Disfruten!


Cap.22:"Restauración"

Eran las 12 PM del sábado y nuestros protagonistas iban por la calle de un pequeño barrio residencial.

- A donde vamos? – preguntó amargado Ciel – hace horas que estamos caminando.

- Ya, ya no ha sido mucho – le dijo calmado.

- Mientes – refunfuño y en realidad tenía razón. Llevaban mínimo 2 horas en la calle. El pequeño No tenía idea de a dónde iban. Cuando se levantó esta mañana Sebastian le dijo de la nada que tenían que salir a hacer un encargo a Tokio. El no quería, solo deseaba permanecer en la cama durmiendo, así que simplemente el moreno lo arrastro, literalmente. Tuvieron que hacer un viaje en tren de aproximadamente media hora, luego en autobús y ahora caminando. Estaba cansado, los pies le latían. Quería sentarse y quedarse así por el resto de su vida.

- No te preocupes – lo calmo y luego se detuvieron en una tienda clandestina bien oculta en la zona de Tokio.

- Me trajiste a rastras a la capital de Japón para visitar esta tienducha de baja categoría? – su enojo fluía por las venas. Respiró hondo y se dio media vuelta – yo me largo.

- Espera! – lo tomo del brazo.

- Suéltame! – se soltó bruscamente.

- Cálmate, este es un viejo amigo que nos puede ayudar – le comentó y el niño se quedó con los ojos abiertos, por así decirlo. Se quedaron parados frente a la puerta por unos minutos. Y El pequeño se le quedo observando al moreno con cara de "no vas a tocar?" Y cuando le devolvió la mirada, se decidió en hacerlo.

KNOCK KNOCK

"Hace años que no lo veo, me preguntó como lucirá ahora"

- Si si, enseguida abro – una extraña voz salió por detrás de la puerta de entrada y se abrió. La pareja se quedó atónita ante la apariencia de esa persona. Tenía largo pelo blanco, una "túnica negra y una larga galera que le hacía juego. Sin olvidar daba miedo.

- Jijijiji tanto tiempo sin verte Sebastian - y su risita perturbadora.

- Tanto tiempo – le devolvió el saludo.

- Que modales de mi parte, por favor pasen – les hizo un gesto con la mano para que pasaran. Cuando entraron, la tienda era escalofriante, había muchos objetos vodooo o magia negra. Al pequeño le daba mal presentimiento, por eso le preguntó al pelinegro.

- Sebastian, quién es él?

- Ohh, lo siento, ejem, nadie, incluso yo, conozco su nombre real, la mayoría lo conoce como Undertaker. Me ha ayudado mucho cuando estaba con Ash – le explicó.

- Un gusto pequeño conde – lo saludó con su incomoda risa.

- Conde? – se cuestionó.

- Simplemente, te vio cara de de niño rico – se rió y este frunció el ceño confundido.

- Que te trae a visitarme, jijiji – se reía mientras se acomodaba en su asiento.

- Necesito que nos ayudes – su tono se volvió serio.

- En que? si se puede saber? – se miraba las uñas despreocupado.

- Recuerdas a Ash? – asintió. Bueno, hace unos días libero el virus que se está comiendo la información del país y necesitare que nos ayudes a hackearlo para destruirlo – finalizó.

- Wow,, eso suena interesante, jijiji, pero eso requerirá un precio

- Huh? – le preguntó el joven.

- Dice que nos ayudara, si le entregamos algo a cambio, él es así – le explicó.

- Y que es lo que quiere? – lo observaba

- Generalmente… - se quedó pensando - necesitaré que salgas un segundo – le pidió.

- Qué?

- Es solo por un momento, confía en mí – lo miró a los ojos y estos se quedaron posados en los ojos del pequeño hipnotizándolo por un tiempo hasta que reaccionó.

- Ehhhh d-de acuerdo, pero no tardes mucho

- Lo hare – le sonrió antes de cerrar la puerta detrás suyo. No pasaron ni 5 minutos cuando una estruendoso ruido que hizo temblar el piso literalmente. El joven se preguntó atónito que fue lo que pasó y cuando abrió la puerta se encontró con una escena bastante extraña. Ahí estaba Sebatian parado como si nada mientras observaba a Undertaker, si así era su nombre, rodando en el piso riendo como un desquiciado, golpeando el parquét con los puños. Esa risa lo incomodaba hasta un nivel inimaginable. Se cubrió los oidos para no escucharlo. Se acercó lentamente al pelinegro para preguntarle que sucedió.

- Que paso? – el hombre se dio vuelta.

