- Dime.
- He estado ojeando los mapas. ¿Está por aquí cerca el Skywalk?
- ¿El mirador ese que está suspendido en el cañón?
- Sí ése. Me gustaría ir. Ir a un mirador para ver el paisaje sin tanta adrenalina.
- ¿Para ti o para ella?
- Para los dos. A mí se me quitará el susto y ella podrá relajarse, sería como darse un baño tranquilo después de hacer deporte.
- Ya. Podemos ir a la vuelta. Pero… ¿puedo sugerirte otra cosa?
- Claro.
- Tío. Ese mirador está bien pero… es demasiado turístico. Tiene mucha gente. Esto es más tranquilo.
- ¿Mucha gente? Vamos, venimos de Las Vegas y vivimos en Nueva York. Esto es demasiado tranquilo para nosotros. No creo que haya tanta gente en el mirador ese.
- Vale. Te entiendo. Pero… ¿puedo darte mi opinión?
- Claro. Cuenta.
- Verás, ese mirador está demasiado explotado. Es auténticamente turístico, tienes que pagar unos 60 pavos sólo para entrar y mirar y como te quedes mucho tiempo ya te están largando. Dejan que te saques la foto de turno y te tiran fuera.
- ¿Y qué sugieres?
- Mira, una zona de salto a la que vamos sólo los instructores es en el mismo cañón. Vamos con los paracaídas pequeños y nos lanzamos a pie desde allí, desde la misma orilla del acantilado, sin avioneta ni nada, es impresionante descender con las piedras tan cerca.
- Pero yo no quiero tirarme de un acantilado. Aún no quiero suicidarme.
- Bien tío, no te estoy diciendo que te tires, has de ser experto para eso. Ese acantilado lo llamamos el acantilado del coyote.
- ¿Porque hay coyotes cerca?
- No, tío. ¿Te acuerdas de los dibujos animados del coyote y el correcaminos? – Castle asiente – Tiene la misma forma del acantilado de cuando el coyote se caía. Es prácticamente como el skywalk pero natural, te asomas y lo ves todo, se adentra en el cañón y ves todo el acantilado, las paredes de enfrente y sobre las que tú estás, ves el fondo del cañón y las torres de piedra están muy cerca, también es el sitio donde empieza la vegetación. No tienes que pagar, nadie te tira después de la visita y sin turistas empujándote. Si tú lo que buscas es un mirador para… ¿has dicho relajarse como en un baño?
- Ajá.
- Pues te sugiero ir allí. Tú te bañas solo ¿no?, así que en este mirador estarás solo. Las vistas son geniales, te diría que mejor que en el otro sitio. Podemos ir allí en el último salto. Eso sí, allí no hay restaurante.
- Eso no es problema. Me parece una buena idea. Pero no se lo digas a ella, que sea una sorpresa.
- Ok. Vamos que te dé las últimas instrucciones y te preparas para el salto.
- Buffff. Si no hay otro remedio.
Al cabo de un rato llegó el jeep con Beckett y los dos instructores que habían saltado con ella. Se bajaron del vehículo y Beckett preguntó:
- ¿Dónde está Rick? ¿Va a saltar o ha salido huyendo?
- Está atrás, en el almacén, se está vistiendo.
- Ja, ja, ja. Ya sabía yo que acabaría haciéndolo.
- Me ha contado tu amenaza ¿Te habrías marchado si no lo hace?
- Sí.
- Pues entonces es por eso por lo que lo está haciendo. Lo hace por ti.
- Bueno… Lo he visto hacer cosas más peligrosas y más estúpidas y no ha sido por mí. Sólo hay que ponerle en la situación adecuada para que se anime. Primero dice que no, pero al final siempre acaba dando la talla.
De una puerta se oye un golpe seco y un pequeño quejido de Castle.
- ¿Ocurre algo? – Preguntó su instructor.
- No – Contestó Castle de fondo - ¿No tenéis otros uniformes de mi talla? Estoy rebuscando.
- No, toda la ropa es igual por talla. Así los almacenamos y localizamos con más facilidad.
