SUMARY: Yamato, Sesshomaru y Sasuke disfrazados de Reyes Magos y escuchando lo que los niños quieren, pero sufriendo por dentro sus asuntos personales.
Parejas principales: Yamato x Sora .-. Sesshomaru x Rin .-. Sasuke x Sakura
Aclaraciones: Este es un fic crossover y UA
Género: Romance & Humor
Disclaimer: Los personajes de Digimon, Inuyasha y Naruto no me pertenecen, sino a sus respectivos creadores Akiyoshi Hongo, Rumiko Takahashi y Masashi Kishimoto
Dedicado a Angie y a Kayr
LOS TRES REYES MAGOS
by: Atori
Threeshoot
Ellos
Tomando un agua fría en una cafetería no era algo muy común para una persona que iba disfrazada de uno de los reyes magos. Llamaba la atención descaradamente, sobre todo en los niños que estaban con sus padres y que se acercaban a pedirle que le trajeran los juguetes que había perdido en su carta.
Eso era un fastidio, porque no podía liberarse de aquella barba postiza que tanto calor le empezaba a provocar.
No tenía la misma suerte que el paje femenino que lo acompañaba y que había invitado para hablar con ella sobre algo muy importante. Pero con los niños rodeándole, incluso en aquella cafetería, no podía conversar con ella y preguntarle qué tal iba con su mejor amigo. Después de todo, la semana anterior, su mejor amigo le había confesado que se iba a declarar a la mujer por la que él también estaba enamorado.
¡Irónico!
Él, Yamato Ishida, considerado un hombre popular con un buen estatus social y asediado por decenas de chicas, se había enamorado de la única mujer que no sentía nada por él y que actualmente era la novia de su mejor amigo.
Y porque aún había algo más de divertido en el asunto: ¡Estaba enamorado de ella desde que tenía catorce años! Casi una década amándola en secreto y sin decirle nada. Como un estúpido, siempre había pospuesto su declaración para hacerlo en días conmemorativos como Navidad, cumpleaños o San Valentín, pero la cobardía hizo que los años siguieran pasando sin confesar absolutamente nada. Y al final, su mejor amigo Taichi, le había confesado su proposición de declararse a Sora y el techo se derrumbó sobre su cabeza.
No se molestó en confesar que él sentía lo mismo, porque en aquella guerra, él ya la tenía perdida.
A diferencia de él, Taichi había estado con ella desde primaria; Taichi era un personaje tan divertido que no hacía falta contar la de veces que Sora se reía cuando hacía de sus payasadas, mientras que con él… si la hizo reír alguna vez, lo dudaba; Otro punto a favor de Yagami, es que tenían muchas cosas en común, como el deporte, habiendo jugado juntos al fútbol cuando eran críos, por no mencionar los pesados partidos de fútbol que veían cuando se celebraban. Él, como fanático número uno del antifútbol, tenía que observar cómo Taichi comentaba con Sora cada jugada y lo celebraban con unos abrazos de júbilo que a él le jodía. Y por supuesto, no podía faltar los comentarios póstumos tras el partido, quedando él rezagado, porque no entendía qué papel jugaba un tal "León Mesón" o un "Cristina que no nadó" o algo así.
¡NI JUGADORES JAPONESES ERAN!
Recordar aquello, aún ahora le sorprendía lo increíblemente ciego que había estado desde el principio y no se percatara del sentimiento silencioso que mantenían mutuamente.
Él había estado confiado en que su atractivo, su aire maduro y su pequeño cariño sólo con ella, serviría para que Sora se percatara del amor tan profundo que le tenía. Pues, a pesar de tener todas esas virtudes, era un completo tímido a la hora de declararse. Y esa timidez había sido la causante de perder a la única mujer que amaría como nunca.
-Yama, ¿por qué no nos vamos? –le preguntó nuevamente por lo bajo, para que los niños no creyeran que era un Gaspar falso y perder la ilusión e inocencia, en la víspera del día tan deseado por aquellos infantes- Como sigamos llamando la atención, no podremos regresar y entonces, Uchiha-san puede que te coja manía.
¡Le daba igual!
Pero tampoco quería causar un mal rollo en la fundación por culpa de su egoísmo.
-Vamos –pagando las consumiciones, aprovechando que el niño ya le había contado que se había portado bien, que esperaría que le regalara lo que pidió y con la promesa que le dejaría leche y galletas.
Saliendo a la calle, previniendo el follón que se armaría cuando sintieron todas las miradas sobre ellos, decidieron que lo mejor sería tomar una calle desierta para regresar a la calle principal donde estaban los demás. La ocasión perfecta para abrir ese tema que le tenía picado. El problema era como abordarlo, sin sonar tan chismoso. Sin sonar… tan afectado… y desearle toda la felicidad del mundo.
-Sora, ¿qué tal te va con Taichi? –preguntando de manera tan directa, sin rodeos que demostraba en esa pequeña pregunta que era más chismoso que un periodista de la prensa rosa.
La mujer le miró entre curiosa y extraña, a diferencia del largo pelaje y la barba que cubría casi todo el rostro de Yamato, la expresión de Sora era más fácil de descubrir.
Segundos después, Sora miró hacia el frente, ocultando su mirada con su flequillo pelirrojo.
-Taichi te habló sobre el asunto, por lo que veo.
-Sí, aunque se sentía nervioso.
