Hay veces en que el agua parece fluir sin dirección, guiada por el sonido de la voz del viento. Yo mismo me tenté a pensar de esta manera, sin embargo... estaba equivocado. El agua siempre sigue un curso. Un solo camino. Un solo destino.
Por más pequeña que sea una gota, siempre buscará el camino hacia el mar.
Toma mi mano
Por algún motivo que ella misma desconocía, no podía apartar los ojos del muchacho de ojos azules. Era como un niño, juguetón, apenas tranquilo y a veces travieso. La mayoría del tiempo se la pasaba creando copos de nieve en formas distintas: abarcaba animales, flores, edificios, castillos y a la propia Elsa, aunque a esta última le daba la forma más delicada y hermosa que podía crear.
La primera vez que supo su nombre, no pudo evitar sentir el retumbo de su corazón por todo el cuerpo, ni olvidar la extraña mirada que tenía sobre ella.
Se incó en una de sus rodillas y le dijo su nombre. Antes de que él pudiera pronunciar las palabras, Elsa sentía que ya sabía la respuesta, más se mantuvo en silencio permitiéndole mostrar su lado caballeroso.
-Mi nombre es Jack. Jack Frost. - sin advertencia alguna, tomó la mano de la reina y depositó un suave beso en ella. Un relampagueo recorrió la piel en contacto con sus labios, pero por educación no se apartó. -Y vivo para servirte, mi lady.- agregó con una sonrisita adorable.
La pobre mujer tuvo que tragar toda su pena y mantener su frente en alto, como recibía al resto de sus subordinados. "Pero con el resto de tus subordinados no te sientes tan nerviosa. .." pensó, más se quitó del pensamiento de encima.
Era solo porque no trataba con casi ningún empleado tanto tiempo para no revelar su secreto, como el tiempo que pasaba con él. Aunque apenas si habían sido unas horas...
-Levántate- le ordenó. Jack hizo lo que le pedían.
Apoyó su peso en el bastón que sostenía en sus manos y se incorporó con un pequeño salto, como si estuviera ansioso por la respuesta de ella. ¿Tal vez así lo fuera?
-¿Qué es lo que has venido a hacer, Jack Frost? - le preguntó con elegancia, como la reina de Arandelle, o en ese caso, de la montaña del silencio. -¿Por qué me has buscado?-
Jack hizo un puchero, como decepcionado con su reacción.
"Es... lindo"
-¿No es obvio? ¿Qué hace un espíritu del invierno visitando a una mujer con poderes invernales desenfrenados? -
Elsa no andaba para adivinanzas, y no era como si tuviera experiencia en la trata con espíritus. Si ella hubiera estado en el lugar del chico, habría ido ahí para asesinarla y ponerle fin a ese maligno poder. Pero él definitivamente no había llegado a asesinarla, lo habría hecho mientras volaban sobre las montañas. Bastaba con que la soltara desde muy arriba y no se volvería a saber nada de ella... a menos que hubiera previsto que ella creara una barrera o algo que la salvara con su poder y estuviera estudiándola para luego asestar el golpe.
Cualquier opción estaba bien para ella. No le molestaría ponerle fin a su sufrimiento.
-Has venido a matarme. - replicó.
No supo qué tipo de expresión reflejó al decir sus pensamientos en voz alta. Ella supuso que su gesto era formal, uno que no dejaba ninguna emoción aflorar en su superficie; no habría pensado que él respondería de aquella forma.
La veía con compasión, tristeza e ira, todo revuelto en un mismo contenedor que mostraba sus sentimientos en una simple mirada.
-Te digo que estoy a tus servicios y eso es lo que piensas de mí. Dañas mis sentimientos, alteza- dijo con amargura.
El muchacho dio una vuelta sobre sus pies, sostenía el peso en el bastón con sus manos. Un crujido resonó bajo la reina, que dirigió inmediatamente su mirada a esa zona. Para su sorpresa, el crujido provenía de trozos finos de hielo que se despegaron del hielo con el toque de Jack, se juntaron y dieron forma a dos figuras: Una reina con un vestido hermoso y un muchacho que cubría su cabeza con un abrigo y sostenía un bastón.
Las figuras se elevaron del suelo hasta que estuvieron a la altura de la vista de Elsa. Movían sus brazos y sus pies como si bailaran, la reina corría mientras lanzaba rayos de luz que transformaban el aire en copos mientras el chico volaba por los aires produciendo tormentas a su alrededor. Era... ¡Era mágico! Casi como si las figuras tuvieran vida propia.
