"Aquellos con el poder del amor están destinados a nunca probar la dulzura del mismo"

Diana cerró el libro con un pequeño suspiro, preguntándose, no por primera vez, si aquella historia era la realidad.

-Pues algo de verdad tendría que tener –decidió mirando su propio meñique.

Ella había nacido con el poder de ver los hilos rojos del destino, pero nunca había tenido uno atado, todas las personas tenían uno… aun si a quien estaba destinado no había nacido o estaba muerto, siempre había un hilo (algunas personas inclusive tenían dos) aunque el color podría variar en intensidad.

Se puso de pie, frunciendo el ceño a la imagen que le devolvía la mirada, tenía el cabello rubio, los ojos azules claro y lucía un vestido de corte en V de color naranja suave con piedras amarillas a lo largo de las mangas.

-No debería sentirme triste por perder algo que nunca tuve- se dijo así misma y colocando una pequeña sonrisa en su rostro partió en busca de la princesa Serenity, quien era una de sus mejores amigas.

Desgraciadamente al entrar a la habitación lo único que encontró fue a Mars luciendo muy furiosa y con su traje de senshi.

-¿Aylin?-pregunto con curiosidad.

Los feroces ojos de la senshi de fuego le devolvieron la mirada –La princesa escapo-

-¿Hace cuanto y a donde? – cuestiono sacando su propia pluma para transformarse.

Las mejillas de Aylin se tiñeron de rojo cuando ella contesto – hace más de una hora y…. ella fue a la tierra –

Alanís se cuestiono por un momento porque Mars había tardado tanto en avisar o porque la princesa había ido a la tierra, pero decidió preguntarlo mas tarde. Ahora tenían que ir por su princesa.

-¡Por el poder de Venus!- El poder la inundo al mismo tiempo que la luz inundo la habitación.

Cuando la luz desapareció el hermoso vestido que lucía había desaparecido dejando su uniforme de senshi en su lugar.

Se aparto el pelo de la cara deseando por un momento que Mercury y Júpiter estuvieran en la Luna, pero centrándose de nuevo en la situación rápidamente.

-Vámonos Mars-

Las dos Inner Senshi aparecieron en el planeta azul, sintiendo claramente el poder de su princesa, que las guiaba sin pérdida hacia ella.

Caminaron hacia un pequeño prado y la distancia Venus pudo observar a su princesa, de pie cerca de un hombre de cabello negro.

Frunció el ceño con fiereza ¿Qué estaba pensando Serenity? No podía escaparse de esa manera, dio un paso hacia adelante y abrió la boca con toda la intención de intervenir entre ellos. Una voz suave la interrumpió –Tendré que pedirles que no les interrumpan- permitió su mirada seguir aquella voz y se encontró con un hombre de cabello castaño.

-¿Quién eres?- demando, cayendo en una posición de combate. No podía permitir que nada sucediera a Serenity.

Las cejas del hombre se alzaron –es bastante descortés de su parte –dijo con ligera molestia, sus ojos azules mirándola –pero ya que la dama lo exige, Soy Neflyte, gran general del norte, soy uno de los shitennou-

Los ojos de Venus se abrieron, había oído de la rumoreada guardia del príncipe de la tierra, los primeros en muchos siglos de ser capaces de ejercer los poderes de la naturaleza con una facilidad aterradora.

-¿No os presentáis todavía? –Pregunto con el ceño fruncido- Supongo que me obligáis…-

Se puso tensa, esperando un ataque, pero el castaño solo cerró los ojos por un momento, antes de volver a fijarlos en ella –Ya veo, las inner senshi; guardianas de la princesa Serenity y princesas guerreras-

-¿Cómo sabéis eso?-Mars exigió desde atrás, sus identidades debían permanecer en secreto, de hecho la existencia de las inner senshi se pensaba nada más que un rumor-

El castaño se rio entre dientes –Las estrellas a veces me confían algunos secretos-

-Solo estamos aquí por la princesa –dijo con suavidad, poco deseosa de entrar en una batalla con un guerrero de cuya fuerza se escuchaban rumores aun en su planeta.

-Como dije antes; les pido que no les interrumpan –el castaño repitió y una triste mirada cayó en sus ojos –No con capaces de pasar mucho tiempo juntos, me temo-

Los ojos de Venus se abrieron y escucho a Mars soltar un chillido detrás de ella, volteo mirar a Serenity y la encontró compartiendo un beso con aquel hombre.

-¡Esto es insólito! No permitiré que Serenity…-comenzara con furia, Serenity debería ser más consciente de lo que hacía, tener una relación con un desconocido.

