En la tierra, esa noche el primer príncipe de Terra despertó por primera vez de una pesadilla que era incapaz de recordar.


El detuvo sus paso repentinamente, y miro a su alrededor, sus ojos dorados recorriendo cada centímetro que alcanzo a ver.

Paso una mano por su corto cabello de color plata –Juraría que sentí algo…––el joven pronuncio en voz alta. No solo había sentido algo, sino que todavía detectaba una oscura presencia en el castillo.

Frunció el ceño con preocupación, no podía permitir que nadie hiciera de las suya en el palacio que se había vuelto su hogar, y proteger a la gente era uno de sus deberes como sumo sacerdote.

Y aun más importante, el sonrio al caminar por el largo y ostentosamente decorado pasillo, no podía permitir bajo ningún motivo que alguien tratara de herir a su preciado príncipe.

Una pequeña figura choco contra él, y miro al suelo para encontrarse con una corta pero alborotado melena castaña. El de cabello plateado sonrio divertido, mientras se agachaba – ¿Te has hecho daño, Neflyte? – pregunto con suavidad.

El pequeño castaño miro hacia arriba, sus mejilla arreboladas – ¡lo siento mucho, Helios–sama! –pronuncio en su voz dulce, y helios tuvo que resistirse para no soltar una risita, si, ese niño era la ternura andante, pero sabia después de haberle dicho eso a su propio hermano y que este pasara el resto del día con mala cara, que comentarle aquello al castaño no sería precisamente una buena idea –No me he hecho daño, lo prometo– asintió el castaño

Las últimas palabras eran porque el de ojos azules, tenía la manía de mentir en cuanto si había sido o no herido en sus ataques de torpeza –Ya veo– asintió, tendiéndole la mano para ayudarle a ponerse de pie –Parecías tener bastante prisa– le dijo, manteniéndose en cuclillas, le encantaba hablar con el pequeño niño, el castaño asintió con los ojos muy abiertos.

–Dymion se siente mal porque no pudo dormir casi, le voy a hacer compañía a él y a Zite –

– ¿Cómo sabes que Kunzite está con él? – no pudo evitar preguntar con curiosidad.

El castaño lo miro con los ojos parpadeando –Porque –comenzó ladeando la cabeza ligeramente y mirando al sumo sacerdote con confusión, como si el niño no entendiera la razón de ser para aquella pregunta –Si a Dymion le pasa algo, entonces Zite va a ir a cuidarle– el castaño le dedico una sonrisa, antes de salir disparado una vez más.

El mismo se levanto de su lugar, momentáneamente preguntándose si no debería ir tras el castaño para asegurarse que no tuviera otro altercado.

Finalmente negó con la cabeza, ya era difícil que los adultos le tomaran en serio aun comportándose tan formal como lo hacía, no necesitaba ser reprendido por llegar tarde y mucho menos por alguien de menor rango que el.

Los otros sacerdotes habían dejado muy claro que no se sentían complacidos de que un niño fuera un sumo sacerdote, pero el rey había sido muy claro con sus ordenes, el era un prodigio y, aunque eran pocos los que sabían de esto, el guardián del cristal dorado, el único además del pequeño príncipe que podía servirse de los poderes del cristal.

Si a Dymion le pasa algo, entonces Zite va a ir a cuidarle.

Aquellas palabras eran mucho más ciertas de lo que el castaño podría saber, Kunzite ciertamente tenía un sentido muy desarrollado para saber cuando algo andaba mal en su príncipe, y era bastante protector con él.

De hecho, había sido su pequeño hermano quien le había despertado al gritar algo sobre que tenía que ir a ver a Endymion, varias horas antes que el sol saliera.

Había intentado disuadirlo, y ahora estaba feliz de no haberlo logrado. El solo recordar la mirada aterrada en el rostro del príncipe de cuatro años de edad, era suficiente para hacerlo fruncir el ceño, alguien tan joven jamás debía tener esa expresión.

Había consolado al príncipe, y después había dejado la habitación dejando a su hermano atrás, puesto que Kunzite jamás habría puesto un pie fuera de la habitación mientras su príncipe siguiera sintiendo miedo.

La imagen de su hermano de ocho años de edad abrazando a un avergonzado príncipe, casi le hizo soltar un chillido muy indigno para alguien de su estatus.

No era su culpa si ellos eran tan adorables.

Finalmente se detuvo en frente de una puerta de roble solido, los guardias se inclinaron ligeramente ante él, antes de empujar las puertas.

De inmediato borro cualquier expresión de su rostro, dejando solo una fría mascara detrás, su impasibilidad era lo único que lograba que la mayoría de los otros sacerdotes y sacerdotisas le prestaran el debido respeto.

Sin esa expresión era solo un niño de doce años jugando a ser grande.

Mirando a los numerosos hombres y mujeres dispersos por la habitación sin hacer nada, frunció el ceño sin perder su fría expresión – ¿Es que acaso –comenzó– sois todos tan inútiles que no podéis hacer nada sin mi?–

La mayoría de las personas en la habitación fruncieron el ceño hacia él, expresiones furiosas adornando sus rostros, sin embargo sus palabras tuvieron el efecto deseado todos los hombres y mujeres en la habitación reaccionaron antes sus palabras, cada uno de ellos moviéndose por la habitación y poniendo sus habilidades mágicas en uso buscando solución para este o aquel problema.

Suspirando, camino hacia una mesa donde otros tres sacerdotes habían tomado lugar.

Uno de ellos, un hombre de cabellos café, le sonrio con diversión –Te has convertido en un verdadero maestro de esclavos, Lios–chan–

–No recuerdos haberte dado permiso para que me llamaras así –fue su dura respuesta.

–Deja de molestarle Tai – una mujer de cabello negro resoplo negando, con la cabeza – La forma en que son tratados ellos mismo se la buscaron – dijo poniéndole varios papeles sobre la mesa.

–Así es – el tercero, un hombre con cabellos rojos y ojos verdes, concordó extendiendo la mano, para tomar uno de los papeles – si no fueran tan tercos y orgullosos, entonces Helios–sama no tendría que ser tan brusco con ellos–

–Extraño cuando corrías detrás de mí pidiéndome que te enseñare esto y aquello– El castaño suspiro, sus ojos azules brillando con diversión–

–Si no fueras tan perezoso, entonces quizás todavía tendrías algo que enseñarme – comento distraído –

–Supongo que tenemos suerte que Neflyte allá heredado la torpeza de tu esposa y no esa pereza tuya, Taizan – la mujer agrego.

–No tienes que ser tan cruel, Rea – el mencionado frunció el ceño– ¿No tienes nada que decir sobre este obvio ataque a mi persona Michel?

El pelirrojo levanto la vista y sus ojos brillaron con picardía cuando abrió la boca.

–Pensándolo mejor –el castaño dijo fijando su vista en los papeles en su mano– No digas nada.–

–Eso pensé–

Rodeado de unos de los pocos sacerdotes que nunca le habían menospreciado Helios se permitió una ligera sonrisa.


Hi! Espero que hayan disfrutados sus fiestas y les deseo un feliz año nuevo, así mismo espero que hayan disfrutado el capitulo y muchas gracias por leer.

Dans: Como siempre agradecida por el review :D tenía muchas ganas de subir esto y de verdad que me estaba aguantando para no hacerlo antes de tiempo, así que te puedo asegurar que seguiré.

Dinas:Feliz año nuevo! Me he retrasado un poco por las cuestiones de las fiestas xD pero aquí estamos, espero que este capítulo te guste.