Advertisement: La última vez que revise los derechos de Naruto mi nombre no estaba en la lista. Lo único que medio poseo son mis OC's, y son algo mañosos para seguirme la corriente.
Capítulo 2
Miradas que matan.
Era el séptimo día de viaje. Tuvo la sensación de que pudieron avanzar más a prisa, pero ella no habría podido seguirles el paso. Nunca fue una shinobi precisamente veloz. Según le dijo uno de los escoltas, en apenas tres horas más estarían cruzando la puerta de entrada. Estaba cansada de viajar, sobre todo sin poder detenerse el tiempo suficiente para reponerse bien, A parecía querer llegar lo más pronto posible mientras que Shizuka sólo esperaba detenerse a tomar una taza de té y comer. Tanto silencio por tanto tiempo le estaba matando, su cabeza no dejaba de pensar en lo que sucedería al llegar, en la noche del incendio, todo lo sucedido en los años pasados y que ahora desencadenaban en un desastre, pero principalmente, estaba preocupada porque no había podido comer adecuadamente. Eso sería lo primero en hacer, en cuanto pudiera estar establecida en algún lugar, saldría a comer barbacoa, de todos los tipos de carne y todo lo que pudiera antes de caer en un coma alimenticio.
— Una jugosa chuleta...—.
—¿Shizuka-sama?— preguntó el escolta al ver que ella disminuía el paso.
— Eh... lo siento, estaba pensando en comer. Una buena barbacoa, eso estaría muy bien— dijo, fantaseando con el delicioso olor de la carne cociéndose y el agradable sonido que producía.
—Pronto estaremos en Kumogakure, ahí tenemos los mejores restaurantes de barbacoa —aseguró el hombre de rostro redondo. Tenía un aspecto bastante normal, no se veía fuerte o incluso muy habilidoso, aunque no podía juzgarlo por su apariencia. Se sentía agradecida con él, había ayudado a pagar el fuego mientras ella se mantenía en shock.
Sonrió para él y siguieron el camino. Momentos después la velocidad del paso fue bajando despacio, hasta que solo iban caminando luego de cruzar la frontera y comenzar a subir. A la distancia podía ver las enormes montañas levantándose imponentes sobre el suelo en una interminable cordillera, acaban de llegar a un puente y justo enfrente esperaba un paredón amarillo. Los últimos rayos de sol estaban llegando al camino, en unas horas más iba a oscurecer. El próximo amanecer lo vería dentro de la Aldea Oculta entre las Nubes, y si el destino seguía su curso, todos los días después de ese serían igual. Otra vida diferente a la que había llevado, otra que no prometía nada.
Por primera vez pudo apreciar las construcciones a detalle, plataformas circulares en diferentes alturas con ventanales enormes al rededor de cada monte, vegetación verde y, a causa de la altura, unas nubes que evidenciaban el nombre de la aldea. Caminó junto a los hombres hacia la entrada mientras revisaba a conciencia lo que podía observar, y no era la única que estudiaba algo, estaba demasiado distraída para notar al par de ojos negros que la vigilaban de cerca, tampoco se percató de la mueca que le siguió y un leve refunfuño apenas audible.
Lo que no pudo evitar ver fue la enorme cantidad de personas que estaban en la entrada principal, siempre había tenido sirvientes esperándola en casa cuando era niña pero nunca una cantidad así, y con el fanatismo que expresaban hacía su líder y los escoltas que volvían con él.
—Estamos en casa— anunció A.
—Raikage-sama, bienvenido a casa— respondió una mujer de mediana edad, estaba vestida con un kimono gris muy sobrio, su cabello plateado resaltaba en contraste con su piel y ojos oscuros. Inclinó la cabeza al mismo tiempo que las personas a su espalda y la pequeña detrás de sus faldas.
A y la mujer comenzaron a hablar sobre los pendientes que quedaron desde el día que partiera, algo sobre reuniones y misiones programadas, Shizuka no estaba prestando mucha atención pues había comenzado una aparente "guerra fría" con la niña que sin temor o pena la miraba fijamente, tenía unos ojos verde oscuro y parecía ver a travez de su carne, o así lo sintió. Cuando iba a preguntar por la identidad de la pequeña se dio cuenta de que el hombre con quien había hablado siguió su camino dentro de la aldea, mientras platicaba con el resto de sus acompañantes y poco a poco se alejaban.