Y ahora lo estaba él por esa expresión donde no podía leer nada. ¿Acaso le iba mal? ¿Acaso se sentía avergonzada de hablar de una relación sentimental frente a otro hombre? ¿O acaso le habría dado calabazas?
Si ese fuera el asunto entonces él aún podría tener una oportunidad.
Sin embargo, la mujer le respondió:
-rechacé a Taichi porque estoy enamorada de ti. –le confesó tras llegar a la calle principal atestada de gente, perdiéndose entre la multitud.
Y con aquella confesión donde no hubo cruces de miradas, solo una confesión cobarde, Yamato se había quedado quieto, incrédulo por la información que volvía a procesar por su cabeza, donde a pesar de haberla recibido, de entre todas sus suposiciones, esa no había estado en la lista.
Los niños que hacían cola para ver a los dos reyes que estaban en el toldo, en cuanto lo vieron, corrieron hacia él, ignorando su impresión, su desconcierto y la pequeña sonrisa que se había formado en su rostro oculto por la barba dorada postiza que bien se camuflaba con su cabello rubio.
Miró a los niños como si compartiera la misma inocencia que ellos y esta vez, con gran satisfacción y alegría, los atendió con la promesa de cumplir con todos los regalos que pedían.
.
¡Cojonudo!
¡De puta madre!
Había conseguido acojonar a aquellos niñatos con su mirada de: "Pírate o te mato", pero por culpa del hijo puta de su compañero barba dorada, no le había quedado más remedio que escuchar la de chorradas para el día siguiente en una secuencia de cámara lenta con continuas interferencias porque el mocoso, de lo tan meado de miedo que estaba al encontrarse sentado en su regazo, no daba formulado una frase entera. Una y otra vez miraba a su papaíto o a su mamaíta para que lo sacaran de un rey negro que no era mago, sino un puto y orgulloso Dark Vader. ¿No querían el nuevo prototipo del malo de Star Wars? Pues ahí estaba el mejor prototipo que existiera y vestido de cosplay.
¡Pero como a esos niñatos no les servía, se marchaban llorando al colo de sus papás!
¡Joder!
¡POR ESO ODIABA A LOS NIÑOS!
¡Lloran, lloran y lloran por gilipolleces!
Para su bendita suerte, el maldito escurre bultos del barba dorada, había regresado con una sonrisa de gilipuertas en su cara.
Estaba claro que el descanso le había sentado de puta madre.
Pues mierdas que ahora era su turno.
Sin decir nada, se levantó bruscamente, llamando la atención de los dos reyes barbudos, y con la puta de suerte de no ser pintados como él, y se marchó por la puerta lateral, chocando contra el personal del staff, algún señor o señora con su bastón, quién no había tardado en joderlo con las malditas críticas, porque eso hacían hoy en día aquellos viejos, como pasatiempo. La jubilación debe cansarles tanto que, según el rey negro, ahora esos arrugados de tres patas inservibles, se consideraban los amos del país.
¡UN EJEMPLO ERA SU ABUELO MADARA CON SUS JODIDAS Y PESADAS HISTORIAS QUE HASTA A UN MUERTO LE RESULTABAN ABURRIDAS!
-puedes marcharte tranquilo. Yo me encargo del resto. –le dijo el rey recién llegado.
¡Puto maricón!
Mirándole con el mismo odio con el que había estado mirando a todos esos niñitos de mamá.
Sin regresarle una contestación, se largó más cabreado que antes.
¡¿Qué se pirara?
¡Cómo si fuera tan fácil!
¿Acaso el mamón aquel también soportaría la mala uva que tendría Mikoto si se enterara de que la oveja negra de la familia se había dado el piro?
Pues aunque fuera un hijo de puta que se llevaba mal con medio mundo, respetaba a su madre y sus decisiones como un corderito degollado. Y todo porque su señora madre acojonaba más que el mismísimo demonio. Y lo cojonudo del asunto, es que también tenía su lado benevolente y ahí era un cacho de pan que te entendía y que intentaba comprenderte con una dulce sonrisa.
Vamos que su madre era una rara bipolar, igual que su viejo, aunque él, más complejo y sin una puta expresión en su cara.
-neh, neh, Inabi-chan, ¿de verdad no quieres unas castañas asadas? ¡Con lo ricas que están! –Sasuke se detuvo en seco al escuchar aquella voz- ¡Venga! ¡Sé que las quieres! ¿Verdad que las quieres? –insistiendo de tal manera, que se veía el descaro de que en aquel ofrecimiento habían segundas intenciones.
¡¿Pero qué mierdas…?
Girándose con la incredulidad marcada en su cara pintada de negro.
-¡Naruto! –otra voz, pero esta femenina y cabreada, donde no había tardado en darle un leve puñetazo en la cabeza del mencionado- ¡Deja de incordiar a mi sobrino con tus tonterías!
¡Y MÁS MIERDA PARA ÉL POR LA GUINDA QUE TENÍA QUE HABER EN ESE DÍA DE MIERDA!
-¡No son tonterías, Sakura-chan! –se quejó Naruto haciendo un puchero infantil, impropio de alguien que ya había pasado la mayoría de edad- ¿Verdad que no, Inabi-chan? –buscando el apoyo del pequeño.
-ehm… claro que no. –negándolo, aunque en su rostro se leía lo contradictorio de lo que realmente pensaba.
¡LA MADRE QUE LO PARIÓ!
