El inicio de una historia contigo.
-Y bien... ¿Qué significa?- preguntó Harry tomando la mano de la rubia.
-Esperan unos mellizos- dijo el Medimago regalándoles una ancha sonrisa.
Harry y Daphne al mirarse expresaron todos aquellos sentimientos que sus labios no pronunciaban. Harry había asumido que iba a ser papá, aunque nunca creyó que fuera tan rápido y con la persona que nunca creyó madre de sus hijos. La maldición Potter se había roto, y estaba bien, no podía haber conseguido una mujer mejor que ella, siempre le había atraído pero al ser de casas enemigas no había encontrado oportunidad de cruzar palabras, pero dado los asuntos, iba a conquistarla como debía, pues se lo merecía por darle el mejor regalo que le podían dar, la posibilidad de ser padre, y no sólo uno sino que ahora serian dos pequeños por los cuales luchar y darles todo el amor que a él le faltó cuando sus padres murieron, aunque sabía que nunca lo habían abandonado y dejado de amar.
-Si en cualquier momento se siente mal, no dude en venir aquí y la enfermera me avisara y vendré de inmediato- dijo el sanador.
-Sí, muchas gracias- dijo la rubia, el Medimago se despidió de los futuros padres y se dirigió a la salida.
Te dije que era niña- dijo Daphne riendo.
-Y yo te dije que era niño- dijo Harry con una ancha sonrisa y luego se dirigió al vientre donde sus pequeños crecían -Campeón quiero que cuides de tú hermanita mientras yo cuido de mamá, pórtense bien y no hagan sentirla mal- finalizó con ternura mientras que la rubia soltaba una pequeña lágrima, lo que más deseaba era que sus hijos tengan ese corazón tan noble de su padre. Harry al notar que la rubia lloraba, secó suavemente el rastro de lágrimas que tenían su mejillas -Mamá y papá se van a su cita, así que no nos interrumpan, entendido- finalizó logrando que la madre de sus hijos sonriera. Tomados de la mano se dirigieron a la salida del castillo hablando sobre cómo serían, a quién se parecerían, como los nombrarían y quienes serían sus padrinos.
Hermione salió del gran comedor con gran sigilo, pues su amiga pelirroja no paraba de hablar de Quidditch, era algo tedioso, así que sería mejor ir al lago a esperar que su cita con Draco llegara, no sabía si estaba segura de querer confesar que ese hurón oxigenado la traía loca, recordaba cada vez que la miraba con esos sensuales ojos grises, cuando rozaba su piel con segundas intenciones haciéndola erizar, y cuando besaba esos labios fríos pero irresistibles que la hacían visitar el paraíso y bajar para contarlo, y cada vez que esas chicas coqueteaban tan descaradamente con él sentía como poco a poco su sangre comenzaba a hervir, no podía aguantar más todo lo que ese rubio platinado provocaba en ella, no podía guardar más ese secreto, debía confesarlo sino seguramente un día explotaría. El rubio se le había adelantado, pues estaba sentado frente al lago leyendo un libro.
-Hola- dijo algo tímida sentándose al lado del muchacho.
-Hermione- dijo en forma de saludo sin quitar la vista del libro, esto desmotivó a la castaña a confesar todo su amor, ¿cómo era posible que un día sea tan atento y otro tan frío? Tomó las fuerzas necesarias para no callar más a su corazón y empezó.
-Mira Draco, yo sé que no he sido lo suficientemente honesta y valiente para decirte lo que siento, comprendería si no correspondes pero no pienso callarlo más...- Hermione se interrumpió para coger toda valentía necesaria, mientras que el rubio la miraba con atención -Draco... Yo estoy enamorada de ti, no sé cómo ni cuándo pero te quiero... Las cosas cambiaron desde la guerra y no me importa tú pasado, sé que lo hiciste porque no tenías otra opción, fuiste valiente al luchar por lo que más quieres, tú madre, quiero conocerte más, quiero conocer al Draco que hay detrás de esa mirada fría, quiero conocer tú corazón... Cada vez que me miras, que me tocas, que me besas es como sí algo en mi interior se encendiera, es la sensación más fascinante y hermosa que alguien me haya podido hacer sentir, tú eres esa persona que...- pero Hermione no pudo continuar por unos labios que invadían su boca, esos labios que le encantaba probar, esos labios que le hacían recorrer esa corriente eléctrica por toda su espina dorsal, era chico que la hacía erizar, era el dueño de sus pensamientos, sueños y sufrimientos, era él el que la hacía sentir cada vez más viva. Se separaron por la falta de aire, Draco vio esos hermosos ojos mieles que tanto le gustaba, sonrió de medio lado, como sólo él sabe hacer y le susurró.
-Yo también te quiero mi castaña, te espero esta noche en la Sala de Menesteres, nuestra primera cita oficial.
-Estaré sin falta.
-Sé que sí- finalizó robándole otro beso a la ojimiel para luego retirarse, era el fin de su muralla fría, no podía aguantar más, esa castaña lo traía loco, en el fondo daba saltitos de emoción al saber que su castaña correspondía a ese amor secreto que él llevaba dentro durante tantos años y que había dramatizado tan bien con todos esos insultos, ahora estaba más que arrepentido por haberla hecho sufrir y se sentía culpable por cada lágrima que había derramado, era tiempo de dejar todo atrás y disculparse por tantos años de sufrimiento.
