Disculpen la tardanza! De pronto escribí más aunque mi teléfono entró en la etapa 'me descargo a los 5minutos' jaja

gracias a jess Gates la sensualona y a escudodeplata por sus reviews. Espero que disfruten este capítulo ;)

DISCLAIMER: NI FROZEN NI RISE OF THE GUARDIANS ME PERTENECE. ESTO ES UN MERO CROSSOVER.


Capítulo 3: La sombra de una estrella

Formó una fortaleza impenetrable. En el momento que pisó el frío suelo de la montaña supo que no habría mejor lugar para una chica solitaria como ella que ese lugar, olvidado incluso por el viento. Hacía más de 50 años que ningún hombre ponía pie en ella, desde que los rumores de una maldición se esparcieron. Claro que, había empezado para evitar que lo niños jugaran en ella, más había acabado siendo una leyenda tan popular que llegó a oídos de la antigua reina.

Si alguien iba tras ella, en especial su hermana, tendría que enfrentarse a columnas empinadas de nieve, y caídas de miles de metros hacia el vacío.

Sonrió complacida al observar su fortaleza: un castillo inmenso de hielo. Tan fino, transparente y frío que casi podía ver su alma reflejada. Elsa había formado su castillo de soledad sin siquiera pestañear. ¿Había sido siempre tan hermoso su poder? ¿Por qué hasta ese momento lo había notado?

-Porque tenías miedo. - se respondió a sí misma- porque no querías verlo. Tenías miedo de tí y de herir a los demás. -

《Pero ahora estás a salvo》pensó. 《Ahora nadie se te acercará, así que nadie resultará lastimado》

Elsa sonrió dulcemente, con calma y animada.

-Todo estará bien-

-¿Todo estará bien para quién? - preguntó una voz brusca, de hombre.

La voz desconocida surgió a sus espaldas, Elsa se giró sobresaltada mientras un escalofrío le recorría el cuerpo entero. No había nadie detrás suyo, absolutamente nadie. Solo la ventana y un balcón de hielo que ella misma había formado más un silencio espectral. La voz todavía hacia eco en el castillo.

-¡¿Quién anda ahí?!- preguntó, giraba su cabeza a todas partes, tratando de hallar al interlocutor. Una sombra pasó rápida por encima de su cabeza, y llegó al salón de al lado. Elsa no pudo diferenciar su forma, pero definitivamente había alguien en ese lugar. -¡Hey! - la sombra no se detuvo, y era tan rápida que apenas podía distinguirla en el blanquecino castillo.

La sombra pasó volando a la altura del techo sobre su cabeza, esta vez la reina pudo distinguir la forma de un hombre, más no tuvo tiempo para distinguir su rostro. -¡Detente!- ordenó. El chico se detuvo detrás de una columna de hielo, en su parte más alta, donde no podría ver su rostro.

-¿Realmente crees que esta decisión es la correcta? - entonó el chico, su voz le daba el aire de estar en su adolescencia- ¿En verdad te lo crees?- Elsa lanzó aire frío a sus espaldas para impulsarse hacia la columna donde estaba el chico. Llegó deslizada en el hielo y con el ceño fruncido. -Por supuesto que sí. Baja de ahí ahora mismo. -

El muchacho tenía unos pantalones doblados hasta la rodilla, usaba una sueta azul que cubría su rostro con un gorro y tenía en su mano un bastón de madera. Estaba sentado plácidamente en la columna, mirándola desde arriba sin permitirle ver su cara, más podía sentir una sonrisa en sus cabales dirigida hacia ella.

El muchacho bufó. -Vamos, alteza. ... Sé bien que tú no piensas de ese modo.-

-¿Y tú qué sabes? ¡Tú no me conoces! ¿Cómo podrías saberlo?- replicó llena de ira. ¿Qué hacía un chico como aquel hablándole como si supiera todo lo que ha pasado y la conociera? Ella no iba a aguantar que le hablasen de ese modo.

El muchacho dio un pequeño salto que lo dejó de cuclillas sobre la columna, bajó un poco su rostro y, le mostró una sonrisa perfecta.

-Sé mucho sobre ti- tomó su bastón y empezó a dibujar patrones sobre la columna- Te llamas Elsa, y eres la reina de Arandelle. Tienes 18 años, tienes una hermana y eres una ermitaña. - después de dejar un dibujo de un copo de nieve sobre la columna, se levantó y caminó sobre esta- y además. ... tienes poder sobre el hielo. -

Elsa lo miró molesta. Ni siquiera parecía sorprendida de que alguien fuera del castillo supiera eso, considerando que había ocurrido la noche anterior. -Eso lo sabe todo el mundo. ¡Ya baja de ahí! - lo único que verdaderamente se cuestionaba, era el método que usó el chico para llegar hasta ahí arriba.