No sabía que era peor: qué lo vieran de cosplay del rey Baltasar y se mofaran de él para el resto de su puta vida; que su sobrino atolondrado le diera la lata, creyéndose que era un ser divino que le traía todos los regalos; o ver cómo la imbécil de su novia le había dado el cambiazo por un paleto como lo era Naruto.
Aunque él la había botado, que saliese con un imbécil integral era un golpe hacia su orgullo.
¡Bah!
Con solo pensar que la tía aquella era una facilona que solo quiere pasárselo bien, le sentaba de puta madre.
¡Qué le den por culo!
Por alguna razón, el condenado de su sobrino se dio cuenta de que los estaban observando. Aunque puso una cara de asco, a aquel niño se le brillaron los ojos negros de la emoción.
-tía, tía, tía. Mira es Su Majestad, el Rey Baltasar. Vengo ahora.
¡JODER Y MIERDAS!
Ignorando la felicidad de aquel niño acercándose a él, Sasuke vio como la puta de su ex y el mamón de Naruto, le miraban fijamente, reconociéndolo perfectamente.
¡COÑO! ¡PARA NO RECONOCERLO!
Su queridísima madre aparte de acojonarlo, se había encargado de gritar a los cuatro vientos a toda su santa familia y las babosas de sus amigas que "su pequeño y caritativo Sasuke le iban a pintar de color mierda porque se iba disfrazar del puto rey negro de los cojones"
-buenas tardes, Baltasar-dono. –la atención que pedía el insoportable de su sobrino, hizo que tuviera que mandar a la mierda la puta sonrisa que tenía el maricón de Naruto en su patética cara.
-hola. –saludando de mala gana.
-¿tiene un momento? Me gustaría hablar con usted de algo muy importante. Si no puede, no hay problema, de verdad.
Bueno, tenía que reconocer la buena educación de su hermano sobre su sobrino. Alabando eso y sobre todo, temiendo que el niño le contara a la bestia de su abuelita que el rey Baltasar no había querido atenderle, no le quedó más huevos que escucharle.
-habla. –de soslayo, por pura curiosidad o masoquismo, miró a su ex y a Naruto, para comprobar los caretos de graciosillos que tenían sobre él. Sin embargo, para su sorpresa, se encontró con que ya no le hacían ni puto caso y cuchicheaban entre ellos como una típica y patética pareja de enamorados que eran.
¡Menuda mierda!
-pues verá, Baltasar-dono –comenzó el niño, por lo que por narices tuvo que atenderlo y tragarse el mosqueo que tenía en su interior- me llamo Uchiha Inabi y hace unos días le envié una carta y me gustaría que no me trajera nada de lo que pedí.
¡¿Qué no le trajera nada?
Repitió incrédulo.
¡Jodido sobrino de los demonios!
O sea, su hermano que le había pedido que comprara la mierda de la ciudad de Playmóbil, agotado en casi todas las jugueterías y que le había costado un huevo no solo encontrarla, sino un dineral, que no entendía que tenía la puta ciudad si oro o diamantes… ¿y ahora no lo quería?
"es lo que Inabi pidió en su carta y tú eres el único de la familia con más tiempo libre para buscarlo. Es que está agotado en las jugueterías de la ciudad y hay que ir a las afueras a comprarlo." le había dicho su hermano por teléfono.
¡¿Y AHORA NO LO QUERÍA?
Se había tenido que joder por casi una semana sin botellón por culpa del tiempo y del dinero…
¡¿Y AHORA NO LO QUERÍA?
-es que verá… -bajando la cabeza. Y que diera gracias porque si no lo mataba a ostias- mis padres me dijeron que escribiera en la carta lo que quería para Reyes. Yo les dije que no quería nada porque no me lo merecía, pero ellos insistieron en que me había portado bien y que además había sacado muy buenas notas. De hecho, aprobé todas con matrícula de honor. Pero sé que no me he portado bien, lo sé. –insistía el pequeño.
-si tus padres te dijeron que te portaste bien y sacaste muy buenas notas, entonces tienes derecho a recibir lo que pediste. –y una mierda que se iba joder porque ahora al crío se le había antojado no querer nada.
-ya… pero creo que me porto mal con mi tío Sasuke.
¡Y TANTO!
¡NO HACÍA MÁS QUE JODERLE LA VIDA Y SOBRE TODO LAS SALIDAS!
-es que… -callándose unos momentos hasta que de repente saltó de emoción- ¡Me gusta mucho el tío Sasuke! ¡Mola mucho! –los ojos brillantes del niño, alabándole, lograron alterarlo- ¡Siempre he querido ser como él! ¡Así de molón y cool! ¡Se hace respetar!
-y entonces… -carraspeando por semejantes halagos que nunca imaginaría- ¿por qué no te portas mejor con él?
-es lo que intento. –insistiendo- cuando me quedo en casa de los abuelos, como toda la verdura, la zanahoria y el hígado, para que el tío no me mire con cara rara, pero la abuela sabe que no me gusta nada de eso y manda que hagan otra especial para mí. Y claro, el tío Sasuke me mira con repugnancia por lo consentido que me tienen. Y cuando me quedo a dormir… es que verá, mis padres viajan muy a menudo por trabajo –explicando como si quisiera aclarar por qué se quedaba a dormir en su casa- pues yo quiero dormir con tío Sasuke. Pero eso le molesta.
-supongo que le molestará dormir contigo. -¡mierda! ¡¿Qué acababa de decir?
