Preparativos (II)

Durante un momento me quedo en la clase, apoyada contra la mesa del profesor. ¿Qué puedo hacer? No tengo intención ninguna de salir al patio con el frío que hace. Recorro toda el aula con la mirada, pensando en el viernes y en los regalos que nos daremos. A mí me ha tocado Rosalya, pero ¿a quién le habré tocado yo? Creo que voy a preguntarles a los chicos hasta averiguarlo. Quizás podría darme una vuelta por la sala de delegados, seguro que Nathaniel está allí. Así podré preguntarle; aunque conociéndolo no creo que me lo diga.

Cuando voy a salir del aula, alguien me interrumpe el paso. Instintivamente doy un traspié hacia atrás para no chocarme contra quién sea.

—Perdona, Sucrette, ¿estás bien?

Es Lysandro.

—Sí, no te preocupes —le tranquilizo sonriendo—. ¿Qué haces aquí? ¿No habías salido con los demás antes?

—He olvidado coger el desayuno —me responde dirigiéndose hacia su mochila.

Quiero saber a quién le tiene que regalar, ¿se molestará si le pregunto? Bueno, ¡quién no arriesga no gana!

—Uhm… Lysandro…

—¿Pasa algo? —me pregunta.

—No, sólo… ¿puedo preguntarte algo?

De repente empieza a sonrojarse. ¿Qué le ocurre?

—¿Qué es?

—Verás… ¿Me dirás quién te ha tocado en el amigo invisible? —le digo sonriendo expectante.

Lysandro me mira asombrado durante un momento y luego suelta un suave suspiro.

—Pensé que me ibas a preguntar por lo que te ha contado Rosa —dice avergonzado apartando la vista.

Durante un momento lo miro sin saber a qué se refiere. Un segundo después caigo en la cuenta de lo que está pensando.

—¡¿Q-qué?! —Seguro que mi cara ha pasado por todas las tonalidades del rojo— ¡N-no era n-nada de eso! —replico avergonzada e indignada.

Estoy como un tomate, lo sé por lo acaloradas que siento las mejillas.

Lysandro me mira aún más avergonzado, pero con una pequeña sonrisa.

—Reconoce que siendo tan curiosa, es normal que se me pasara por la cabeza.

No puedo evitar reír y darle la razón.

—Bueno, me marcho; Castiel debe estar esperándome —me dice también sonriendo.

—¡Espera! ¡No me has contestado! —le grito, aunque es demasiado tarde; ya se ha ido—. ¡Rayos!

Salgo del aula lo más deprisa que puedo, pero Lysandro parece haberse esfumado. Sin nada que hacer, vuelvo a mi plan original y me dirijo a la sala de delegados. Doy dos suaves golpes antes de asomarme al interior, pero encuentro la sala totalmente vacía.

—Vaya, adiós a mi interrogatorio —murmuro aburrida saliendo y cerrando la puerta a mis espaldas.

Y eso que Nath siempre está aquí… Una vez más sale a relucir la mala suerte que tengo encontrando a las personas que me interesan.

—¡Hola Sucrette!

Iris viene hacia mí saludándome con la mano. Detrás de ella está también Melody.

—¡Hola! —las saludo.

—¿Qué haces aquí? —me pregunta Iris.

—Estaba buscando a Nathaniel, ¿lo habéis visto?

—Si es para algún asunto del instituto puedo ayudarte yo —se ofrece Melody poniendo una cara extraña.

—No, no te preocupes, no es del instituto —le respondo—. Sólo quería preguntarle algo, voy a ver si lo encuentro.

Me despido sonriendo y me dirijo hacia las escaleras. Durante un momento, me parece ver una mirada distinta en Melody, pero al instante siguiente ya no está. ¿Me lo estaré imaginando?

Antes de poder darle más vueltas, me llega desde la derecha la voz de Armin. Parece que viene del Aula B.

—¡Ya te he dicho que hoy no pienso ir a ninguna parte!

