Apenas había trabajado durante unas horas cuando sintió una punzada en su pecho, a conjunto con la sensación de aquella oscura presencia que había sentido antes, disimulando su expresión de preocupación miro alrededor de la habitación en busca de alguien a quien pudiera pertenecer aquella oscura aura.

Pero antes de que encontrara nada está nuevamente se desvaneció dejándole un mal sabor de boca.

Algo anda mal.

Trato de centrarse en los papeles que tenían delante o por lo menos en el trabajo que Michel hacia a solo unos pasos.

Algo anda muy mal.

Sentía una opresión en su pecho y repentinamente tuvo que luchar contra las ganas de llorar. Sentía como si la oscuridad se hubiese adentrado en él y ahora estuviese sujetando su corazón.

Trastabillo y cayó al suelo, sujetando su pecho, una expresión de terror y dolor mezclado en su rostro.

– ¡Helios!– la voz de Taizan llamo la atención de todos, mientras el castaño se aproximaba hacia él. Se sentó junto el haciendo círculos con su mano en su espalda en un intento de calmarle – ¿Qué está mal? –

Trato de hablar, pero su voz no salió y sacudió la cabeza. No podía respirar.

Pero repentinamente logro retomar el aliento y el dolor en su pecho se aligero.

Al verlo calmarse, el otro sacerdote se puso de pie y le extendió la mano para ayudarle a ponerse de pie.

–Tráiganle agua– Rea ordeno antes de acercarse– ¿Qué fue eso? – su voz sonó una octava más alta, y la preocupación sus ojos plateados casi le hicieron soltarse a llorar allí mismo.

Eran muy similares a los de su fallecida hermana, quien había sido la madre de Helios y Kunzite.

Sacudió la cabeza –No lo sé– soltó en un susurro y la voz le sonó áspera – Hay algo muy mal, no sé que es pero… hay algo mal– repitió.

A su alrededor los sacerdotes parecían recuperar su ingenio y uno de ellos comento con desdén –el niño simplemente tuvo un ataque de pánico–

Él ni siquiera se molesto en mirar quien había sido, demasiado centrado en buscar que era lo que estaba mal, pero Michel le lanzo una mirada furiosa al hombre.

En ese momento las puertas se abrieron, dejando ver a un agitado Kunzite seguido por Neflyte.

Sintió el frio instalarse en su pecho aun antes de que Kunzite dijera nada.

–¡Lios-nii!– el niño grito, corriendo a abrazarse en sus piernas– Endymion-sama –sollozo y Helios se dio cuenta que Neflyte también lloraba y era consolado por su padre– ¡Endymion-sama no se despierta!–

No…

Imágenes de su propio padre tirado en la cama inmóvil mientras él le gritaba que se despertaran, llenaron su mente.

No…

Apenas fue consciente de apartar a Kunzite antes de echar a correr.

Aquello no podía ser, él había visto al pequeño príncipe hace poco, el día anterior había estado corriendo tan lleno de vida como solo un niño podía estarlo.

No…

Corrió por los pasillos del palacio su mente aterrándole con las imágenes de su padre muerto y su imaginación proporcionándole la imagen del príncipe pálido y sin respirar.

Por favor no dejes que sea cierto.

No sabía a quién le pedía, y no le importaba con tal de que el niño a quien tanto él como su hermano habían jurado servir estuviera bien.

No había guardias en la puertas y el las empujo con rapidez.

El rey y la reina no estaban allí, solo los guardias que por lo general guardaban las puertas y un medico.

El se aproximo casi temeroso de lo que vería.

En la cama el pequeño príncipe tenía los ojos cerrados y aunque pálido, distaba mucho de estar inmóvil, sudaba tremendamente y estaba muy agitado, de tanto en tanto soltaba un pequeño gemido de dolor.

Tomo un momento para recuperarse y luego se sentó al lado de la cama.

– ¿Qué está mal con él?– pregunto sin apartar la vista del niño.

El doctor tenía una mirada asustada en su rostro y negó con la cabeza –No lo sé… el simplemente no despierta– los ojos del anciano doctor se centraron en él y finalmente le devolvió la atención poco dispuesto a perderse algún detalle– lo he analizado y no parece ser víctima de ninguna clase de veneno y ninguno de mis análisis dice nada mas, podría pensarse que el solo está dormido–

–Es obvio que hay algo mal con el– espeto, señalando al niño sudando en la cama.

–Pesadillas –el médico contesto– esa es la razón por la que esta tan agitado, está teniendo pesadillas–

Volvió a mirar al príncipe con preocupación, ¿Había sido lo de anoche una advertencia que él había pasado por alto? No, el se había cerciorado de que no hubiese nada ni nadie influenciando los sueño de su príncipe.

– ¡Endymion! –un grito desde la puerta le alerto de la llegada de la reina, se puso de pie haciendo una reverencia. Pero la mujer apenas les registro en su lugar sentándose al lado de su hijo y susurrando palabras de consuelo.

