G de Gato
Las fiestas clandestinas de Hogwarts eran un secreto a voces que ocurría en cualquier momento del año, sin razón aparente y que por lo general no terminaban de la mejor manera. Tomaba más de un mes organizar una, debido a lo dificultoso que resultaba introducir alcohol discretamente a los terrenos escolares y a que había que planear paso a paso cómo evadir la seguridad del celador y su gato. Cuando James seguía en el colegio las cosas eran más sencillas dado que él lograba convencer a chicos de distintos cursos a que sirvieran como carnada del celador a cambio de un pase gratis a su fiesta toda la noche, pero después de que se graduara las cosas comenzaron a volverse mucho más peligrosas. No había más seguridad que los encantamientos silenciadores mal hechos que los organizadores de la fiesta eran capaces de hacer y, con todo el mundo con copas del más, era difícil que cualquiera pudiera anunciar si venía alguien o no.
Rose no gustaba de aquellas fiestas. No le gustaba el olor a alcohol, ni la música fuerte, ni los borracho, a pesar de ser una fanática del bullicio y de las multitudes. Tampoco le gustaba mucho la idea de que pudieran atraparla en cualquier momento y que se ganara otra tanda de castigo luego del eterno suplicio que había resultado el que había cumplido en la biblioteca.
Por eso, cuando Sarah la despertó, en medio de la noche, con sus oscuros ojitos brillando a la tenue luz de la luna que se colaba por la ventana, para anunciarle que se había disparado el rumor casi confirmado de que habría una fiesta, Rose, sólo atinó a decir:
—Ni de coña.
La habitación estaba sumida en las tinieblas, pero todas sus compañeras de cuarto estaban más despiertas y arregladas que nunca. Rose seguía en pijama, con las sábanas hasta el cuello, los rizos desordenados y enfadada por haber sido despertada justo cuando soñaba con un pastel de moras.
—Vamos.
—Qué no.
Sarah no desistía. Estaba completamente vestida y no se veía muy dispuesta a ceder la oportunidad de tener un buen rato.
—Vamos—repitió, sonaba casi un sollozo.—Harry Robinson estará allí. Sabes que es un bombón.
Rose rodó los ojos.
—Ve tú si quieres.
—Es un aburrimiento ir sola.—se quejó—Vamos, será divertido. Quizá haya pastel de moras.
Conociendo las fiestas, lo más cercano que habría a una mora sería algún tipo de licor. Sin embargo, escuchar a Sarah hablando de comida hizo que su estómago se negara a dormirse nuevamente.
—¿Dónde es la dichosa fiesta?—gruñó Rose, mientras se incorporaba un poco en la cama. Sus compañeras de cuarto entraban y salían del baño y de la habitación desesperadas.
—Slytherin.
—¡Ni de coña!—exclamó Rose, volviendo a esconderse entre las sábanas.
Ir a la sala común de Slytherin significaba bajar muchas escaleras, ir a las mazmorras y, en caso de ser atrapadas, ningún lugar de huída. Las salas del piso se cerraban con llave desde que los Prefectos habían descubierto que era un lugar muy concurrido por parejas amorosas, y no habían tenida mejor idea que informarle a la directora y lograr que nadie pudiera siquiera pensar en esconderse. Además ir a la sala común de Slytherin hacía que las posibilidades de encontrarse con Malfoy espontáneamente subieran de forma considerable y, después de la extraña declaración que le había soltado esa misma tarde, no estaba en el mejor humor de encontrárselo.
Sarah no parecía muy afectada por eso.
—¡No seas aguafiestas!—dijo excitada, levantándose de la cama y tirando las sábanas de Rose con fuerza. Al ver que no lograba moverla ni un milímetro, soltó un fuerte suspiro.—Creo que Malfoy estará allí.
Rose sintió su corazón acelerarse un poco, pero fingió que nada había pasado.
—Es su sala común.—resopló ella, con su voz sonando ahogada bajo las sábanas.—Debería estarlo.
—Rose...
—No me convencerás.
—Te dejaré todos mis pedazos de pastel de moras por el mes.
Un suspiro, un gruñido y una patada, y Rose ya estaba vestida con la primera falda que había encontrado y una blusa desaliñada que tenía en el fondo de su baúl desde tiempos inmemoriales.