—Bien, atenderemos todo lo antes posible, pero primero debes enviar un mensaje a Motoi en Shimogakure, para que regrese con el informe de la situación —miró de reojo a Shizuka y notó el ceño fruncido que esas palabras le habían ocasionado, no le dio más importancia y continuó. —Ayanami, ella es Arakawa Shizuka, mi prometida, asegúrate de que se instale y se inicien con los preparativos de la boda inmediatamente —.
—Encantada de conocerla, Shizuka-sama. Mi nombre es Ayanami y estaré para servirla. Ella es mi hija, Mabui —señaló a la pequeña que junto a su madre hizo otra pequeña reverencia en la presentación.
—Igualmente, encantada de conocerlas —sonrió hacía la mujer, pero cuando vio a la niña su sonrisa cambió por un gesto de consternación. Esa niña, de alguna manera, la estaba sacando de quicio sin siquiera haberle dirigido una palabra.
—Bien. A trabajar —dijo, y comenzó a caminar acompañado por los dos shinobis que habían quedado junto a él.
—Ahora que Shizuka-sama está con nosotros no será necesario que Motoi permanezca en ese lugar, esperaremos su reporte para poder organizar el equipo y partir... —.
Había tratado de seguir escuchando más, pero la asistente de A le estaba diciendo algo sobre la aldea y su atención se dirigió a ella cuando comenzó a caminar en sentido contrario.—Perdón, estaba distraída, ¿me decías?—.
—Sígame, la llevaré hasta su habitación. Podrá comer y darse un baño, mañana tendré mucho trabajo y no podré acompañarla a dar un recorrido, enviaré a alguién para que pueda ubicar lugares importantes así como indispensables. Si necesita algo más puede pedirlo, me encargaré de que lo tenga lo más pronto posible —hablaba mientras caminaba sin detenerse, sonriendo amablemente, viendo como Shizuka no prestaba cuidado a sus palabras, otra vez, y se entretenía viendo los edificios por los que pasaban. Pensó en repetir lo que dijo pero decidió que lo mejor era dejar que ella apreciara la aldea.
Caminaron entre las montañas, podía perderlas de vista viéndolas desde la base, no estaba segura de si en algún momento tocarían el cielo, meditando que sería interesante descubrirlo, dar una vuelta por el lugar antes de que las cosas verdaderamente complejas iniciaran.
—Ayanami-san, ¿será posible conseguir algo de ropa? He viajado con ésta y siento que tiene tanta tierra como yo —señaló las prendas que llevaba, una blusa gris simple que mostraba su hombro izquierdo y unos pantalones oscuros, tenía sandalias negras algo sucias y, atado en la cadera, la bolsa que sacara del fuego, a modo de pequeña mochila
—Por su puesto. Enviaré unas prendas mañana, hasta entonces, en el cuarto de baño encontrará algunos nemaki que puede usar para descansar —.
—Muchas gracias—.
El camino fue corto, llegaron a un edificio que se elevaba en las faldas de una pequeña montaña, apenas de unos metros de altura. Encontraron unas escaleras un poco escondidas en la parte más oscura y comenzaron a subir, la luz casi se había ido por completo y las luces de la calle ya alumbraban algunos caminos. Entraron por una pesada puerta de madera oscura y llegaron a un pasillo con piso azul, rodeado de ventanas por un extremo y que las llevó a otras escaleras, de un piso labrado y del mismo color que la piedra exterior. En la parte superior aguardaba una joven sirvienta, que pronto abrió la puerta y les dedico una bienvenida.
El lugar era bastante amplio y grande, demasiado para ella sola. Una sala larga se extendía delante, después un comedor y una habitación continua que era la cocina. A la izquierda se encontraba un hermoso biombo con un patrón de nubes grises en todo el papel y detrás otra puerta que daba a su habitación. Casi todo el departamento tenía ventanas al rededor, incluido el cuarto donde dormiría. Ayanami le explicó que los ventanales, si bien permitían una hermosa vista desde el interior, no tenían el mismo efecto desde afuera, pues las cosas adentro se distorsionaban y era casi imposible distinguir entre una persona o un mueble. Shizuka entró al baño y vio con alegría una enorme tina, la prepararía más tarde para relajarse un poco del horrible y polvoriento viaje.