Harry y Daphne salían de las Tres Escobas muy contentos, pues Harry no pudo aguantar más y le pidió a la rubia que fuera su novia, la rubia aceptó sintiéndose la chica más afortunada del mundo mágico, no sólo era la novia de Harry Potter, era la madre de sus hermosos hijos, ya quería que llegara el día en el cuál pudiera tomarlos en sus brazos, pero por ahora debía esperar pues sólo tenía tres meses de embarazo, Harry quería comprarle el primer regalo a sus hijos, así que fueron a una pequeña tienda de artículos de bebés y compraron algunas camisetas, pantalones y vestidos para su princesa, como Harry le había empezado a decir a su pequeña, ya estaban seleccionados los afortunados padrinos de sus hijos, esa noche convocarían una reunión para darlos a conocer.
Caída la noche, todos los amigos de la pareja se encontraban en la Torre de Premios, pues era el mejor sitio el cual dar a conocer su gran noticia, según la castaña, los únicos que faltaban era Pansy y Ron que casi no se les veía, no sabían si andaban en algo o Merlín sabrá qué, y Luna, pues según Theo la rubia se sentía un poco indispuesta.
-Primero que nada, queremos anunciarles que Daphne y yo... Somos pareja- anunció Harry tomando la mano de la rubia que sonreía de oreja a oreja.
-Que encantador- ironizó el rubio.
-¡Draco!- regañaron Hermione y Astoria haciendo que el rubio se encogiera de hombros.
-Me parece una noticia muy linda, ya era hora que los padres de mi sobrinito dieran ese paso- dijo Tori.
-Esa es la siguiente noticia- dijo Daphne.
-¿Si es niña?- preguntó Ginny feliz, pues había apostado con Astoria que sería niña y no niño.
-Son mellizos- dijo Harry.
-Bueno... Supongo que la apuesta queda igual- dijo Tori llevándose un apretón de manos con la pelirroja, al fin y al cabo ninguna había ganado nada.
-¡¿Apostaron?!- gritó Hermione molesta.
-Vaya pelirroja, no sabía que eras chica de apuestas- dijo Blaise con sorna.
-¡Ya te dije que Weasley para ti!- soltó molesta ignorado al grito de su amiga castaña.
-No tenemos tiempo para sus amoríos, quiero saber que más sorpresas hay- dijo Theo sonriendo.
-¡Cállate Nott!- exclamó Blaise.
-Bueno... Y la última noticia es que ya sabemos cuáles serán los padrinos- dijo Harry.
-Y crean o no, fue algo complicado, pues sé que a todos les gustaría pero sólo 4 tendrían el honor, el resto serán los tíos consentidores- anunció la rubia.
-Del pequeño decidimos que fueran Astoria y Theo- dijo Harry, los aludidos dieron las gracias a la pareja.
-Y de la pequeña serán Blaise y Ginny- dijo Daphne riendo por la cara de revolver que Ginny le dio al moreno, para luego agradecer a la pareja.
-Sería todo un honor ser el padrino de la pequeña y más ahora que es compartido con la pelirroja- dijo sonriendo el moreno.
-Eres un imbécil- bufó Ginny.
-A ver si la pequeña se encarga de unirlos- dijo Theo riendo.
-Mira como me rio Nott- dijo el moreno con sarcasmo lanzándole una mirada asesina.
-¡Bueno basta!- dijo Astoria molesta por tanta peleadera por parte de sus mejores amigos.
-En cuanto a Hermione, Draco, Luna, Pansy y Ron, serán los tíos- dijo la rubia.
-Ya quiero ver a mis sobrinitos- dijo Tori feliz.
-No te afanes Tori, sabes que también puedes darme sobrinos- dijo su hermana riendo haciendo que la morena se sonrojara.
-No creo que Longbottom quiera llevarse su merecido- soltó Draco.
-¡¿Estas saliendo con Neville?!- preguntaron todos los Gryffindor asombrados pero felices.
-¡¿Con Longbottom?!- gritó Blaise.
-Sí, ¿algún problema?- dijo Tori enojada.
-Que si te llega a tocar le va a ir MUY mal- dijeron Draco y Blaise al tiempo.
-Ya cállense, yo puedo cuidarme sola, no necesito de dos idiotas atrás mío diciendo lo que tengo o no que hacer- dijo Astoria molesta, el rubio y el moreno prefirieron callar, no era conveniente verla enojada.
Una vez terminada la reunión, los chicos se despidieron y se fueron a sus respectivas torres. Hermione al ver que estaba sola se fue a la sala de menesteres, no se había dado cuenta en que momento el rubio salió de la torre
-¿A qué hora saliste?- preguntó la castaña al ver al rubio en la entrada de la Sala.
-En cuanto Potter y Daphne salieron, pero estabas tan concentrada riendo con la pelirroja que no te diste cuenta- dijo el rubio -¿Entramos?- preguntó para llevarse el asentimiento por parte de la ojimiel, al entrar encontró una mesa para dos decorada con unas velas y una gran cena.
-No sabía que eras tan romántico- dijo Hermione sorprendida.
-¿Te gusta?- preguntó el rubio sonriendo.
-Me encanta Draco.
-Espera que tengo otra cosa para ti- dijo Draco sacando se su saco una caja de terciopelo rojo -Ábrelo, espero que te guste- dijo el chico tendiéndole la cajita, Hermione al abrirlo encontró un collar de oro blanco y una esmeralda en forma de corazón, al ver la cara de la castaña dijo -Antes de que digas que no lo puedes aceptar, te digo que esto simboliza mi corazón, Hermione mientras tengas puesto este collar, tendrás colgado mi corazón, te quiero mi castaña- finalizó abrochándoselo al cuello y dándole un beso en los labios.
Draco y Hermione disfrutaron de la linda velada con la cena preparada por el 'muchacho', pues los elfos habían hecho la cena y agradecía a Merlín que la castaña no hubiera preguntado porque sabía que se enojaría y eso se saldría de sus planes. Esa noche sólo era para disfrutar la compañía del otro y olvidarse de todos los problemas, miedos y angustias, esa noche sólo existían ellos dos.
