Beckett le apartó un mechón que salía bajo el casco y no le dejaba ver bien su expresión, quería saber de su estado. El ojo que podía ver estaba cerrado, el otro no podía examinárselo debido a su posición tumbada.
- Je, je, je. Rick, has hecho lo más complicado.
- ¿Complacerte sin que me pegues un tiro?
- Je, no. Eso me lo guardo para otro momento… Has saltado – Le quitó la mano.
- Noooo… Yo no he saltado… Me han empujado. Y yo iba atado al que me empujó.
- Pues ese que te empujó te ha dejado muy bien en el suelo.
- Siiiii – Calló unos segundos – Suelooooooo.
- ¿Vas a quedarte todo el día tumbado?
- Siiiii.
- Pues tendrías que levantarte. Los de la avioneta se van a ir sin ti.
- Qué más da. Yo estoy en el suelooooooo.
Beckett veía que Castle estaba en una especie de trance. Ya había pasado bastantes minutos en la misma posición. Hacía calor y el sol podía sentarle mal. Quería levantarlo y que se refugiase del bochorno. Tenía que encontrar el pretexto para que se moviese.
- ¿Vienes a la avioneta? Ahí se está a la sombra… - Castle no movía un músculo - Me gustaría que volvieses a saltar conmigo… - Castle seguía sin inmutarse – nos iremos y te quedarás aquí solo… sin comida… sin agua… sin i-phone… con la única compañía de los alacranes….
- ¿Alacranes? – Abrió los ojos de golpe. Beckett al fin encontró el resorte para sacar a Castle de su trance.
- Sí, los que rondan por todo el desierto junto con las serpientes.
- ¿Serpientes?
- ¿Has comprobado que no te has tumbado encima de un alacrán?
- ¿Alacranes? – Con una agilidad pasmosa, se incorporó sobre sus pies mirando el suelo y luego su ropa. Su ropa y de nuevo el suelo.
- Sí. Esos bichos que se esconden en los pliegues de la ropa y si te pican pasas un mal rato. A veces han matado a personas.
- ¿Alacranes? – Castle empezó a contornearse sobre sí mismo buscando un posible polizón venenoso mientras se sacudía la ropa fuertemente.
- Je, je, venga, vamos, si tenías algún bicho encima lo has matado. Vas a lastimarte, deja ya de hacer eso.
- Alacranes…
- Vamos. El conductor del jeep ha traído nuevos paracaídas y los ha dejado en la avioneta. La avioneta va a levantar el vuelo desde aquí para el nuevo salto.
- No quiero saltar más.
- Me han dicho que es otro sitio diferente. Me han dicho que es más bonito que éste. Aquí nos han traído para practicar el aterrizaje.
- Ya he tenido suficiente por hoy.
- Venga, vamos. Ya lo has hecho una vez – Lo cogió de la muñeca y tiró de él para llevarlo a la avioneta – Las siguientes no serán tan complicadas.
- ¿Y si me quedo esta vez en la avioneta?
- Un par de saltos más y empezarás a disfrutar.
- Lo dudo – Ya habían subido a la cabina de carga y se estaban acomodando en los asientos.
- Pero… ¿a que ahora estás más relajado que antes?
- El susto aún lo llevo encima, los nervios son algo pequeñísimo en comparación.
El calor empezaba a ser molesto pero dentro del cuerpo de fibra de la avioneta se podía tolerar mejor. Se mantuvieron callados unos minutos.
Castle intentando sobreponerse al esfuerzo que acababa de realizar, dudaba si tenía que volver a saltar o se podría escaquear el resto de la mañana. Desde luego, la sensación de la caída libre era única y no le había gustado pero… por otra parte, cuando sus nervios se lo permitieron pudo ver a Beckett disfrutar del salto, ella sí se lo estaba pasando bien. Y por mucho que luego le intentase preguntar no habría palabras suficientes para describir lo que él había visto; ni aunque le pusieran el vídeo. Había que estar ahí para recibir las vibraciones que transmitía.