Miró al niño.
¡Mierda!
Su maldita bocota había conseguido deprimir al niño.
¡Joder!
-lo sé. –admitiéndolo al tiempo que sorbía por la nariz.
¡Cojonudo!
Haber ahora cómo hacía para animarlo.
-pero eso es por las compañías con las que anda, eso dice también mi padre. Antes no era así. Le gustaba dormir conmigo y hasta me contaba cuentos para que me durmiera.
¿Antes?
¿Qué le contaba cuentos?
Pero, ¿en qué mundo había vivido para soltar semejante mentira?
-cuando salía con mi tía Sakura…
¡Ah, sí! ¡Es verdad!
Ahora lo recordaba.
-…ahora sale con ese chico. –señalándola, donde la pareja seguía a lo suyo- ah, que mi tía Sakura y mi tío Sasuke no son parientes. Mi tío Sasuke es hermano de mi padre y mi tía Sakura, la hermana de mi madre. –volviendo a aclarar por la cara de estúpido que se le había quedado, al ver cómo su ex y el otro reían felices- mi tía Sakura ama mucho a mi tío Sasuke.
-que la amaba, querrás decir. –atento a ese pequeño detalle.
-¡no! –negando- lo sigue amando. Puede que esté feliz con Uzumaki-san, pero es porque lo finge. Lo hace para no preocupar a los demás, pero casi todos, incluyendo Uzumaki-san, saben que ella sigue sufriendo y llorando por las noches.
-¿llorando? –volviendo a preguntar incrédulo. Si lo habían dejado hace más de un año, ¿cómo era posible que siguiera llorando?
-Eso escuché de mi abuela cuando se lo comentaba a mi madre. Que la tía Sakura siempre se levanta con ojeras y los ojos hinchados, pero que siempre niega que haya llorado. Ya no saben que hacer con ella y a mí me da pena.
Sin poder evitarlo, miró a su ex. Reía mucho, pero tenía que fijarse bien y darse cuenta que efectivamente era una sonrisa falsa. Él las conocía bien.
Cuando su familia y la de la mujer de su hermano se habían conocido por primera vez, había visto como ella se había quedado embobada de su persona. En aquel tiempo, ambos eran unos adolescentes con las hormonas alteradas, y ella una chica superficial. Inmadura y sin pensar en las consecuencias, cuando lo encontró solo, le dijo sin ningún tipo de tapujos que le gustaba y que quería salir con él. Y él, por supuesto, la había rechazado. Pero la constancia era un rasgo muy característico en ella, y siguió insistiendo durante mucho tiempo, afirmando que lo amaba de verdad, que estaba muy enamorada de él y que no podía pensar en otro hombre, excepto él. Él, continuamente despreciándole y entonces es cuando asomaba aquella falsa sonrisa, aparentando que estaba bien.
-estaba más feliz y más guapa cuando estaba con el tío Sasuke. Y el tío Sasuke era molón de guay en aquella época. Siempre estaba conmigo cuando era novio de la tía Sakura… -su cara entusiasmada cambió a una de concentración absoluta. Tras estar en silencio durante unos segundos, volvió a mirarlo con gran emoción- por favor, Baltasar-dono, solo te pido esto: Haz que mis tíos vuelvan a estar juntos. –en respuesta a eso, Sasuke dio un paso involuntario hacia atrás, alucinado por semejante petición- Te juro que entonces, no pediré nada nunca más. Incluso estoy dispuesto a decirles a mis padres y a los demás que no me regalen nada, ni siquiera por mi cumpleaños.
-…
Aunque presumiera de ser un hombre de pocas palabras, impresionarlo con el detalle sin saber qué responder, era para dar uno de esos estúpidos premios nóveles a aquel que lo consiguiera. Y su sobrino era uno de esos premiados, el más joven, había que agregar.
Algo recuperado, Sasuke miró inexpresivo al niño.
-eso es imposible.
¡No tan imposible! Se recordó.
Si quisiera, arrebataría a Sakura de Naruto. Ella seguía por él, por lo que no había necesidad de conquistarla ni nada.
Pero no quería volver con ella.
El imbécil de Naruto ya se ocuparía de que le olvidara y punto.
-¡por favor! –suplicando con desesperación- sé que se quieren. Sé que mi tío Sasuke aún la quiere.
¿Cómo que la quería?
¡Su sobrino flipaba!
¡YA NO QUERÍA A SAKURA! ¡YA NO LE GUSTABA!
De hecho, nunca le gustó. Salió con ella porque… porque…
Negó con la cabeza sin querer recordar la razón.
-si tu tío la quisiera, entonces no la habría dejado. –contestó sin querer recordar la razón y sin mediar en lo dicho, donde si su sobrino fuese espabilado, se habría dado cuenta de que por muy rey mago que fuese, no tendría que saber ese detallito tan importante.
-¡SÍ LA QUIERE! –insistiendo con tanta convicción que volvió a sorprenderlo. Se notaba que tenía mucho Uchiha- ¡Es por culpa de esas compañías que le han comido la cabeza!
¡AHORA SÍ QUE FLIPABA EL CHAVAL!
¡¿QUÉ PINTABAN KABUTO Y LOS DEMÁS CON HABER DEJADO A SAKURA?
-acusar a otros sin más, está muy feo. –comentó utilizando por primera vez y con verdadera actuación su papel como Rey Mago.