Intrigada, entro en la clase y encuentro a los gemelos en pleno combate verbal, y a Kentin observándolos con una expresión indiferente.

—¡Y yo te he dicho que necesitas renovar tu armario de invierno! —exclama Alexy agitando los brazos.

No puedo evitar formar una sonrisa nerviosa al comprender el tema de discusión.

Me acerco a Kentin sin dejar de prestar atención a los hermanos.

—¿Otra vez? —suspiro resignada.

Él suelta una risilla.

—Sí, otra vez.

—Y por siempre —añado divertida.

—¿No sales fuer…? Ah, lo olvidaba. No te gusta el frío.

Abro los ojos en sorpresa.

—¿Cómo puedes acordarte de esas cosas?

Él desvía la mirada sonrojado.

—Bueno, tú me gustaste durante mucho tiempo. Es normal acordarme de algunos detalles —replica.

Sonrío algo avergonzada. Cada vez que me recuerda sus viejos sentimientos me siento un poco incómoda. Un carraspeo nos llama la atención. Armin y Alexy han dejado de discutir y están mirándonos fijamente.

—¿Os dejamos intimidad? —pregunta Armin con una sonrisa divertida, mientras que Alexy parece serio.

—¿Qué estás diciendo? ¡Si sois vosotros los que estabais discutiendo! —Protesto—. Además, quería preguntaros una cosa.

—¿Qué cosa? —curiosea Alexy, volviendo a su expresión normal.

—Estoy tratando de averiguar quién me regala —les desvelo sonriendo—. ¿Me diréis quiénes os han tocado a vosotros?

Armin suelta una risa a la vez que Alexy dice:

—Ya sabía yo que no te ibas a quedar quieta.

Un leve rubor me cubre las mejillas.

—Vaya, perdón por ser tan predecible —digo haciendo una mueca.

—No te preocupes, creo que la curiosidad es algo innato en ti —ríe Armin.

—Entonces, ¿me lo vais a decir? —les pregunto ilusionada.

—A mí me ha tocado Iris —me suelta Armin.

—¿No se supone que no hay que decirlo? De eso se trata, ¿no? —se queja Kentin. Supongo que con él no hay nada que hacer.

—Qué aburrido eres, Ken —le chincha Alexy.

—¡¿No te he dicho que no me llames Ken?! —exclama irritado.

—¡Pues yo también quiero saber quién me regala! —Dice sonriendo mi mejor amigo, alzando sus brazos por detrás de su cabeza e ignorando los reclamos del pobre Kentin—. ¡Yo te lo digo si tú me lo dices! Pero nadie más debe enterarse, ¿de acuerdo?

—Estamos aquí —interviene Kentin de nuevo.

—Vosotros sois la excepción, evidentemente.

Entusiasmada, pongo mi brazo derecho sobre el corazón y levanto el izquierdo a la altura de mi cabeza.

—Lo juro por la nueva colección de ZaraH.

—Ese es un juramento muy serio —acepta Alexy riendo—. Me ha tocado Charlotte, ¿y a ti?

—Rosa.

—¡Mira que tienes suerte, Su! —se queja él—. Bueno, por lo menos me ha tocado una chica. Seguramente le regalaré algo de ropa.

—Es Charlotte la que tiene suerte; me hubiera encantado haberte tocado yo — dije haciendo pucheros.

—¡Eres tan linda! —exclama mientras me coge la cara, pellizcándome las mejillas. Cierro los ojos por inercia, pero los abro al instante en que noto algo suave en mi nariz. ¡Alexy me está besando la nariz!

—¡¿Pero qué…?! —escucho que protesta Kentin.

—¡Hey, no te aproveches! —Interrumpe Armin—. ¡La vas a asustar! Mírala, está toda roja la pobre —se carcajea.

Yo supongo que es verdad, porque siento mis orejas ardiendo. Alexy empieza a reírse junto a su hermano.

—Lo siento, no he podido evitarlo.

—N-no te disculpes —logro murmurar.

—Dentro de cinco minutos sonará la campana, es mejor que nos vayamos —gruñe Kentin saliendo del aula.