—Me retiro, Shizuka-sama. Si necesita algo, Mistuki se quedará aquí con usted y la servirá —. La doméstica tenía un aspecto bastante humilde, pero muy agradable. Su cabello era castaño y sus ojos amarillos, mientras que su piel era tan oscura como la de Ayanami, aparentemente algo muy común en esa aldea.
—Estoy para servirle, Shizuka-sama —dijo, se inclinó y sonrió para su nueva ama.
—Gracias, eres muy amable, Mistuki. Espero no darte muchos problemas, trataré de no ser una molestia —.
—Descanse, Shizuka-sama —se despidió la pequeña Mabui, mientras que salía de aquel lugar acompañada de su madre.
—Si desea le prepararé un baño mientras come su cena, preparé arroz con vegetales, un poco ligero para que pueda descansar —.
—Gracias —.
—El último reporte de Motoi mencionaba que la actividad no había cambiado. Ese hombre, Seito, no se ha movido de la mansión, aunque la cantidad de ninjas que entran y salen sigue en aumento. En este momento podría ya haberse convertido en una base enemiga sin que nadie en la aldea pudiera detenerlo —dijo el guardia sentado al frente del Raikage, el hombre con la cabeza de cono.—Un efecto negativo de dejar una aldea escondida sin un líder apropiado, en manos de unos viejos pusilánimes —.
—Si. Pero eso está por cambiar, una vez que la boda del Raikage se efectúe, podremos llevar a cabo la restauración de la aldea y nombrar un jefe subordinado, teniendo un punto muy estratégico en esa región. Todo lo que cruce antes de llegar al País del Rayo pasará por ahí —declaró el segundo guardia.
En ese momento se abrió la puerta y Ayanami cruzó por ella, completamente seria se colocó junto al Raikage. —Está instalada como ordenó señor. Mistuki se encuentra con ella, cualquier cosa fuera de lo normal nos será reportado inmediatamente. Di ordenes antes de venir para los preparativos, todo está listo, después de mañana la boda será celebrada —.
—Excelente. Es todo por ahora —. Los presentes se levantaron de sus asientos y caminaron a la puerta. Antes de salir A miró a su asistente y le dijo —Envía un mensaje, pídele que venga, que tengo una misión para él —.
—Como ordene, Raikage-sama—.
Shizuka durmió hasta el medio día, el cansancio la tenía abrumada, y pudo haber seguido un poco más de no ser por el molesto sol que entraba a raudales por las ventanas. Definitivamente tendría que poner algunas cortinas.
Se sentó en la cama a maldecir la falta de una tela que evitara este tipo de despertares justo cuando cayó en la cuenta de que no permanecería el tiempo suficiente como para eso, pronto tendría que cambiar de residencia. Shizuka iría, como es debido, a vivir junto a su nuevo esposo y compartir con él. Hizo una mueca, no había pensado precisamente en ese detalle, estuvo más concentrada en recuperar su casa de las asquerosas garras de su familia, no en las cosas en las que debía participar también como parte del acuerdo.
Debería hablar con A y explicarle cierto detalle, pero no sabía que tipo de reacción recibiría. Además, no sentía la seguridad de ir a la oficina del Raikage a molestarlo con detalles tan triviales. Las cosas, ineludiblemente, se pondrían intensas.
¿Cómo podría vivir y dormir junto a ese hombre tan grande? No había estudiado esa situación. Estaba demasiado acostumbrada a moverse, no tan lejos pero si constantemente, desde niña que no había considerado un lugar como "hogar" por más del tiempo necesario. Escapar era algo habitual, aunque no parecía más una opción ahora que estaba a la merced de un "esposo". ¿Cómo son los "esposos? ¿Qué comen, de qué hablan, hay qué cuidarlos mucho, espera que haga algo de eso? Ojalá que no, porque si en algo era terrible, además de siendo shinobi, era cuidando seres que no estuvieran muertos o inmóviles.
Se perdió en sus pensamientos, cosas del pasado venían a su mente y la hicieron sonreír. Tenía siete años cuando vio al hombre más alto que nunca pisaría la tierra. Parecía un enorme oso feroz, con sus ojos y piel oscura, una larga barba rubia y una voz penetrante. Su carácter tampoco ayudaba mucho, no respondía con mucho animo ni prestó atención a los sirvientes, aunque tampoco era malo con ellos. Sin embargo, algo cambió cuando su padre y ese hombre se vieron, parecían ser de la misma especie.
