos atravesar el puente en bicicleta así que lo mejor será dejarla aquí e ir a pie hasta la estación —razonó Koushiro en voz alta.

La chica estuvo tentada de reír de nuevo al recordar cómo el chico había aceptado llevarla de la secundaria a la playa en el canastillo de su bicicleta después de mucha insistencia de su parte. Incluso habían estado apunto de atropellar a un señor porque Koushiro no veía muy bien con ella sentada ahí, y aunque a mitad de camino tuvieron que bajarse de la bicicleta y empujarla entre los dos hasta llegar a su destino porque él estaba muy cansado, había valido la pena sólo por hacerlo con él.

Cuando llegaron a la estación se cruzaron con una viejecita que los miró con afecto.

—Oh, pero si son otra pareja adorable paseando por Odaiba.

—¿Otra pareja? —susurró Mimi.

¿Los habían confundido con una pareja? Eso sí era extraño. Ellos ignoraban, desde luego, que Yamato y Hikari acababan de abordar el tren del que había descendido la mujer y cuyas puertas estaban por cerrarse.

—Kou, ¿escuchaste lo que dijo? Esa señora creyó…

—Lo sé —la interrumpió él con brusquedad—. Que idea más absurda, ¿verdad?

A pesar de que lo pronunció con un tono interrogante, obviamente no estaba esperando una respuesta porque no se detuvo a escuchar lo que su acompañante tuviera que decir y, por el contrario, estuvo apunto de subir al tren por su cuenta si no hubiera sido porque una confusa y herida Mimi lo detuvo del brazo.

—¿Qué haces? Tenemos que subir.

La chica decidió en ese momento dejar el porqué de su actitud tan fría con ella para después y en su lugar le sonrió.

—¿Qué estás haciendo tú? —lo regañó—. ¿Nunca has oído que las mejores vistas en la línea Yurikamome [12] se consiguen en los primeros carros?

Koushiro intentó rebatirle, pero no alcanzó a decir nada antes de que la chica lo jalara del brazo para obligarlo a correr.

—Anda, ¡apresúrate! Tenemos que alcanzarlo.

No le quedó de otra que obedecerla, pero Mimi era más rápida, así que por mucho que se esforzó en seguirle el ritmo terminaron perdiendo el tren.

—¡Aish, eres un lento!

—¡Tú fuiste la que no dejó que me subiera! Además, nunca se me ha dado muy bien correr.

De pronto el pelirrojo se mostraba avergonzado y a Mimi se le quitó la rabia de golpe.

—Está bien, al menos fue divertido.

—¿Tratas de burlarte de mí?

—¿Tienes que tomarte todo tan personal?

—¿En serio? ¿Me lo preguntas a mí? ¿Te olvidas de que tú nos involucraste en esto sólo porque creíste que te estaba llamando tonta?

Mimi soltó un resoplido y se cruzó de brazos.

—Puede que no lo dijeras, pero lo pensaste.

No le pidió que lo reconociera, simplemente lo dio por hecho y él no lo desmintió.

Cuando llegó el siguiente tren a la estación, Mimi saltó a su interior y escogió de inmediato un asiento junto a la ventana para poder ir comentando todo el camino la hermosa vista que ofrecía aquel recorrido con las manos pegadas contra el cristal que la separaba del exterior como si fuera una niña pequeña.

Bajaron en la estación Shibaura-futo quince minutos más tarde y se tomaron cinco más para llegar hasta la entrada del famoso puente.

—Bien, no creo que la pista diga nada específico sobre el lugar exacto en que encontraremos el sobre, así que tendremos que mirar con atención.

Mimi estuvo de acuerdo y caminó tras él, quedándose rezagada unas cuantas veces por contemplar con cierta añoranza los edificios, el mar y la torre de Tokyo o simplemente disfrutando de la brisa marina que bailaba entre sus cabellos.

Trató seriamente de concentrarse para encontrar el sobre antes que Koushiro, ya que su ánimo había vuelto a subir desde lo sucedido en la biblioteca y había decidido que todavía era muy pronto para darse por vencida, pues le quedaba todo el día para demostrarle al chico de lo que ella era capaz, sin embargo, cuando iban por la mitad del trayecto, el pelirrojo se detuvo de golpe y señaló el sobre que se hallaba pegado con cinta adhesiva debajo de uno de los barandales.

Lo despegó con cuidado para abrirlo y descubrir finalmente cuál era la siguiente pista, ignorando casi por completo a Mimi que había decidido trepar sobre las protecciones con la intención de obtener una mejor vista que no estuviera limitado por los cuadrados pequeños de la rejilla.

Cuando Koushiro finalmente se percató de ello, palideció.

—¿Qué estás haciendo? ¡Es peligroso, baja de ahí!

Sin pensarlo mucho, la rodeó con sus brazos y la jaló hacia atrás, provocando que la chica perdiera el equilibrio y quedara pegada a su pecho.