-es que… es lo que me dijo uno de sus amigos. Me dijo entre risas, que mi tío era un estúpido por dejarse engañar, cuando en realidad se estaban aprovechando de su bolsillo para beber cómodamente, en vez de en la calle.
¡Ah, sí!
Recordaba que su sobrino se lo había comentado hacía semanas, pero cómo creía que era una mentira que su familia le había dicho para que dejase de andar con Kabuto y el resto, no le había creído. Sin embargo, si se lo había contado a un personaje, donde el chaval creía que en una sola noche, llevaba regalos a todos los niños del mundo, le hacían dudar.
Aunque también podía ser otra treta de su familia y su sobrino sabía quién era realmente.
De reojo miró a la pareja, donde esta vez le observaban fijamente. Naruto riéndose, Sakura desviando la cabeza cuando encontró sus ojos a punto de llorar.
-…
Sin decir una sola palabra, pero con la intención de averiguar la verdad sin terceros, se dio la media vuelta.
.
Escuchaba al mocoso de los demonios pedir y seguir pidiendo más y más juguetes.
¿Por qué le tenían que tocar a él los más pesados?
Miró de reojo al Gaspar feliz. Desde luego estaba tan feliz metido en su papel de verdadero Rey Mago que parecía un loco chiflado de esos.
Volvió a observar a la adolescente que ponía orden a los niños que hacían fila. Estaba tan atenta a ellos, sonriéndoles tan inocentemente, que era un alivio para él, ya que la estaba observando durante demasiado tiempo, casi como un viejo verde depravado.
Volvió su atención, aunque no le gustara, al crío que pedía el Scaletrix de Fórmula 1.
-y el juego de Magia Borrás.
Él asintió, como si con ello fuera suficiente para traerle los dieciocho regalos que aquel enano había pedido.
El niño, feliz, saltó de su regazo y se fue directamente al paje femenino donde no tardó en estirar la mano para que le dieran los benditos caramelos que todos habían recibido con anterioridad.
¡Si al final lo único que quieren es esa mierda que produce caries! ¡Y luego las quejas de que no querían ir al dentista o que dolía mucho!
De repente, visualizó al rey desaparecido y poco participativo en aquel proyecto, empujando a todo niño o familia que estuviera en medio.
-¿quién tiene una portátil? –le preguntó a él y al rey feliz.
Esa simple pregunta despertó la expectación de los niños y la incredulidad de los padres.
-¡waa! ¡Qué modernos son los Reyes Magos!
-seguro que en vez de camellos, usarán naves espaciales para ir de casa en casa.
-oiga, Rey Gaspar, ¿enserio usan portátiles? –le preguntó el niño que estaba con el rey feliz.
-supongo que tendremos que acostumbrarnos a las modernidades de hoy en día. –contestó feliz.
-entonces, ya no usarán los camellos, ¿verdad? ¡No me extraña! ¡Son tan lentos!
¡Grandioso!
Ahora por culpa del rey negro, tenía no solo que escuchar lo que esos críos pedían sino también, su parloteo incansable en relación con la época moderna.
-yo sí tengo una portátil, espera un momento que la tengo en el coche.
Sesshomaru tuvo inmensos deseos de ahorcar al joven rey. Porque más que Rey Mago, le parecía un verdugo con Rin. Ya podía vigilar lo que hacía, que sino se las tendría que ver con él.
-¿y dónde cojones hay WIFI?
-¡WAA! ¡QUÉ MODERNOS! ¡DICEN PALABROTAS Y TODO! –volvieron a exclamar los niños maravillados.
-ah, yo sé dónde. –y cómo por arte de magia, detrás de la carpa aparecía el paje del rey feliz, como si hubiese estado escondida todo este tiempo.
Sesshomaru no pasó por alto la extraña mirada que el rey de barba castaña le había echado, así como el sonrojo por toda la cara en aquel paje de cabello pelirrojo. Tampoco pasó por alto la mirada del rey, hasta ahora feliz, que le había echado al rey negro. Sin duda parecía un plagio de la que él mismo le había lanzado hacía escasos segundos.
Cuando vio como Rin y el otro paje femenino se marchaban con el rey negro, dejó de analizar el carácter de su compañero rey y se centró en su propio problema personal. Definitivamente si aquel chaval intentaba algo con Rin…
-Sesshomaru si no cambias esa actitud de asesino a sueldo, me temo que mañana volverás a disfrazarte de Rey Melchor.
La voz de su madre Irasue a un lado de la carpa provocó que su enfado se atenuara más.
-¿qué estás haciendo aquí? –mirándola. No le sorprendió que su madre no compartiera mirada, tampoco le sorprendió que se estuviera mirando las uñas con gran importancia, como las típicas mujeres finas y refinadas que si se rompían una uña forman semejante escándalo como si se avecinara el fin del mundo.
-soy la presidenta de la fundación. Es lógico que tenga interés en cómo mi querido hijo y los otros dos muchachos hacéis vuestro trabajo. –continuando mirándose las uñas- aunque, por lo que veo el pequeño Sasuke no cumple con su rol. Tendré que hablar con Mikoto-san para que lo reprenda.
-…
¡Como si a él le importara!
-chica humana –refiriéndose al paje femenino que estaba con Sesshomaru. Sino fuera porque aquella joven conocía demasiado bien a la madre de Sesshomaru, así como su manía de referirse a aquellos que la rodeaban, menos a su familia o amigos muy queridos, con extraños apodos y nunca por su nombre- ¿podrías ir junto al mestizo de Inuyasha y que no herede de su padre el tener dos mujeres a un mismo tiempo?