Luego de los saludos formales su padre acompañó al invitado y ella desapareció en un instante. Las visitas eran su parte favorita, porque no había entrenamiento, aunque tenía que bañarse y vestirse más ataviada de costumbre, sufriendo con el peine demoniaco que la vieja niñera usaba. Un arma en esas manos arrugadas, que tiraban con fuerza para desenredarlo y con la aparente intención de arrancarle el craneo.
Pero justo cuando había conseguido que el hielo durara más tiempo la horrible y vieja voz retumbo en su mente, en el árbol y el universo entero, destrozando las frágiles hojas y derrumbando su esfuerzo. Otro suspiro. Bajó del árbol y caminó hasta donde la mujer se encontraba.
—Shizuka-sama, su padre la requiere en la sala de entrenamiento— dijo.
—¿Ahora?— preguntó aterrorizada, eso no era algo normal. Pero eran ordenes. Pateó el piso y se puso en marcha, con la fantasmal niñera detrás suyo en todo momento.
Al llegar la mujer se inclinó y abrió la puerta para ella, pero no entró después, sino que cerró y se quedó afuera. La pequeña buscó con sus ojos a su padre, lo encontró junto al rubio gigante mirando unas espadas viejas y polvosas como si fueran algo interesante.
—Padre— saludó, quedándose detrás de los adultos en una pequeña reverencia.
—Hija, acércate. Raikage-sama quiere verte—.
Enderezó su pequeña espalda y caminó hasta quedarse a unos pasos de ellos, sintiéndose como un extraño espécimen de animal. Tal vez le habían salido antenas y no se dio cuenta, o quizás tenía verde la cara por las hojas del árbol y no lo notó. Los hombres simplemente la veían. Durante unos minutos fue así hasta que el gigante le habló.
—¿Cuál es tú nombre pequeña? —preguntó.
—Arakawa Shizuka, es un honor conocerlo Raikage-sama —. Se inclinó nuevamente, aunque esta vez fue rápido. El hombre miró a su padre y luego a ella de nuevo.
—Tu padre dice que eres buena peleando, ¿es cierto? —preguntó, mirando directamente a los ojos de la niña.
—No lo sé, no puedo verme cuando peleo —respondió, regresando la mirada fría que el hombre alto le estaba dedicando.
—Entiendo... pero ¿eres fuerte?
—Puedo pegarle a los chicos —se cruzó de brazos y le dedicó media sonrisa.—Soy más fuerte que bonita—.
El hombre dejó salir una risa de buena gana, baja y gutural, ante el comentario insolente de la joven ama del clan.—Muy bien, entonces, ¿Que te parecería casarte con mi hijo en unos años? Cuando seas más fuerte, y más bonita —preguntó, cambiando su semblante a uno más serio y atento a su respuesta.
—¿Tu hijo es un panda?—.
—. . . ¿Qué? —.
Porque cuando crezca seré una hermosa panda, y tendré un esposo panda, y bebés panda en un enorme bosque de bambú lejos de todas las personas—.
La pequeña se había puesto sería, consideró bien su respuesta y de la forma más lógica y sensata se la compartió al hombre, que se limitó a mirarla y sonreír de lado.
No supo lo que su padre había pensado de ella, pero la mirada que le estaba dedicando era mucho menos amable que la del gigante. Y no presagiaba una felicitación. Bajó la mirada al piso y apretó los labios, esperando.
—Puedes irte —sentenció su padre, al tiempo que le daba la espalda y compartía unas palabras apenas audibles para la niña, aunque no podían importarle más. Estaba en problemas, no sabía que tan graves pero ya se encargaría de averiguarlo más tarde. Su incapacidad para detener las palabras en su boca era bastante conocida en su casa, así como los regaños y castigos que recibía después.
Unos leves golpes a la puerta la trajeron de regreso. Mistuki había llegado con la ropa que pidiera el día anterior, finalmente podría usar algo que no estuviera sucio. Se bañó rápido y paso a desayunar, ese día daría un paseo por la aldea, debía estar lo más lista posible para todo lo que venía.
N/A: Pocos cambios al inicio, pero creo que irán notando algunas mejoras en los siguientes. Este par será muy intenso, espero no morir en el intento. ¿Dudas, quejas o comentarios?