- No mucho, generalmente para lograr que Undertaker coopere, hay que hacerlo reír, algunas personas lo toman como un desafió bastante grande; pero yo lo veo fácil – sonrió y el pequeño se quedó con el ceño fruncido.

- AHHHHH JAJAJAJAJAJAJAJ – su risa subsidio de repente y ambos lo miraron.

- Ya terminaste?

- Haaaa….haaaaa. si, si, ya termine – se levantó del suelo.

- Muy bien, que dices? Cumplí con tu capricho – comentó – nos ayudaras?

- Lo haré, te ayudaré – se sacudía mientras les hacía un gesto con la mano – por aquí caballeros – los dos lo siguieron a la parte trasera de su tienda hasta un pequeño cuarto – aquí es – abrió la puerta y lo único que había era un escritorio con una computadora. Undertaker se sentó en frente del aparato, seguido de sus visitantes.

- Qué es lo que hará? – preguntó silencioso Ciel mientras observaba al hombre teclear muchas cosas a una alta velocidad y riéndose como si nada.

- El intentara entrar a la base de datos donde se encuentra la fuente del virus y detenerla – le respondió.

- Lo logrará?

- Él es un gran hacker – le acarició los cabellos.

- No hagas eso – le golpeó la mano y una risita insoportable los volvió al tema.

- Sucede algo?

- Jijijij, parece ser que mi software rastreador no es suficiente – les contestó – necesito otro programa más moderno que pueda complementarse e intensificar la búsqueda.

- Otro software, huh? – se rascó la barbilla – creo que tengo uno guardado en casa, si te lo traigo podrás continuar?

- Jijijij, seguro – se rió.

- Muy bien Ciel – este lo miró – quédate con Undertaker hasta que vuelva, ok?

- De acuerdo – accedió.

- Volveré enseguida – salió corriendo por la puerta. El joven sabía que tardaría mucho, ya que su casa se encontraba lejos, pero aún así no había opción si querían destruir los planes de aquel sujeto que le arruinó la vida.


En el tren, Sebastian pensaba en un plan B para cuando Undertaker lograra hackear el virus. Una vez hecho, Ash vendría tras él y Ciel para matarlos. Y así si se desataría la guerra del bajo mundo.

"Qué hacer?" pensó pero no se le ocurría mucho, el viaje en tren no le ayudaba a idear un plan, sin embargo era una persona optimista y sabía que algo se le ocurriría. En un momento escuchó la sirena del transporte que se detenía.

- Esta es mi estación – se bajo y empezó a acelerar el paso para llegar al departamento lo más rápido posible.


- Entonces… tu ayudabas a Sebastian hackeando computadoras? - curioso mientras lo miraba teclear cosas que no entendía.

- Jijijiji, por supuesto él es un buen amigo, además de que también me hace carcajear como ninguno – se reía.

- Por favor deja de reírte así – le pidió amargado. Se alejo del hombre para sentarse a esperar en un rincón de la habitación – apúrate Sebastian – se cruzó de brazos.


- No está, no está! – el programa no estaba donde debería. Estaba seguro que lo guardó aquí, pero por más que rebuscara no estaba. Algo no encajaba. Sebastian tenía muy buena memoria, como era posible que el disco no estará? – Donde esta?! Donde esta?! – buscaba desesperado entre las cajas de su armario y no había caso, no se encontraba ahí. A punto de rendirse se acordó de algo a último momento. Un libro. Si, uno de sus libros de la universidad. Fue a la biblioteca del living en busca de uno de sus manuales. No tardó ni 5 minutos cuando agarró uno que decía "Técnicas de aprendizaje III" y lo abrió en la sección "relación profesor alumno: cómo lograr romper el hielo". Una sonrisa se le dibujo en su rostro al verlo ahí. Así es, el disco estaba ahí. Feliz por el hallazgo exitoso, lo guardo en su campera y emprendió el viaje de regreso.


3 horas y media ya pasaron y aun no había señal del pelinegro. Ciel ya se estaba impacientando; capaz lo atraparon…. No era imposible, Sebastian no era tonto, no se dejaría capturar así de fácil. Durante sus pensamientos observaba al amigo de su sensei reír mientras usaba la computadora. No entendía que hacía, computación no era su fuerte que digamos. Además de que tampoco le interesaba mucho la tecnología.

- He vuelto! – se abrió la puerta de golpe presentando a el moreno muy cansado y bañado en sudor. Ambos se quedaron mirándolo por varios minutos.

- Jijiji, ya era hora – habló Undertaker.

- Lo siento justo cuando volvió el transito se volvió pesado – trataba de recuperar la respiración.

- Lo tienes? – se levantó el niño dirigiéndose hacia él.

