- Vic aún tardará un rato ¿te apetece dar una vuelta mientras? No sé si te has fijado que el cañón está aquí al lado. ¿Quieres asomarte?
- ¿Fijarme? A veces pareces lelo ¿Qué crees que he estado mirando mientras volábamos?
- Yo sólo me fijaba en las piedras. Creía que en algún momento nos íbamos a estampar.
- Bien, perdón. No me acordaba de tu vértigo.
- Vértigo es decir poco. ¡Vic!, ¿Te echamos una mano? O ¿Podemos ir a dar una vuelta?
- ¡Iros! Yo voy para un rato. ¡No tengáis prisa!
- ¡Pero no te olvides de nosotros!
- Ja, ja, ¡Tranquilo! ¡Todavía no me he olvidado a ningún cliente!
- ¿Vamos entonces? – Dirigiéndose a Beckett
- Vamos.
Castle se encaminó en dirección hacia el acantilado según las indicaciones que había recibido de Vic. Desde su posición parecía que todo era llanura y algunas lomas de rocas. Porque habían visto el cañón desde el aire, pero desde su posición nadie intuiría que había un cañón a escasos metros. Tuvieron que escalar un promontorio de piedras sueltas y rocas.
- ¿Sabes a donde vas?
- Sí. Es por aquí.
- ¿Quieres que llame a alguno de tus colegas para guiarte? Ja, ja ,ja.
- No. Ehhh… ¿Colegas? ¿De qué te ríes?
- Con tanto Rick, Mick, Nick, Vic. Parecía que teníais un ataque de hipo… Me habéis recordado la película "Mad dog time" ("Encantado de matarte" en versión castellana).
- ¿Eh? – Pensaba unos segundos en la película que le había dicho – Esos no eran colegas, eran gánsters. ¿Llegaste a ver esa película? Pasó con más pena que gloria por las taquillas.
- Tenía buenos actores.
- Ya. Con tal que haya pistolas o algún delito lo que sea ¿no?
- Pues no.
- Entonces… Te gustaría alguno de los actores. Humm, creo que ya sé quien.
- ¡Calla!… Me gusta ir al cine, ya sea sola o acompañada. Era una película graciosa. ¿Aún no hemos llegado?
- Creo que sí – Alargó la mano para que Kate la cogiese y ayudarla a subir el último escollo.
Se encontraban en una pequeña plataforma de piedra que se adentraba en el cañón. Castle comprobó que Vic no le mentía, esa losa de piedra acababa en punta hacia el cañón. Era un trampolín natural, terminó de creerse que saltaban a pie desde allí. Era imposible que al tirarse chocasen contra las paredes del cañón.
Castle intentó acercarse a la orilla pero se quedó a metro y medio detrás del borde. La caída hasta el fondo sería larguísima y en ese mirador no había barandilla para sujetarse.
- ¡Uaaahhhh! – Exclamó Beckett – Esto es…
- Profundo.
- Y grande. Se ve todo.
- Y lo mejor es que no estamos colgados como unas marionetas.
- Eii, Rick. Ven asómate – Girándose a Castle.
- Yo prefiero contemplar esto sentado aquí atrás. También se ve bien. Si quieres quédate ahí en la orilla, ten cuidado de no dar un traspié. De todos modos yo no me moveré de aquí hasta dentro de un rato – Una racha de aire le interrumpió – Esto es reconfortante después de los saltos.
- Ya te digo – Beckett se giró de nuevo hacia el vacío del acantilado – Es genial. Y da bastante vértigo.
Beckett se quedó de pie en la orilla del precipicio. Una ráfaga de viento la hizo protegerse y cerrar los ojos. Entonces se percató del olor el aire. Principalmente olía a tierra y piedra reseca. Pero también percibió otros matices, el ambiente tenía un poco de humedad de hierba. Supuso que sería el aroma arrastrado de los primeros árboles y la vegetación cercana a ellos.
Ella con una pequeña mueca de satisfacción y serenidad abría y cerraba los ojos a intervalos, según le permitía las rachas de aire. Parecía que estaba memorizando el lugar, aunque realmente estaba recordando cada uno de los saltos. Cuando cerraba los ojos, inspiraba y recordaba un salto, cuando los abría, espiraba y descargaba la adrenalina acumulada.
Poco a poco fue entrando en un modo de éxtasis sosegado, se estaba oxigenando. Recordaba un salto y otro y otro, un cosquilleo empezaba a recorrerle el cuerpo. El almuerzo… la torpeza de Castle al maniobrar la vela… recordaba cada uno de los saltos y por cada espiración soltaba las emociones contenidas… El cosquilleo seguía saliendo desde la espina dorsal, ahora llegaba hasta las manos, sentía que las uñas vibraban por sí solas. Cuando acabó de recordar el último salto fue dejando la mente en blanco para finalmente dejar la mente completamente vacía. Sólo estaba ella, las rachas del aire de tierra y humedad y la mente vacía.
Estando en ese estado de vacío comenzó a venirle a la mente un recuerdo en el que tenía las mismas sensaciones… ligero mareo… viento térreo en la cara… ojos cerrados… ¿qué recuerdo era ese?... Poco a poco se le hizo más claro y después de ese recuerdo vino otro relacionado… y otro… pasó de recordar lo que había sucedido hacía unas horas a activar una parte de la memoria en la que tenía otros recuerdos guardados desde hacía mucho tiempo.
Castle, sentado en una roca cerca del precipicio contemplaba el panorama. Aquello sí era silencio. No podía ni siquiera oír a Vic trastear con los parapentes. Parecía que eran los únicos habitantes de la tierra… estaba él, estaba ella y estaba el espacio. Nada más. Contemplaba en entorno y empezó a sentirse mejor, ya no estaba mareado y sentía que la cabeza se le volvía a poner en el sitio. Él también respiraba profundamente y en los momentos que no soplaba el viento era capaz de oír el pitido interior que tenemos en la cabeza de cuando se está en completo silencio. Era agradable pero también era abrumador.
Desde su posición podía ver a Beckett de costado, gracias a las rachas de viento que le apartaban los mechones de la cara era capaz de percibir las reacciones de ella. Estaba sonriente, al cabo de unos minutos sonrió abiertamente, enseñando prácticamente toda la dentadura, parecía que estuviera tomando aire por todos los orificios de su rostro. En un momento empezó a reír, no era esa risa contenida que la había visto usar en ocasiones, esta vez se reía a carcajada limpia.
Él la había llevado para que se serenase de las emociones del día. Pero esa reacción era diferente a la que esperaba. Era mucho mejor… No sabía lo que le estaba pasando por la cabeza pero era una manifestación completa de dicha. No pudo evitar que esa risa lo contagiara y le refrescara el ánimo. Se quedó inmóvil en esa piedra… callado… oyendo... contemplando… disfrutando. Era un momento de ella y para ella y era el único espectador, no iba a interrumpir.