-¿Permitir?- el otro resoplo con una sonora carcajada –Si vuestra princesa es tan solo un poco como nuestro príncipe, entonces me temo que nadie le va permitir nada… va a terminar haciendo lo que guste-

-¿Vuestro príncipe?- soltó con incredulidad- se atreven a alentarlos-

-Nuestro líder sabe perfectamente que su alteza no iba a parar aun si le encerramos en una torre, por lo menos de esta forma podemos mantenerle a salvo- respondió con voz suave- además es una pérdida de tiempo tratar de parar un amor escrito en las estrella – a continuación la miro- ¿O es que no lo sentís? ¿Acaso no sois la guardiana del amor?

Queriendo negar las palabras del otro, se centro en la pareja y el aire la abandono ante lo que veía.

Aun a la distancia el hilo rojo brillaba con fuerza, luciendo mucho más vibrante y fuerte que la mayoría de los que ella había visto, y conectaba a los dos que se miraban con amor.

Miro a Mars, que había apartado la mirada luciendo culpable.

-¿Lo sabías? –pregunto en un susurro suave.

-Sabia que se iba encontrar con quien estaba destinada, no sabía que fuera el príncipe de la tierra –fue la respuesta- Entiéndelo, Venus, no podía negarle esto, tu mejor que nadie deberías entenderlos-

Abrió y cerró la boca varias veces, sin encontrar palabras para expresar como se sentía.

Sintió ojos en ella y miro hacia el frente, Serenity se había dado cuenta de su presencia y ahora lucia una mueca entre preocupación y vergüenza.

Cuando regresaron a la Luna, Serenity la miraba sin decir una palabra y ella tampoco encontraba que decir, Aylin miraba entre las dos de ellas sintiendo la tensión.

Finalmente espeto -¿Por qué no me lo dijiste?- se sentía ligeramente insultada de que su princesa, su prima, su amiga, no le hubiese confiado el secreto de su amor.

-Tu… sueles ser tan inflexible en lo que debo o no hacer- contesto la otra rubia temblorosa – Yo solo quería ser feliz, aunque fuera por poco tiempo… quería estar con él-

-Ahora no será así –sentencio y la mirada de Serenity se ensombreció –Lo menos que puedo hacer ahora es asegurarme que esto dure un poco más que "poco tiempo" – Los ojos de Serenity se abrieron ante la implicación y la rubia la atrapo en un abrazo, por el rabillo del ojo vio a Aylin sonreír con satisfacción- Va a estar bien, hablare con la reina y ella se asegura de que estén comprometidos dentro de muy poco, después de todo –agrego con una mirada picara- no podemos permitir que la princesa de la luna realice mas actos desvergonzados con un hombre con quien no está comprometida-

Aylin se rio, mientras Serenity soltaba avergonzada – ¡Fue solo un beso!-


En menos de dos meses estaban comprometidos, después de todo la reina Selene deseaba verdadera felicidad para su hija y Diana le había asegurado que la tendría al lado del príncipe, así que la reina había estado feliz de arreglar todo para que estuvieran comprometidos "Y si de todo esto sacamos una valiosa alianza –había agregado con los ojos bailando con diversión- ¿Quién soy yo para negarme?"

Por supuesto el compromiso había hecho poco para detener los viajes nocturnos de Serenity a la tierra, aunque ahora era acompañada por dos senshi todo el tiempo.

Curiosamente, a pesar de haberse encontrado con tres de los shitennou, Diana no se había encontrado con su homologo, Kunzite.

Tenía deseos de conocer al hombre que había orquestado aquellos encuentros nocturnos, pues para su gran sorpresa no habían sido idea de aquel príncipe o de Serenity, si no que había sido una sugerencia del líder de la guardia real.

Y así llego el día del baile, cuando se anunciaba el compromiso entre los herederos de la luna y la tierra, sin que ella conociera a aquel hombre.

Fue esa noche que por primera vez conoció al hombre de ojos plata azulada y siente a su corazón latir, irónicamente la guardiana del amor es incapaz de darse cuenta de que habia caído enamorada a primera vista.


Le toma bastante tiempo darse cuenta del hilo rojo ahora atado a su dedo meñique.

Había estado observando a Alexia tener una profunda conversación con el general del este, por más que la erudita de las aguas negara sentir algo por el otro, el hilo rojo que les unía se volvía de un tono cada vez mas y mas intenso.

Ella se había reído y a continuación había levantado la mano para apartar un mechón de cabello rebelde de su cara y entonces lo había visto; el hilo rojo atado a su dedo meñique.

Se había quedado de piedra, mirando el hilo con incredulidad y luego limpiándose los ojos y pellizcándose por miedo a que aquello fuera una ilusión o un sueño.

Pero no, el hilo seguía allí, brillando casi tan intensamente como el que unía a Serenity y Endymion.

Se había preguntado si debería seguirlo, solo para recordar a aquel cuento que había leído tantas veces, pensando que podría arruinar su oportunidad de ser feliz al hacer eso.

Pero mientras ella cavilaba sobre esto, el hilo se tensaba poco a poco mientras la distancia entre los dos a quienes ataba disminuía.

