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Disclaimer: LAS TORTUGAS NINJA no me pertenecen, es mi corazón el que le ha pertenecido a Leonardo desde hace 22 años. Yo no escribo para hacer dinero sino para hacer pasar un rato agradable a quien sea que se tome su tiempo para pasar a leer mis divagaciones.

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LÍDER POR UN DÍA

Tres de la mañana, y contando.

Ya es muy tarde y sigo con los ojos bien abiertos.

- Ahora que sí quiero dormir no puedo. –

Debe ser por ese capuchino que me tomé… ¡pero eso fue hace horas!

¿Pues cuánta cafeína tiene un capuchino? La bastante como para no dejarme dormir en toda la noche, y la bastante como para combatir los efectos de un sedante, eso, o a Karai le falló la dosis para derribarme a mí, yo que soy más alto y más musculoso que cualquiera de mis hermanos; o fue la combinación de la cafeína y mi mayor peso.

- O tal vez fue suerte. –

Hasta de la suerte tengo que depender si soy un idiota. Por poco caemos en las garras de Shredder, y todo por mi culpa.

¡¿Cómo pude ser tan descuidado?! ¡Fuimos derechito a una trampa!

- Leo se hubiera dado cuenta que era una trampa con ese endemoniado "sentido arácnido" que tiene y que le avisa del peligro, si a los pocos minutos de venir para acá me marcó a mi celular. Ya sabía que algo nos había pasado. -

Apenas había conducido un par de calles, cuando sonó mi celular. Entre los nervios, el estrés y lo mareado, lo saque y vi en el identificador de llamadas que era él. Contesté, pero no deje que dijera una sola palabra.

- Ya vamos para allá. Más te vale que no te vea. ¿Entendido? -

Y colgué.

Después de que casi chocamos cinco veces, llegamos a la vieja bodega y enseguida revise a Mikey y a Doni. Estaban fríos. Fue por el baño gratis que nos dieron en el restaurante. 'De volada' les quite todo lo mojado que traían encima y yo también, y a trompicones y tropezones, fui por unas toallas, los sequé, me seque, los lleve a cada uno a su cama y los envolví entre todas las frazadas que tuve a la mano, y les puse un parche donde se les clavó la hipodérmica, después de desinfectar, claro. Iba del cuarto de Doni al cuarto de Mikey, y del cuarto de Mikey al cuarto de Doni; iba y venía revisando que su temperatura subiera a la temperatura normal. Iba y venía, iba y venía hasta que empecé a sentir nauseas y dolor de cabeza que a lo mejor eran por el sedante que todavía lo tenía en mi cuerpo, pero no me importó. No supe qué otra cosa podía hacer que no fuera ir corriendo a despertar a Sensei; lo bueno que a los pocos minutos, Mikey y Doni ya estaban bien.

Después de eso, todavía fui a verlos un par de veces antes de tirarme en mi hamaca y tratar de dormir.

Eso fue hace una eternidad.

- Ahora hay que estar al pendiente de que no les vaya a dar un resfriado, o mejor dicho, que no nos vaya a dar un resfriado. -

Será mucho más pesado para Sensei cuidar de cuatro escuincles enfermos.

- Y todo porque fui un estúpido. -

Me levantaría de mi hamaca para golpear la pared hasta romperla o hasta que mis puños sangraran, lo que pasara primero, pero estoy muy muy cansado.

- Estoy bien molido, pero no puedo dormir. –

Me levanto, y arrastrando los pies, voy a buscar algo que me ayude a conciliar el sueño, aunque sean pastillas, o un sedante, para variar. Quiero descansar mi lindo cuerpecito para poder recibir de buena manera mi castigo por haber expuesto a mis hermanos de esa manera tan irresponsable.

Voy caminando por el pasillo, pensando en el sin fin de castigos que me va a poner Sensei y que en todo momento del interminable sermón debo ser humilde, humilde no de agachar la cabeza, sino humilde de aceptar que la 'regué'… cuando oigo un quejido. Viene del cuarto de Doni. Voy cuanto antes.

