Advertisement: La última vez que revise los derechos de Naruto mi nombre no estaba en la lista. Lo único que medio poseo son mis OC's, y son algo mañosos para seguirme la corriente.

— 18+: Este capítulo tiene contenido sexual explícito.


Capítulo 3
Cosas Naturales.


—No eres un líder. Eres un completo imbécil. ¿Qué pensaste que pasaría? ¿Que se asustaría y correría hacia ti? No tienes nada dentro de esa cabeza. Debí educarte mejor, con más disciplina, tal vez eso te habría convertido en un hombre inteligente, no en un desperdicio —. Gritó. La furia lo había consumido, propinó una fuerte bofetada a su hijo y escupió a sus pies.

—Padre, yo soy... —.

—¡Tú! No serías nada de no haber eyaculado dentro de tu madre. No eres más que una molestia. ¡Vete! Tu presencia es venenosa —. Le dio la espalda, tenía el ceño fruncido y miraba la puesta del sol a través del jardín, buscando desesperado la forma de solucionar lo que había pasado.

Su sobrina, por cuidado suyo, jamás había escuchado palabra alguna de su compromiso con el hijo del Raikage, ese no era un futuro apropiado para él, quien había vivido siempre en segundo plano y a la sombra de su hermano mayor. Pero el momento había sido propicio, y con su muerte llegaron nuevas oportunidades. Envió a la chica a una estúpida misión innecesaria para cimentar las cosas que vendrían después, muchos años invertidos en el plan que tenía trazado como para saber que el sádico que tenía por hijo no podía comportarse y entender la importancia de la paciencia. No sabía que Kumogakure había estado vigilando a la chica, y mucho menos sospechaba que tenían intenciones de llevar acabo el compromiso.

No le dio más vueltas, no tenía sentido. Era el tiempo de encontrar soluciones, no de cuestionar los errores ya cometidos. Pero entendió muy tarde que sus planes seguirían su curso, aunque no estaría para verlos. Sintió una punzada en la espalda baja, el frío metal había atravesado su carne para dejar brotar abundantemente su sangre; pronto su cuerpo comenzaría a helarse y los sentidos no le funcionarían más. Pensó que si podía mantener la hoja un tiempo más dentro lograría conseguir atención pero no fue así, apenas sostuvo un poco la punta afilada se le escapó de las manos y con ella aumentó el flujo de sangre.

—Yo soy mejor de lo que tú algún día pudiste ser. No permito que se me trate como un peón más. Estaba esperando el instante para hacer esto desde hace años, y finalmente llegó, en verdad no sé como reaccionar ahora que este sueño se ha cumplido —. Sonrió frívolamente, sostuvo a su padre para mirarlo a la cara mientras la vida se le escapaba.—Ya no te necesito, padre, en realidad nunca te necesité. Soy capaz de todo sin ti, así que ahora... vete. Yo me encargaré de mi prima, de esta casa y de la familia. Déjamelo a mi —.

El sonido del cuerpo al caer al tatami fue ensordecedor, pero Seito no podía escuchar nada más que los latidos acelerados de su corazón mientras no paraba de sonreír. Se sentía extasiado y feliz, realizado como nunca.

Dejó el cuerpo en el piso, mientras dos hombres a su servicio entraban a la habitación y recogían el sangriento desastre. Siguió caminando sin prisa alguna, llegó a la habitación donde la familia cenaba, ahí su madre, una mujer silenciosa que nunca lo miraba a los ojos, dejó de comer y miró directo a sus pies salpicados de rojo escarlata. Ella no dijo nada, continuó sus alimentos. Si de alguna forma se alteró o preocupó, nadie lo supo nunca, era un muro sin emociones.

—Mi padre ha muerto. Era un hombre viejo —. Tomó su plato de arroz, suspiró y comenzó a comer.— Ahora... empezará una nueva era—.