Sesshomaru comprendió inmediatamente qué lo que su madre pretendía era que aquel paje, que había estado en silencio, dejase de prestar atención a su conversación. Había aprovechado el punto que era novia de su hermanastro, el cual tenía a su ex novia de primaria tras suya con la idea de reconquistarlo.
Consiguiendo su objetivo, la muchacha se marchó enfurruñada, dispuesta a darle dos capones en la cabeza hueca de Inuyasha.
-¿qué quieres decirme? –preguntó una vez a solas y lanzando un mensaje silencioso a los niños de que solo el rey Gaspar estaba disponible, el cual había vuelto a su carita feliz tipo Heidi.
-vaya actitud es esa de referirte a tu madre, con lo mucho que te quiero. –y eso lo decía, apartando una pelusa que había en su largo abrigo rosa, mostrando más falsedad que cariño.
-no seas cínica. –repuso.
-¿también la pequeña Rin es una cínica?
-…
Desde luego que no, pero obviamente no le iba a darle el gusto de que lo viera alterado y así romper la máscara inmutable que llevaba manteniendo desde que era un crío.
-todavía sigo sin entender ese cariño extremo que te tiene, desde de que tu padre y yo la adoptamos.
¿Y no podía hablar como la gente normal, en vez de buscar defectos en su ropa o en su piel?
No le extrañaba que su padre se buscase otra mujer.
Misteriosamente y no supo porqué, su madre dejó de mirarse a sí misma, para observarle a él con una sonrisita arrogante.
-no lo sabes, ¿verdad?
-¿el qué?
-que adoptamos esa niña para ti.
Sesshomaru solo pestañeó mostrando su sorpresa. Su madre impasible, volvió a verse las uñas pintadas de rojo claro.
-cuando tu padre trajo a la otra mujer, ya estaba preñada y tú te encerraste porque te sentías solo y traicionado.
¿Y quién tenía la culpa?
Aunque de manera rara vivieran todos en la misma casa, su padre solo estaba pendiente de su segunda mujer y luego de su hermanastro, mientras que su madre dedicada a aquella fundación día y noche.
-no te creas que tu padre y yo estuvimos preocupados por ti.
¡Y UNA MIERDA!
Primero se reía y luego se escojonaba delante de sus narices por semejante chiste.
-por eso decidimos adoptar a una niña, ya que con tanto niño varón… Escogimos a Rin porque siempre andaba sola y no hablaba. Una manera fácil y cómoda para manipularla y que se convirtiera en una especie de perrita para que te entretuvieras. Y ella aceptó sin problemas.
Entonces, desde el principio, Rin había estado a su lado solo porque sus padres se lo habían ordenado.
No supo porqué, pero eso le molestaba.
La madre de Sesshomaru le miró de reojo divertida, advirtiendo claramente la decepción en su hijo. Le encantaba romper su máscara de frialdad.
-pero parece que llegó a interesarse por ti sinceramente. –de nuevo, Sesshomaru la miró, pero como siempre, su madre continuaba mirándose las malditas uñas de las manos- siempre pegada a ti como una lapa. Mirándote cómo hacías las cosas y luego lo imitaba. Si tú estabas recto, ella estaba recta. Si leías a Sócrates, ella simulaba leer Virgilio. Nunca quiso jugar con el mestizo de tu hermanastro porque quería estar solo contigo. ¡Y menuda berrincha armó cuando te marchaste a la universidad! Lloraba todos los días y apenas comía durante los cuatro años que estuviste en Kyoto. Incluso volvió a ser aquella niña introvertida.
-¿Por qué yo no sé nada de eso?
-Rin no estuvo muerta para que abandonaras la concentración en tus estudios. –lo dijo con tanta naturalidad que dejó alucinado a Sesshomaru.
¡Será…!
-y claro, cuando supo que regresabas, se puso tan contenta que tuve que hablar con ella para dejarle algo en claro.
-… -expectante, es lo que sentía Sesshomaru bajo su barba blanca postiza. Su madre había dejado su lado superficial y ahora lo miraba directamente de forma tan seria como cuando lo había regañado de pequeño por no sacar la nota más alta de toda la escuela.
-"Tu actitud frente a Sesshomaru es demasiado exagerada. ¿Acaso estás enamorada de él? ¿De un hombre que te lleva diez años y que además es tu hermanastro?" Eso le dije.
Sin duda era lo que imaginaba. Su madre siempre tan directa, que nunca vacilaba en lo que decía. Sin embargo, eso no impedía que quisiera saber qué es lo que ella había contestado.
-ella se quedó callada, pensando en lo que le dije, como si no se hubiera dado cuenta. Dejé que lo pensara y meditara y finalmente me contestó que no, que solo era admiración.
Eso significaba que detrás de todas las sonrisas y abrazos, ¿nunca lo había visto de la misma manera especial cómo en su caso? ¿Siempre había sido considerado como un hermano mayor?
Volvió sus ojos hacia la nada, donde hasta hace unos minutos había estado Rin guardando orden sobre aquellos huérfanos. Recordó aquella amabilidad brindada, la misma que le daba en casa, así cómo su naturalidad al tratarlo con sus sonrisas y abrazos constantes.