La reina elevó sus manos a altura de sus hombros. Un rayo de hielo llegó a dar a los pies del chico, el hielo retumbó, convirtiendo la columna en un tobogán que culminaba al lado de ella. -¡Ahh! - el muchacho resbaló y empezó a caer en el tobogán más, a medio camino, golpeó el hielo con su bastón y se dio un impulso hacia adelante que lo llevó a dar a la columna del otro lado de la sala. -Eso fue peligroso, mi reina-

Elsa lo miró atónita y boquiabierta. Un salto como aquel era imposible. Sabía que era extraño, ningún humano podía ser tan veloz como un ave y volar de ese modo, y menos aún dar un salto como ese mientras resbalas en el hielo. ¡Había cruzado el salón entero de un mero salto!

-Tú. ..¿Quién. ... eres?- no sabía que estuvo conteniendo el aliento hasta que se escuchó hablar.

Giró sobre sus tobillos para encararla. -No habrás escuchado de mí, estoy seguro. -

Al principio, la reina se mantuvo en un trance, producto de la sorpresa que acababa de ver; después, Elsa lanzó hielo en su dirección de nuevo, con la intención de hacerlo resbalar y atraparlo antes de que tocara el suelo. Él no parecía tener ni la más mínima intención de bajar de la columna, así que ella lo obligaría a hacerlo.

Ante sus propios ojos, el chico movió su bastón una, dos, tres veces, golpeó el hielo que ella misma le había lanzado y lo hizo desaparecer, o mejor dicho, lo transformó en miles de copos de nieve. El chico reía, parecía divertirse, más Elsa no le encontraba ni una pizca de diversión al asunto.

Ella lanzó más hielo, el más fuerte que podía generar. Lo lanzó tantas veces que perdió la cuenta. Ni siquiera entendía porqué lo lanzaba, solo quería que él bajara y de pronto se halló frustrada consigo misma. Frustrada con sus poderes, con sus difuntos padres, con su hermana, con el castillo, con todo el mundo.

Él bloqueó sus ataques con destreza, casi como si bailara. Se movía como si fuera el viento mismo, evadiendo cada ataque y transformándolo en copos. Al final, cuando ella se desesperó por no lograr hacerlo caer, su humor afectó sus poderes y la hizo lanzar grandes cantidades de hielo afilado hacia él. Era demasiado grande como para transformarlo en copos, pensó la reina... pero no comprendió el daño que podría causarle al muchacho hasta que él saltó de la columna.

Al verlo saltar, no vio a un chico huir de hielo afilado, sino a su hermana pequeña saltar de la nieve que ella misma había creado y ser golpeada en la cabeza por su "magia".

-¡No!- gritó desesperada, al tiempo que apartaba la vista para no ver el hielo alcanzar al chico.

Odiaba ser tan cobarde, odiaba no poder ver lo que ella misma había causado. Así como había huido de Arandelle cuando su secreto salió al descubierto, y así como apartó la vista para no ver el hielo golpear a su hermana. Cerró los ojos y esperó el impacto, su corazón palpitaba frenético y sentía un calor en los ojos; sin embargo, lo único que llegó a sus oídos fue el sonido de una pequeña explosión.

Cuando abrió de nuevo los ojos, hubo silencio. Temió que si giraba la cabeza, vería lo que más temía ver: un cadáver. Su pecho subía y bajaba con fuerza, un par de lágrimas la traicionaron y huyeron de sus cuencas; abrió sus ojos lentamente pero los cerró de nuevo, llena de miedo.

Una voz cálida y dulce desintegró sus temores. -Alteza, abre los ojos-.

Ella obedeció.

Una estrella de nieve, más grande de las que estaba acostumbrada a ver, cayó en sus manos. La siguió con la mirada en su trayecto y al posarse en ellas, esperó a verla desaparecer al contacto de su cálida piel. La nieve no se derritió ¿Acaso su piel estaba fría? Otro copo bajó del cielo, otra estrella, y otra, y otra más. Elsa levantó la vista hacia el cielo. ¡Todo el salón estaba lleno de estrellas de nieve!

