DISCLAIMER: NINGUNO DE LOS PRÓXIMOS PERSONAJES ME PERTENECEN. ESTO ES UN CROSSOVER DE FROZEN Y RISE OF THE GUARDIANS, DIFERENTES A LA HISTORIA ORIGINAL.
Capítulo dos: El hombre de la Luna
El viento parecía arrancarle la piel de la cara. Cada vez que luchaba en su contra, él parecía desenvainar una espada más filosa que la anterior para golpearle los fauces. Luchó contra el fuente viento con su propio hielo, más su oponente era más fuerte. Como jamás lo había visto.
Era la primera vez que una nevada no seguía sus órdenes.
A veces el hielo parecía calmarse- tan pacífico que parecía una fantasía recordar la tormenta- y luego reaparecía más mortal que nunca. Cada segundo se alargaba y, por primera vez en su vida como espíritu, sintió frío. Como lo había supuesto, los habitantes de Arandelle se habían reunido en el castillo, se aglomeraron y buscaron calor bajo la protección de la enorme chimenea de la sala de eventos. Algunos aldeanos prefirieron estar en sus casas, aunque sus razones eran porque sencillamente la nieve no les permitía escapar de ellas.
Si el hielo y nieve no se detenían pronto, era solo cuestión de tiempo para que alguien muriera.
Jack sacudió su bastón, mandó al viento en dirección a las puertas de las casas bloqueadas por nieve y apartó la espesura blanca. Hizo esto mismo en cuantos hogares pudo ver, trató de derretir el hielo de varias ventanas y péntanos afilados amenazadores, con poco éxito. La fuerza de la tormenta comenzaba a disminuir para cuando lo alcanzó la noche.
Estaba en las montañas, siguiendo los murmuros de los aldeanos que hablaban de la princesa Anna, cuyo caballo había regresado sin nadie que le montase, dejando ahora a una princesa y reina desaparecidas.
No le costó encontrar a la princesa Anna, lo atravesó a toda velocidad en un trineo, junto a un hombre rubio y un asno. La siguió de cerca. Si alguien debía saber sobre el origen de la tormenta sería la realeza.
-Como te iba diciendo, - le contaba al rubio en el trineo, Jack volaba junto a ella, invisible a sus ojos- si logro hablar con mi hermana, conseguiremos encontrar la forma de ponerle fin a este invierno. -
El hombre rubio a su lado la miró con ironía. Titiritaba a través de su abrigo.
-Me dices que mi trabajo y el destino del reino dependen de que hables con tu hermana? Lo siento, pero explícame qué fue lo que sucedió exactamente. -
La tal princesa Anna le relató una serie de sucesos, cada uno peor narrado que el otro y a veces demasiado absurdos. En el momento que mencionó haber conocido a su 'verdadero amor' en una noche, y que planeaba desposarlo en cuanto acabara el invierno, Jack supo que era una boba. Eso, y que al parecer su hermana tenía algo que ver con el invierno repentino. No necesitó reunir más información de la princesa Anna.
La montaña más alta de Arandelle, Aranttain. Ahí se había ido a refugiar la reina, según el rubio había comentado. Él mismo alegó haberla visto subir, dejando un trazo de hielo con cada paso que daba.
"Dejaba un trazo de hielo a su paso?" se preguntó Jack "Será quizás una maldición? ".
Jack sacudió su bastón de nuevo y se elevó en el aire. Voló a toda velocidad hacia Aranttain, sin mirar atrás. Al menos hasta que una repentina escarcha de nieve lo sorprendió a medio camino.
Caía en gotitas, apenas si formaban un copo de nieve. Pequeñas estrellas incompletas de hielo bajaban del cielo, caían en el cabello blanco de Jack y humedecían ligeramente su cuerpo. Frost tuvo que detenerse. La nieve estaba demasiado liviana y delgada para ser natural. Le produjo una extraña sensación de calma contemplar el blanco descender.
El joven divisó un copo, más grande que el resto, hermoso. Una hermosa figura en forma de estrella de hielo completa. Como las que él mismo hacía, probablemente la razón por la que le llamó tanto la atención; el joven elevó una mano a la altura de su hombro calculando la zona de caída de la estrella.
Bajó despacio, suave, ligero como una pluma. Los ojos de Jack no perdieron al copo de vista ni por un segundo. Cayó despacio, con elegancia. Al momento de derretirse contra un inesperado calor en la piel de su palma, un millón de voces entraron en su cabeza.
Jack pegó un brinco y se sacudió la mano en la que el copo se había derretido, sin conseguir alejar las voces que entraron con él. Una oscuridad, más negra que la misma noche apareció por las comisuras de sus ojos, gritó con todas sus fuerzas el momento en que se quedó ciego. Aunque, fue tan solo un instante. Al otro unas imágenes desconocidas le llenaban los ojos. Distintos paisajes, distintas personas, se le mostraba a toda velocidad sin darle chance a entender lo que ocurría en los distintos escenarios. Los labios de los desconocidos se movían al mismo tiempo que las voces sonaban en su cabeza.