En verdad que no habían tardado nada en organizar un evento como ese. Aunque ciertamente había visto bodas más grandes y lujosas, teniendo la esperanza de que la suya no fuera de ese tipo, los eventos sociales donde no podía comer a gusto y retirarse temprano nunca fueron sus favoritos. Quizás en esta boda si podría hacer cosas un poco más divertidas.

—Fue horrible —. Pensaba mientras caminaba detrás de su nuevo marido. Estaba cansada y tenía unas enormes ganas de dormir, le dolían los pies de tantas horas caminado y no había podido probar bocado desde temprano, con tanto blanco y su mala suerte habría terminado cubierta por algo que probablemente no se quitara nunca de ese traje, no le importaba mucho que digamos, pero tampoco arruinaría una tela tan hermosa. Era un kimono color gris claro con unos pequeños dibujos de nubes plateadas y blancas en las mangas y en los bordes inferiores, un obi amarillo claro acompañado de un obiage y obijime en tonos naranjas. Con todo y que era hermoso, estaba deseosa de sacárselo. Suficiente formalidad.

Mientras seguía el camino que A le indicaba recordó a su recién conocido cuñado. Toda una personalidad. Comenzó a reírse cuando vinieron a su mente las terribles rimas que salían de su boca constantemente y el tiempo eterno que pasó mirando sus senos, estaba convencida de que habría continuado haciéndolo de no haber escuchado cuando se referían a ella como la prometida de su hermano e inmediatamente la miró a los ojos, aparentemente aterrorizado de sus acciones, pero al mismo tiempo intrigado por la mujer.

—¿Qué pasa? —.

—¿Eh? No, nada —. A se había detenido tan inesperadamente que casi topó con él.

Se miraron un momento y luego continuaron el camino. Ambos parecían incomodos en ese momento, se limitaron a seguir en silencio, A miraba al frente siguiendo el estrecho corredor con muros amarillos mientras que Shizuka veía cada línea del techo como una obra interesante, todo para evitar hablar. No tuvieron mucho tiempo de conversar, apenas lo había visto tres veces desde que llegara, la primera fue temprano el día anterior, la saludó cordialmente y le preguntó sobre la muerte de su padre y la situación actual de su casa. Ella respondió a todo, aunque aún tenía mucho recelo de contar cosas tan privadas y se guardó algunos detalles para sí misma, si bien ese hombre sería su marido no podía confiar ciegamente en él.

La segunda vez fue mientras paseaba entre los edificios y se cruzaron en el camino, él no se detuvo mucho más que para saludar y después continuar. Y la última fue horas antes de la boda, para asegurarse que no quisiera retractarse de su decisión. Firme y hambrienta respondió que aún quería hacerlo, si él quería también. Ambos quedaron de acuerdo y procedieron a la ceremonia.

Mitsuki le había explicado, en teoría, como funcionaban las bodas en la aldea. La última vez que un Raikage se casó fue casi 30 años atrás, un evento bastante tradicional, y desde entonces las cosas habían cambiado, poco, pero lo habían hecho. Le explicó que sería acompañada por el hermano menor del Raikage, Bee-sama, las horas previas y luego se reuniría con A para la entrada al templo. A la ceremonia de purificación sólo asistirían hombres de confianza del Raikage y la familia cercana, una lista bastante corta, dado que ninguno de los dos tenían padres, y el único hermano presente era Bee, sonriendo de oreja a oreja todo el tiempo y más inspirado que nunca para su rap.