Enciendo la luz y me siento en su cama.

Se retuerce como si estuviera siendo torturado.

- Tiene una pesadilla. -

El somnífero debió perder su efecto desde hace un rato; ahora Doni está soñando.

- Doni… – con una mano tomo su cabeza y con la otra le doy unas palmaditas en el cachete – despierta. Sólo es un sueño. Vamos, despierta. –

Doni deja de retorcerse, y poco a poco, abre los ojos, pero su respiración sigue acelerada.

- ¿Rafa? –

- Sí, soy yo. Estamos en casa. Estás a salvo, bro. -

- ¿Qué… sucedió? –

- De todo, pero ya estás a salvo. –

Mira a los alrededores y se da cuenta de que no estoy diciéndole ninguna mentirilla piadosa. Su respiración se calma un poco.

- Y tú, ¿estás bien? -

- Con el orgullo hecho papilla, pero bien. –

- No fue tu culpa. –

- Descansa. Al rato podrás reclamarme todo lo que quieras. -

- Como digas, pero dormir, no creo poder hacerlo. –

- Dime dónde están las pastillas para dormir, que yo también necesita una, o tres, porque ese capuchino que me tomé estaba bueno pero me ha asustado el sueño 'cañón'. –

- El frasco está en el botiquín del baño, pero no es lo mismo inducir el sueño con una pastilla a conciliar el sueño con naturalidad, aunque dormir por uno mismo tampoco es tan reparador. -

- ¿Por qué lo dices? –

- No lo sé con exactitud, pero coinciden perfectamente las noches que no he dormido bien, a pesar de acostarme sin haber bebido café, con las noches en las que Leo ha estado enfermo. –

No entendí; será por lo cansado que estoy, o es que Doni desvaría por efectos secundarios del sedante, aparte de las nauseas y del dolor de cabeza.

- Cierra los ojos y haz respiraciones. Trata de relajarte en lo que voy por la pastilla. –

Doni me hace caso: cierra los ojos y comienza con las respiraciones que nos sabemos desde niños para calmar un corazón agitado.

Me voy a buscar las pastillas, pero me quedo a mitad del cuarto de Doni, pensando en lo que él acaba de decir: Las noches que no ha dormido bien son las noches en las que Leo ha estado enfermo.

Haciendo cuentas… esta sería la tercer noche que Leo no ha salido de su cuarto; sería la tercer noche que Leo no ha ido a vernos después de que ya estamos bien dormidos, porque de sobra sé que eso hace todas las noches, ¿y qué hace Leo yendo a nuestros cuartos aparte de ver que estemos roncando?

- Ay… no… -

¡Nononononononono! ¡No puede ser! ¡Tiene que ser la broma! ¡Tiene que ser una broma!... No es una broma no… ¡Es una horrenda pesadilla!

¡Me pellizco mi cachete con ganas y…!

¡Duele! ¡No es una pesadilla!

Mi cachete retumba de dolor, pero eso no me ayuda a quitarme de la cabeza de que esto tiene que ser una horrenda pesadilla.

La vocecita de mi conciencia la oigo más clara que nunca.

Recuerda Rafa, se humilde, y reconoce que no tienes la misma facilidad que tiene Leo para expresar cariño con sus hermanos

Vuelvo a la cama de Doni y me siento.

Doni no puede relajar su respiración, y cómo, si se llevó un buen susto. Seguro pensó que moriría porque Leo no estaba, sólo estaba el patético Rafael.

- Y Leo no puede venir para confortarte, Doni, sólo estoy yo. Lo siento. –

Acaricio su cabeza con toda la ternura que pueden expresar estas torpes manos mías, me inclino, y con cuidado, beso su frente.

Me enderezo, y miro a Doni con más nervios que los que sentí cuando fuimos emboscados quesque cuidando ese carísimo helado de chocolate.

Lentamente, su cara se relaja, y su respiración igual. En un santiamén, se queda dormido.

Lo cubro bien con las frazadas y apago las luces.