Era demasiado por ver. Incluso su olfato se mezcló con lo que observaba. La figura de una niña pequeña, con pecas y colitas que le amarraban el corto cabello, eran las más frecuentes. Podía escuchar su risa, sus lágrimas y sus gritos. Al siguiente segundo dos adultos lo miraban enternecedoramente, para luego mirarlo con pena. La niña lo abrazaba, la niña lo llamaba. Lloró miles de veces, más él nunca la atendió. Sentía que no debía.
Fue entonces cuando habló, incluso si no deseaba hablar. Su propia voz había dejado de ser suya, pues la que escuchaba era otra, completamente ajena a la propia. Dijo muchas cosas, dijo pocas cosas. Su voz recorría cada rincón de su cerebro, que le negaba reconocer esa voz como suya. El caos reinaba en todo su ser, como si su identidad y su cuerpo estuviesen a punto de ser robados.
Habría intentado golpearse en ese instante si no la hubiera escuchado.
Una voz, la misma que hablaba por él y era ajena a la suya, entonó unas escasas palabras. Tan cortas. ... Más podía escucharlas. Resaltaba entre todo el mar de recuerdos y personas que se desvanecían sin previo aviso. Esas mismas palabras se desvanecieron de sus labios, pero tal como la tinta en un papel, se grabaron en sus adentros.
La voz de una mujer llena de su sufrimiento todavía hacía eco en su interior.
-Por favor. Déjenme sola. -
Las puertas del castillo estaban abiertas. Claro, ya no había motivo para mantenerlas cerradas después de todo, el secreto de la reina había sido revelado y el pueblo la había aceptado. Oh, se aseguraría de agradecerle a sus difuntos padres por haber gobernado tan democráticamente, generando a la vez un pueblo comprensivo.
La plaza del castillo estaba llena de mujeres, hombres y niños en patines de hielo, trineos y asnos, disfrutando del hielo que la reina había creado para ellos. El pueblo estaba igual de activo. Los bardos de pueblos vecinos tomaron la ruta hacia Arandelle, cantaban en su honor la historia de la reina Elsa, a quien los dioses le otorgaron el reino de la nieve y, que con su fortaleza y el amor de su hermana, consiguió expulsar a los villanos.
-Todo por la Reina Elsa!-
-Ella nos ha salvado! -
-Larga vida a la Reina Elsa!- -Y la princesa Anna!-
Cantaron su historia hasta la noche, para luego abarrotarse de bailes y comida en el festín de la Reina. Elsa escuchó sus canciones con una sonrisa en el rostro, más sentía que algo importante faltaba en ellas y no importaba cuanto lo intentara, no podía recordar lo que era.
Un niño tomó un puñado de nieve del suelo del comedor real que la reina había creado para aliviar el calor creciente, lo lanzó al aire e intentó atraparlo de nuevo con las manos. Elsa lo miró, inconscientemente aterrada. Sentía un dejavú, un dolor en el pecho y la cabeza, su cuerpo entero parecía gritarle: Mira! Lo que buscas está en frente tuyo! Míralo!
Elsa buscó y buscó en su memoria, tal vez se trataba de un recuerdo con Anna pero, esos seguían intactos. Eso seguía en su corazón y nunca lo había olvidado, más lo que había hecho el niño lo había hecho tambien alguien más. Alguien a quien ella no podía recordar y eso la lastimaba. Qué podía ser tan importante como para que ella sufriera por ello sin poder recordarlo?
El esfuerzo mental le hizo debilitarse, así que se sentó en el trono de la reina, se frotó las sienes y mandó a llamar a su hermana. Anna fue a su lado enseguida, la preocupación denotada en sus ojos.
-Elsa!- le llamó una vez cerca- Elsa, estás bien? Te ves pálida, sucedió algo? -
La reina sonrió para calmarla, tomó su mano dulcemente y la acercó a ella para hablarle sin ser escuchada por sus invitados.
-Todo está bien- le susurró- estoy algo cansada por todo lo que ha pasado en estos dos días. Voy a regresar a mis habitaciones y descansar por hoy, podrías despedirme de los caballeros y atenderlos? -
-Lo que quieras, hermana. Yo los atenderé, tú vete a dormir- Su hermana menor parecía más relajada al ver que solo se trataba del cansancio. Mandó a un mayordomo a acompañarla a su recámara mientras ella se ocupaba del resto. Elsa llegó a sus habitaciones con el pecho saltando. La cabeza le daba vueltas por sus esfuerzos por hacer memoria, más pudo disimularlo del mayordomo quien se alejó sin la menor sospecha. Elsa decidió relajarse lo más posible, si la tensión de sus músculos desaparecía, le sería más sencillo recordar. Se dio un baño, cambió sus ropas y salió al balcón de su alcoba a respirar del aire fresco de una noche de verano.
Entonces se concentró. Pensó en lo que había estado haciendo esos últimos días, además de huir y dejar su poder exponerse en su mayor forma. Había hecho un castillo de hielo, guardianes de nieve, había corrido por la montaña y observado el atardecer y había hablado con... había hablado con. ...