Armin, Alexy y yo nos miramos.

—¿Creéis que se habrá enfadado? —nos pregunta Alexy preocupado.

—A lo mejor ha creído que estabas ligando con Sucrette —salta Armin sonriendo maliciosamente.

—¿Cómo puede pensar eso? ¡Si a Alexy le gustan los chicos!

Ellos se miran de reojo.

—Espera… ¡¿Kentin no lo sabe?! —exclamo sorprendida.

—Bueno, yo no se lo he dicho —me contesta Alexy.

—Pero de todas formas... ¡A ti se te nota que te gusta él! ¿Cómo no se ha dado cuenta?

Alexy se sonroja en cuanto termino la frase, pero Armin me da la razón.

—Yo creo que es un caso perdido —afirma.

—Tú tampoco puedes decir nada al respecto —le sonrío divertida.

—Sí, bueno, pero yo soy especial —bromea.

Nos ponemos en camino hacia la clase mientras seguimos hablando. Observo a Alexy preocupada; parece un poco deprimido. ¿Qué puedo hacer? Odio verlo así.

Antes de poder decirle algo, entramos a la clase y suena la campana dando fin al recreo.

—Bueno, os voy a explicar cómo lo vamos a hacer —dice el señor Farrés—. Nos vamos a dividir en grupos, y cada uno decorará una parte del instituto. Todas las aulas, incluida la de ciencias. Ah, y no os olvidéis de los pasillos. Ahora, por favor que algunos me acompañen a traer las cajas con los adornos que hay en el sótano.

Nathaniel y Melody se levantan de inmediato para ayudar al profesor. Iris y Lysandro también se ofrecen, pero no parece haber más interesados. Antes de meditarlo, me levanto también. Ha sido un impulso, pero la verdad es que prefiero moverme a estar aquí esperando.

—Bien, pues vamos —decide el profesor, encaminándose hacia el fondo del pasillo, con nosotros siguiendo sus pasos. Mientras caminamos, Iris y yo intercambiamos miradas ilusionadas. Lysandro nos mira de reojo sonriendo. Melody y Nathaniel van unos pasos por delante.

Cuando llegamos al sótano, el señor Farrés nos guía hasta una serie de cajas abiertas apiladas en una esquina y nos ordena coger una cada uno. Al coger la mía noto que lleva escrito "Aula A" en uno de los lados. Cada uno con una caja en sus brazos, nos encaminamos para volver a la clase, pero un ruido me hace detenerme. ¿Pero qué…?

—¡Sucrette, la caja! —exclama Nathaniel, a la misma vez que siento cómo el peso de entre mis brazos disminuye.

Genial… El cartón del fondo se ha abierto. La mitad de las cosas se han escurrido hacia el suelo. Cuando veo que todos vienen a ayudarme empiezo a rehusarme.

—¡No os preocupéis, volved a clase! En serio, meteré todo y cogeré la caja por debajo para que no se caiga nada —aseguro mirando al profesor.

—¿Seguro que no necesitas ayuda? —me pregunta.

—Seguro, profesor. Será sólo un momento.

Al principio parece dudar, pero luego asiente y se va seguido de los demás, no sin antes asegurarme que si necesito ayuda, que la pidiera.

En cuanto salen y cierran la puerta del sótano, suelto un resoplido. ¿Será posible que pueda tener tanta mala suerte?

Tan rápido como puedo, recojo los adornos del suelo y levanto la caja con cuidado de que no se abra de nuevo. Al salir del sótano me encuentro con Ámber, Li y Charlotte. Al parecer les ha tocado decorar la parte de las escaleras. Ámber está ordenando dónde poner cada cosa, mientras las otras dos siguen sus instrucciones. Preferiría no tener que discutir con ella hoy. Con el máximo sigilo, intento pasar desapercibida.

—¡Hey, tú!

Rayos.

No quiero darme la vuelta para enfrentar una pelea, pero temo más que me haga algo por la espalda aprovechando que no la veo. Cojo aire y fuerzo una sonrisa, dándome la vuelta para mirarla.