A juzgar por ello, parecía que realmente no le veía de forma sentimental. De lo contrario, se habría cortado un poco o se habría puesto algo nerviosa y colorada. Pero nunca hubo nada de eso. Ella seguía con ese afecto hacia él como antaño.
De alguna manera, eso le molestaba.
¿Quién era el que últimamente estaba haciendo el imbécil, al mirarla como un depravado?
¡Él!
¿Quién era el que últimamente se estaba comiendo el coco, pensando en todas las partes negativas sobre una posible relación con ella?
¡Él!
Y todo por culpa de una niña que estaba desinteresada en su persona.
-¿para qué me cuentas todo esto? –si quería cabrearlo en recompensa por su trabajo mal hecho como Rey Mago, cosa que no le sorprendería, lo había logrado.
-soy tu madre. Y en serio que me preocupo por ti.
Su molestia creció, a la vez que advertía la clara falsedad en sus palabras.
Eso que se lo dijera a uno de los tantos niños que estaban por la calle principal y no a la nueva estúpida pelusa que había estado en su abrigo y que había apartado con un ligero movimiento de manos.
-¿acaso crees que no me doy cuenta de cómo la miras últimamente? –esta vez no hubo pelusas ni uñas, simplemente una mirada directa y acusadora. Una reprimenda que podría traducirse como silenciosa por observar a alguien de tu propia familia, aunque no compartieran sangre. Pero él era un hombre de veinti y pico de años y ella una niña prácticamente. ¿Acaso no lo dejaba en la misma lista que esos viejos verdes asquerosos?- y te conozco perfectamente para saber que jamás darás el primer paso.
Ligeramente impresionado, sin romper del todo aquella máscara impermutable, Sesshomaru observó a su madre, donde ya no tenía ese rostro acusatorio, aunque tampoco dulzón o amable, simplemente inexpresiva. La típica cuando estaba relajada y feliz.
-a decir verdad, tanto tu padre como yo no tenemos ningún problema en que te comprometas con Rin. La prefiero a ella antes que a esa ex tuya que era más falsa que yo misma.
Si no fuera porque tenía algo de ese mutismo heredado, Sesshomaru habría puesto una mueca graciosa.
-pero mejor no hablemos de esa mujer tan arrastrada. –apartándola de la conversación como el resto de las pelusas de su abrigo de piel- ¿Qué piensas hacer?
¿Cómo que qué pensaba hacer?
¿Acaso ella misma no había dicho todas las partes negativas en una relación con su hermanastra? ¿Con su hermanastra? Enfatizó para sí mismo.
¿Es qué había olvidado que gozaban de un buen estatus en la sociedad y un escándalo como ese les perjudicaría de por vida?
Aunque aún quedaba lo más gracioso de la historia.
¡¿Qué diera él el primer paso?
¡Ja!
¡Y una mierda!
¿Por qué debería de hacerlo con una niña que seguía viéndolo como su hermano mayor?
-¿por qué debería hacer algo con mi propia hermana? –fue su respuesta manteniendo la frialdad característica de su madre.
-hermanastra, que no compartes vínculo sanguíneo con ella. –corrigiéndole- en fin, veo que sigues negándote ante lo evidente. –comentó igual de tranquila que él, en aquel duelo de rostros inmutables con tozudez por medio. Hurgando en su costoso y elegante abrigo de piel, la mujer sacó un pequeño regalo, mal envuelto y con papel de enanitos- parece que esto lo ha hecho Rin para ti. Es una bufanda hecha a mano.
Sesshomaru no sabía si sorprenderse porque Rin le hubiera hecho un regalo; o quedarse a cuadros por el papel de regalo tan infantil; o flipar con su madre al romper la emoción de lo qué sería.
-como Rin es casi una niña, lo que necesita de utilidad se le compra y punto. Y su mensualidad es para caprichos pequeños como para dos golosinas como mucho. Pero se ve que ha estado ahorrando durante años para comprar la lana y hacerte la bufanda. ¿A qué es un detalle muy lindo de su parte?
Si no lo dijera con ese tonito tan falso, quizás lo hubiera llegado a pensar y hasta sonreiría al imaginar el tiempo y la paciencia que habría tenido al ahorrar un miserable yen por semana.
Aún así…
-vaya tontería. –comentó con desdén.
Miró de reojo a su compañero, el rey feliz. Con un niño en su regazo, el cabrón ya no sonreía, ni le decía cosas estúpidas a los niños como antes. De seguro que no atendía a lo que el mocoso le pedía y tenía la oreja bien sintonizada en la conversación mantenida con su madre.
¡Será hijo puta!
-tienes razón. –atendiendo al otro lado. No se percató en que su madre había abierto SU regalo con todo el descaro, analizando con desprecio aquella bufanda, si se podía llamar así. Estaba tan mal hecha que desde lejos se veía todos los fallos, desde los flecos hasta las costuras cayendo como gusanos de un árbol- aún sabiendo que es una patosa para estas cosas quiso hacerte un imposible. ¿Por qué? –mirándole fijamente como si él pudiera darle una respuesta- doy gracias a que no nos hiciera a tu padre, a mí o a los otros acoplados un detalle como este.
¿Acaso eso era una insinuación de que había tenido ese detalle únicamente con él?
-aunque pensándolo bien, es probable que el regalo sea para ese jovencito que revolotea alrededor suya… Kohaku, creo que ese era su nombre.