Recordaba haber tenido conversaciones, batallas, peleas tontas. Se recordaba frustrada con algo, riendo con algo, burlándose de algo, hablando con... algo. Se concentró en esos destellos de memorias, una y otra vez trató de recapitular esos sucesos, revivirlos y aclarar la nube que difuminaba la persona con la que compartía esos momentos. Lo intentó hasta que las lágrimas cayeron pero, era tan difícil como tratar de recordar un sueño. Incluso parecía que si lo intentaba con fuerza el recuerdo se desvanecía un poco más. Elsa llegó a preguntarse si eso habría sido obra de su imaginación, quizá había caído en u poco de locura debido a la ansiedad y el miedo y acabó hablando sola.
No. Era algo más. Elsa lo presentía, lo sabía. Su corazón no podía mentirle de esa forma. Pero no podía recordarlo y estaba harta.
Elsa llevó su vista hacia la luna en el cielo. Brillaba como nunca la había visto brillar, en un cielo completamente despejado, un cielo estrellado. Se sentía sola de nuevo, tal como la luna sobre el reino que la había acompañado todos esos años de isolación. Acaso todo volvería a ser como antes? Incluso si todo el reino la aceptaba y su hermana podía jugar con ella de nuevo, Elsa sentía que se le había arrebatado algo importante. Quizás lo más hermoso que pudo haber tenido en su vida, y no había ningún rostro con que pudiera identificarlo.
-Por favor. ..- suplicó, su rostro estaba lleno de lágrimas que no se enteró haber derramado, sus manos temblaban y su voz empezaba a quebrarse. Quería suplicarle a la luna, aunque no entendía porqué. Jamás le había pedido nada a la luna- Por favor. .. devuélveme lo que perdí. -
La luna no se movió ni hizo ademán de haberla escuchado, como supuso. Seguía en el mismo lugar en el cielo, llena y blanca. Su color tan nostálgico como la nieve que el niño había lanzado a los aires. Elsa mantenía esta vaga esperanza de que le respondería, le diría algo. La ayudaría. Una sensación que había aparecido sin que ella misma entendiera la razón.
-Devuélmelo. ..-
Ni siquiera el viento le respondió. Silencio. Los murmullos en el castillo como su única compañía. El lago que reflejaba a la luna. Nada más.
Elsa cayó sobre sus rodillas. Ocultó su rostro en ellas y lloró ruidosamente. Nadie más la escucharía en medio de la música y risas del palacio. Lloró sin pausas, lloró sin comprender del todo porqué lloraba. Sus sollozos parecían casi inhumanos. Era ella, y solo ella, una vez más. No sabía qué había perdido, no sabía cómo recuperarlo. No sabía nada.
Sus sollozos estaban desvaneciendo, más por el sueño que por falta de dolor. Y si lo olvidaba todo por completo, incluso la sensación de haber perdido, cuando despertara?
Elsa no quería dormir. Las lágrimas parecieron aumentar ante ese pensamiento. El duro suelo le enfriaba las mejillas. En qué momento se había dejado caer en el suelo?
Sus sollozos estaban por volverse murmullos cuando lo escuchó. Fue tan leve que apenas reconoció el sonido. Elsa se apoyó en sus brazos y observó a su alrededor, los ojos rojos de tanto llorar. Miró a todas partes, buscando el origen de aquella voz. No había nadie cercano. Como un murmuro apenas audible, Elsa volvió a escucharlo. Algo estaba hablando. Se levantó del suelo y se asomó a la orilla del balcón
-Hola?- preguntó- Hay alguien ahí? -
No hubo ruido alguno. Lo escuchó de nuevo. No provenía de ninguna dirección, no parecía provenir de ninguna parte, más ella estaba segura, algo le estaba hablando.
No había manera de describirlo. La voz no tenía ningún sonido, ninguna voz, ninguna forma. Era un murmullo de miles de voces que pertenecían a una sola. Era su voz, y a la vez no lo era.
Miró detrás suyo, algo asustada. No había nada. Lo escuchó de nuevo. Miró delante. Nada. Lo escuchó de nuevo. Miro abajo y de nuevo nada. La voz siguió murmurando.
Entonces Elsa miró hacia arriba, hacia el cielo, y la vio. En ese momento supo lo que produjo la voz.
La Luna le estaba hablando.
Bueno, espero que les haya agradado! Me sorprendió tener dos reviews a pesar se no haber promocionado la historia jajajaja se los agradezco muchísimo.
Y supongo que ya lo habrán notado, pero igual lo recalcaré: hay muchos 'Time skip' o 'aadelanto de tiempo' a lo largo de la historia. No se sorprendan, es posible que así sea toda la historia. Yo sé que sus mentes brillantes podrán unir todo esto luego.
Y no se preocupen! pronto Elsa y Jack se encontrarán :)
gracias a Jess Gates la vladislaa sensual por su review! gracias a su Hotmail por avisarle que he escrito un jelsa lol
y gracias a escudodeplata por él apoyo en el mero primer capítulo! Espero que esta historia te cautive y te tente a seguir leyendo~!
No se olviden de dejar review :)
