Disclaimer: One Piece y sus personajes son propiedad de Eiichiro Oda
Cuarto movimiento: allegretto machacante
Brook contempló el cielo durante unos instantes. Luego puso el violín en posición y ensayó algunos compases. ¡Pero era tan difícil hacer coincidir los sonidos reales con aquellos que se removían en su alma!
No había alternativa, tendría que insistir entre sus nakamas. Con renovado arrojo se encaminó hasta los camarotes, decidido a inspirarse con el primero que encontrara.
Uno de los recintos tenía la puerta abierta. Era la enfermería. Se asomó con discreción y divisó a Chopper, quien trabajaba a la vera de su mesa de espaldas a él, sentado en la silla giratoria. Brook se llenó de emoción.
Si la belleza, la fuerza y la sensibilidad fallaban, la dulzura era un recurso muy alentador para reavivar al espíritu abatido. Qué insípida sería la vida sin un poco de dulzura, ¡qué desabrida se percibiría la cadencia de la composición si no tuviera una emoción tan tierna y apacible! La serena inocencia de su nakama le daría un toque especial a su obra.
-¡Chopper-san! –saludó, mientras entraba en la estancia.
El interpelado se volteó, sonriéndole alegremente.
-¡Brook, qué bueno que estás aquí! ¿Me ayudarías con el preparado? Estos frutos son muy duros para machacar.
Recién en ese momento el músico reparó en el mortero con el cual Chopper estaba trabajando. Sobre la mesa, alrededor del recipiente, había unos extraños frutos. Era evidente que el pequeño había estado preparando alguna clase de medicina.
No obstante, Brook tenía otros apremios.
-Chopper-san, me encantaría ayudarte, pero me temo que ahora necesito de tu… -Antes de que pudiera terminar la frase, el reno comenzó a machacar ruidosamente con el pilón. Se veía sumamente concentrado y una ligera capa de sudor cubría su pelaje-. Eh, Chopper-san…
-¡Machaca-machaca-machaca-machaca! –gritó el otro para darse ánimo, mientras molía sin piedad la dura superficie del ingrediente-. ¡Tritura-tritura-tritura-tritura! –volvió a vociferar, olvidado por completo de la presencia de su compañero.
Brook lo contempló con la boca abierta. Pocas veces había visto tal despliegue rupturista, ni al médico sumido en tan espeluznante trance destructivo. El pequeño reno parecía poseído por un frenético delirio desintegrador de entidades, aparentemente poco dispuesto a cejar en su efusivo empeño curativo.
Antes de que fuese demasiado tarde, el músico huyó del camarote. Fue demasiado para él, le dio impresión y, en cierto punto de su huesuda individualidad, hasta sintió escalofríos. Chopper ni se dio cuenta, tan abstraído estaba en su faena pulverizadora.
Así, espantado por el espectáculo, Brook se desanimó sin remedio. Es que la búsqueda le resultaba cada vez más frustrante, ¡y con lo bien que le hubiera venido conseguir un poco de ternura! La música es más apreciada cuando se haya infundida de emociones afables, beatíficas y reconfortantes. Pero ni modo, tendría que resignarse otra vez.
Mientras retornaba a la cubierta del Sunny intentó consolarse con la idea de que un día difícil lo tenía cualquiera. Lo importante era no perder las esperanzas ni desconectarse de la melodía que continuaba gestándose en su interior.
