El se arrodillo al entrar el hombre de cabello canosos –Basta de tonterías, no tenemos tiempo para esto –el hombre espeto– ¿Para qué me has llamado Helios?–
–Kale–sama– comenzó, poniéndose de pie– sé lo que ha causado el mal que padece su alteza.
Acercándose al centro del santuario, seguido del cauteloso rey, el sumo sacerdote señalo al cristal dorado, el hombre soltó una maldición al ver el estado del cristal –Había una mujer en el santuario, su majestad, ella es la responsable del estado del cristal y el del príncipe–
–Me garantizaste que nadie podría entrar en estas salas –dijo, sin dejar de mirar el cristal.
–Y así debería ser, puse prueba las protecciones de estas salas de mil formas diferentes y nadie debería poder entrar y mucho menos salir–
El rey apretó los dientes, antes de mirar hacia Helios –¿Hay alguna formas de romper el vínculo de Endymion con el cristal?–
El miro hacia el suelo –No, su majestad –volvió a mirar al rey directo a los ojos– No sin matarle, y ni siquiera la muerta podría romper el vinculo del príncipe con el cristal, he intentado purificarlo… pero solo absorbe mi energía sin cambiar en lo mas mínimo–
–¿Qué he de hacer entonces, Helios? ¿Cómo puedo salvar a mi hijo?–
Helios apretó los puños al sentir la preocupación pura que exudaba el rey, esa era la preocupación de un hombre por su hijo, no la de un rey por su heredero –No lo sé, su majestad– confeso con ansiedad, se sentía como una eternidad desde que se había encontrado en una situación que no pudiera resolver – No tengo más que meditar, y esperar que encuentre una solución en el mundo de los sueños o que por lo menos sea capaz de ahuyentar las pesadillas del príncipe desde allí.
El rey asintió, la preocupación gravada en su rostro –Se lo juro, Kale–sama, que no permitiré que el príncipe muera, no le permitiré pasar mucho mas encerrado en sus pesadillas… sin importar el precio le traeré devuelta– su tono fue solemne y el rey le dio una sonrisa ligera.
–Confió en ti, muchacho–
Le tomo más de lo esperado el limpiar su mente, la imagen del inquieto príncipe reapareciendo una y otra vez haciéndole incapaz de calmarse, pero después de unas horas logro calmarse.
Vago por el mundo de los sueños tratando de que su fuerte magia le ayudara a encontrar una solución, primero fue a los sueños de su príncipe, pero una capa de oscuridad le impedía entrar allí.
El frunció el ceño, mientras trataba de encontrar una manera de entrar, puesto que así podría sacar al príncipe de sus pesadillas y hacerle despertar, pero parecía que aquello era imposible.
Calmándose nuevamente cerró los ojos.
Céntrate en la necesidad y encontraras la solución. Las palabras resonaron en su cabeza, la voz suave de su madre envolviéndole.
Dejo que la imagen del príncipe inundara su mente.
Por favor. Suplico a quien pudiese escucharle.
Cuando abrió los ojos se encontró en un hermoso jardín de rosas blancas, al levantar la mirada se encontró mirando un cielo mucho mas estrellado del que nunca había visto.
– ¿Quién eres?– una voz femenina pregunto detrás de él.
Volteo y de inmediato se puso tenso, sus ojos estrechándose por la rabia.
La mujer tomo un paso adelante y el parpadeo.
La figura de la mujer envuelta en la oscuridad le había parecido inquietantemente similar al de aquel ser que había encontrado en el santuario, pero ahora aquella impresión parecía absurda.
El cabello de aquella mujer era de color blanco, aunque parecía desprender una luz color plata que hacía que su cabello pareciera del mismo tono que sus ojos plateados, lucía un vestido largo y blanco y en su frente el símbolo de la luna estaba presente.
Sintió el aliento atascado en su garganta antes de dejarse caer en una apresurada reverencia.
–Su majestad– dijo ligeramente avergonzado, aquella luna dorada era el símbolo real de la familia que gobernaba la luna y si bien las relaciones diplomáticas con la luna no eran las mejores, tampoco eran tan terribles como para que él se negara a arrodillarse ante la reina.
–Puedes ponerte de pie – la voz de la mujer que se decía era una diosa encarnada sonó ligeramente divertida, el obedeció – ¿Me puedes decir quién eres, joven? –pregunto con no poca amabilidad.
El se puso de pie –Soy el sumo sacerdote del reino de Elysium, mi nombre es Helios–
Los ojos de plata se abrieron ligeramente –Había escuchado rumores de que un joven había tomado ese puesto… el poder que ostentas no es nada despreciable– musito con una sonrisa.