Debo ver a Mikey también.

Lo hallo teniendo una pesadilla; está 'hecho bolita' y temblando. Lo despierto, y como ya sé qué hacer, me es más fácil calmarlo, pero no me deja porque está muy ansioso por saber qué ocurrió con el helado de chocolate más caro del mundo, pero me impongo y le digo que debe dormir, que ya lo sabrá en las noticias.

Se acomoda lo mejor que puede, pero no cierra los ojos, se me queda mirando.

- Sabía que no dejarías que nos hicieran sopa de tortuga. –

Wow… Eso… Eso no me lo esperaba, que Mikey de verdad confiara en mí.

Sonrío agradecido por la confianza, y sin pensarlo siquiera, como siempre lo hago, actuar sin pensar, le planto un beso en su frente.

- Descansa. –

Mikey ahora se me queda viendo con tremendos ojotes, pero luego me sonríe, y por fin se decide a dormir.

Me quedo con él hasta que su respiración es calmada y pausada.

Como yo también me muero de sueño, voy al baño a buscar las pastillas, pero cuando paso por el cuarto de Leo, me olvido de las pastillas. Me quedo mirando su cuarto, pensando en si debería o no ir a ver cómo está.

Me decido por entrar a verlo.

- Total, estoy supervisando. –

Entro al cuarto de Leo pasando por todas las cortinas que puso Doni para impedir que el virus de la influenza se propague por la casa, y ya que paso el primer obstáculo, me acerco a su cama. Está durmiendo boca arriba y con la cabeza ladeada. Se ve bastante repuesto gracias a estos días que se la ha pasado descansando. Duerme tan tranquilamente como un angelito.

- Bien por ti, Leo. – digo en voz baja.

Me siento en una silla que está junto a su cama.

- En cambio yo, 'ando por la calle de la amargura'. – apoyo los brazos y la cabeza en la orilla de la cama – Ese Doni toma café bien cargado. Me late que voy a quedarme despierto por toda una semana. –

Pero recargado en la cama, con el cuello torcido y mirando el tranquilo rostro de Leo… una sensación de paz me embarga y ayuda a que mis parpados se me vayan cerrando… Me resisto, trato de mantener los ojos abiertos. Si me quedo dormido ahí, junto a él, sería admitir que lo he extrañado, y… para que digo que no si sí, pero no quiero admitir que lo he extrañado estos días que ni lo hemos podido ver, no teniéndolo enfrente.

Se humilde Rafael

Creo oír a mi conciencia, en sueños, porque mis ojos ya se me cerraron; después, siento una agradable caricia en mi cabeza.

Hago un último esfuerzo… apenas si abro mis ojos… Veo unos ojos color café claro y una sonrisa.

Antes de poder evitarlo, mis parpados caen como dos pesadas cortinas de metal… pero un último pensamiento se incrusta en mi cabeza.

Está despierto.

Leo está despierto porque no ha confiado en ti, no ha confiado para nada en que tú podrías tener a salvo a la familia.

¡Me enderezo de golpe!

Creo que he asustado a Leo por la cara que ha puesto.

- Estás despierto… - el cansancio se va porque me invade la furia - ¡Estás despierto! ¡¿Por qué carajos estás despierto?! –

¡Me levanto de la silla para agarrarlo y sacudirlo exigiéndole que me responda…!

… pero un mareo hace que se me nuble todo...

Sin saber cómo, vuelvo a sentarme en la silla, y cuando se me pasa el mareo y veo todo claro, me doy cuenta que Leo me sostiene.

Sentado yo en la silla y él de pie frente a mí, me siento débil y pequeño, y no me agrada esa sensación. Lo aparto. Pienso decirle algunas cosas, pero ahora el brazo en el que se me clavó la hipodérmica empieza a dolerme, y no es para menos con tremenda agujota.

Me agarro mi pobre brazo adolorido… ¡Me duele todo el brazo!