—¿Quieres algo, Ámber?

—Sí, déjame ver lo que llevas ahí —me dice señalándome la caja—. Los adornos que nos han dado son horribles.

—Ni hablar, estos son para el Aula A —le contesto, mandando mi autocontrol a darse una vuelta.

Enojada, viene hacia mí seguida por sus amigas, con la firme intención de quitarme la caja. Cuando estoy a punto de echar a correr, el profesor Farrés llega sudando.

—¡Ah, señorita Sucrette! —resopla mirándome—. Como tardaba tanto, pensé que después de todo, sí necesitaría ayuda. Si ya ha recogido todo, llévelo al Aula A y comience a decorar, por favor.

—Vale —contesté, internamente agradecida con el profesor.

Sonriendo, miro de reojo a Ámber, que está que casi echa humo por las orejas. Sin perder un segundo más, me voy directa a la clase. Mientras recorro el resto del pasillo, observo cómo mis compañeros lo van decorando. Unos riendo, otros discutiendo, algunos incluso gritando. Sonrío contenta. Adoro este instituto.

Al entrar en clase, que parece estar desierta, dejo la caja en la mesa del profesor.

—Aleluya —dice alguien a mis espaldas.

Me doy la vuelta sorprendida.

—¡Castiel! Pensé que no había nadie aquí.

—Sí, bueno… —me responde con cara de aburrido—. Alguien tenía que ayudarte a decorar esto.

—¿Y tú te has ofrecido voluntario? —le pregunto con el corazón brincándome en el pecho.

Él sonríe, poniéndose la mano en la cadera. Inconscientemente, me digo que esa es buena señal; está de buen humor.

—Di más bien que no tenía ganas de moverme de sitio.

—No disimules, sabes que no puedes vivir sin mí —le digo regodeándome.

—Lo que tú digas. Ahora más vale que nos pongamos con esto, quiero terminar rápido —dice fastidiado.

—¡Vale!

Nos ponemos manos a la obra enseguida, mientras nos picamos el uno al otro y tenemos alguna pequeña discusión sobre los decorados. Hemos puesto espumillón azul y dorado por las paredes y la pizarra, con algunas estrellas y bolas en sus extremos.

—Creo que está quedando bastante bien —sonrío satisfecha.

¡Aquí el segundo capítulo! Antes que nada, agradecer a todos los que han agregado esta historia a favoritos y/o a seguidores. ¡Y agradezco aún más a los que me han dejado sus comentarios! Como todos los de esta página sabemos, son los reviews los que alimentan nuestras ganas de seguir escribiendo.

yuckari: Me alegro de que te haya gustado, y gracias por ser la primera en darme la alegría de un review. Espero que te haya gustado este capítulo.

fuckthehopes: Antes que nada, he de confesarte que me encanta tu Nick xD Y en lo referente a lo sexys que son esos dos, le echaré toda la culpa a ChiNoMiko. Y rezaré por que siga creando chicos así :p

agus: Me alegro de que te guste. Sobre el amigo invisible, un poquito más abajo explicaré el por qué a Su no le ha tocado Castiel.

itatiswett: Me gusta que te guste xD Ojalá hayas disfrutado de la continuación.

Antes de irme, UNA ACLARACIÓN sobre el amigo invisible. Lo hice al azar. Es decir, que yo no he planeado quién le regala a quién, lo hice por sorteo. Escribí los nombres de los personajes en papelitos (que a decir verdad eran post-it de color verde), los doblé y los fui cogiendo uno a uno. Sin embargo, ni yo misma lo hubiera podido hacer mejor. Es increíble cómo el azar manipula todo. ¡Ya lo veréis! (Insertar risa maquiavélica). No olvidéis comentarme si creéis que algo está mal en relación a las personalidades de los personales, o si veis alguna falta de ortografía. De verdad que ODIO tener faltas de ortografía.

Un besazo muuuuy fuerte a todos.