Lucharé por ti.

Los días pasaban y todo seguía igual de gris. Para algunos esos días fueron fundamentales para darse cuenta de aquellos sentimientos que sus corazones desprendían, ahora se daban cuenta que todos esos años de peleas, insultos y odios estaban basados en algo más profundo que no habían descifrado hasta el día de hoy. Comenzaba una nueva semana en la cual se sentían frustrados, ¿cómo era posible que ellos, siendo los más mujeriegos y perfectos (según los comentarios de sus admiradoras) buscaran la forma de pedir perdón a una chica, y que estuvieran después de todo, arrepentidos por algo que un momento sólo veían como uno de sus tantos juegos?, ahora se daban cuenta que habían elegido las chicas incorrectas para sus deseos, y correctas por ver como habían despertado en ellos una atracción que nunca habían experimentado con otras chicas; la necesidad de mantenerlas siempre a salvo y una chispa que los hacían tener una infinidad de sentimientos nunca antes vistos y creídos. Ahora nada era un juego de adolescentes, ahora sentían que se jugaban algo más importante en sus vidas, un futuro con quien compartir, ese alguien que no le importara su pasado ni las manchas que tuvieran sus apellidos; entonces, fue ahí donde nacía esa necesidad de querer obtener su perdón aunque no creían que fuera fácil lo obtendrían, pues, un Slytherin siempre consigue lo que quiere sin importar su precio.

Theo había intentado hablar con Luna pero para su desgracia siempre estaba con las leonas. El azabache se dirigía a su clase de Transformaciones con los ánimos en el suelo, hasta que visualizó una larga y hermosa cabellera rubia muy conocida para él, ver a su ángel hizo que pensara que sería un gran imbécil si se daba por vencido, lucharía por ella, por su perdón y por el gran amor que sentía, así que tomó un pedazo de pergamino y escribió una pequeña nota, al finalizar la elevó haciendo que se posara en el libro que llevaba, esta era su única oportunidad. La rubia al leer aquel pedazo de papel dio un pequeño suspiro, tenía muchas ganas de ver a Theo, lo extrañaba aunque le había dolido lo que había hecho, aun así pensó que iría a escuchar su explicación.

Después del encuentro que tuvieron en aquel salón, Pansy evadía cualquier mirada o acercamiento del pelirrojo, entre más lejos estuviera de ella, mejor. La azabache sentía que el chico lograba descolocarla como él quisiera y eso no le era nada agradable, nadie la manejaba a su antojo, era ella la que llevaba el control de la situación, aunque reconocía que había disfrutado al dejarse llevar por sus besos, caricias y de su compañía, era tan grande el poder de su convicción que la hacían cambiar de opinión en un santiamén. Se propuso continuar con su vida y pasa tiempos, aunque se daba cuenta que no podía suplantar lo que aquel pelirrojo le hacía sentir, eso creaba en ella una gran frustración y deseos de buscarlo y repetir aquella sesión que a su parecer no había finalizado...

-Maldito Weasley que has hecho conmigo- pensó sin darse cuenta que lo había dicho en un susurro audible para su amiga.

-¿Qué dices Pan?- preguntó una rubia que estaba sentada a su lado.

-Ah, no nada- respondió distraídamente.

-¿Segura?- preguntó Daphne, había escuchado perfectamente su susurro pero quería que lo repitiera.

-Sí.

-Bien- dijo mirando de reojo como su amiga tenía la mirada centrada en un chico, la rubia sonrió y añadió -¿Y Weasley?

-¿Que hay con él?- preguntó apartando su vista de él.

-Es lo que yo te pregunto, llevas largo tiempo mirándole.

-¿Yo? Ya quisiera la comadreja- dijo con molestia ocultando en vano su sonrojo.

¡¿Cómo era posible que me sonrojara por un chico?!

-Pansy, te gusta, mira tú sonrojo- manifestó con felicidad.

-A mí no me gusta la comadreja Daphne, estar mucho tiempo con Potter te afectó el cerebro- dijo con enfado levantando un poco la voz.

-Señoritas si tienen cosas que discutir hagan lo fuera del salón- dijo la profesora McGonagall seriamente.