-Creo que no hace falta aclarar quiénes son ellos- comentó sarcásticamente Jack, con una media sonrisa, aunque eso era suficiente para atraer toda la atención de Elsa- el muchacho apuesto que vuela, jamás había encontrado a ningún humano o espíritu que pudiera crear nieve o hielo como él- el Jack de hielo lanzó copos de su bastón transparente, el hielo se desintegró en partículas pequeñas, como escarcha que salpicaba el aire- No podemos culparlo de haber sido cautivado por los poderes de la reina, ¿cierto?.-
La Elsa pequeña dio un pisotón en el aire, elevando un castillo helado bajo sus pies, tan espléndido como el original, una réplica casi exacta.
La mujer se movía sin cesar en su pequeño castillo, parecía libre, finalmente capaz de mostrarse a sí misma de lo que estaba hecha. O al menos, eso creía.
-Es... hermoso...- ni siquiera notó el momento en el que las palabras escaparon de sus labios.
Jack asintió. -Tu poder es hermoso, alteza.-
Elsa volvió la cabeza hacia el chico de nuevo. Su cabello blanco como la nieve le tapaba ligeramente sus ojos, sin embargo, el azul cielo de sus orbes la miraba con ternura y ella podía sentir la verdad detrás de sus palabras. Casi parecía que ese azul podía ver a través de ella. Tuvo que llevar su vista a sus manos, para evitar mostrarle su lado avergonzado.
-Es hermoso...- siguió diciendo él, la figura de Elsa generaba nubes pequeñas que cubrían el castillo- pero también es peligroso. -
En un mero instante, las nubes se agrandaron como una tormenta, pasaron del castillo a la montaña para después rodear el cuerpo entero de la reina verdadera. Un escalofrío recorrió su cuerpo, el cual no dejó de temblar ni por un segundo. -¿Jack Frost? - llamó, buscando al chico en medio de la niebla.
Se había hecho tan espesa que apenas si podía distinguir la figura del chico al frente suyo, que ligeramente desaparecía.
No obtuvo respuesta- ¡¿Jack Frost? !-
¿Acaso le iba a hacer daño en verdad? Trató de dispersar la niebla con un poco de aire helado, más solo consiguió que esta se espesara mucho más.
-¡Jack!- exclamó. No había signos del chico.
De nuevo intentó dispersar la niebla, de nuevo falló. El miedo la recorría, como el dulce beso del diablo... se metía en tu cuerpo y atontaba tus movimientos. Caminó, corrió, giró sobre sus pies, sin encontrar una salida. Era como su propio infierno, un lugar tan helado y abandonado, donde ni siquiera la luz podía pasar. Donde solo estaba ella, su aliento y su miedo. ¡Ah! Y esa estúpida neblina.
-¡Detente!- ordenó con fuerza, ocultando su miedo -¡Haz que se detenga, por favor! -
La joven reina tropezó y cayó sobre sus manos. Al contacto con el suelo, una nueva capa de hielo se extendió hasta más allá de lo que la neblina le permitía ver. Lo único que pudo percibir fueron crujidos, crujidos y más crujidos profundos a la distancia. No entendía porqué, pero podía /sentir/ el hielo agrandarse bajo su cuerpo.
Estaba aterrada.
Con un brazo cubrió su rostro del viento que aprisionada su cuerpo en una neblina fantasmal, que la mantenía inmóvil contra el suelo y estuvo a punto de suplicarle a los antiguos dioses que la ayudaran. A esos antiguos dioses que ella odiaba y había dejado de rezar hacia tantos años. ..
-Por favor. - suplicó, esperando que el espíritu la escuchara, si es que seguía ahí- Por favor... detenlo...-
Una ráfaga de viento la rodeó, desordenando los mechones libres de la trenza que amarraba su cabello. Tuvo que cerrar los ojos para que no les entrara nieve y los lastimara. El viento parecía recorrer cada rincón de la estancia y pudo sentir la neblina disipar.
Un sonido de golpe, quizá hasta de un relámpago, captó su atención. Elsa giró su cuerpo hacia la derecha, buscando el origen del ruido. Entreabrió sus ojos y consiguió ver una sombra a la lejanía, fue solo un segundo, más pudo verla. De pronto, un rayo azul apareció en medio de la neblina. Se elevó a través del cielo, llegó hasta el techo que ahora podía ver y regresó hacia el lugar de donde había surgido, solo para juntarse en un solo punto y generar una esfera azul brillante.