- Pues no pienso saltar.
- ¿Cómo? Creía que ya te habías animado.
- No pienso saltar con esta ropa.
- ¿Qué hay de malo en la ropa? – Preguntó Beckett intrigada.
- ¡Ah! ¡Ya has llegado!
- Sí. Me han dicho que al final vas a saltar.
- Pero no pienso hacerlo con esta ropa.
- ¿Por qué no?
- Porque una cosa es humillarme por mi torpeza y mis miedos y otra cosa es ridiculizarme y ensañarse con el uniforme.
- ¿Qué quieres decir? Sal y explícate.
- ¡NO!. No pienso salir.
- ¿Sales? ¿O vas a hacer que vaya a buscarte?
- ¿Seguro que no tenéis otros?... ¿Y si me pongo una talla superior?
- No. Cada saltador debe saltar con la ropa adecuada a su tamaño, se crearían bolsas de aire demasiado grandes – Contestó el monitor.
- Pues una talla inferior, aunque vaya más apretado.
- No. Ya irás apretado con el arnés, te tienes que mover con libertad, no tienes que ir encorsetado en un mono pequeño.
- Vamos Rick. ¿Qué pasa? Sal que te veamos – Le animó Beckett.
Ella llevaba un mono rojo con franjas azul celeste en los laterales de los brazos y piernas, era un mono llamativo, se había sentido ridícula al ponérselo pero en los deportes extremos siempre llevaban colores de mucho contraste, el de Castle no podría ser mucho peor. Quizás no le quedase bien.
- Bien ¡Voy! Pero no te rías.
Castle asomó la cabeza para ver cuanta gente había. Ahora todas las miradas estaban sobre él, hasta que no saliese no iban a hacer otra cosa. Al fin se animó y dio un paso situándose en el umbral de la puerta esperando el veredicto.
- ¡Guau! – Exclamó Beckett – Definitivamente el lila te queda mejor que a mí, puedo prestarte mi vestido.
Castle salía con un mono completamente lila con franjas en espiral naranja fluorescente en brazos y piernas, los puntos del cosido y las gafas también eran en naranja fluorescente; el cuello, las solapas de los bolsillos, las gomas de puños y tobillos junto con el casco y los guantes eran de verde fluorescente.
- No te rías – Le dijo a Beckett.
- Si no me río. Sólo estaba haciéndote una observación – Ahora era Beckett la que tenía que aguantarse la risa – Esto es para inmortalizarlo en una foto. Ponte el casco y las gafas.
- Ni se te ocurra.
- Pues en la avioneta me han dicho que el paquete que contrataste incluía el reportaje de vídeo y de foto. Te van a sacar todo lo guapo que estás ahora.
- ¿Esto es algún tipo de venganza a los clientes? – Preguntó a uno de los monitores mientras se ponía el casco y las gafas.
- Ja, ja. No. Como te he dicho queríamos comprar monos de distintos colores para poderlos identificar mejor.
- Rick – Llamó Beckett - Espera un momento… - Va a buscar su móvil – Voy a poner tu foto en el perfil del móvil para que aparezcas con estas pintas. Así me animarás cada vez que llames. O mejor… la enviaré a tu twitter.
- Kate, no. Como hagas eso te juro que pongo tu cara en la próxima portada de Nikki Heat, junto a la modelo de la portada… y como te pases escribiré ciertas historias tuyas que tu padre nos contó el viernes de la cena. Estoy muy bien documentado.
- No lo harías ¿verdad?
- Inténtalo.
- Yo te lo decía en broma.
- Sí, ya – irónicamente – lo mismo que yo. Que nos conocemos.
- Pero Rick… es que…
- Es que… ¿qué?
- Con ese casco verde y las gafas naranjas… pareces una de las tortugas ninja. Ja, ja, ja. Hasta la mochila puede hacerte de caparazón.
- Las tortugas ninja no vestían de lila.
- Pero sí una tortuga que se va a tirar en paracaídas.
- ¿Te diviertes verdad?
- No tanto como tú anoche, pero… sí. Entonces… ¿Te lanzas?