Cuando se cambió del pesado vestido blanco a su kimono formal se sintió más relajada, aunque le apretaba las costillas, Mitsuki en verdad había hecho un excelente trabajo al atarle las cintas y colocarle cada detalle en su lugar. La recepción fue pequeña, se sentaron ante una gran mesa cuadrada en el centro de la habitación, brindaron, bebieron, comieron y platicaron mucho, al menos todos los demás lo hicieron. Shizuka había intentado comer algo pero se sentía incomoda; A respondía seco a las preguntas que le hacían sus subordinados y más bien escuchaba con atención a todos, en especial a Bee, quien terminó con el rostro en suelo mientras A apretaba los dientes y le decía lo imbécil que era, todo después de el hermano menor le dijera algo en voz baja y provocara el enojo en el Raikage. Shizuka abrió los ojos cuanto pudo al ver la escena, miró a los demás pero nadie hacía nada, contrario a eso reían de buena gana y seguían celebrando, recordó a cierto par de hermanos y también sonrió, pensando que no podía entender las relaciones que tenían pero que probablemente ese "misterio" era lo que los hacía tan magnificas.

Comenzó a cansarse y tuvo que disimular un bostezo, aunque A lo vio bastante claro. Se levantó y de despidió de los presentes, tomó a su esposa y se fueron. Shizuka no sabía exactamente a donde irían, aunque por defecto entendía que debían de ir a su nueva "casa", el piso donde el Raikage vivía.

A se detuvo frente a una puerta doble de madera, grande y con detalles muy elaborados. En ambos lados se encontraban unos sirvientes, dos mujeres, un hombre y Mitsuki, quienes inclinaron la cabeza ante su nueva señora y se presentaron. Al entrar al lugar pudo comprobar que era la casa de un hombre, sobria y simple, literalmente.

Antes de darse cuenta se habían quedado casi solos, a excepción de Mitsuki. A la miró un momento y luego caminó rumbo a la habitación principal sin decir palabra alguna.

—Dejé para usted un nemaki en la mesa de noche. Regresaremos mañana temprano para servirlos. Que pasen buena noche —. Tomó la puerta detrás de si y la cerró, dejando un silenció gigantesco en el lugar.

El sol se había ido. La celebración duró desde el medio día y finalmente terminó para ellos, aunque sus alcoholizados invitados siguieron la jornada un poco más. El lugar se oscurecía y la única luz provenía de la recamara donde A había entrado. Suspiró resignada dirigiéndose hacía ahí. Esos tres días no encontró el momento para hablar con A sobre lo que pasaría esa noche, sobre lo que ya había pasado antes con otra persona y sobre lo que él, en particular, pensaba de eso.

Obviamente se daría cuenta, conforme las cosas fueran avanzando.

No dudo al entrar, pero no fue lo mismo ya estando dentro. Se quedó de pie un momento cuando notó que A se había comenzado a desatar su hakama. Shizuka tomó rumbo hacía el otro lado de la cama, asumiendo que se trataba del suyo cuando vio el nemaki color miel sobre el mueble. Sonrió relajada de poder quitarse el kimono. Siempre y cuando pudiera recordar la forma decente de hacerlo, y no terminar rompiéndolo todo.

Completo éxito, así podía definir el lograr quitar cada pieza y acomodarla bien sobre la mesa. Y habría continuado así de no ser por el estúpido lazo que llevaba sobre su nagajuban y que ahora se negaba a salir, quizás no debió jalar con tanta fuerza, pues en sentido contrario todo se apretó más y ahora no había forma de desatar el nudo en su espalda.

Iba por el cuarto intento de soltar el endemoniado pedazo de tela cuando sintió un par de manos sobre las suyas y una voz roca le habló muy cerca del oído.—Espera, está atorado —dijo, y sus dedos comenzaron a trabajar sobre el nudo.

Shizuka se quedó inmóvil, agradecida de no tener que romper la prenda y descubriendo una agradable utilidad a eso de no dormir sola. Sin embargo, no podía negar lo extraño que tenerlo tan cerca le resultaba, era consiente completamente de su presencia, como si pudiera verlo aún dándole la espalda. Era una singular sensación.

Tenía su mente tan dispersa que ignoró por completo el par de maldiciones que A había murmurado, pero regresó su atención al momento que escuchó el lazo desgarrarse.—Lo siento, no se estaba soltando— se disculpó a la vez que extendía hacía ella el pedazo de tela.

