Desde que el rey había dado el anuncio todos los espectadores se habían quedado sorprendidos, sería el primer príncipe que se casaría con una plebeya. El motivo por el cual el príncipe hacía eso se desconocía.
El baile transcurrió sin ningún inconveniente, Bella miraba de vez en cuando a aquel joven con el que había bailado y él también la miraba a ella sin poder evitarlo.
La celebración se acabó y tanto Bella como Alice volvieron a sus casas. Esa noche Bella no pudo dormir, intranquila por pensar en unos hermosos ojos verdes que la habían cautivado.
La mañana siguiente, en la plaza principal, había un montón de chicas entusiasmadas con la idea de convertirse en la futura esposa del príncipe. En ellas se encontraban Alice y Bella, quienes parecían ser las únicas desinteresadas en ser elegidas por el príncipe.
Alice había conocido a un joven de cabellos rubios la noche anterior, ella sabía que ese era el único hombre que podría hacerla feliz, por lo que la propuesta del príncipe no le llamaba la atención en absoluto, así que decidió no participar en eso y marcharse de ahí.
Por otro lado, a Bella nunca le habían gustado los lujos y no era una interesada como las demás chicas que la rodeaban, por lo que solo estaba ahí por cumplir.
En eso apareció el príncipe, dejando boquiabiertas a todas las presentes, quienes hicieron una reverencia en forma de saludo. Bella no tardó en reconocerlo, era el mismo joven que había visto en el baile. Eso la hizo enojar, no le gustaba que le mintieran, aunque en realidad él nunca le había mentido puesto que su segundo nombre sí era Anthony.
Trató de calmarse y se dispuso a escuchar las palabras de Edward.
- Buenos días a todas ustedes bellas doncellas – dijo él, logrando que la mayoría ahí presente suspirara – bien ya saben que he tomado la decisión de elegir a mi futura esposa entre las jóvenes del pueblo – tomó aire y continuó - Es por eso que les pondré una pequeña prueba a cada una de ustedes, quien gane se convertirá en mi esposa.
- El día de hoy le entregaré una semilla de flor, tendrán 6 meses para sembrar y cuidar a esta flor como si fuese yo mismo en persona. Pasado los seis meses nos volveremos a reunir y quien me traiga la flor más bella y mejor cuidada de todas, se convertirá en mi esposa y futura reina.
Todas las muchachas miraban soñadoras la oportunidad de ser reinas, de estar llena de lujos y vivir en un palacio, a excepción de Bella.
Se comenzó con la repartición de las semillas a cada una de las damas, Bella recibió la suya y se marchó sin esperar que el príncipe se despidiera.
Para ventaja de Bella, ella había cuidado y vendido todas sus flores desde pequeña así que estaba segura que haría un buen trabajo, aunque le incomodaba el hecho de que el príncipe no se tomara la molestia de conocer primero a quien llegase a ser su esposa.
Decidió no dejar el trabajo para después y plantó la semilla en una pequeña maceta. Aún seguía en shock por enterarse que el hombre del cual se había estado enamorando era nada más y nada menos que el príncipe Edward.
Escuchó que alguien golpeaba la puerta de su casa y salió a abrir. Era Alice
- Alice, que sorpresa, no te esperaba por aquí – dijo Bella saludando a su amiga
- Lo sé, yo tampoco me imaginaba venir aquí, pero cuando me di cuenta ya estaba caminando hacia aquí, no estoy segura de saber por qué vine – respondió Alice
- Oh Alice, necesito tu ayuda – explico Bella. Empezó por contarle a Alice lo que había ocurrido y cómo había conocido a Edward antes de la fiesta.
- ¿Qué crees que deba hacer? – dijo Bella
- ¿Lo quieres de verdad Bella? – preguntó Alice tratando de ayudar a su amiga
- Sí, claro que sí, mucho – respondió Bella sorprendida con su respuesta, nunca se imaginó sentir algo tan fuerte por alguien que apenas si había conocido.
- Entonces, creo que lo único que te queda por hacer es ganar la prueba – dijo Alice poniéndole punto final al tema.
Hoy decidí subir dos capítulos, el 3 y 4, espero que le hayan gustado
