Disclaimer: One Piece y sus personajes son propiedad de Eiichiro Oda
Quinto movimiento: larghetto reflexivo
El sol brillaba en el cenit y el Sunny navegaba apaciblemente sobre el mar en calma. Ni siquiera la naturaleza parecía armonizar con el apremiante estado espiritual en el que se hallaba Brook.
Paseándose de un lado a otro, preocupado, el esqueleto fue a parar al camarote de Robin. Al advertir que estaba parado frente a su puerta, el alma volvió a llenársele de motivación.
Tal vez Robin aceptase ser su musa. Alguien tan sofisticado como ella, tan equilibrada, reflexiva y serena, seguramente tendría mucho para aportar a su obra. El pirata golpeó, entreabrió la puerta y asomó su profusa cabellera.
-¿Robin-san? –indagó.
-Pasa, Brook –dijo ella.
El susodicho entró. Encontró a la arqueóloga en medio de un gran número de libros desperdigados por el suelo, y ella estaba examinando uno en ese instante.
-¿Se te ofrece algo, Esqueleto-san? –preguntó Robin, sin levantar la vista del volumen que leía.
-A decir verdad, Robin-san, estoy padeciendo una gran incertidumbre –explicó él-. Si alguien no me ayuda, pronto perderé esto que puja dentro de mí y ya no tendré forma de conseguir lo que estoy buscando. ¿Serías tan amabl…?
-La incertidumbre no es tan mala, Esqueleto-san –lo interrumpió ella sin dejar de leer-. Si no fuera por la necesidad de conocer aquello que permanece oculto, o aquello que ignoramos; si no fuera por la urgencia de buscar o de alcanzar lo inasible, no nos quedaría más que estancarnos, o morir. Mientras dudemos tendremos un objetivo por delante, habrá algo que lograr. Perseguir nos mantiene con vida.
Al oír tales razones, Brook se quedó pasmado. Había olvidado que Robin, además de serena y equilibrada, tenía un intelecto peculiar.
Ahora el músico se sintió confuso, se replanteó muy seriamente la conveniencia de continuar en la búsqueda de una figura inspiradora. A lo mejor debía limitarse a practicar su arte a partir de la experiencia –tan cara a algunos artistas- del anhelo inconcluso, de la meta evanescente. Brook se rascó la cabeza, contrariado.
Al percibir su turbación, Robin se dignó a levantar la vista para mirar mejor a su nakama.
-¿Qué sucede?
En esos problemáticos momentos el tipo apenas si pudo evitar, con un esfuerzo supremo de su voluntad, sucumbir al colapso del conflicto. Tal vez no hubiese sido una buena idea plantearle esa inquietud justo a Robin, siempre tan analítica y pensante. La chica lo había puesto en la picota.
Aun así el concepto que guardaba de ella no sufrió alteraciones.
-Eres sabia, Robin-san –respondió finalmente. Y era sincero.
Luego, sin agregar nada más, dio media vuelta y se marchó. La música se lleva muy bien con el conocimiento y la intelectualidad, pues son dones fundamentales para un compositor que se precie de tal, pero por esta vez Brook precisaba algo más que el puro análisis contemplativo.
Necesitaba a alguien que pudiera inspirarlo para dar lugar a su melodía, era la única búsqueda que le interesaba por el momento. Una vez alcanzada esa meta, ya vería qué hacer después.
¿Robin se dirige a Brook como Esqueleto-san, o lo acabo de inventar yo?
El próximo lunes actualizo con los tres capítulos finales. Gracias por leer n.n