Por el rabillo del ojo vio un destello de plata y se encontró con la mirada preocupada de su hermano, se acerco a la puerta donde vio que el niño había vuelto junto con Neflyte y ambos miraban asustados al príncipe.

Agachándose para que pudiera ver a los ojos de plata azulada de su hermano, hablo –Kunzite, necesito que me respondas algunas cosas– los ojos de su hermano se despegaron lentamente y luego el niño asintió– ¿Cuánto tiempo ha estado durmiendo Endymion?

–Una hora o dos –contesto– el…estaba cansado, y Neflyte y yo le dijimos que lo cuidaríamos de las pesadillas, que podía dormir tranquilo– El niño mira abajo mientras contesta, sus pequeños puños apretados en obvia frustración por no poder hacer lo que había prometido al príncipe.

El asintió y continuo – ¿y cuándo empezó a agitarse?–

–Hace unos minutos grito y abrió los ojos mucho –el niño sollozo sin poder evitarlo y él se resistió a abrazarle y consolarle –entonces los volvió a cerrar y a llorar un poco, tratamos de despertarle… pero sin importar que hacíamos no despertaba y…y– el niño comenzó a llorar y le atrajo contra su pecho tratando de calmarle.

–Le dije a uno de los guardias que fuera a llamar al doctor– las palabras del castaño le sobresaltaron al haber olvidado que el otro niño estaba allí– pero el doctor no pudo despertarle… y parecía que le dolia mucho, y nosotros no podíamos hacer nada…–el castaño comenzó a sollozar también.

–Y fuimos a buscarte, porque tú eres el mejor de todos los sacerdotes y quizás podrías…– ambos niños le miraron esperanzados.

Antes de que pudiese decir nada Taizan apareció, un ceño fruncido en su rostro normalmente sonriente –Maldito mocoso, no deberías salir corriendo cuando parece que tuviste un ataque hace pocos minutos–

Y esas palabras lo palabras le paralizaron, hace pocos minutos.

¿Cuáles eran las probabilidades de que Endymion y el hubiesen sido afectados por la misma cosa? Si era así, entonces ¿Por qué solo ellos? ¿Qué tenían ellos en común?

Se puso de pie al darse cuenta y una vez más hecho a correr, esta vez hacia un salón con puertas de plata, en frente de ella no había ningún guardia, porque nadie excepto el podía acceder a ella de ninguna forma.

Empujo las puertas de plata solida como si fueran tan livianas como el aire.

Miro dentro de la habitación y en el centro donde el sagrado cristal dorado debía permanecer intocable, había una mujer de largo cabello negro y terrible belleza.

Pero poco le importo que tan hermosa fuera, aquella mujer era la responsable del estado de su príncipe, había hecho algo al cristal dorado y ahora Endymion estaba encerrado en sus pesadillas.

Con un estallido de ira dejo que una ráfaga de magia pura se deslizara en su dirección, la mujer apenas logro evitar que el ataque le diera de lleno, su mano terminando herida y sangrante.

– ¡Bruja! –Espeto– ¡Tú que has osado profanar nuestro santuario, serás castigada en nombre del sagrado reino de Elysium! –

La mujer soltó una risa – ¿Así que este cristal posee un guardián, eh? –Se lamio los labios al mirarle – tanto potencial, tan joven y tan hermoso, dime, pequeño sacerdote ¿No deseas servirme? Puedo verlo en tu corazón, estas cansado de ser menospreciado… te puedo asegurar que tendré legiones arrodillándose ante tu nombre– la voz era baja seductora y aquellas palabras estaban destinadas a tentar hasta al más fuerte de los hombres, pero no lograron traspasar la ira que había envuelto a Helios.

–Has herido a aquel a quien he jurado servir mientras respire y aun más allá de mi muerte –escupió a los pies la bruja con rabia– jamás te serviré, bruja– y con esas palabras lanzo ráfagas de energía pura hacia ella, pero la imagen de la mujer se deslizo a un cristal que adornaba aquel santuario desapareciendo con una cruel risa.

Desconcertado el sumo sacerdote extendió sus sentidos tratando de encontrar a la mujer, no debería haber podido escapar mediante la magia, pero no debería haber sido capaz de entrar para empezar.

Acercándose al centro del santuario se quedo paralizado al mirar al cristal, el otrora cristal dorado ahora era tenue y tenía un brillo verde enfermizo. Lo rodeo con las manos tratando de purificarlo.

–Con esto Endymion despertara –musito dejando su magia fluir.

Por un momento su magia pura envolvió el cristal como un manto, el cristal vibro absorbiendo la energía y dejando a un agotado Helios detrás, pero cuando este miro al cristal seguía tan tenue como al principio – ¡Maldita, bruja! ¿Qué le has hecho a este cristal? – Dijo con furia, pero pronto su expresión se redujo a una de desesperanza– ¿Qué le has hecho a Endymion?–