En un instante, Leo enciende las luces, va y viene con un botiquín, lo deja sobre su cama, quita mi mano de mi brazo, y empieza a curarme el pinchazo.

Aprieto los ojos esperando que me vaya a arder, pero no me arde; miro, y Leo está usando uno de ese medicamento que no arde al aplicarlo en la herida. Dejo que Leo haga su trabajo. Termina y regresa el botiquín de donde lo tomó. Después me da un vaso de agua y una pastilla, supongo que para el dolor, pero no le pregunto para qué es. Los acepto. Me trago el agua y la pastilla y le devuelvo el vaso vacío.

- G… Gracias. -

Me fijo en Leo para ver su reacción, pero sólo asiente tranquilamente y deja el vaso en su lugar. Vuelve y se mete a su cama, se recuesta, y se queda mirando el techo.

Ahora viene el incomodo silencio, pero lo aprovecho para pensar…

Leo confía en mí, sino, con gripe y todo, nos hubiera ido a buscar; y si está despierto es porque, con todo y gripe, no deja de ser Mamá Tortuga.

Es curioso lo fácil que es pensar cuando no estoy queriendo repartir guamazos a diestra y siniestra.

- Lamento haberte gritado. –

Leo no se sorprende por lo que le digo. Vuelve a asentir.

Debo reconocer que es muy sensato de su parte. Los otros no han dejado de mirarme raro cuando digo "gracias" y "por favor", como si yo no fuera capaz de decir gracias o pedir disculpas o ser un buen líder… lo que me recuerda…

- Tienes muy consentidos a Mikey y a Doni. No pueden conciliar el sueño sin el besito de las buenas noches. –

Voltea a verme.

- Lo siento. –

Se le oye un poco ronco.

- ¿Cómo se te ocurrió acostumbrarlos a algo así? –

- Fue después de que papá dejo de desearnos buenas noches con un beso en la frente. Esa primera noche que dejó de hacerlo, Mikey y Doni no pudieron dormir, ni las siguientes. –

- Ya recuerdo. –

Creo que teníamos siete o nueve. Sensei dijo algo sobre fortalecer el carácter porque somos ninja y que tenía que dejar de tratarnos como niños, aunque para entonces, Doni y yo ya nos enfocábamos en construir vehículos con motor, mientras el otro hermano no dejaba de ver caricaturas (hasta la fecha), pero aunque yo ya me sentía grande, sentí gacho que Sensei dejara de plantarnos un beso en la frente; fue como si... ya no nos quisiera.

- Doni y Mikey no dormían bien, - Leo sigue - y en el día se quedaban dormidos cuando comíamos o durante las prácticas. -

Igual yo.

- Fue en una noche que pensé que tal vez se debía a eso, a que Sensei ya no nos arropaba por las noches. Yo lo intenté, y funcionó. –

- Vaya que sí, - también recuerdo eso; por varias noches no pude dormir, y de repente, volví a conciliar el sueño sin problemas, pero no descubrí el pequeño secreto de Leo hasta hace poco - pero sigues haciéndolo. –

- S… Sí. – Leo se incomoda, pero quién le manda seguir tratándonos como niños.

Sigue haciéndolo…

Espera…

Leo se dio cuenta cuando ya no hubo besitos de las buenas noches de Sensei, y él hizo algo para remediarlo, fue lo mismo cuando aprendió cómo curar raspones por esas veces que Sensei no estaba; no estando Sensei, a nosotros nos daba por salir sin su permiso, y nunca faltaba que en esas excursiones alguien se hiciera uno o dos raspones; o cuando Sensei tardaba en regresar y nosotros moríamos de hambre, él aprendió a hacernos de comer… Aun siendo un niño, Leo hacía esto y mucho más para nosotros y por nosotros, sus hermanos, incluso hoy ya que somos grandes: alienta a Doni con el entrenamiento porque es el que más le cuesta; anima a Mikey a escribir sus locas historias; y me echa porras a mí con la fastidiosa meditación para me ayude a controlar mi pésimo mal humor.

Leo siempre ha sido así.

Siempre.