Beckett veía por la ventanilla cómo los monitores extendían los parapentes en el suelo, los estaban dejando preparados para que el conductor del jeep hiciese la rutina de después de cada salto. Tenía que comprobar el estado de los parapentes para luego plegarlos y meterlos en las mochilas. Así mientras unos ascendían con los clientes y se lanzaban, el conductor del jeep preparaba el material en tierra para el siguiente salto.
Ella pensaba en este último salto que había hecho. Éste sí era saltar, la habían dejado sola y no tenía a nadie a la espalda que la dominase o la controlase. Había sentido todo el descenso y bajo indicaciones de Willy había empezado a moverse en el aire… primero boca abajo… boca arriba… de espaldas… algún pequeño giro… parecía un poco complicado ya que al principio cuando quiso ponerse de espaldas, se fue boca abajo haciendo un picado y cuando quiso hacer un pequeño giro tal como le había indicado Willy, se desplazó por el aire alejándose del grupo. Pero al final del salto empezó a cogerle la maña para posicionar el cuerpo y las manos de manera que respondiera a lo que ella pretendía. Mientras descendía, de vez en cuando había intentado fijarse en Castle y cómo lo estaba pasando y le pareció ver que bajo esas gafas naranjas tenía los ojos cerrados, también lo oía gritar pero no parecía que lo estuviese disfrutando demasiado. Ahora, no quería agobiar a Castle, realmente había sido un esfuerzo grande el tirarse desde la avioneta y ahora se estaba recuperando.
Por una parte no deseaba hacerlo sufrir más, había echado el resto y se había lanzado con ella porque no quería volverse tan pronto. Tal como le dijo en el hangar, sí pensaba que era un regalo dulce por su parte, pero por otro lado tampoco quería saltar sola. Castle le había dicho que no iba a lanzarse sola, que llevaría monitores, pero… no era eso. Al igual que si se tomaba una cerveza sola la saboreaba plácidamente pero si se la tomaba con los compañeros de trabajo era mejor, también le apetecía tenerlo a su lado para compartir esta experiencia. Hacerlo con gente extraña no era lo mismo.
Al cabo de unos minutos un balanceo los sacó de su ensimismamiento. Vic, el piloto, entró en la avioneta haciendo que ésta bamboleara hacia los lados.
- ¡Qué Rick! ¿Preparado para el siguiente salto?
- ¿Tú también quieres martirizarme?
- Nooo. Siempre tratamos a los clientes de la mejor manera posible. Y nos ajustamos a sus necesidades.
- Pues mi necesidad es quedarme sentado.
- ¿Y lo que me habías dicho antes en el hangar? – Le guiñó justo en el momento en que Beckett la tenía de espaldas y no podía ver que hacía referencia a otra cosa.
- Puessss…
- ¿No me has dicho que querías que fuese ya el último salto para descansar y relajarte de todo esto?
- Sí.
- Pues para decir que has hecho paracaidismo y que quieres relajarte del esfuerzo, primero has de saltar. – Gesticuló a Castle de manera que entendiese que iba a hablar de la última parte del salto: el mirador y la sorpresa a Beckett – Si no saltas no será lo mismo.
Castle aceptó el consejo y tras pensarlo un instante añadió:
- Hum. Está bien. Saltaré.
Beckett, a pesar que quería que saltase con ella se sintió en la obligación de proponerle:
- Castle. Si no quieres hacerlo, no lo hagas. Con que hayas saltado una vez, suficiente. Tampoco quiero que te dé un infarto.
- No… Saltaré – Paró unos segundos y añadió – Ya que voy a fanfarronear que me he tirado de un avión con un trocito de tela sujetándome… por lo menos que tenga argumentos y motivos para hacerlo, sin tener que inventármelo.
- Muy bien – Beckett le obsequió con una amplia sonrisa.
Castle al ver el gesto de Beckett comprendió que era la decisión correcta. El piloto lo había visto de una manera más objetiva. Éste era el regalo especial de Beckett y sólo por verla sonreír de nuevo y sacarla de la monotonía que había supuesto la recuperación y el abatimiento de su cabeza haría cualquier cosa. En sus otros regalos especiales ya había hecho otras cosas raras, poco habituales incluso ilegales. Esta vez no iba a ser menos.