Los copos reflejaban la luz del atardecer, llenando la estancia de chorros de luz violetas, naranjas, amarillos y rojos. Lo más impresionante que había visto en su vida. Y cada vez parecían haber más de ellos, que caían y no parecían desaparecer. La reina se giró a buscar al muchacho, quien sonrió cuando sus ojos se encontraron.

El hielo afilado que le había lanzado al chico fue desviado a una parte del salón, donde rodeaba la pared como si miles de manos de hielo se estuviesen arrastrando hacia el suelo hasta que formaron una pequeña plataforma lisa. En esa pequeña plataforma, se encontraba sentado el muchacho, ileso. Una pierna colgaba en el aire mientras la otra estaba subida, para que él pudiera abrazar su rodilla y apoyar el brazo. El chico tenía la mano derecha elevada hacia el frente, y de ella, miles y miles de estrellas de hielo salían al aire con un mero soplido de sus labios, como si formara burbujas. Eran las estrellas de hielo que habían caído en sus manos y ahora llenaban su cabello y atuendo.

Desvió la mirada, como para probar que no era una ilusión. Frunció los labios y sopló sobre su mano. Otros miles de copos se escaparon de su piel y llenaron el aire. Elsa los observó elevarse hasta el techo, hasta que cayeron como la lluvia, tan ligeros como una pluma. Casi por impulso, elevó una de sus manos para atrapar un copo. Miles cayeron en sus manos y la llenaron de una escarcha que contenía al atardecer mismo en su interior.

De pronto se sentía... feliz.

-¿Co...Cómo es...posible? - preguntó, denotaba asombro.

Una pequeña risita escapó del chico. No había notado que al caer el gorro de la sueta se le había escapado de la cabeza hasta que regresó a verlo. Su cabello era blanco, tan blanco como la nieve. Su piel también. Y sus ojos... eran tan azules como el cielo. Hermosos.

-Solo digamos que no eres la única por aquí que tiene poder sobre el frío. -
declaró con una sonrisa traviesa.

Un latido fuerte recorrió su cuerpo al verlo sonreír. Pensó que fue producto de la sorpresa.

El muchacho le hizo un ademán con la mano para que se acercara, ella lo hizo con lentitud, insegura. -¿Quién eres? -

Bajó su mano izquierda y acabó de generar los copos. Elsa estaba completamente escarchada, brillando a contraluz.

-Nadie que conozcas o hayas oído hablar de.- -Tu nombre- ordenó con la voz de la Reina- Dime tu nombre.

El de cabello blanco se sacudió las manos en sus pantalones, reía un poco, algo hipnotizado por la autoridad de la mujer. Se levantó de su asiento de hielo, dio un pequeño salto que lo llevó al frente de la chica e inclinó la cabeza. Imitaba los ademanes que había visto hacer a grandes señores ante la realeza: cabeza baja, un brazo en la espalda y el otro cruzado en el estómago.

-Jack Frost, el espíritu del invierno y la diversión, a sus servicios- entonó, dio una pequeña reverencia y se incorporó de nuevo.

La reina no daba crédito a lo que escuchaba. -¿Espíritu? -

Jack asintió. -En este momento te has convertido en la primera humana viviente que puede verme-

Elsa no daba señal de creer en sus palabras, de hecho, retrocedía. No había manera de que pudiera creer eso y sus ojos la delataban. Tendría que haber una prueba más. ..《¿Cuántas maravillas debe ver una reina para creer en algo? 》 pensó con burla. Tomó el bastón que la Luna le había regalado hacía bastantes siglos atrás, le dio una sacudida y estrelló su punta contra el suelo. Miles y miles de figuras se dibujaron sobre él, desde flores hasta paisajes, duendes, lugares. ¡Todo un espectáculo a los pies de ellos! Elsa retrocedió asustada cuando sintió el hielo crujir bajo sus pies, donde una mariposa era tallada. Retrocedió de nuevo, tanto que resbaló al enredarse con sus propios pies. Jack fue en su dirección con rapidez y la atrapó en el aire. Sus ojos se encontraron.

A pesar de ya haber visto ojos azules antes, a ella le pareció que los de ese muchacho eran los más hermosos que había visto. Orbes tan azules como el cielo, enfocados en ella y solo en ella. No supo en qué momento se había aferrado al cuello del chico, que de pronto parecía avergonzado, ni tampoco pudo decir en qué instante sus pies dejaron de sentir el suelo. ..

