Lo primero que recordó fue aquel baile en que le conoció, su suave voz, aquella dulce sonrisa. El hombre que había aparecido como el caballero que era, salvándola y bailando con ella, ambos perdiéndose en los ojos del otro.

Cuando recordó el final de su romance no pudo más que soltar una risa histeria - Tan irónico… la diosa del amor traicionada por su amante- las lagrimas llenaron sus ojos, mientras recordaba las palabras que la habían perseguido por tanto tiempo en esta vida.

¡Tu amor nunca tendrá esperanza!

Rápidamente limpio sus lágrimas, decidiendo que ni Kunzite, ni Danburite merecían sus lágrimas. Pero ella no recordaba aquel último beso, ni su propio deseo al cristal de plata.


Mina fingió otra sonrisa, sintiéndose tan tensa que le sorprendía no estar tan rígida como una tabla.

Pero su acompañante parecía estar inconsciente de ello, pues se animo ante su sonrisa.

Al final se detuvieron en frente de su casa y el castaño le sonrio tímidamente a la vez que se acercaba lentamente, dándole la oportunidad de apartarse.

No lo hizo.

Dejo que sus labios se encontraran con los del otro suavemente por solo un breve momento.

Cuando se separaron ella podía notar el sonrojo en las mejillas del chico, aunque este trataba de ocultarlo mientras se despedía entre balbuceos, ella le dedico otra sonrisa antes de entrar.

Sin detenerse a mirar a ningún lugar de su casa, simplemente subió a las escaleras hasta llegar a su habitación, entrando y cerrando la puerta con un estrepitoso sonido.

Se dejo caer contra la puerta cruzándose de brazos, y dejando que su flequillo cubrir su rostro.

Tentativamente levanto su mano dejándose que su dedo índice trazara sus labios donde hace poco había hecho contacto con los del otro chico.

Se suponía que algo así debería dejarle una sensación de calor difuso en la boca del estomago, así se supone que debería ser, pero lo único que sentía era frio.

Se sentía distante, como si aquella tierna escena no tuviera nada que ver con ella o quizás aun peor porque una escena como esa tendría que haberlo hecho soltar un par de chillidos o una sonrisa.

En cambio parecía incapaz de sentir nada, frunció el ceño. Aquello era simplemente injusto, había sido Diana quien se había enamorado de aquel general y ahora era ella la que era incapaz de olvidarlo.


-Tenemos que hablar Minako –La voz de su padre resonó ante sus oídos, y Mina se levanto sorprendida antes el uso de su nombre completo.

Su padre rara vez la llamaba por su nombre, utilizando en su lugar un montón de sobre nombres melosos.

Ella abrió la puerta y se encontró con un par de ojos idénticos a los suyos -¿Papá? –cuestiono con curiosidad.

Su padre entro a la habitación, su cabello castaño lucia desordenado y su rostro hermoso se veía arruinado por su ceño fruncido, se sentó en una de las sillas de su enorme habitación, de brazos cruzados y con los ojos fijos en los de ella.

-¿Sucede algo?-

-Minako, es la cuarta vez esta semana que llegas a casa con un chico diferente ¡Y solo es lunes! –su padre espeto- estoy preocupado por ti-

Ella lanzo un suspiro, sabía que no debía haberle permitido a esos chicos acompañarla a casa, se pregunto qué pensaría su padre si supiera que en realidad había salido con ochos hombres esa semana –Sabes que puedo cuidarme yo sola- respondió con dulzura, tratando de calmar al hombre.

Y por supuesto que sabía que podía cuidarse sola, pues había sido el que insistió en que aprendiera artes marciales desde que tenía seis años.

-Por lo menos dos de esos idiotas fueron contratados para tratar de seducirte – su padre agrego con una ceja alzada- Sabes que tengo muchos enemigos, Mina-

Su padre se había ganado una gran cantidad de enemigos por su trabajo*, del que rara vez hablaban.

-Puedo…- comenzó a hablar pero su padre le hizo callar con una mirada.