-¿Alanís?- la voz de Kunzite la saco de sus pensamientos, y con al mirarle se dio cuenta de que el hilo rojo que estaba atado a su dedo meñique, se anudaba a la mano que descansaba al costado del general.

Por lo general el ser llamada de esa forma por el líder del shitennou hubiese desencadenado una respuesta muy vocal, pero en esta ocasión la rubia solo se quedo mirando al otro con estupor.

Y entonces, la siempre digna y magnifica Diana Alanís, salió corriendo como una niña asustada, para gran desconcierto del general de oeste.

Sus primer instinto fue el de ir a buscar a Serenity y Aylin, pero la princesa de la luna estaba la diosa sabe donde con su príncipe, así que en su lugar abordo a la princesa marciana que estaba en sus habitaciones.

Al llegar allí prácticamente empujo su mano a la cara de Aylin, gritando -¡¿Lo ves?! ¡Un hilo rojo! ¡Conectado a Kunzite! –con incredulidad, le costaba mucho creer que estuviera destinada a aquel insufrible hombre que era aparentemente incapaz de decidirse si estaba o no interesado en ella.

Bueno, no era tan difícil de creer, puesto que insufrible o no, ella si estaba muy interesada en su homologo.

Apartando su mano de la cara, Aylin contesto –No, de hecho no puedo verlo –con una sonrisa, agrego- ¿No me digas que en verdad estas sorprendida? Parecía cuestión de tiempo, dado que todas nosotras estamos enamorándonos de ellos-

-Pero, pero… yo soy…- balbuceo, nunca se le había pasado por la cabeza que ella en verdad estuviera destinada a alguien, pues nunca había tenido un hilo en su dedo meñique.

De repente, dejo de tratar de buscarle lógica al asunto, después de todo ¿Cuándo el amor había sido lógico?

Y por primera vez, la digna princesa guerrera de Venus soltó una risita típica de una adolescente enamorada, porque, al fin y al cabo, eso era.


"Aquellos con el poder del amor están destinados a nunca probar la dulzura del mismo"

Su propia voz resonó en su cabeza con las palabras que había leído innumerables veces y que había pensado eran falsas.

La verdad era que aquello era mucho peor de lo que se había advertido en aquella frase, su destino había sido el de probar aquella dulzura para que luego se la arrebataran.

Se tenso al ver el cabello de plata, Aylin les había advertido que los shitennou volverían ese día, pero no como sus amantes y mucho menos como sus aliados, ahora eran sus enemigos.

Mirando a los ojos grises vacios, Diana (No Alanís, pues solo había sido Alanís para Kunzite y poco quedaba de su amante en aquel hombre) sintió que comprendía como se había sentido la diosa en aquella historia.

Sintió ganas de llorar, pero se mantuvo firme, levantando su espada y abalanzando sobre el general.

No supo si la batalla duro poco o mucho, muy concentrada en no permitirse a sí misma flaquear, con un movimiento de su mano clavo la espada en el pecho del general. No se sintió victoriosa, pues ella misma estaba a pocos segundos de desvanecerse, después de haber agotado todas sus fuerzas y forzar a su cuerpo a mantenerse en pie.

Saco la espada, al tiempo que el general tocaba la herida sangrante. Miro hacia abajo, incapaz de enfrentarse a la vista de su amado muriendo.

-Alanís- su suave voz llamo y por un momento sus ojos fueron los que ella había amado, dio un paso hacia adelante y se unieron en último beso, sintió la fuerza abandonándola, pero él se desvaneció primero con un último susurro –Muchas gracias-

Y allí se permitió llorar amargamente, antes de finalmente caer. Poco consciente de que el príncipe de la tierra se había sacrificado por su princesa.

De que Serenity, en un acto de rebeldía, se negó a ser la prisionera de Beryl y atravesándose a sí misma con la espada de su prometido, murió.

Pero si sintió la calidez del poder del cristal de plata, cuando limpio a todos, otorgándoles una segunda oportunidad.

Volvámonos a encontrar en otra vida, Kunzite.


Desgraciadamente para ellos, la próxima vez que se encontraron, eran enemigos. Mina no reconoció, o quizás no quiso reconocer, al hombre que había amado en el general al que se enfrentaban ahora.

De haberlo sabido quizás hubiese maldecido al destino. Pues era el destino quien les unía, y quien les había arrebatado la felicidad una y otra vez.

Y sería el destino quien le trajera de vuelta al único hombre que la diosa del amor había amado.


Err… ¿Le dije a alguien que no habría más finales trágicos? Mi error, quise decir que habría más.

e.e la verdad es que esto era previsible, después de todo el milenio de plata no tuvo un final lleno de arcoíris y felicidad precisamente, así que este tambien termina en tragedia pero el próximo es la historia de Mina que si bien llena de angustia tendrá un Happy End.

Muchas gracias por comentar y espero que hayan disfrutado el cap.