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Disclaimer: LAS TORTUGAS NINJA no me pertenecen, es mi corazón el que le ha pertenecido a Leonardo desde hace 22 años. Yo no escribo para hacer dinero sino para hacer pasar un rato agradable a quien sea que se tome su tiempo para pasar a leer mis divagaciones.

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LÍDER POR UN DÍA

¿Por qué?

- Rafa… -

¿Por qué?

- Rafita… -

¿Por qué?

- ¡Rafael Hamato! –

¡Chale! ¡No lo dejan pensar a uno tranquilamente!

- ¿Qué quieres Mikey? –

- Nada, pero, ¿a qué hora empezamos a patrullar? –

Miro alrededor. Estamos en la azotea de un edificio.

¿A qué hora llegamos aquí?

Me acerco a la orilla.

Ah sí… Desde hace unas horas que hemos estado patrullando, y entre descansos, me pierdo en la pregunta que no sé cómo responder.

¿Por qué?

Las calles lucen usualmente desiertas y oscuras, igual como siento mi cabeza ahorita. No hallo respuestas, y aparte, no sé si seguimos patrullando o nos 'retachamos' ya a la casa.

- ¿Puedo hacer una sugerencia, jefecito? – Mikey vuelve a interrumpirme.

Creo que hubiera sido mejor que nos quedáramos en casa, así yo podría pensar en lo que debo pensar, en vez de salir de ronda, aunque hoy, las peleas no han sido tan desastrosas como anoche.

- ¿Sugerencia? –

- Vi en las noticias que en un restaurante llamado Serendipity iba a lanzar un postre muy especial. –

- ¿Qué clase de postre? – Doni pregunta muy interesado.

- ¿De cuándo a acá tú ves noticias? – eso es lo que digo yo.

- Leo siempre ve las noticias con Sensei, pero como Leo no puede, hoy Sensei estaba solito, y lo acompañé por un rato. No fue tan aburrido como creí. –

- Bien por ti Mikey, pero ve al grano, ¿quieres? -

- Pero sí tú fuiste el que dijo que no cree que también veo noticias además de dibujos animados. –

- Mikey… - se me acaba la paciencia, pero… humildad, Rafa, humildad – por favor, ya di qué viste en las noticias. –

Doni y Mikey se me quedan viendo raro. ¿Tan raro es que yo diga "por favor"? Pensándolo bien, sí.

- Decías que – toco el hombro de Mikey para traerlo de regreso a la Tierra – en el restaurante Serendipity iba a haber un nuevo postre. -

- Ah… sí, un nuevo postre. - ¡Funciona! Ahora entiendo porque Leo se la pasa todo el tiempo tocándonos el hombro – Es un postre que se llama "Frozen Haute Chocolate" y es muy pero muy caro, porque tiene veintiocho tipos de cocoa, y varios son los más caros y exóticos del mundo, y también tiene 5 gramos de oro comestible de 23 quilates. –

- ¿Sí viste las noticas? ¿No será que lo soñaste? –

- Mikey dice la verdad. – Doni dice; está checando internet en su tableta electrónica – Justamente hoy, ese restaurante comenzó a vender entre sus comensales el postre más caro del mundo, el "Frozen Haute Chocolate". –

- Bueno, ¿y luego? –

- Y luego, - sigue diciendo Mikey - pues hay que vigilar el restaurante. Seguro que más de uno va a querer probar ese delicioso helado sin tener que pagar y quedarse en la banca rota. –

- Mikey, - dice Doni; seguro que será algo más sensato que lo que acaba de decir el Tontín – indudablemente, el restaurante tendrá instalado un excelente sistema de seguridad, sin mencionar a decenas de guardias, que vigilen incansablemente cada bote de ese extravagante helado. – Doni guarda su tableta en su inseparable bolsa, luego revisa su celular.

- ¿Y si no? Nunca falta quien quiera hacerse el listo, y si ese alguien se roba aunque sea un bote de helado, un robo es un robo. –

- Tal vez tengas razón en ese punto – debo admitirlo – pero nosotros tenemos que cuidar a los engreídos humanos y no a un bote de helado… -

- Rafa… - Doni me interrumpe.

- ¿Qué? –

- Mi celular registró la activación de una alarma, - el celular de Doni capta las alarmas que se activan cuando hay un robo - pero la señal sólo duró escasos segundos. –

- Igual y esa alarma no sirve; ha sido una falsa señal. –

- Esa señal falsa provino del restaurante Serendipity. –

Me quedo viendo a Doni sin decirle nada; él entiende perfecto que quiero que me diga que es muy enserio lo que acaba de decir. El Cerebrito ni siquiera parpadea. Luego percibo la euforia de Mikey porque también ha de haberse fijado que Doni habla en serio y se muere por canturrear: Te lo dije.

