- Me estoy arrepintiendo.
- Ya te has vestido y verás como al final te gusta.
- ¿Entonces te ha gustado a ti?
- Por supuesto. Tú sí sabes halagar a una chica.
- Ja – en tono de sarcasmo - Halagar a una chica es mucho más fácil: Joyas, bombones, flores y ropa. Tú eres otra cosa.
- ¡Eh! – En tono de enfado – No te pases - Se acerca a Castle con paso firme - Y no me hagas repetirlo dos veces. Te digo que me ha gustado esto que has preparado, que ha sido un halago para mí y ahora te mofas diciendo que no soy una chica. Exijo una rectificación. Quiero al Castle de Las Vegas no al de N. York.
- Vale… Quizás me haya pasado un poco… pero muy poco. Rectifico – Cambió el tono de sarcasmo y empezó a decirle mucho más suave y para que sólo lo oyese ella - Hacer un halago a una chica es fácil: joyas, flores, bombones y ropa y… algún perfume o restaurante caro, pero tú no eres una chica… Tú eres Kate Beckett y para halagarte a ti: Kate Beckett, no podría regalarte lo mismo que a una chica. El lanzarse en paracaídas es para ti, si me tengo que tirar contigo… lo hago porque quiero que disfrutes del regalo a pesar que odio ver el suelo a más de metro y medio de altura. El venir a Las Vegas para pasar un fin de semana agradable y desconectar de N.Y en un buen hotel, apostando e intentando divertirnos… eso y lo que viene lo he preparado pensando sólo en ti. He pensado en unas vacaciones para Kate Beckett, no para una chica cualquiera – Paró unos segundos - ¿Ha sido suficiente?
- Ehhh... - No quería que se burlase de ella, pero tampoco esperaba esa aclaración - Sí, gracias.
- Perdonad – Interrumpió el piloto – Si os entretenéis aquí abajo, haréis menos saltos.
- De acuerdo, vamos – dijo Castle - ¿al final salto contigo, Vic?
- De momento yo voy a pilotar. Nick puede hacer el tandem contigo si ella se atreve a lanzarse sola. Habrán dos monitores más de apoyo: Willy que estará con ella todo el tiempo y Drew que puede ayudar en cualquier cosa además de hacer el reportaje.
- ¿Ya? ¿Lanzarme sola?
- Sí. Normalmente con uno o dos saltos en tandem es suficiente – Dijo Nick – Si no te atreves, puedes practicar unos minutos en el molino de fuera, eso que parece una colchoneta roja. Pero te he visto bastante suelta ahí arriba, seguro que lo harás bien.
- Vosotros sois los expertos… Si lo dices me lo creo ¿vamos Rick?
- Vamos.
Castle y Beckett subieron a la avioneta junto con el resto de monitores y empezaron realmente la jornada de saltos. Beckett saltó sola y tal como le había dicho Nick se sintió muy cómoda haciendo el salto. Ahora sí se sentía completamente libre. La sensación de vacío, de velocidad en la boca del estómago y la inercia de buscar un apoyo sólido que la sustentase pero no encontrarlo era muy rara, pero extremadamente excitante y nueva. Willy, el monitor que le tocaba ahora la dirigió cómo moverse en el aire para empezar a hacer algún pequeño giro moviendo las palmas de las manos.
Por su parte, Castle apenas abrió los ojos en todo el salto. Mejor dicho, sí los abría pero a instantes, entre medias cerraba los ojos unos pocos segundos pero que a él le parecían horas. La primera vez que los abrió fue cuando le desapareció la sensación de aceleración de la boca del estómago. Él no sentía que estaba acompañado ni atado a otra persona, a él le parecía que estaba solo en medio de esa inmensidad de cielo y que no había nada para agarrarse, la sensación de desamparo y de impotencia por no poder hacer nada para dominar su cuerpo, para que reaccionase a las órdenes que daba su cerebro se iba haciendo más grande.
Al principio del salto el cañón parecía una pequeña serpiente zigzagueante. Era como en los mapas por satélite que se pueden encontrar en la web y que Castle había visto muchas veces en los días previos al viaje sentado cómodamente con las piernas en alto sobre su escritorio del despacho. Ahora lo vivía de una manera bien distinta. Y Beckett también lo vivía de una manera bien distinta a la de Castle.