En ese momento pudo encontrar a Jack de cuclillas frente a la esfera. Parecía concentrado en ella, su bastón la señalaba y la mantenía suspendida en el aire. Jack Frost desvío su mirada para encontrarse con los fríos ojos azules de Elsa, cubiertos de terror. Fue solo un segundo, más lo suficientemente largo para que ella pudiera notar el miedo que él también reflejaba en sus orbes.
Cuando el chico rompió el contacto visual, la esfera azul se expandió hasta llenar el salón entero. Proyectó tanta luz que ella tuvo que cubrir sus ojos y, para cuando los abrió de nuevo, la niebla y todo rastro de nieve habían desaparecido.
No hubo ningún ruido. Solo silencio... y su respiración agitada. Todo estaba igual a como lo había dejado antes de que Jack Frost apareciera. Temió que todo hubiera sido una alucinación, aunque la idea tampoco le molestaba pero... aun así, quería verlo.
Elsa se incorporó del suelo y se sentó, todavía sin poder acompasar el sonido de sus palpitaciones y su respiración. Le asustaba el silencio total de la estancia. Con un lento movimiento de cabeza, giró, esperando hallar al muchacho.
Lo halló en la esquina sur del salón de su castillo de hielo, con sus rodillas ligeramente dobladas y el bastón todavía apuntando hacia el frente, sus manos tensas sobre él. Respiraba casi tan deprisa como ella, aunque en él podía verse sorpresa y algo más oscuro en sus ojos. Algo incluso peor que el miedo.
-¿Jack?- el aludido pareció responder a la llamada de su nombre, llevando sus ojos a los de ella, aunque su expresión no se borraba del rostro- ¿Te encuentras bien?-
Algo en el tono de voz que usó pareció calmarlo, pues regresó a esbozar una tímida sonrisa y ocultar aquel sentimiento que empezaba a preocuparla, aunque todavía parecía sobresaltado.
-No... No esperaba que esto... se saliera de las manos...-
-¿Por qué hiciste eso?- preguntó, de pronto irritada de recordar el pequeño episodio.
Jack negó con la cabeza. -No he sido yo.
"¿Entonces quién...?" se preguntó, pero no dijo nada. No en voz alta. La mirada que le dedicaba el chico revelaba la respuesta, y no quería escucharla. Eso solo la dejaba más nerviosa.
Jack bajó su bastón, por fin dejando atrás la tensión de hace unos momentos. Fue hacia ella con paso lento pero seguro, y solo se detuvo cuando estuvo a su lado. Le tendió una mano, sin embargo ella lo rechazó.
-Mi existencia en sí es un peligro. - la voz le sonaba aguda, triste... completamente diferente al tono de reina que había usado antes- desde la muerte de mis padres esto solo ha ido empeorando y ya no sé cómo detenerlo. Si llego a lastimar a mi hermana o a mi pueblo...
Jack había apartado sus mano, sin quitarle los ojos de encima. No decía nada. Elsa no pudo terminar la idea, tenia miedo solo de pensar en su conclusión.
-¿Qué piensas hacer conmigo, espíritu? -
Por algún extraño motivo, Jack sonrió cuando acabó de hacer la pregunta. No era la sonrisa traviesa y tierna que lo había visto hacer esas últimas horas, no, esta sonrisa esa de reto. Una sonrisa llena de esperanza, lista para tenderle la mano a la reina, y en efecto, volvió a ofrecérsela.
-Enseñarte a controlarlo, por supuesto- le confesó. Le dio una mirada de reojo a su propia mano, para que ella desviara su atención al mismo punto- pero eso depende de ti.
"Si tomas mi mano, no te dejaré ir."
La reina desvío su mirada a la pálida mano del chico. ¿Sería suave al contacto, así como parecía serlo? Si tomaba su mano en ese momento, no había vuelta atrás. Si la tomaba, debía depositar su confianza y vida en él, debía abrir su corazón al chico y dejar sus miedos atrás. Ella no sabía si era lo correcto, pero estaba harta de tener miedo. Estaba harta de ocultar sus poderes y sobre todo, harta de no poder pasar tiempo con la única persona que quedaba de su familia.
Si quería cambiar su destino, debía ser en ese momento. Pero ella ya no dudaba.
Con un ligero movimiento, tomó la mano del chico. Un ligero cosquilleo recorrió su estómago al contacto, aunque decidió ignorarlo. Jack la ayudó a levantarse y quedar frente a frente. No pudo evitar esbozar una sonrisa.
Además, había algo en la sonrisa de él que le decía: Ya nunca más volverás a tener miedo.