–Agradezco mucho el cumplido, su majestad – contesto con solemnidad.
– ¿Puedo saber cómo has llegado hasta aquí? Este es, después de todo, mi reino– pregunto con curiosidad.
El dejo que una sonrisa apareciera en su rostro –En realidad no lo es, estamos en vuestros sueños, alteza –explico– yo entre al mundo de los sueños en busca de una solución a un predicamento y mi poder sobre los sueños me ha guiado hasta aquí–
– Mis sueños…– la reina repitió con suavidad, antes de mirarle– ¿Es posible que me cuentes tu predicamento? –
El dudo un momento, antes de decidir que para eso probablemente habría aparecido allí –Una mujer ha hechizado al príncipe de la corona, encerrándole en pesadillas de las que no pueda despertar –dudo antes de añadir– Esa mujer es inquietantemente similar a su majestad–
Los ojos de plata se abrieron alarmados y el continuo –una mujer de fría belleza que parece estar rodeada de oscuridad–
–Nehellenia…– susurro la reina de la luna con aprehensión.
Repentinamente la imagen de la mujer apareció, luciendo una sonrisa oscura – Veamos cuanto tiempo aguantara tu pequeño cristal, contra su igual–
–Un recuerdo – explico Helios, ante la mirada sorprendida de la reina.
La mirada de plata de la reina se centro en el, antes de que musitara, como temiendo ser escuchada –El sagrado cristal de oro–
La mirada de helios se torno angustiada – ¡¿Cómo sabéis de eso?! – Exigió sin pensar, antes de darse cuenta de la forma en que había hablado a un monarca.
La reina no pareció perturbada, sus ojos plateados lucían preocupados –Cuando la familia real de Gaia reinaba, la tierra formo parte de la alianza en un lugar de tan alto honor como la luna... los registros hablan del cristal de oro y su poder, lo creíamos perdido con la rebelión –
Helios trato de calmarse, por supuesto que el crista de oro había pertenecido a la familia real que había gobernado hace siglos, durante la época en que terra había formado parte de lo que en ese tiempo era llamado la orden sagrada y que ahora era llamada la alianza de plata.
–Terra nunca ha hecho uso de tal poder, por ello lo creíamos perdido –cerro los ojos, luciendo angustiada –no pensé que Nehellenia estuviera enterada de su existencia–
Helios suspiro –El cristal de oro estaba en poder de la familia real, pero permanecía dormido –explico– hace años despertó con mi llegada a palacio, haciéndome su guardián–
La reina frunció el ceño– Pero si vos ejerces el poder del cristal, entonces eres el escogido para gobernar Elysium–
Helios negó con la cabeza, aunque entendía el razonamiento de la reina.
Los escritos decían que los dioses gobernantes en cada planeta habían depositado parte de su poder y voluntad en pequeño trozos de piedra, antes de ir a dormir. Así, el cristal elegiría a su portador que gobernaría en nombre del dios durmiente, usando su poder para proteger el planeta. Los cristales habían elegido seres que tuvieran las virtudes que los dioses habrían premiado para ser gobernantes, y de ahí en más el poder fue heredado por el primer hijo, siempre que este fuera digno.
En la tierra esos herederos habían sido la familia real de Gaia, que había perecido hace ocho siglos en una rebelión durante la llamada era oscura, y desde entonces el cristal de oro permaneció en el poder de la familia real de Terra, el cristal había perdido su poder, o como él creía permanecido dormido hasta su llegada.
Por supuesto, esa información estaba resguardada en viejos papiros escritos en un idioma antiguo que el mismo no había sido capaz de leer, pero el cristal de oro había transmitido aquel conocimiento a su guardián.
No estaba seguro de que tan complicado habría resultado todo si el cristal no hubiese elegido al mismísimo príncipe heredero como su portador.
–Soy solo su guardián, no puedo ejercer más que un mínimo del poder del cristal –
La reina lo observo con sus penetrantes ojos plateados y Helios casi podía ver las ideas uniéndose en la mente de la reina, antes de que esta llegara a una acertada conclusión.