—Está bien, igualmente lo habría terminado por romper—. Tomó la cinta y sonrió, aunque no le duró mucho, pues cuando levantó la mirada A se encontraba a escasos centímetros de ella, observándola fijamente.—Gracias—.

No podía apartar la vista de él. Como si no tuviera carne, como si fuera del mismo material que el cristal y él pudiera ver dentro de ella. Duraron unos minutos en esa posición, hasta que A puso su mano izquierda sobre la mejilla blanca de Shizuka, atrayéndola hacía él. Y la besó.

Ella había cerrado los ojos, lo dejó explorar con su lengua el interior de su boca, y le habría permitido continuar de no ser porque le faltó el aire cuando la otra mano de su esposo entró en la abertura de su nagajuban, que ahora, sin estar retenido, mostraba parte de su pecho, vientre y el camino entre sus muslos. Respiró profundo y volvió a besarlo, la mano que despacio había tocado su rostro ahora la retenía con firmeza desde la nuca, marcándole un ritmo exigente al que respondió dócil y maleable.

Sentía que el calor comenzaba a subir por su cuerpo. No espero una reacción así de profunda cuando se acercó a ella. Tenía muy en claro lo que debía hacer y cómo, siendo más joven se había dado a la tarea de investigar correctamente esas áreas de la anatomía femenina. Pero esta era la primera vez que tomaría a su esposa, y hacerlo con esa mujer no era lo complicado, eso vendría después, cuando tuviera que vivir con ella, dormir con ella y quedarse ahí, hasta que alguno muriera, según habían jurado. Se dejó llevar y atacó directamente, movió la molesta tela y tomó en su mano uno de los bastos pechos, presionando el pezón entre su dedo indice y pulgar. Ella se separó y tomó aire. Él mismo necesitaba un poco.

Entendió rápido su forma, sus manos habían estado ociosas pero logró guiarlas a sus caderas, la piel bajo sus dedos era dura, como si tocara un muro a su alrededor, pero tibia y suave, lo acariciaba lentamente mientras él la apretaba más cerca. Fue consiente que sólo ella estaba medio vestida, situación que no duró, pues rápido y con maestría le sacó la delicada prenda y la arrojó a un lado. Aún seguían besándose cuando él abandonó su pecho para tomar su trasero firmemente y pegarla aún más a él. Tuvo que agacharse para besar su cuello mientras recorría libremente las curvas femeninas, buscando despertarla. Su boca hambrienta no se detuvo y avanzó más al sur, hasta topar con un endurecido pezón, al que le dedicó una veneración absoluta, lamiendo, succionado y mordiendo. Los gemidos bajos le indicaban los pasos a seguir. Tanta degustación le creo una deuda con el segundo pecho, al que atendió tan pronto como le fue posible, procurándolo mientras su mano izquierda aferraba la cintura y la derecha se deslizaba por los oscuros rizos entre sus níveas piernas. La humedad lo recibía de buen gusto. No podía pensar en otra cosa que no fuera su piel, había pasado mucho tiempo desde que pudiera tocar a una mujer tan íntimamente y con tanto deseo que estaba bien dispuesto a prodigarle cada técnica que aprendió.

Pero ella lo alejó.

—Espera, detente un momento —. Su respiración agitada hacía que su pecho subiera y bajara rápidamente, necesitó todo su esfuerzo para concentrar las palabras que iba decir, esperando que sonaran con la mitad de lógica que en su mente, lo miró a los ojos, tenía el ceño muy fruncido, y habló como pudo.—Yo, antes, ya había... yo... no... eh... —. Y la elocuencia, e incluso el mismo idioma, la había abandonado por completo. Bajó la vista y se mordió el labio, a su mente no llegaban las palabras, el calor en sus mejillas no estaba ayudando ni el hecho de sentirlo tan próximo. Y justo cuando había logrado ubicar algo de sentido, él volvió a aplastarla contra su cuerpo, tomando su boca en la suya y continúo como si no hubiera pasado nada.