Y Sesshomaru ya no supo con qué cara mirar a su delicada madre ante las pelusas. Primero lo animaba, luego tras humillar el regalo, le insinuaba de los sentimientos de Rin hacia él, y ahora cambiaba las tornas con la duda de que aquel trozo de lana era para aquel capullo que tanto odiaba.
La coña de aquel asunto es que odiaba a un gilipollas que no conocía en persona, pero el hecho de que Rin le mencionara últimamente Kohaku esto, Kohaku lo otro, lo ponía como una moto, acentuando más lo que sentía por ella.
-eso explicaría el papel de regalo tan infantil, ¿no crees? –aportando entre risitas burlonas.
Sino fuera por la puñalada recibida, tras la pista ofrecida por su madre, se quedaría flipado por ese comportamiento tan grotesco ante una hija adoptiva que desde que había llegado a su casa, había cuidado con auténtico cariño y amor maternal.
Con aquella especulación de que Rin estuviera haciendo a mano un regalo para aquel capullo, le ponía realmente celoso.
¿Qué tenía aquel mocoso en comparación con él?
¡¿Con él?
¡Por favor!
Era mil veces mejor que aquel niñato en pañales.
-Sesshomaru –le habló Irasue- cuando acabes, devuélvele el regalo a tu hermana. Seguro que se pondrá histérica si no lo encuentra. Como lo cogí sin decirle nada.
Obligado a abandonar sus pensamientos de superioridad ante un adolescente, diez años menos que él, Sesshomaru no pudo reprimir su perplejidad con aquello.
Miró el regalo que quedó a su lado y luego volvió a mirar a su madre, donde hacía gala de su buena actuación de mujer agradable y amorosa frente a niños desconocidos. Hablaba con una sonrisa boba con aquellos huérfanos, quiénes al verla, exclamaban en júbilo su nombre y el gusto de ver a la persona que ofrecía donaciones para que pudieran comer y vestir en condiciones.
Segundos después, aparecía Rin corriendo, haciendo revolotear tanto su gabardina celeste abierta como su larga cabellera castaña, sujeto todavía con aquel mechón derecho, como llevaba siendo su costumbre desde que era una cría. Según ella, porque aquel lazo había sido lo último que le había regalado su verdadera madre, poco antes de que muriera. Al divisar a su propia madre, Rin se dirigió hacia ella para saludarla con una sonrisa doblemente feliz, luego por encima del hombro de la mujer adulta, estiró la mano, viéndolo para saludarle a él también, transmitiendo el mensaje silencioso de que ya estaba de regreso.
Le alivió saber que había desaparecido del radio del otro capullo de Sasuke, aunque algo le decía que el regreso solitario de Rin, había hecho que la felicidad tipo Heidi desapareciera de su compañero rey feliz, imaginándose cosas raras como había hecho él antes de la aparición de su queridísima madre.
Al mirarla a ella, advirtió una sonrisa extraña y casi burlona, dirigida a él.
De inmediato comprendió a qué se refería. Con la llegada de Rin, había asomado una sonrisa boba, que pese a estar escondida bajo la barba blanca postiza, había sido bien vista por su madre.
Pero había sido un acto reflejo. Las sonrisas de Rin a veces eran tan contagiosas, que lograba arrancarle aquel gen fuertemente heredado y dejarle una sensación de tranquilidad cuando se encontraba a su lado.
¿Y ahora todo aquello iba a serle robado por un jodido capullo?
¡Ah, no!
¡De eso ni hablar!
Cogió la bufanda, asumiendo que era un regalo para él por lógica y se levantó del asiento para marcharse.
Su marcha repentina, abandonando todo y dejando a Yamato con toda la cola y la responsabilidad de atender a cada uno de los niños, le hizo ver que tendría que encargarse de la larga cola. Duraría horas, eso si los niños no se cansaban antes, pero aún así, significaban horas, antes de hablar con Sora y dejar las cosas en claro.
Si pudiera hacer lo mismo como los otros dos aprovechados y largarse, pero…
Miró al frente donde su madre le miraba con la clara amenaza en aquellos ojos azules que había heredado:
"Como te marches tú también, te destrozo el Land Rover"
CONTINUARÁ…
Notas de la autora:
He decidido que el fic pasase de dos capítulos a tres por diversas razones: La primera porque no quería dejaros sin continuación por más tiempo, ya que me tardaré bastante en volver por estos lares; la segunda porque como os habéis fijado todo lo que se ha contado hasta ahora es, por así decirlo, como un pov de cada personaje masculino. De ahí que en cada salto, el lenguaje de cada uno cambie drásticamente. Por lo que en el siguiente, sería visto desde las chicas, para saber lo que ellas sienten y piensan. De esta manera, no habrá confusiones de quién está hablando en cada momento; la tercera razón, para que al leer no os sea tan pesada la lectura al tener tantas páginas. Sé que algunos les encantan que haya muchas páginas, pero también hay otras personas que les cansa tanto. Por eso, como en otros fics, ciertos caps fueron extensivos, aquí se compensa con poquitas páginas; y la cuarta, es porque la quería tener para este día tan conmemorativo, en honor del décimo aniversario de una de mis parejas favoritas, y claro el tiempo solo me permitió tenerlo hasta aquí, quedándome a medias en las escenas siguientes.
Yendo al fic, ¿qué os ha parecido? Espero saber vuestras respuestas en un review, que no cobro por ellos, ¿eh?
Feliz día del amor y la amistad!
'Atori'