-Mina, voy a pasarme el resto de mi vida preocupado por ti- sus ojos eran serios –Se que probablemente no te guste eso, pero a partir de mañana tendrás un guardaespaldas-

Ella le lanzo una mirada indignada -¡No necesito un guardaespaldas!-

-¿En serio? –Contesto con una sonrisa- si detienes tu… cruzada en busca del amor, puedo desistir.

Ella le miro boquiabierta, antes de recuperarse – Bien, manda a tu guardaespaldas- su padre sonrio con suficiencia antes de salir.

-¡Que tengas dulces sueños, Mina!-Lanzándose a la cama, Mina ahogo un grito.

Su padre podría ser muy irritante, pero aquel guardaespaldas no duraría mucho en cuanto su padre se diera cuenta de que el hombre suspiraba por ella lo mandaría tan lejos como fuera posible.

Al día siguiente miro al espejo mirando su atuendo con consideración; lucia una falda corta de mezclilla, una blusa azul marino de manga corta con escote en V y tacones negros.

Su maquillaje era impecable y llevaba el cabello atado en una cola de caballo.

-Muy bien – susurro con diversión- Operación: deshagámonos del guardaespaldas, fase I-

-Mina –Artemis llamo- ¿No crees que exageras? Tu padre tiene derecho a estar preocupado-

-Si, lo tiene – estuvo de acuerdo- pero de verdad quieres a un extraño siguiéndome todo el día, podría descubrir algunos secretos.

-Supongo, pero…

-Sin peros- sonrio- deja que yo me encargue de esto-

Artemis no pudo más que negar con la cabeza al ver a la rubia salir de la habitación, se compadecía del pobre hombre que pronto sería victima de los encantos de la diosa del amor.

Mina entro al salón sonriendo dulcemente, tenía que parecer inofensiva para la primera fase.

Su padre estaba sentado en el sofá y había un hombre en frente de él, dándole la espalda a ella.

Camino agachándose para besar a su padre en la mejilla –Buenos días, papa-

-Buenos días, Mina –respondió el con una sonrisa – Me gustaría que conocieras a Kazuo Sato, tu nuevo a guardaespaldas –volteo, dispuesta a ofrecerle a aquel hombre su mejor sonrisa.

Dicha sonrisa se congelo en su rostro al encontrarse con los ojos azul-plata familiares-

-Aino-san –el hombre asintió, hacia ella con cortesía.

Ahogo un gemido, pues aunque el cabello fuera negro no había forma de que ella confundiera esos ojos.

Soltando un chillido salió corriendo en dirección a la casa de Serena.

-Bueno, eso fue nuevo –El de ojos azules comento.

El pelinegro suspiro, colocando su taza de café sobre la mesita de cristal –Si me disculpa, Akira-san- dijo poniéndose de pie-

-No te preocupes, muchacho –respondió con una sonrisa divertida- después de todo para eso te contrate-

Kazuo Sato negó con la cabeza, antes de correr detrás de la rubia.


-¡Con permiso! –grito, irrumpiendo en la casa de Serena, Kenji Tsukino se asomo por la puerta de la cocina, justo a tiempo para ver a la rubia subir por las escaleras.

Sonrio, divertido. Aquella chica era demasiado parecida a Serena.

-¡Serena! –grito entrando al cuarto, la rubia en cuestión estaba sentada frente al escritorio, estudiando y sonrio dando la bienvenida a cualquier excusa para no estudiar.

Miro a la rubia agita en su puerta -¿Qué sucede?-

-Está aquí- espeto, cerrando la puerta tras ella con una mirada asustada –Bueno, no aquí, obviamente, pero… está de vuelta

Ante esto Serena se puso de pie -¿Quién?-

-¡Kunzite! Estaba en mi casa-

Los ojos de Serena se abrieron y ella soltó un ruido entusiasmado – ¡esa es una gran noticia!-

-¿Estás loca? No le quiero de vuelta-

Serena se detuvo mirándola con incredulidad, siempre había pensado que las chicas querías devuelta a sus almas gemelas, que ellas querían lo que tenía con Darien.