Sarah no era precisamente la reina del sigilo. Pisaba fuerte, se había colocado zapatos con un poco de tacón que resonaban contra los escalones. Cuando llevaban las dos primeras escaleras recorridas, Rose, sentía que era prácticamente un milagro que no las hubieran descubierto a esas alturas. Sarah se sentía como un ninja experimentado, pero no era más que el troll más grande del mundo tratando de hacerse pasar por un insecto silencioso. La tercera escalera les fue más fácil, la cuarta una verdadera sinfonía de pasos y la quinta y desastre total. Para cuando llegaron al primer piso, Rose, sólo quería tirarse al piso y fundirse con las piedras de éste.
Fue una bendición que llegaran sanas, salvas y libres de castigo a la sala común de Slytherin. La música se escuchaba un poco afuera, por mucho encantamiento silenciador que le hubieran puesto al lugar, y dentro habían corrido todos los sillones hacia los lados. Había un bar en un lado lleno de cerveza de mantequilla y de botellas de distintos colores y licores. Alguien había colocado serpentinas plateadas colgando desde el techo y muérdago a pesar de estar a mil años luz de la navidad. Todos bailaban y reían como si el mundo se fuera a acabar mañana. Rose vio como Sarah desaparecía en la multitud dando brincos, a su primo Albus besando a una chica anónima contra la pared y a su prima Lily saltando sobre un sofá con su hermano, ambos con una cerveza de manquilla en la mano.
—Esto no fue una buena idea.—se quejó para sí, caminando en dirección al bar y pidiendo una cerveza. Cuando el chico de quinto año que estaba tras la improvisada barra le pasó la botella, estaba helada y chorreaba por condensación.
Arrastrando los pies se posicionó en una esquina, mirando a su alrededor. No había cabezas rubias a la vista, pero sí muchas pelirrojas. Por tres segundos se preguntó qué tipo de pelirrojo sería del agrado de Malfoy, recordando las palabras que le había dirigido aquella tarde. ¿Le gustaría uno anaranjado como el de Lily o sería más de su agrado uno entre rubio y naranjo, como el de su prima Dominique? Dudaba que le gustara el de ella. Era más rojo que anaranjado, parecido al color de un tomate que empieza a madurar. Se pegó mentalmente por pensar estupideces.
—Hola, guapa.
Un chico de séptimo se le había acercado. Apestaba a vodka y a cebolla y no parecía poder quedarse recto por más de dos segundos.
—Eh.
—¿Eres Rose Weasley, no?
—Eh.
—Eres de pocas palabras.
—Eh.
Al ver que Rose no parecía muy interesada en su tertulia, se marchó con un movimiento pélvico extraño en dirección a la multitud. Podría bailar un rato, pensaba mientras le daba un sorbo a su bebida, pero estaba demasiado preocupada en evitar que la atraparan en esa fiesta como para poder disfrutar de la noche y en lo único que podía pensar era en salir pronto de la sala común de Slytherin. También le preocupaba que Malfoy apareciera de la nada.
Dio otro sorbo de su botella.
No, dudaba que Malfoy estuviera de fiesta. No parecía ser del tipo baile desenfrenado, pero aún así le causaba curiosidad pensar su postura ante tanto ruido, siendo un tipo tan callado y solemne. Se lo imaginaba en una esquina, analizando a todo el mundo, mientras su mente estaba llena de pensamientos raros sobre Historia de la Magia, libros y más libros.
—Hola.
Rose se asustó tanto que tiró su botella de cerveza, a pesar de reconocer la voz. Malfoy la miraba con una diminuta sonrisa, tenía un vaso lleno de un líquido que no reconoció y los ojos grises casi negros debido a la luz.
—Hola.—respondió ella, mirando el vaso. No pensaba que él fuera de los que bebían algo que no fuera agua o zumo de naranja.
—Me sorprende verte aquí considerando que es muy probable que el celador descubra esta fiesta.—le dijo él. Rose se fijó en su camisa negra y en lo pálida que se veía su piel.—Ya sabes, después del castigo de la biblioteca.
—A cambio de estar aquí me han prometido un mes de pastel de moras.—respondió encogiéndose de hombros.—No podía decir que no. ¿Cuál es tu excusa para estar aquí?
Malfoy rió bajo, mientras daba otro sorbo.
—Es mi sala común. Había demasiado ruido para dormir.
—Existen los encantamientos silenciadores.
—Lo sé.—dijo él.
El silencio entre ellos quedó opacado por la música. Albus intentaba meterle mano a la chica que tenía acorralada contra la pared.