–Dijiste que Nehellenia había hechizado al príncipe de la corona…pero lo que ella busca es el cristal de oro, jamás habría llamado la atención al hacer eso, a menos que el príncipe fuera…–
–El elegido por el cristal de oro – culmino con sequedad, no le hacía ni pizca de gracia informar a un monarca extranjero de la condición de su príncipe, pero parecía que la reina estaba mejor informada que el. Además de que sus sueños eran sorprendentemente puros –Esa mujer trato de apropiarse del cristal de oro, llegando al punto de corromperlo, cuando lo hizo casi me desmaye por el impacto y el príncipe que posee una conexión mucho mas intima con el cristal cayó en esas profundas pesadillas–
–Esta situación es preocupante ¿Has sido incapaz de purificar el cristal de oro?–
–He tratado con todas mis fuerza, pero no tiene el más mínimo efecto –
La reina frunció el ceño – Si Nehellenia se apropia del cristal o puede hacer que el príncipe caiga en la oscuridad, entonces estaremos cerca de una catástrofe… Nehellenia ya es muy poderosa y si corrompe el cristal, ni siquiera yo podre pararla–
Helios dejo que esas palabras se hundieran en él, la reina acababa de decir que ni siquiera ella seria rival para esa mujer; y aquella reina tenía el cristal de plata con el que se decía podía lograr imposibles.
Se sintió palidecer, había sentido la oscuridad en aquella mujer y no tenia duda de que hundiría el universo en esa misma oscuridad de poder hacerlo.
–Quizás yo podría purificarlo –la reina dijo con un deje de duda– pero para ello necesito la presencia del príncipe o del cristal–
Helios dudo, sacar al príncipe del palacio para llevarlo al reino de la luna le sería casi imposible, la mayoría de los miembros de la corte consideraban a los habitantes de la luna brujos malditos y traer el cristal sería muy peligroso para su planeta.
El recuerdo de aquel pequeño niño sufriendo en su cama lleno su mente.
–Por favor, júreme que le salvara –rogo, no le importaba si la reina se robaba el cristal, en este momento lo único que importaba era mantener a su príncipe sano y salvo.
La reina le sonrio con tristeza –Te prometo que hare cuanto esté en mi mano para salvarlo, te lo juro por mi propia vida–
Sintió sus ojos abrirse ante la promesa– llevare el cristal a la luna tan pronto como me sea posible– prometió, luego se dejo caer en otra reverencia profunda –muchas gracias– susurro, su voz llena de emoción.
Cuando abrió los ojos no pudo más que sonreír con tristeza al recordar la mirada cansada en el rostro de aquel joven que era apenas más que un niño y sin embargo cargaba el peso de un mundo en sus hombros.
Se puso de pie observando a su propia hija dormir tranquilamente.
Si aquel joven que era sumo sacerdote era poco más que un niño, entonces el príncipe era un bebe propiamente dicho.
Solo tiene cuatro años.
Un pequeño de cuatro años que estaba encerrado en viles y oscuras pesadillas, ella conocía a Nehellenia lo suficientemente bien como para saber que no hacía nada a medias y que aquel niño estaba siendo torturado.
Salió de su habitación y camino por los pasillos del palacio real, sin darse cuenta sus pies la dirigieron hacia una distante habitación donde solo había una puerta.
Observo con ligera preocupación que la puerta se abría, revelando a una mujer alta de cabello negro–verdoso, una mujer que se decía no aparecía más que en momentos de gran necesidad para aconsejar o cuando el flujo del tiempo era interrumpido.
– ¿Acaso he obrado mal? –pregunto, sin necesidad de explicarse. La guardiana del tiempo siempre observaba, aunque aquella era la primera vez que ella misma la había visto.
–Vuestras acciones desencadenaran en tragedia– respondió con voz tranquila y una sonrisa triste en su rostro – Sin embargo, habéis obrado bien… porque el día llegara en vuestras acciones sean pagadas con felicidad para vuestra hija–
– ¿Para Serenity? – repitió.
La mujer asintió – No temáis por ella, porque llegaría el día en que gobernara con justicia–
La reina asintió y se marcho sin darse cuenta de la mirada de tristeza que la guardiana del tiempo lanzaba a sus espaldas.
–Pero ella sufrirá mucho antes de que llegue ese día, todo se perderá y todo se acabara –musito– para que así el mundo pueda empezar de nuevo, esa felicidad –suspiro– tardara mucho en llegar – y con esas palabras que no fueron escuchadas por nada más que el silencio, Sailor Pluto se marcho una sonrisa triste adornando su rostro hermoso.
Asi que otro capitulo, me disculpo por la tardanza, mucho estres en mi vida.
Minako992: de hecho Nehelleina es mi villana elegida, un pequeño guiño en caso de que en realidad escriba una historia para Rini y Helios en el arco del Dead Moon circus.
Diana patricia535: ya ves que no se me dio lo de actualizar pronto, espero que el cap sea suficiente compensacion.