Rei ciertamente lo quería, pues había conseguido que se lo confesara después de una cantidad sorprendente de alcohol, Amy ni siquiera se había molestado en negarlo como en otra vida había hecho y ella había atrapado a Lita soñando despierta.

Ella ni siquiera había pensado que Mina no pudiera compartir estos deseos -¿…No? ¿Por qué no? –exigió.

-Mira se que puede ser difícil de creer, pero… nosotros simplemente no estábamos destinados a ser, no quiero tener nada que ver con el –dijo con decisión.

-Entonces ¿porque te preocupe que esté de vuelta? tan solo mantente alejada de el –se encogió de hombros, decidiendo que tratar de hacer a Mina entrar en razón era una pérdida de tiempo y esfuerzo. Ya se encargaría el destino de dejarle en claro a Mina que el amor no funcionaba de esa manera.

Mina soltó un gemido –Mi papa le contrato como mi guardaespaldas-

-oh- tuvo que luchar contra una risa, Mina no apreciaría eso. Pero es que el destino ya se la había jugado, la rubia estaba atrapada con el general, tal como ella estaba atrapada con Darien.

No es que fuera un mal arreglo –Vamos a calmarnos, esto no tiene por qué cambiar tu vida-

-¡claro que lo hará! ¿Cómo se supone que voy a encontrar el amor de mi vida con el mirando sobre mi hombro?-

Bueno, eso sería bastante simple solo tenía que mirar hacia atrás y allí lo tendría –Ignórale, es un guardaespaldas debe estar acostumbrado a ello ¿No? –supuso.

-No creo que sea tan simple –Mina respondió – Tengo que deshacerme de él… ¿pero cómo lo hago?

Serena negó con la cabeza, ella se aseguraría de que la rubia no lograra aquello. Después de todo no podía permitirle a Mina destrozar su propia felicidad.

Para detener a Mina de pensar en cualquier plan anuncio –Deberíamos ir abajo comer algo- con una sonrisa.

Mina le devolvió la sonrisa, asintiendo –No puedo pensar con el estomago vacio-

Cuando bajaron a la cocina Mina se quedo paralizada viendo al hombre sentado bebiendo te como si fuera la cosa más normal del mundo.

Había pensado que el otro no se atrevería a irrumpir en la casa de alguien más, o que por lo menos el sobre protector de Kenji Tsukino se negara a dejar entrar a un desconocido a su casa.

-¿Qué estás haciendo aquí? –exigió.

-¿Le conoce Mina-chan? –El padre de serena cuestiono- Es el hijo de mi prima, no sabía que había vuelto a Tokio, juraba que seguías en los Estados Unidos- la última frase no iba dirigía a ella

-Volví hace poco –confirmo el otro sin vacilar, ella casi grito allí mismo, era obvio que había manipulado sus mentes mientras ella estaba arriba…

-¿Le recuerdas Serena? –su padre continuo como si nada- Cuando eran niños les encantaban jugar juntos-

Sato le sonrio a Serena, y la rubia se tapo la boca con una mano, reconocimiento brillo en sus ojos -¡¿Kazu-chan?!-

…O podría ser que Sato en verdad fuera pariente de Serena. ¿Por qué el mundo estaba confabulando en su contra?

-nos vemos después, Serena –espeto antes de girar hacia la puerta.

La princesa de la luna la observo marcharse, sin poder contenerse soltó una risotada.

Detrás de ella Kazu se había puesto de pie –Muchas gracias por el té, tío –asintió hacia ella- Espero que podamos hablar pronto, Serena –agrego con una sonrisa, antes de salir en post de Mina.

Sus días se habían vuelto más y más infernales desde que aquel hombre se había aparecido en su vida, para gran diversión de su padre.

Serena no parecía compartir su agitación y Rei solo la había mirado y a continuación se había reído en su cara, antes de ofrecerle un Te al idiota de Sato. No había querido saber la reacción de Lita y Amy, así que no había hablado de esto con ellas.

El único que parecía tan determinado a sacar a Kazuo Sato de su vista, era Artemis y había terminado por confesar que era porque creía que se desmoronaría como arena ante el pelinegro.