—Lo está pasando de lo lindo.—comentó Rose.
—Así parece.
Su mirada se perdió entre las manos de Albus y la piel expuesta de la chica. Rose se preguntó si alguna vez él habría estado con alguien de esa forma, pero prefirió sacar ese pensamiento de su mente debido a que la ponía enferma. Empezaba a sentirse un poco mareada.
—Creo que volveré a mi sala común.
—Si quieres te acompaño.
—No, gracias.
—Insisto, Weasley.
—No es necesario, Malfoy.
Caminó rápido hacia afuera y empezó a emprender marcha hacia el primer piso. Sintió pasos tras ella y luego vio como Malfoy la alcanzaba y se movía grácil a su lado mientras subían las escaleras. Rose se mantuvo en silencio y él, que no era muy dado de empezar conversaciones, no hizo nada por evitarlo. Subieron juntos el primer y segundo piso, hasta que Malfoy se paró en seco y la tomó de la muñeca con fuerza.
—¿Qué demonios estás...?
—Shh.
Rose miró la mano de Malfoy sosteniendo su brazo, luego lo miró a él y posteriormente regresó su vista a la mano del muchacho.
—Malfoy...
—Cierra la boca.
Lo hizo. Y Rose los escuchó. Los mismos pasitos, el sonido de las garras rozando las rocas del piso y el chillido, especialmente el chillido.
—Malfoy...
—Miau.
—¡Corre!
Malfoy tiró de ella como si fuera un saco de papas y la arrastró por el segundo piso. Su mano afirmaba firme su muñeca y no tenía la intención de soltarla. Doblaron un par de esquinas con el maullido pisándoles los talones, luego aceleraron aún más y cuando sentían que estaban por morir de un ataque, Malfoy, abrió la primera puerta que encontró abierta y tiró de ambos adentro. Se escondieron contra un pequeño hueco que había entre la pared y la puerta, tan juntos que Rose sentía cada parte del cuerpo de él contra el suyo. Ella contra la pared y él en dirección al resto del aula. Malfoy jadeaba contra su oído y su pecho rozaba el suyo ante cada respiración.
Se mantuvieron así por lo que parecieron horas. La respiración de Rose se tranquilizó y la de él también, pero aún así sentía que los latidos del pecho de Malfoy eran completamente irregulares.
—Tu pulso va muy rápido.—señaló contra su oído. Nunca había notado lo alto que era él, ni que le pasaba por más de un palmo.
—Sí.
—Deberías tranquilizarte, Malfoy. Creo que el gato se marchó hace un millón de años.
Él se mantuvo en silencio. Su corazón aún daba saltos.
—No late así por eso.—respondió mientras se alejaba de ella y miraba el piso—De cualquier forma mientras más rápido lleguemos a tu sala común, mejor.
Rose pensó en preguntarle que le aceleraba el corazón, pero temía tanto a la respuesta que prefirió omitir comentarios.
Salieron del aula, caminaron el pasillo a la escalera y comenzaron a subirla más rápido de lo que cualquiera pudiera pensar que se podía recorrer tantos metros. Malfoy parecía creer que se encontraban en medio de una maratón que ofrecía un pozo millonario al ganador y prácticamente volaba sobre los escalones, con ella tratando de seguirle los pasos. Cuando llegaron al retrato de la sala común de Gryffindor, Rose lo miró raro.
Ellos nunca se despedían. Despedirse era para idiotas.
—Adiós, supongo.—dijo ella.
—Adiós—dijo él.
Pero no parecía listo para irse. Su camisa estaba medio abierta. Rose nunca lo había visto tan desaliñado, ni tan bien parecido. Vio que empezaba a bajar los escalones. Cuando llegó al cuarto, ella le preguntó:
—¿Por qué estabas nervioso si no era porque nos atraparan hace un rato?
Ésta vez era el corazón de ella el que latía fuerte.
—Yo...
—Sí...
—Esto...Tú...
—¿Yo qué?
—Estaba nervioso por...
—Miau.
—Demonios.
Esta vez no fue ella la que maldijo contra el estúpido gato.
Uhhhhh
Hola gente bella! Espero que este capítulo les haya gustado yujuju! Con H será la próxima! Gracias por sus comentarios y entusiasmo por el fic! Sus favoritos y follows hacen mis días! Gracias a KKK por la palabra del día jeje!
Besos, Cece