- ¡Ssh! – pero no le doy chance a Mikey para que diga que tiene razón; levanto un dedo y hago "sh" para que no se le ocurra abrir su bocota.

- ¿Crees que deberíamos ir? – pregunta Doni.

Con todas las cosas que hemos pasado mis hermanos y yo desde que se nos ocurrió en una ocasión salir a la calle sólo para evitar un túnel derrumbado, en vez de buscar otro camino por otros túneles… la experiencia me dice que no está de más echar un vistazo.

- Vamos. –

- ¡Sí! – Mikey vitorea porque 'se ha salido con la suya'.

Yendo en el Acorazado, llegamos de bolada al restaurante en el que probablemente se está cometiendo un crimen, y repito, probablemente.

Dejamos nuestro veloz cacharro (que no me oiga Doni) en un lugar estratégico, y subimos al techo del restaurante. No esperamos por mucho tiempo.

Hay ruidos que provienen del interior. Entramos con sigilo por el tragaluz (que Donatelo ya había desactivado la alarma y las cámaras de vigilancia). Bajamos ágilmente y vamos a la cocina. Ahí vemos a alguien vestido totalmente de negro y encapuchado hurgando dentro del refrigerador. Así que Doni no es el único capaz de desactivar las alarmas y cámaras.

- ¡Se los dije! – dice Mikey muy bajo, pero a 'kilometros' se nota que se moría por decirlo – Sí vino alguien a robarse el helado. -

No le hago caso y avanzo haciéndoles una seña a los otros para que me sigan.

Poco a poco avanzamos hacia el ladrón escudándonos con todo lo que hay en la cocina, pero procuro no perderlo de vista; veo claramente cómo saca un bote de a litro del carísimo helado, y va guardándolo en un tipo de estuche especial; será para que no se derrita.

Nos acercamos más y ni se ha dado cuenta.

Trae la cara encapuchada pero sus ojos echan chispas de avaricia.

El gusto le va a durar poco.

- ¡Te agarramos con las manos en el helado! –

Le grito al ladrón con mi ronco pecho.

- ¡Aaahhh! –

El ladrón se asusta cuando oye mi melodiosa voz aparte de ver a tres temibles sombras que lo han cercado, pero por el susto, el menso avienta el bote de helado.

- ¡No! –

¡Mikey, en espectacular movimiento, enfunda sus chacos y se lanza para cachar el bote de helado!

- ¡Mikey! –

¡Doni le suplica con el corazón en la garganta que atrape ese bote repleto de delicia!

Y como si esto fuera una mala película y quien la ve ha 'puchado' en el control el botón para la cámara lenta… con mucha lentitud, vemos "volar" a Mikey, vemos cómo se distorsiona su cara por el esfuerzo que hace por estirar el brazo lo más que puede, se ven una gotitas de sudor salir disparadas por la trayectoria que sigue la tortuga color verde mar, hasta se ve que se desprende una nubecita gélida del congelado bote al haber sido sacado del refrigerador a un lugar más cálido; entonces…

¡PLOP!

La secuencia de las acciones recupera su ritmo normal, y… ¡Mikey cae de lleno en el piso, cachando con total precisión el bote de helado!

- ¡IIIIIUUFF! –

Todos suspiramos de alivio de que algo tan deliciosamente valioso no se haya desperdiciado, hasta el ladrón suspira de alivio, pero el ladrón rápido se acuerda a lo que venía… ¡y se lanza contra Mikey!

- ¡Eso es mío! -

Mikey rueda para esquivar al ladrón. Se pone de pie de volada.

- ¿Y tu helado de que lo quieres? Del que sea, menos de este… ¡Ay! ¡Estáfríoestáfríoestáfrío! –

Mikey se pasa el bote de helado de una mano a otra, y es que debe de estar bien frío.

- ¡Estoy libre, Mikey! – Doni le grita ya que ha enfundado su vara Bo y tiene las manos libres y puestos unos de esos guantes de tela que se usan en la cocina para agarrar cosas calientes, aunque esta vez más bien es algo frío, igual sirve.

¿Cómo se le ocurre a Doni traer guantes de esos en su bolsa?

Como sea…

¡Mikey lanza un espectacular pase a nuestro receptor estrella Donatelo Hamat…!

- ¡AH! –

¡Donatelo Hamato…!

¡Doni!

Doni no atrapa el bote de helado porque se ha caído.

¡Doni se desparrama en el suelo y el bote de helado va a caer por allá lejos!

- ¡Doni! –

¡Corro hacia mi hermano…!

