Disclaimer: Los personajes, lugares y objetos presentados en esta historia son propiedad intelectual de J. K. Rowling. Sólo la trama e historia en la que se desenvuelven sus personajes es cosa mía.
A de Amarillo
El cabello de Scorpius Malfoy se veía demasiado amarillo a la luz del sol. No de ese tono amarillo con el que uno suele colorear el sol cuando va en preescolar, sino de ese amarillo deslavado que adquieren los limones cuando los dejas mucho tiempo en la fuente de verduras; un amarillo paliducho y lleno de hongos blancos.
Amarillo moribundo.
Rose suspiró. A pesar que era la primera clase de historia de la magia del sexto año, sentía como si llevara sentada cuatro décadas en su pupitre. Tenía los codos enterrados en la madera de la mesa y sus manos evitaban que su cara se estampara de lleno contra su pergamino lleno de garabatos que poco y nada tenían que ver con la asignatura en la que se encontraba. Sólo quería gritar y salir corriendo de la clase. Es decir...¿A quién diablos le importaba la guerra que los centauros rojos habían hecho con quién sabía quién hacía un millón de años? ¡A nadie, por supuesto!
Bueno...A nadie excepto Scorpius Malfoy. El bendito muchacho estaba rígido cual muerto, mirando tan fijo la pizarra como si ésta le estuviera chupando hasta el último pedacito de alma del cuerpo.
Merlín. Rose estaba aburrida y todo porque Albus no tuvo una mejor idea que sentarse con la chica de Hufflepuff de identidad desconocida con la que ella siempre se sentaba y la había dejado sin otro compañero de puesto que Malfoy, chico con el que su primo solía compartir banco.
Rose resopló tan fuerte que el rubio a su lado la miró, casi ofendido por haberle interrumpido la concentración, y luego regresó su vista neutra al pizarrón. Él se encontraba en la parte del pupitre en la que llegaba el sol del ventanal y su pelo a la luz parecía una ampolleta, mientras que Rose estaba completamente cubierta por la sombra que él proyectaba con su largo y flacucho cuerpo.
—...los centauros recorrieron dos mil quientos setenta y seis metros antes de llegar a su punto de batalla. Posteriormente se movieron mil doscientos dos metros a la izquierda para...—la voz monótona del profesor Binns lograba que el ambiente ya monótono se pusiera aún más monótono. Rose miró de reojo a Mafoy; el chico estaba tan interesado que parecía como si fuera a saltar de su asiento y ponerse a bailar la conga en cualquier segundo.—...para enfrentar al enemigo desde un punto lo suficientemente alto y...
Otro resoplo. Malfoy la miró de tal forma que parecía que hubiera matado a su perro por unos instantes antes de pegar sus ojos en Binns nuevamente. Rose hubiera preferido mil veces que le hubiera dicho algo sarcástico, pero sabía que el muchacho no lo haría ni en un millón de años. Era esa, precisamente, la principal razón por la que Rose Weasley no soportaba a Scorpius Malfoy: era infinitamente aburrido y predecible.
Sí, el chico era listo. Quizá demasiado listo. Quizá casi tan listo como ella. Casi. Y...bueno...Sería estúpida si se negara a sí misma que el sujeto este era atractivo, tal vez demasiado para su propio bien. Pero eso no le quitaba la tediosa personalidad que acarreaba a todos lados como una mochila desde el año uno. Al lado de Scorpius Malfoy el monólogo sin vida del profesor Binns parecía un villancico navideño.
—...los centauros rojos caminaron en dirección al poniente con armas al cuello...
Definitivamente era el peor inicio de curso de la historia del universo. Albus, un par de puestos adelante parecía completamente feliz de estar con la chica anónima de Hufflepuff. Incluso había logrado que la muchacha se sonrojara un par de veces y le meneara el cabello de un lado a otro. Su primo parecía estar pasándola tan bien que no notaba que estaba en plena clase y con un profesor fantasma de quién sabía cuántos años.
Demonios, cuanto envidiaba que estuviera teniendo un tiempo tan increíble en una clase tan deprimente. Llegaba a tal su desesperación empezó a dibujar flores deformes con las gotas de tinta que caían de su pluma. Eran iguales a las flores que su hermano Hugo dibujaba en las paredes cuando a su padre le había dado por fomentar su lado artístico muggle y les había regalado un par de crayones en una caja pequeña de cartón: feas y demasiado grandes para parecer minimalistas.
—No deberías hacer eso.
Cuando escuchó la voz aterciopelada de Malfoy casi le dio un ataque. Nunca lo había visto hablando en clases, por lo general se mantenía callado y con la espalda en un ángulo de noventa grados de aspecto incómodo. Por eso verlo dirigiéndole una palabra a alguien era casi tan asombroso como ver a un dementor sosteniendo un pompón en un partido de Quidditch. Rose se quedó como una idiota por tres segundos, con la misma cara que tendría si su madre le dijera que le había comprado un unicornio de mascota: con cara de qué demonios.
—¿Qué?
—Lo del pergamino.—aún susurrando su voz sonaba tan solemne y ceremoniosa que resultaba fuera de lugar—Es un desperdicio.