—Mejor así, no tendré que contenerme —.

Definitivamente no esperaba una respuesta de ese tipo, sobre todo luego de ver su rostro, cierto, siempre parecía estar molesto, pero no estaba preparada para lo que dijo, mucho menos para lo que vino después. Dejó de pensar y siguió su corriente, terminó debajo suyo sobre la cama, el peso de su cuerpo le resultó algo sofocante pero perdió importancia rápidamente.

Arqueó la espalda y se quejó levemente cuando sintió un dedo intruso entre sus piernas, dejó escapar pequeños gemidos mientras lo sentía desplazarse dentro. Se aferró a sus hombros en lo que pareció una eternidad de placer antes de moverse ella también, dejó viajar su mano entre ambos y tomó el miembro rígido que presionaba sobre su cadera, sintió como A se tensaba completo y dejaba de besar su cuello, cerró su puño y apretó los dientes en una mueca de dolor, maldijo por lo bajo y tomó su boca otra vez.

Realmente no tenía mucha idea de qué hacer, sabía que tocarlo le estaba gustando así que eso siguió haciendo, recorría la longitud que podía suavemente hasta que le tomó con fuerza la muñeca y la detuvo.—Basta... —. Respiraba pesadamente y la orden no estuvo a discusión.

Separó sus piernas y se acomodó entre ellas, dirigió su erección a la estrecha entrada, avanzando lenta y firmemente dentro de ella, la vio estremecerse y afirmó sus caderas con una mano mientras la otra la usaba para sostenerse, cerró los ojos y comenzó a moverse, entrando y saliendo, despacio en un principio, aumentando el ritmo lentamente. Shizuka encajo sus dedos en la carne de su espalda, respirando dificultosamente, incapaz de contener los gemidos que salían de su garganta, tenía la vista nublada y de cuando en cuando recibía besos húmedos en sus labios y en los pechos, a veces sentía su lengua en el cuello y otras como mordía levemente su piel, respondió de igual forma, percibiendo el borde del éxtasis.

Su orgasmo la atacó sin piedad, liberando de ella un gemido sonoro que rebotó en las paredes y la avergonzó un poco, sobre todo al compararse con los gruñidos que su esposo había emitido, guturales y profundos contra el espacio entre su hombro y cuello, su respiración podía sentirla viajar por toda la piel. Ella se quedó quieta, con cada músculo agotado y satisfecho, mientras él se movió un par de veces más antes de terminar.

Su cuerpo se cernió sobre ella pesadamente, aplastándola contra el colchón, arrebatándole poco a poco el aire.—A... pesas...— fue lo único que atinó a decir.

—Lo siento —. Pronto se quitó de encima, dejándose caer a su lado y tratando de recuperar su respiración normal. Se quedó boca arriba, mirando un rato el techo antes de girarse hacía su esposa quien le había dado la espalda y dormía tranquilamente, pensó en mover la sabanas para cubrirla pero no quería molestarla, igualmente nadie vendría hasta después del medio día. Podrían dormir tranquilos.

Sintió que se movía detrás de ella, pero en ningún momento se acercó más de lo que ya estaba, su tamaño tampoco le permitía alejarse mucho sin caer de la cama. Su cuerpo estaba relajado excesivamente, pero su mente no dejaba de dar vueltas. En verdad había tenido sexo con ese hombre, sólo por el hecho de que era su esposo y se supone que eso debía suceder luego de la boda. Pensó sobre todo lo que había pasado ese día, se sentía un tanto intranquila.

Y medio del silencio pudo escucharlo, se quedó helada y tuvo que taparse con fuerza la boca para no reírse como desquiciada. Miro sobre su hombro, A estaba roncando.


N/A: Es muy claro que A es del tipo que rocan, me pareció inevitable contarlo. Ya dieron el primer paso como "esposos", espero no se salgan de control. No son pecisamente tal para cual pero podrían estar peor.