- Haaa…. Haaaa….. si – le mostro el sobre con un disco dentro y enseguida se lo entregó a Undertaker – aquí esta, te lo encargo

- De inmediato – giró su silla e introdujo el CD en la máquina. A medida que cargaban los programas de soporte. El software de defensa del pelinegro estaba entrando en acción. Nuestra pareja se le unió para observar como efectuaba su trabajo, pero aunque no entendieran mucho del tema podían anotar como el "antídoto" por darle un apodo surtía efecto. El peliblanco tecleaba y escribía códigos a una velocidad impresionante. Abría y cerraba ventanas. Muy multifunción parecía.

- Como va todo? – decidió preguntarle Sebastian.

- Logre derribar la barrera de defensa del virus y está comenzando a retroceder y los datos robados… estoy tratando de recuperarlo – dijo con tanta naturalidad.

- Eso que significa? – se aproximo Ciel.

- Que va todo bien – le sonrió y de repente un beep atrajo su atención. Su asomaron a la computadora y vieron que saltó una ventana mostrando números que aumentaban en cifras. No sabían que pasaba ya que ninguno les gustaba la informática, sin embargo cuando escucharon la clásica risita perturbadora del hacker. Podía ser una cosa: había conseguido algo.

- Pasa algo? – se animo a preguntar uno de ellos.

- Si, he logrado que toda la data regrese a su lugar de origen al atacar la fuente del virus aunque….. eso no resuelve el hecho de que no lo he destruido, así que tranquilamente podría atacar de vuelta – respondió y el hombre capto la idea.

- Y puedes destruirlo?

- Tal vez, pero necesitaré crear una especia de vacuna que lo borre

- Podrás hacerlo?

- Si puedo, pero me tomara unas horas y si Ash se entera, vendrá a buscarlo antes de que logre eliminarlo.

- Correremos el riesgo – se volteó para irse.

- Ah, otra cosa – lo detuvo.

- Si?

- La vacuna solo funcionara sí se lo aplica desde la fuente, jijiji – esa última frase no le agradó en lo absoluto. Eliminarlo desde la fuente? Tenía que estar bromeando. Volver a ese agujero solo para destruir el virus, que hermosa idea. Aunque eso no sería problema, ya que era consciente de lo vendrían a buscar para matarlo. Soltó un largo suspiro ante la realidad de la situación y salió de la pequeña habitación a pensar en algo, dejando a un pequeño muy desconcertado.


- Como va todo? – preguntó Ash. Habían pasado tres días desde que inicio el ataque. Miles y miles de carpetas de información eran transferidas a su computadora. Códigos, datos, números, contraseñas y entre otros estaban en su poder.

- Todo va según lo planeado – le respondió su subordinado de extrema confianza.

- Excelente! Hay que celebrar que después de 6 años hemos logrado nuestro objetivo! – sacó de su cajón un par de copas del champagne más caro y refinado de Japón. Lleno ambas vasos entregándole 1 a Phillipe – Un brindis por nosotros

- Por nosotros – dijo algo tímido el joven y chasquearon las copas. Sin embargo antes de que pudieran tomar un sorbo un hombre intervino de repente.

- Ash-sama! – gritó y este bajo la copa lentamente.

- Espero que tu motivo para interrumpirnos sea importante – su tono cambió.

- Ehhhh lo siento pero debe saber que un extraño hacker acabo de entrar a nuestro sistema revirtiendo el funcionamiento.

- Que? – el tono iba empeorando a cada segundo.

- Si señor, l-lo que oyó – el sudor por el miedo recorría el rostro del joven.

- Como es posible que un hacker haya logrado atacarnos?! – se exaltó rompiendo la copa manchando su traje de alcohol.

- N-no lo sé señor, pero de repente los datos que se estaban transfiriendo han cambiado radicalmente – comentó – y no hemos encontrado el origen.

- No será necesario – levantó su mano para detener su habla.

- Señor?

- Ya sé quién puede ser el culpable – se dio media vuelta mirando la ventana – Phillipe?

- S-si – saltó nervioso.

- Quiero que busquen a Sebastian Michaelis YA!

- S-si! – salieron corriendo dejando al peli plateado. Ya solo en su oficina pensaba en como matar el moreno.

- Frustrar mis planes solo lo empeora Sebastian – murmuró para sí limpiándose el liquido de su traje. No tomó ni 20 minutos cuando Phillipe regresó.

- Ash-sama! Hemos localizado a Sebastian – dijo algo agitado.

- Muy bien….. prepara todo! – agarró su abrigo – espero que estés preparado Sebatian, porque esto es la guerra – se rió malignamente mientras dejaba su oficina seguido por sus subordinados.

Continuará...


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