Él se apresuró a soltarla apenas fue capaz de reaccionar.

—Lo siento, Mimi-san. No debí…

La castaña le echó un vistazo por el rabillo del ojo comprobando que las mejillas de su amigo volvían a hacer juego con su cabello. ¿Desde cuándo se había vuelto tan vergonzoso con ella?

—Está bien —dijo con tono animoso—. Tienes razón, eso fue peligroso. Perdón.

Koushiro asintió con la cabeza baja.

—Es que no había tenido la oportunidad de venir desde que regresé y me trae buenos recuerdos, sólo quería ver mejor. Este es uno de los lugares turísticos más importantes de Odaiba y hay una razón para eso, la vista es… sobrecogedora.

—Imagino que la vista desde el Golden Gate [13] debe ser todavía más impresionante —rebatió Koushiro apoyándose sobre el barandal a su lado.

Mimi lo miró sólo un segundo y regresó la vista al mar.

—No lo sé. Supongo que lo es, pero no hay nada como estar en casa, ¿sabes? Nueva York es genial a su modo, sólo que no es Odaiba.

—¿Entonces sigues considerando a Odaiba como tu hogar?

—Por supuesto que lo hago —la respuesta fue espontánea y clara, al tiempo que una pequeña arruga estrechaba su ceño.

—Sólo digo que suena extraño de alguien que ha estado yendo y viniendo tantas veces a lo largo de los años.

Mimi calló, sin comprender lo que el chico intentaba decirle. Koushiro podía ser incomprensible para ella algunas veces, pero nunca antes se había mostrado tan críptico y presentía que había algo más detrás de sus palabras que no conseguía ver.

Su voz tenía algo raro cuando pronuncio esa última frase, pero si no era reproche, ¿entonces qué podía ser? ¿le estaba reprochando ser una mala amiga o no haber estado ahí en los momentos importantes?

—Deberíamos continuar. ¿Ya sabes cuál es el siguiente lugar?

Koushiro asintió con la cabeza.

—¿Puedo ver la pista?

El chico le extendió el papel y permitió que lo leyera en silencio.

«Si a toda la población quieres llegar, sólo hay un medio de comunicación al que puedes apelar. Encontrarán la pista si saben a quién preguntar»


Referencias

3.- Teeks: Me gusta pensar que Taichi llama así a Takeru. Puede que en japonés no tenga sentido, pero lo veo como un apodo.

4.- Gambatte Kudasai: Expresión japonesa de ánimo que puede ser traducida como "siga adelante, no se rinda o de su mejor esfuerzo"

5.- Odaiba Kaihin Koen: Una de las dos playas disponibles en la zona urbana de Tokio.

6.- "No un motociclista tatuado y drogadicto": Esta frase de alguna manera es una referencia al fic de Genee: "De sonrojos y pañuelos" (Yamakari)

7.- Biblioteca General de Odaiba: Este lugar me lo inventé porque no pude hallar el nombre de ninguna biblioteca japonesa para los propósitos del fic.

8.- Baka: Significa idiota en japonés.

9.- Imakarum/Murakami: La primera palabra es el anagrama de la segunda que corresponde al nombre de un autor japonés.

10.- 1Q84: Novela del autor antes referido.

11.- Rainbow Bridge: (en japonés Reinbō Burijji y en español Puente del Arco Iris) Es un puente colgante tendido sobre la parte norte de la bahía de Tokio, en Japón. Conecta al puerto de Shibaura con la isla artificial de Odaiba, en el barrio Minato-ku, en Tokio. La pista que se da para referirse a él corresponde a un poema llamado "The Rainbow Bridge Poem", pueden buscarlo por ese nombre. Yo lo escribí en español aunque el original es en inglés y se supone que Koushiro lo lee en japonés. De ese modo Reinbō Burijji le recuerda a algo, pero no sabe a qué porque el nombre del puente está en inglés.

12.- Línea Yurikamome: Es un tren automático que conecta la estación de Shimbashi con la estación de Toyosu, pasando por los rascacielos de Shiodome, cruzando el Rainbow Bridge y pasando por todas las estaciones de Odaiba.

13.- Golden Gate: Puente colgante situado en California, Estados Unidos.


Notas finales:

Capítulo largo, así que no diré mucho. Sólo que no se esfuercen mucho por buscarle una lógica temporal y/o espacial a la competencia, porque puede que tenga alguna incongruencia en ese sentido. Traté de que todo calzara, pero no soy buena con esto. De hecho, anticipándome a los hechos me disculpo por cualquier error o incoherencia que pueda haber.

¿Tienen alguna idea sobre a qué puede referirse la última pista? Soy un desastre haciendo y resolviendo acertijos xD

¡Gracias a quienes comentaron en el capítulo anterior y a todos los que leen!