—Esta clase es un desperdicio.—le dijo ella, mirándolo fijo. Sólo ahora que tenía todo su rostro girado en su dirección se daba cuenta de lo grises que eran sus ojos, igual que plata fundida. Realmente nunca había tenido la posibilidad de notar que sus ojos eran grises. Si alguien le hubiera preguntado esa mañana de qué color eran los ojos de Scorpius Malfoy, ella, hubiera dicho que eran azules o cafés. Incluso se hubiera arriesgado diciendo que era color violeta o cualquiera de la gama de colores que poseía en su limitado alfabeto. Pero ahora que estaba a una distancia tan corta podía darse cuenta que sí, era realmente grises.
Malfoy la miró perturbado por un segundo y luego giró la cabeza en otra dirección, indiferente.
La mayoría del tiempo se limitaban a hacerse gestos a veces en la biblioteca cuando alguno de los dos buscaba un libro en ocasiones puntuales, aunque Rose evitaba toda costa ese lugar puesto que detestaba el silencio de funeral que allí había, y una que otra vez se preguntaban el uno a otro donde estaba Albus en los pasillos. Que hablaran por más de dos segundos era definitivamente algo de un nivel estratosférico y que estuvieran tan cerca como para que ella pudiera notar el color de sus ojos era prácticamente un milagro científico para ambos.
Rose vio que a las espaldas del chico se veía un montón de árboles que empezaban a pintarse de amarillo verdoso. Se preguntó si para cuando hubiera llegado el otoño, las hojas lograrían mimetizarse con el pelo de él. Después se dio cuenta de que, técnicamente, le importaba un comino.
—Es interesante—declaró Malfoy, escribiendo un par de notas en un pergamino en blanco. Rose miró con discreción lo que anotaba; su letra era tan perfecta que parecía haber sido extraída de un libro de caligrafía.
—Ajá.—suspiró Rose, poniendo los ojos en blanco. Todo aquello era muy extraño: ella estaba manteniendo la conversación más larga que había tenido en toda su vida con aquel chico que había sido amigo de su primo por casi seis años, mientras trataba de no aburrirse y al mismo tiempo no encandilarse con su cabello tan amarillo como una bola de discoteca.
De locos.
Malfoy siguió escribiendo en su pergamino. Ya iba a mitad de página y no parecía tener la intención de detenerse. Sus dedos eran largos, pálidos y hábiles.
—...los centauros sabían a lo que se enfrentaban. Sabían...Sabían cuál sería su fatal destino...
—Qué dramático.—susurró Rose. Sí, era dramático. Dramáticamente aburrido.
Malfoy la miró alzando una ceja y pegó su vista al pergamino que estaba por acabarse. Sus ojos grises eran tan fríos como el alma de Binns. Rose miró el reloj que se encontraba un palmo sobre el pizarrón y observó que la hora de calvario estaba a punto de terminar. Un minuto.
Sus pies se bailoteaban bajo la mesa. Los de Malfoy estaban tan quietos que parecían hechos de hierro.
Treinta segundos. El corazón de Rose palpitaba tan fuerte que caso resonaba en las paredes. Veinte segundos. Después de aquella tortura iría a las cocinas a comerse el pastel de moras más grande que hubiera. Diez segundos. El profesor dio por terminada la clase antes de tiempo y Rose casi se pone a llorar a sus pies.
Ese hombre, o mejor dicho fantasma, era un santo.
—Toma.
Sólo ahí Rose se dio cuenta que Scorpius Malfoy seguía allí, a su lado en el pupitre. Estaba de pie, con su túnica perfectamente planchada, su camisa que parecía sacada de una fotografía y su rostro serio mirándola fijo.
—¿Ah?—atinó a decir. A pesar que tenía el cabello tan corto que estaba un par de centímetros sobre los hombros, los rizos pelirrojos lograban de una u otra forma meterse en sus ojos.
—Toma—repitió. Rose vio como le tendía un pergamino, escrito de borde a borde. Cuando notó que Rose no parecía entender qué diablos estaba tratando de decir, depositó el papel sobre la mesa de ella.
—¿Qué diab...?
—¿Vamos Scorpius?—su primo Albus había aparecido de la nada y se dirigía el chico con cabello de pelota de disco amarillenta. Por primera vez Rose le vio hacer media sonrisa. Su primo se veía tan feliz como si hubiera ganado la copa del mundial de Quidditch, probablemente la compañera de banco desconocida de Rose le había permitido visitar sus aposentos. O quién sabía que otras cosas.
—Claro.
—Adiós, Rosie—dijo su primo mientras simultáneamente le señalaba a Malfoy la salida con el dedo índice y veía divertido el rostro rojizo que adquiría su prima al escuchar aquel apodo que tanto detestaba.
—¡Vete al diablo!—le gritó. Lamentablemente ya estaba demasiado lejos como para escucharla.
Entonces miró nuevamente el pupitre. El pergamino, con caligrafía perfecta y sin ningún derrame de tinta seguía allí, tan estirado y pulcro como lo había estado cuando Malfoy lo escribía.
Lo tomó.
Estaba repleto de notas, notas de la clase. Desde el inicio de ella, hasta el fin. Aparentemente Scorpius Malfoy no pensaba que fuera lo suficientemente capaz de entender historia de la magia y había decidido hacerle una copia a mano de sus notas como si fueran compinches.
Eso por un lado la confundió y por otro la enfadó de sobremanera. Sí, estaba enfadada.
Scorpius Malfoy hizo eso porque pensaba que no era lista. Estaba segura de ello.
Espero que les haya gustado! Gracias a badabums por darme la primera palabra y a las personas que le dieron favoritos :)
Espero sus palabras con la letra B! Siéntanse libres de comentar!