Para colmo de males Sato parecía completamente indiferente de cualquiera de sus actos de afecto público, ¡si el muy desgraciado no había ni alzado una ceja al verla compartir un beso francés con, al menos, tres personas!

O quizás si le había importado y ella había sido incapaz de notarlo, pues los ojos azul plata eran más inescrutables de lo que habían sido los de Kunzite, esta había sido precisamente la razón por la que era incapaz de decir si él recordaba o no.

Ahora, frunció el ceño al mirarle coquetear con una pelirroja en el mostrador del club donde estaban, bueno, quizás no coquetear pero le estaba prestando más atención que a ella, más atención que a la diosa del amor ¿Cómo se atrevía?

Lanzándole una mirada furiosa salió ocultándose entre el montón de gente que había en aquel club.

¿Cómo se atrevía? ¿Cómo podía meterse en su vida como si nada? ¿Cómo podía actuar como si fueran perfectos desconocidos? Cuando ellos eran…

Soltó una risa, no eran nada y todo era porque ella se negó a intentar nada, o quizás aunque ella hubiera tratado no serian nada. El pelinegro ciertamente parecía muy poco interesado en ella.

Sintió las lagrimas de frustración formarse en sus ojos, se sentía tan cansada de todo, de luchar cuando todo presagiaba un mal final, de luchar contra lo que ella representaba, contra todo lo que quería.

Las lágrimas se derramaron por su rostro y sintió una mano en su hombro.

La mirada plateada del otro se veía ligeramente preocupada cuando pregunto -¿Se encuentra bien Aino-san?

-No- ella contesto en un susurro roto.

El otro se veía sobresaltado por su admisión y la observo antes de preguntar con vacilación -¿Hay…hay algo que pueda hacer por usted?-

Sintió algo romperse dentro de ella y no sabía si era o bueno o malo, porque sus sentimientos se desbordaron –No actúes como si no fuéramos nada, no te quedes a mi lado y actúes tan distante – trato de limpiarse las lagrimas pero más surgían –Si vas a quedarte, entonces por favor no me tortures de esta forma… ¡No quiero esto! ¡No quiero pasar el resto de mi vida sabiendo que me estas observando y nunca viéndome! Por favor no me hagas esto-

Solo después de que pronuncio las palabras se dio cuenta de que aquel hombre probablemente no recordaba nada y que sus palabras caían en oídos sordos, soltó una risa histérica y tomando otra mirada de los inescrutables ojos plateados echo a correr hacia su casa.

Esa noche lloro como no lo había hecho en años y se quedo dormida, mientras soñaba con un tiempo en el que si bien todo había sido más complicado había amor y por tanto esperanza.

Soñó con aquel último beso y con su propio deseo.

Cuando despertó se sentía más ligera y quizás un poco más decidida, por primera vez en mucho tiempo estaba decidido a desafiar las palabras que la habían condenado. No, las palabras con las que ella misma se había condenado al aceptarlas como la verdad.

¡Tu amor nunca tendrá esperanza!

No, mientras estemos vivos tendremos fuerza para luchar. Mientras estemos aquí tendré esperanza y mientras la tenga; luchare.


*En el original los padres de Mina son bastantes normalitos, aquí su padre es una especie de embajador/espia xD porque me gusta hacer la vida de Mina interesante.

¡Yo, gente! Gusto de saludar y desearles un feliz año!

Parece que me retrase al subestimar que tan ocupada se puede estar en estas fechas, porque mi madre si que tenia cosas que hacer que me incluían como su ayudante, aunque la mayoría fueron divertidas en cierta forma :D

Gracias por comentar:

Dinas: Aquí está la continuación, acerca del final feliz? Si? Bueno, se escondió en algún lugar y no quiere salir, espero encontrarlo para el próximo cap.

Nadeshiko-Hime: Me gustan los woaus xD sip, a todo el mundo le encantan los finales felices después de que los personajes sufrieron un monto y creo que tendría que protestar contra mi mismas si no le doy uno a Mina, pero eso ya será en el próximo cap :D

Nos vemos :D