Un momento... ¡¿Por qué sus pies no estaban sintiendo el suelo? ! Bajó la mirada, hacia donde debería estar el frío piso de sus aposentos. Para su desgracia, estaba ya a dos metros de altura.

-¡¿Qué estás haciendo?!- preguntó mientras se aferraba con más fuerza al chico - ¡Pónme en el suelo!-

-No te preocupes- trató de calmarla- No te dejaré caer.

Tomó las piernas de la chica y la acomodó en sus brazos, como a una princesa... aunque era en realidad una reina.

-Eso... no me interesa. ..- su voz temblaba. Estaban a mayor altura- Quiero regresar a la tierra-

El muchacho dejó escapar una risita- ¿Acaso la reina teme a las alturas? - Un grito agudo procedente de la chica cuando se movilizó por el salón en el aire fue su respuesta- No temas, alteza. No pienso hacerte daño. -

-¡Entonces bájame de aquí! -

Para suavizar el ambiente, Jack pretendió caer desde lo alto con Elsa en sus brazos, quien ocultó su rostro en su abrigo. La última gritó como si no hubiera un mañana, más antes de que ambos tocaran el suelo, él se elevó por los aires dando giros y riendo. -Ya basta... por favor. .-

-Tranquila. Solo eres muy pesada-

No lo escuchó (para su fortuna). Él siguió haciendo lo mismo hasta que, por un segundo, la reina apartó el rostro de su abrigo para verse caer y subir una y otra vez. Siguió haciéndolo, exclamando de alegría, gritando como un niño emocionado al jugar, elevando uno de sus brazos por un segundo... hasta que la propia Elsa comenzó a reír. Una risita apenas audible, pero él pudo escucharla. Un tintineo, dulce, agradable... música para sus oídos.

Y cuando finalmente decidió reír en voz alta, él se le unió y llenaron el aire con sus voces. Elsa había estado tan tensa y asustada desde que dejó Arandelle que casi había olvidado lo que era sonreír. Siguieron así un buen rato, con Jack diciendo bromas y Elsa riendo cada vez que bajaban, como si hubiese un tobogán invisible en el salón por el que estuvieran bajando.

Debía darle puntos por hacerla reír. Pocos lograban eso. Ni siquiera su hermana podía hacerlo. La música de risas se apagó cuando Jack, con Elsa todavía en brazos, bajó con suavidad y lentitud hasta el balcón que llevaba a un precipicio alto, en la cima de la montaña. Elsa sabía muy bien qué pensaba hacer y no le agradaba en lo más mínimo la idea -¡Oh, no! Ni siquiera lo pienses. - Soltó sus piernas del brazo del muchacho y las puso en el suelo, él previó sus acciones así que la sujetó más fuerte de uno de sus hombros para que no se apartara. Ella casi clavaba sus pies en el hielo.

-No te dejaré caer. - le aseguró- lo prometo. -

-No pienso volar ahí afuera. - insistió ella, tratando de empujarlo hacia dentro. - Pero no serás tú la que vuele- bromeó-
-Te creo, ¿está bien? Eres un espíritu. Te creo. Así que no me saques de aquí. -

Su voz era casi una súplica, lo cual no pasó desapercibido por el albino.

-Alteza... - musitó con cariño- no te dejaré caer.-
-No. No quiero- negó, testaruda. -Alteza. -
-Dime lo que quieres decirme aquí, en el castillo. -
-Alteza...- -No. No, afuera es... podemos... puedo. ..morir..-
-Elsa. - la llamó, tan profundo como pudo pero sin perder el cariño en su voz. Ella no pudo evitar silenciarse y mirarlo. Sus mirada era dulce, acogedora - No te voy a hacer daño. Lo prometo. Confía en mí. ..-

Algo en la forma que lo dijo la hizo sentirse a salvo, como si no tuviera nada que temer. Él la protegería. No la dejaría caer, y ella... decidió confiar en él. Respiró profundamente, se aferró más cerca de él y ocultó su rostro nuevamente. Jack tomó eso como su respuesta y sostuvo sus piernas nuevamente, tratando de no pensar mucho en ello.

-Si me sueltas. ..- amenazó ella- te congelaré. -
《No puedes congelar al espíritu del invierno》 pensó él. -No te soltaré- dijo en cambio. -¿Lista? -

-Por supuesto que no. Ahora muévete-

Una risotada se le escapó de los cabales al escuchar su ironía. Frost elevó sus pies y, poco a poco, el resto de su cuerpo. Apretó el cuerpo de la dama para darle seguridad y dio el pequeño salto al vacío.