Creo recordar un párrafo de los que traduje:

Si tus acciones inspiran a otros

a soñar más,

a aprender más,

a hacer más,

y convertirse a más,

eres un líder.

Ahora 'caigo': Yo, de niño, me preocupaba más por ser el más fuerte, mientras que Leo practicaba mucho, también se daba su tiempo para cuidar de los demás.

Esa es la respuesta que Sensei me dijo que tenía que hallar por mí mismo. Para elegir a un líder, Sensei buscaba, no una buena técnica, sino un buen corazón, por eso no fui escogido para ser el líder, no en ese momento, porque no estaba listo.

Y hoy ya me preocupo por mis hermanos, pero… ¿estaré listo?

No estoy seguro, pero ya que estamos, quiero aclarar unos detalles con mi líder, después de todo, debe estar enterado de lo que ha pasado en su ausencia.

- Creo que deberías ser más duro con ellos, Leo, con Doni y Mikey. Ahora que he estado yo al frente, me he topado con que hacen lo que quieren cuando quieren: Mikey limpia su cuarto un rato sí un rato no, un rato sí y un rato no; Doni toma café a toda hora y por eso en la noche tiene insomnio; Mikey puede dejar su tiradero en la sala o donde sea y no lo recoge luego luego; Doni tiene deberes domésticos pero los deja para después porque tiene que enfocarse en sus armatostes que hace. -

- Eso se llama "Flexibilidad", Rafa. Yo no puedo ser tan duro e ignorar las necesidades de los demás. -

- Claro que puedes. Primero están las obligaciones, después está la diversión. Yo 'se las he aplicado' y me ha funcionado. –

Leo me mira como si no supiera como "matar" mi argumento que es muy válido…

- Yo he sido flexible contigo. -

… pero me responde el muy canijo.

- Eee… -

Buen punto.

- Aunque, tal vez, tenga que re-definir mi papel de líder. -

- Un equilibrio. Eso es lo que hace falta. –

Leo sonríe. Ojala sea porque pude pensar en una buena respuesta.

- Ser un líder no tan riguroso. – dice él.

- Y un líder no tan alivianado. – digo yo.

Me da gusto que hayamos coincidido en algo y que esto no haya terminado en una pelea, y sonrío, pero mi floja sonrisa no se compara con la sonrisota de Leo. No me va a decir que me faltó cantarles una canción de cuna a Mikey y a Doni, ¿verdad?

- ¿Qué? – le pregunto para estar seguro.

- Nada. –

- No Leo, tú 'te traes algo'. -

- Bueno… - se le van cerrando los ojos – Me gustaría decirte… pero Sensei ya hablará… contigo. –

Ya lo sabía. Santa regañada que me espera.

Debe ser porque está enfermo... A Leo ya le está ganando el sueño, así que me levanto de la silla para dejarlo descansar.

Ha valido la pena la desvelada, aunque ya que no podré dormir, no por el alto contenido de cafeína que circula todavía en mis venas, sino por la tensión de esperar a oír lo que tenga que decirme Sensei.

Cuando pienso en irme, Leo toma mi mano, sin mucha fuerza.

- Tranquilo. Lo importante, es que los trajiste de regreso a casa. -

Apenas si oigo su susurro, pero es suficiente para mí.

Yo aprieto un poco más su mano entre la mía.

Su sonrisa se le va borrando de la cara, sus ojos se le cierran, y se pierde en el mundo de los sueños.

Pongo su mano bajo las frazadas, lo cobijo bien, me inclino…

- Oyasumi nasai, niisan [Buenas noches, hermano mayor]. -

… y le doy el besito de las buenas noches.

Ya que todos estás durmiendo, menos yo, puedo aprovechar y terminar de traducir cierto texto que sí me ha servido su sabiduría milenaria después de todo, pero veo luz en la habitación de Sensei. Voy para allá.

- "Al mal paso, darle prisa." –

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Este fic ya se acabó. Muchas gracias por todos los reviews. El epilogo ya está arriba.

n.n