E de Estúpido
Podía sentir el olor a estúpido de Scorpius Malfoy incluso mientras respiraba por la boca y trataba de alejarse de él todo lo que el pupitre del salón de Historia de la Magia le permitía. Hacía calor, demasiado a para ser un día de septiembre o de cualquier mes del año, y el sudor le pegaba la camisa al pecho y la espalda; tenía los pies cruzados bajo su silla, la mochila desparramada en el piso, su túnica hecha un ovillo dentro de ésta, los libros azarosamente colocados sobre la madera, para que pareciera que realmente estaba haciendo algo por su vida en clase, y el tintero mal cerrado sobre la mesa.
Típico desastre de Rose Weasley.
—...La gran pelea de centauros salvajes contra los franceses ocurrió cerca del año...—el profesor Binns hablaba tan monótonamente como siempre. Se movía de un lado a otro con la rapidez de una tortuga, sin mirar nada más que el piso de madera.—del año...
Rose pegó su vista al pupitre, como si fuera a carcomerlo con la mirada. Malfoy se movió un milímetro y una nueva oleada de aroma le pegó una bofetada en la cara. Desde el otro punto de la sala, la chica rubia con la que tenían Pociones y que parecía ser la presidenta oficial del centro de admiradoras de Malfoy, lo miraba de reojo cada veinticinco segundos. No tenía idea de cómo la chica había llegado a Historia de la Magia, siendo que nunca le había visto ni un pelo de la nuca antes de que se sentara con su actual compañero en la clase anterior, pero no dudaba ni por un instante de que era una admiradora loca de patio.
Otro movimiento y el aire quedó impregnado idiota. Rose soltó un resoplido y, haciendo como que se arreglaba la falda, logró correr su silla un par de centímetros de él, de su cuello y de su olor a estúpido monumental.
—La mesa no es eterna, Weasley.—dijo él. Sus labios eran tan rectos como el borde de una regla. Su mano avanzaba tranquila sobre el pergamino y sus ojos grises se parecían brutalmente al color que tenía el fantasma de Binns.
Rose se hizo la desentendida.
—No sé a qué te refieres.
Malfoy la miró como si fuera un bicho horrendo.
—Ya.
Su mano regresó, por inercia, al tintero. Rose miró hacia al frente, pero ver al profesor yendo de un lado para el otro igual que el péndulo de un reloj, no lograba más que adormecerla aún más. Albus parecía estar entablando una profunda conversación con la chica que antes se sentaba con ella y que no parecía extrañarla mucho, Roger Thomas se hurgaba la nariz mientras intentaba que pareciera que estaba tosiendo, Eleanor Harries dormía sobre su pupitre y la acosadora de Malfoy seguía mirándolo con la misma frecuencia que hacía un rato.
Resopló. Malfoy se ajustó el cuello de la camisa y su cerebro se inundó.
—Resoplas mucho, ¿Sabes?—se dirigía a ella. Se había aflojado un poco la corbata verde y, demonios, se le veía muy bien.
—Lo sé—sonrió ella, sin pensarlo. Trató de borrar de su cara lo más rápido la curvatura de su boca, pero ya era demasiado tarde: Malfoy le había sonreído de regreso como si eso significara que ahora eran compañeros de sonrisas y vivirían en una casa en la pradera cuidando ovejitas.
Silencio.
Rose sintió que dos ojos le perforaban el cráneo. La rubia psicópata la miraba casi como si tuviera listo un cuchillo para matarla en cualquier instante, con los nudillos apretados en torno a su pluma y los ojos casi saltando al vacío. Evidentemente había visto esa extraña escena de amigotes que había tenido con Malfoy hacía unos instantes y creía que ella era una especie de amenaza. Soltó una carcajada...¿Ella y Malfoy? Era casi tan raro como imaginarse a Albus siendo monógamo. Eran demasiado diferentes y le encantaba pensar que no era el tipo de chica con la que Malfoy saldría en algún momento de su vida. Además, por mucho que su Amortentia oliera al dichoso individuo, Rose, estaba convencida que no era más que una broma de mal gusto de su cerebro.
Malfoy volvió a su parloteo escrito con el pergamino que rellenaba de información con tanto afán, mientras ella trataba de no reír por las miradas que le lanzaba la rubia desde la otra punta del salón y al mismo tiempo de ignorar el olor a regaliz y a jabón. Pero el aburrimiento la vencía, y Malfoy parecía darse cuenta de que su admiradora extraña tenía los ojos clavados en ambos, por lo que Rose sopesó sus opciones: la primera era quedarse callada, como una momia por el resto de la clase—que eran aproximadamente veinte minutos—y ahogarse en olor a Amortentia, ó ahogarse en el mismo olor, pero tomándole el pelo a Malfoy con su fan.
