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Era una extraña la que había llegado a nuestro pueblo. Para la mayoría de los hombres era una belleza sin igual y para el resto una abominación.
Hasta ese día.
Corría por las calles de Italia hacia la plaza principal donde una ensordecedora multitud se daba por contenta aventando comida podrida y desperdicios al delgado cuerpo enfundado en un camisón manchado de la extranjera. Su más grande crimen fue aliviar de un mal incurable a una familia a la que habían mandado al exilio por temor a que se propagara la peste que los azotaba. Ahora la gente le gritaba desde bruja hasta prostituta.
Siempre me llamo la atención como trataba con los animales, como le hablaba a las plantas a su alrededor y como le pedía al día permiso para sanar, me acerque a ella lo suficiente como para que me tomara por aprendiz por lo menos el tiempo que se quedaría en la ciudad. Su amor por el conocimiento solo hizo más grande mi ilusión y las tardes a su lado eran de lo más maravillosas por lo que no dude en sacarla como pudiera de allí.
Dos caballos, diez gallinas y tres perros fue lo que necesite para crear el alboroto suficiente como para que la gente y las autoridades se distrajeran, tomar su mano y salir corriendo de aquella pesadilla. Llegamos al jardín trasero de mi casa, mi madre abrió la puerta dejándonos pasar ordenando a sus sirvientes terminar de arreglar el baño para la señorita.
—Madre, no sabía que hacer—le dije con el corazón en la garganta—La quemarían viva.
La mujer se quedó en una esquina esperando el veredicto de mí siempre recta madre.
—No me gusta tu método—dijo poniéndose entre mi cuerpo y el suyo—pero has hecho de mi Sherly alguien mejor y eso jamás poder pagártelo.
—Su hijo me ha salvado la vida. —Dijo desencogiéndose un poco—estamos a mano.
—Tú con él si—dijo levantando la voz—Tú con migo no. Así que toma un baño, cambia tus ropas, Lydia te dará una mochila con comida para dos semanas.
Y con un taconazo contra el suelo dio media vuelta regresando a la biblioteca. "Hora del té" pude leer en la expresión de Lydia que ahora acompañaba a la mujer. En media hora Lydia anunciaba a mi madre la partida de la Amiga del amo Sherly, Mycroft entraba en ese momento con una extraña mochila que había visto en casa de esta, su rostro se ilumino de manera maravillosa al verla.
—Es todo lo que pude recuperar—Dijo mi hermano cansado—Espero sea lo adecuado.
Con un asentimiento de cabeza se retiró a sus habitaciones. Nadie quería ver a la gitana.
—Lock.
Su vos cantarina me distrajo de las maldiciones que le lanzaba a la gente sin cerebro y con una mano sobre mi hombro concentro toda mi atención en ella, la sirvienta se retiró, dándonos un poco de privacidad.
—Escucha pequeño Lock—su sonrisa era de despedida, la odie. —Se vienen tiempos difíciles y tú tienes que ser más fuerte de lo que las demás personas lo son.
Me tomo de las manos dejando entre estas un pañuelo de seda en color azul cielo que al descubrirlo revelo una pequeña lámpara de diseño simple y de un dorado espectacular.
—Mi nombre es Badroulboudour y esta lámpara te dará todo lo que desees.
Dejando un beso en mi frente se fue por la puerta principal, dejándome de nuevo sin quien compartir mi tiempo.
Y tenía razón, alguien dio la alarma de que la familia de Vernet había ayudado a la gitana, mi madre y Mycroft lo negaron hasta que no fue posible ocultarlo. No había pruebas de lo contrario. Lo que hizo que tomáramos rumbo a Londres fue el día en que yo regresaba de la escuela y mi fiel compañero pelirrojo estaba muerto en las afueras de la gran mansión. Ninguno de los sirvientes sabía lo que paso. Mi madre no lo pensó y tomando lo más elemental para nuestra existencia partimos como fugitivos hacia una nueva vida.
Un día, dentro de mi cabeza idee un nuevo experimento con una vasija vieja que tenía arrinconada, el polvo que la cubría haría que los resultados no fuesen satisfactorios por lo que al frotarla para limpiarla esta se tornó caliente y de un rojo intenso que fue disminuyendo cuando una nube blanca parecía escapar dejando libre a una criatura de color rojo con ojos ámbar, alas que abarcaban toda la habitación y pecho cubierto de rabíes y oro.
— ¿Cuál es tu deseo?—Pregunto la lagartija inexistente.
—Simplemente no puedes ser real—Le dije viéndolo de lado. — ¿Me dejarías tomar una muestra de tus escamas?
— Sirvo a Badroulboudour que es la hechicera madre y ultima heredera de todos los secretos mágicos del mundo. —Dijo desplegando un poco las alas—Al parecer le agradaste.
—La muestra si la puedo tomar entonces.
—Yo soy fuego, Yo soy muerte…
—Y eres mi sirviente.
Al parecer no le agrado su nueva posición y con sus ojos de reptil me escrudiñaron buscando algo que no logre percibir del todo.
—Y tú eres un niño.
—Eso lo se idiota. —Le dije dándole la espalda, no discutiría con un objeto salido de la lámpara.
—Mi nombre es Smaug. —Dijo aterrizando en el escritorio—Y seré tu sirviente desde esta tarde hasta el final de tus días.
— ¿Y si quiero ser inmortal?—Le pregunte en broma.
— ¿Es ese tu deseo?—Pregunto asegurándose.
—Sí, no estaría mal. —Comente, siguiendo en broma.
—Solo le recuerdo joven amo que ese deseo lleva consigo un gran castigo.
— ¿Qué podría ser peor que Fatcroft?
Sus alas se desplegaron permitiendo ver su cuerpo completo, de su boca salió su aliento cálido con aroma a ceniza y roble que termine respirando por completo sintiéndome desfallecer.
Cada que llamaba al dragón para pedirle algo este solo desplegaba sus alas y aparecía en el lugar en el que nos encontráramos, incluso aquellas sustancias prohibidas que una vez casi me matan. Los años pasaron y mi cuerpo lo único que hacía era alcanzar estatura, incluso mi hermano conservo ese pelo rojo que lo caracterizaba. Madre murió y poco a poco los sirvientes también lo fueron haciendo. Nos quedamos congelados en el tiempo hasta que todo cuadro.
— ¿Qué me hiciste maldito dragón?—le grite desesperado.
El muy desgraciado se dio su tiempo de estirar su cuerpo antes de contestar con toda la tranquilidad, como si le preguntase por su salud.
—Tu primer deseo fue la inmortalidad. —Dijo viéndome de frente—Y el castigo a ello es tu hermano.
— ¿FATCROFT INMORTAL?
—Si. —dijo mientras se afilaba una garra—Y será mejor que se lo dijeras.
—Reviértelo. —Me cruce de brazos—Es una orden.
—No puedo. —dejando su aseo para otra ocasión.
— ¿Por qué?
—Eso es sencillo, aun no encuentro a mi hermano.
— ¿Y qué tiene que ver?—explote irritado.
—Lock, ese tonito sabes que no me gusta, seré pequeño pero aun soy de fuego. Cuidado.
—No me gusta repetirme lagartija. —Le señale la mesa de disecciones.
—Es magia muy poderosa, necesito de mi par para poder hacer la reversión. —Dijo con sentimiento de culpa—Lo siento.
-O-
¿Sigue alguien ahí?
¿Que tal? ¿Adivinaste?, No es un Crossover como tal, porque, es decir, solo tome los alter ego de Ben y ¡wam! aparecieron mis genios *se desmalla*
Casi, ya casi.