- ¡AY! –

… pero otro grito me detiene, volteo y veo como Mikey cae al suelo también.

- ¡Mikey…! ¡AH! –

¡Siento un horrible pinchazo en el brazo!

- Es una aguja hipodérmica. –

Miro a Mikey; también tiene una de esas agujas.

- R… Rafa… – susurra Mikey mirándome con unos ojos llenos de terror antes de perder el sentido.

Volteo a ver a Doni; ya está inconsciente.

- Maldita sea… - empiezo a sentirme mareado – Es… una trampa... –

¡Me arranco la aguja no importándome que empiece a sangrar en donde se me clavó, y la aviento lejos de mí, sintiendo una descomunal rabia…! … y... siento que caigo…

Mala idea. Estoy aturdido… y se me ocurre hacer un movimiento brusco, pero apenas consigo reaccionar y me apoyo con mis brazos sin soltar mis sais; no me desparramo en el piso. Trato de levantar la cabeza para buscar al ladrón… pero mi cabeza empiezo a sentirla que pesa como si estuviera hecha de concreto.

Escucho unos pasos… El ladrón se me acerca… Veo sus pies…

Se me nubla la vista pero puedo distinguir sus pies, y más pies aparecen de no sé dónde.

El ladrón se acuclilla… Puedo verlo… Se quita la máscara.

- K… Karai. –

¡Maldita Karai! ¡No! ¡Maldito yo! ¡Eres un imbécil, Rafael! ¡No debiste confiarte! ¡No debiste creer que el ladrón era un ladrón cualquiera! ¡Debiste estar al tanto de todo, de tu alrededor, desconfiar hasta de tu propia sombra…!

Eso hace un líder: cuida de su equipo, de sus guerreros, de sus hermanos.

- ¿Leonardo dónde está? –

- Vete… al… Diablo… -

Algo dice Karai pero ya no la escucho, ni la veo.

Mis ojos… se me cierran…

Si me quedo dormido… nos lleva la fregada.

- ¡AAAAAHHHH! –

¡Con las fuerzas que me quedan, me levanto y apunto mis sai contra Karai!

¡Si me voy a ir al infierno, no me voy a ir solo!

Ella muy quitada de la pena ni siquiera se pone en posición de defensa.

¡Mareado y encanijado voy a clavarle mis sais en su corazón…!

pero…

¡NO!

Una vocecita en mi cabeza me dice que no lo haga, que no emplee mis últimas fuerzas en un estúpido ataque, que llevo las de perder así como estoy.

Me detengo.

La vocecita vuelve a susurrar y me dice algo más.

La mejor victoria es vencer sin combatir

En un angustioso y mortal segundo… lo comprendo… comprendo esa méndiga frase que me llevó todo el día poder traducir.

Volteo hacia la cocina, distingo lo que estoy buscando… ¡y arrojo una sai con las fuerzas que me quedan!

Por otro movimiento brusco, ahora sí me estampo en el suelo, pero escucho un ¡CRAK! y luego un ¡BUM!, y en un parpadeo, los detectores de humo se activan al estallar el horno de microondas, llueve dentro del restaurante, y otra bendita alarma empieza a sonar y a hacer su escándalo.

Estando en el suelo, todo empapado, escucho pasos que corren a toda prisa.

Karai y sus ninjas se van.

Sintiendo que el peligro ya pasó, el somnífero comienza a recuperar su control en mí…

- No… -

Me pongo de pie con gran esfuerzo (de algo tienen que servir mis portentosos músculos), recupero mi sai, enfundo ambas en mi cincho, voy por Doni, me lo echo a los hombros (parece que pesa una tonelada), me trepo al tragaluz, y lo llevo al techo. Lo más rápido que puedo, regreso por Mikey.

Estando los tres en el techo, escucho aullar las sirenas de la policía.

No me queda mucho tiempo. Tengo que dejar ese techo antes de que la poli cerque todo el local.

Escarbo en la bolsa de Doni y encuentro el control del Acorazado. Pucho el botón para que venga. El cacharro llega en un tris. Y allá voy otra vez, cargando uno a uno a mis hermanos que han aumentado bastante de peso sin haber probado siquiera ese costoso helado; también yo me siento muy pesado, hasta soy más lento.

- Ahora… entiendo… a mis… pobres… parientes. –

Sudando la gota gorda, logro llevar a Doni y a Mikey dentro del Acorazado, enseguida, o como mi engarrotado cuerpo y mi atolondrada cabeza me lo permiten, voy y me siento en el lugar del piloto, tomo el volante, piso el acelerador hasta el fondo y llevo a mis hermanos de regreso a casa.

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Muchas gracias por leer este alucinado fic.

n.n