-Hablamos luego sobre eso Pansy, me tendrás que contar que te traes entre manos con Weasley.

Pansy ahora no sólo se tendría que ocultar del pelirrojo sino que también de la rubia, no tenía tiempo para estar hablando de sentimientos ni esas estupideces, pero sabía que la rubia no iba a quedarse con la intriga.

¡Maldita la hora en la cual abrí mi boca!

El día había pasado con rapidez y Theo ya se encontraba en el lago esperando a que la rubia apareciera, pues se estaba tardando mucho en llegar, algo extraño en ella, ya que siempre era puntual, el azabache comenzó a temer que no aparecería y que sería el fin de todo, no obtendría su perdón y tampoco la recuperaría, soltó un suspiro de frustración y se acomodó.

-Hola Theo- dijo una melodiosa voz que conocía en perfección.

-Luna- dijo con sorpresa llenándose de nuevas esperanzas, sin más rodeos la invito a sentarse - Necesito que sepas lo que en realidad pasó- suspiró mirando sus azules ojos y continuó- Me siento realmente mal por todo lo que pasó, yo nunca quise hacerlo, intenté salirme pero Blaise lo negaba, sabía que no era capaz de hacerte ese daño, no te conocía cuando apostamos, no sabía quién eras, pero ese día en el cual me golpeaste gritando que tenía un... ¿Torpesolo?- preguntó extrañado alzando una ceja provocando una risilla en Luna- supe que no podía hacerle tanto daño a una persona tan pura y buena como tú, desde ese día quedé enamorado de ti, y desde ese día quise dar marcha atrás a ese estúpido trato… Sé que no merezco tu perdón, pero quería que lo supieras, que por lo menos sepas lo que en realidad pasó- finalizó con tristeza.

-Tenías Torposolos Theo, lamento el golpe- dijo riendo.

-No tengo nada que perdonarte, gracias a los Torposolos conocí al amor de mi vida- dijo acariciándole su pálida y sonrojada mejilla -Dime que perdonas a este imbécil de su estúpido comportamiento mi angelito, no podría vivir sin ti, eres mi todo Luna Lovegood.

-Te perdono Theodore Nott- dijo la rubia fingiendo seriedad, pues esa cara de perro achantado y sus honesta palabras de perdón hacían que su corazón latiera a mil por hora, y la hacían sentir una gran felicidad al saber que no se había equivocado en sus suposiciones, Theo dio saltitos de alegría y abrazó fuertemente a su novia.

-Te amo mi angelito- dijo el azabache antes de fundirse en un dulce y ansiado beso.

Theo acompaño a su rubia a la torre de Ravenclaw y se dirigió a su torre con una gran sonrisa, entró a su sala común y se encontró con sus amigos.

-¿Y esa cara de imbécil?- preguntó Blaise.

-Mi Luna me perdonó y no pienso seguir con esas estupideces- sentenció Theo.

-No sé Theo, ahora que pensamos bien en esto, creo que lo mejor es que nos odien, recuerda la carta- dijo Blaise.

-Si pero Draco dijo que veía una posibilidad de saber que quieren, ¿o no?- dijo Theo mirando al rubio.

-Sí, Theo, haré lo posible pero aún no sabemos a qué nos enfrentamos, podemos ponerlas en peligro.

-¿Luna sabe de la carta?- preguntó el moreno.

-¿Que te sucede Blaise? apenas la recupero, no la quiero volver a perder.

-No lo sé, Theo- dijo rubio.

-¿Se rendirán así de fácil? No sean tan cobardes, luchen por lo que aman y lo que quieren en su vida, ya encontraremos la manera de salir esta situación, no se dejen vencer ahora que pueden encontrar su felicidad, es hora de dejar lo miedos y pelear con valentía por nuestro futuro con la persona que realmente amamos.. Piensen en eso- dijo Theo antes de entrar en su habitación dejando a los chicos muy pensativos, pues el azabache tenía razón, debían de luchar por su felicidad, por una mejor vida y por el futuro de sus herederos, desde ahora en adelante le dirían adiós a la cobardía, y la mejor manera de empezar era buscando y logrando ganarse el perdón, apoyo y amor de sus leonas, esa era la verdadera causa de salir adelante.