Claramente no era tonta.
—Eh.—le llamó la atención. Un par de ojos grises se clavaron en su cara tan serios, fríos e insensibles como podían ser.—Parece que tienes novia.
Malfoy la miró como si fuera una loca.
—¿Qué?
—Me refiero a miradas locas.—dijo refiriéndose a la chica esa. Rose casi escuchó una risita salir de sus dientes blancuchos.—Se ve como un buen partido.
—¿Ellis Heart?—musitó él. La miró por un instante y luego retomó con parcimonia su escritura en el pergamino.—No es mi tipo.
—¿Y cual es tu tipo?
—No tengo un tipo.
Rose hubiera apostado su colección de tarjetas de ranas de chocolates a que se había sonrojado al decir aquello.
—Oh.
La incomodidad misma se cernió sobre ellos y les escupió en la cara. Rose se dedicó a contar las pecas que tenía en su propia mano y él parecía muy concentrado en escuchar lo que el profesor Binns tenía que decir con respecto a quién sabía qué como para notarla. En torno al pulgar tenía veinte y en la mitad del meñique unas cuatro. Donde más había era en el dorso de la mano y resultaban casi imposibles de calcular.
—¿Sigue mirando?
La voz de Malfoy hizo que pegara un brinco estrepitoso en su silla. Lo miró fijo, luego miró a la tal Ellis y luego lo miró a él de regreso.
—Cada veinticinco segundos.—decretó Rose. Malfoy alzó una ceja.
—No creo que sea cada tanto.
—Uno,dos, tres, cuatro, cinco...
—Estás exagerando—le dijo él.
—Diez, once, doce...
—No seas ridícula, Weasley.
—Quince...
—Weasley...
—Veinte...
—Eres ridícula.—repitió. Quizá fuera su palabra favorita para definirla, o tal vez era el único adjetivo que se le ocurría en el momento. Había dejado su pluma apoyada en el tintero tan recta como se podía y la miraba con completa atención, ignorando al profesor Binns por primera vez en mil años.
—Veinticinco.
Los ojos de Malfoy se toparon de frente con los de la tal Ellis Heart. Ella se puso tan roja como se lo permitía su piel y él no atinó a nada más que hacer una sonrisa forzada. Rose soltó una carcajada tan fuerte que un par de cabezas se voltearon a verla con impacto. Ella sólo se encogió de hombros.
—Te lo dije.
—Coincidencia.—fue lo único que le respondió aunque Rose pensó verlo sonreír. Malfoy se fijó en el reloj de pared sobre la pizarra.—No queda más de un minuto.
—Oh.—En cualquier otro momento de la vida se hubiera sentido el ser humano más suertudo de la tierra, pero su mente en aquellos instantes estaba muy lejos de Historia de la Magia. Ellis Heart era una chica muy bonita, si se dejaba de lado su lado acosador: tenía el cabello de un rubio muy claro y sedoso, sus ojos eran verdes y brillantes, su sonrisa se veía bien mantenida y era exuberante en los lugares adecuados. En apariencia era una chica atractiva, sexualmente hablando. Si Malfoy no se veía interesado, ¿Qué diablos buscaba entonces?—¿Por qué no es tu tipo?
Lo soltó sin pensarlo mucho y al segundo se arrepintió. Malfoy estaba guardando su pergamino y sus libros en su mochila de cuerno negra, tan limpia y fina como el ónice más caro.
—¿Disculpa?—no parecía entender mucho lo que sucedía. Honestamente Rose tampoco.
—Qué porqué no es tu tipo.
Él lo meditó mientras sonaba el timbre de descanso y se levantaba de su pupitre. Las cosas de ella seguían desparramadas sobre la mesa y sin mucha intención de ordenarse solas.
—No es realmente lo que busco en una chica.
—¿Qué buscas entonces?
Se quedó con la cara en blanco por dos segundos, luego se colgó la mochila al hombro y posteriormente frunció los labios al dirigir la vista hacia ella.
—Nos vemos en la biblioteca.
Se fue con Albus a quién sabía donde tan rápido que no pudo si quiera verlo caminar en dirección a la puerta, dejándola con todo tirado sobre la mesa, en corazón latiendo a un ritmo muy raro, el tintero medio desparramado y compacto a la vez y el cerebro lleno de signos de interrogación, exclamación y palabrotas.
Estúpido Malfoy que lo dejaba con semejante duda.
Holitas! He regresado. Lamento ese extraño receso que me tomé, por lo general trato de ser puntual, pero esta vez la falta de inspiración me ganó. A mi parecer este capítulo ha sido flojo, pero es lo único que se me ha venido a la mente.
Gracias por los comentarios lindos, favoritos, follows y a My name is Pao por la letra! Se viene la F!
Besos!