Para Beckett era vivir una película de 3D mezclada con la caída del Fénix de la feria. Conforme descendían la vista del cañón se iba haciendo más clara. Esa pequeña hendidura borrosa de color más parduzco se iba abriendo poco a poco y esa línea se convertía en una veta, que luego parecía una zanja y que poco a poco seguía abriéndose, se agrandaba y tomaba dimensiones de cañada, para pasar a rambla, a barranco, a despeñadero, a precipicio y finalmente a cañón. Al principio parecía un mapa topográfico del que poco se puede definir de las formas del relieve siendo todo en dos dimensiones. Pero al descender el punto de fuga se acercaba más y cada vez los ojos iban tomando conciencia de la tercera dimensión y apreciaba cada vez más la inmensidad del terreno de ahí abajo. Beckett se reía, a veces gritaba y otros segundos simplemente no podía articular palabra, era como si el aire que le pegaba en la cara devolviera los sonidos a su garganta impidiendo que saliese sonido alguno, quedándose simplemente atónita con todas las sensaciones del momento.
Para Castle era como una película a bajas revoluciones donde se ve el paso de los fotogramas, casi como una presentación de diapositivas. Él tenía los ojos cerrados y tan sólo los abría bajo las palabras de ánimo de su monitor y la lejana risa mezclada con el grito de júbilo de Beckett. Al cabo de unos segundos los abría de nuevo y era una imagen distinta, era una diapositiva nueva. La línea del cañón se hacía cada vez más grande y en cada diapositiva de su cabeza veía un accidente geográfico distinto y cada vez más ese accidente era más grande. Él se atrevía a cruzar y salvar una zanja, una cañada, incluso una rambla pero un despeñadero, un precipicio y un cañón… eso era insalvable. Para colmo, esa presentación de diapositivas no admitía la vuelta atrás, siempre iban hacia delante, o mejor dicho, hacia abajo. Y cada vez las cosas crecían más. Mucho más. Incluso esas pequeñas piedras en el terreno se habían transformado en pequeñas torres que mágicamente se convertían en gigantes atalayas de piedra.
De vez en cuando Castle acompañaba al grito de Beckett con uno propio. Hacían un buen dúo porque ambos gritaban en el mismo tono. Los monitores, que eran los que estaban acostumbrados a los gritos de sus clientes, no sabían quien de los dos daba el tono más agudo. Por lo tanto, en esa ocasión, tenían que dar empate en la porra acumulada que se hacían de los gritos de los clientes.
Una vez abierto el parapente el descenso se hacía mucho más relajado. Para Beckett era más relajado. Willy, tan sólo tuvo que hacerle unas pequeñas correcciones, ya que en el salto anterior había practicado con Nick. Pero para Castle era alargar más el sufrimiento, esperaba tener pronto algún punto de apoyo sólido y estable bajo sus pies.
El cañón se había hecho enorme pero al igual que antes les parecía tenerlo bajo sus pies y que iban a acabar dentro de la mismísima garganta, ahora se encontraba alejado a bastantes kilómetros y ya percibían cual iba a ser el lugar de aterrizaje. No había nada alrededor, ni atalayas, ni accidentes geográficos… nada. Era una superficie lisa en la que podían maniobrar sin complicaciones. Beckett, por falta de experiencia, acabó trastabillada en el suelo, no había sido un aterrizaje perfecto pero no tuvo ningún problema en ponerse de nuevo de pie. Le faltó un poco de coordinación entre el tirón de las anillas del parapente y la distancia a aplicar al suelo. Castle, con Nick a su espalda hicieron un aterrizaje perfecto. En cuanto el monitor desabrochó el arnés del pasajero, Castle se tiró al suelo cuan largo era con brazos y piernas extendidos para sentir en la mayor parte de su cuerpo el suelo pedregoso del desierto. Se quedó unos minutos tumbado, con los ojos cerrados y respirando el polvo del suelo.
Beckett, al ver que no se movía se acuclilló junto a él a preguntar.
- ¿Rick?... – No tenía respuesta - ¿Castle?... – Seguía sin tener respuesta y él no hacía nada para mover un solo músculo - ¿Pasa algo?
- Sí – Le oyó decir bajito.
- ¿Qué tienes?
- Nada.
- ¿Nada? No entiendo.
- Es que no pasa nada. No hay aire cortándote la respiración. No me caigo. Está todo quieto. Las piedras son piedras y no crecen en pedruscos ni en atalayas… No pasa nada. Absolutamente nada – Paró unos segundos y continuó - He pasado de la vista satélite a vista a 100 metros en menos de un minuto y sin hacer un clic de ratón.
