Este capítulo lo dedico a fuckthehopes y a yuckari. Es para vosotras, chicas, que me dais ánimos con vuestros comentarios desde el primer capítulo. ¡Muchísimas gracias!

Caos

Tengo mala cara, lo sé, no hace falta que me lo diga todo aquel que se me cruce por el pasillo. Cuando llego a clase me dejo caer desganada en mi pupitre, refregándome los ojos. No ha llegado casi nadie todavía, así que me echo encima de la mesa, cerrando los ojos en un pobre intento de descanso.

—¿Sucrette? ¿Qué te pasa? —escucho que me llaman.

Abro los ojos y me encuentro a Violeta mirándome preocupada.

—No es nada, tranquila —la calmo incorporándome—. Sólo es sueño, esta noche no he dormido bien.

—Oh, ya veo. De todas formas, si te encuentras mal no dudes en decirlo. Tengo algunas pastillas para el dolor de cabeza —dice sonriendo levemente.

Yo le sonrío de vuelta y le hago una caricia en el brazo.

—Muchas gracias, Violeta. Eres genial.

Ella se sonroja levemente, ¡es tan dulce!

—¿Es que has estado de fiesta toda la noche? —interrumpe una voz.

—Buenos días a ti también, Rosalya… —la saludo mientras ruedo los ojos.

—Buenos días —saluda también Violeta.

—Dejad los buenos días y tú explícame por qué las ojeras te llegan al suelo —exige señalándome.

—No es culpa suya, no ha dormido bien —me defiende Violeta.

Rosa me mira durante un momento y luego cambia de tema de conversación.

—¿Ya sabéis lo que vais a comprar por el amigo invisible?

Yo me pongo alerta a la vez que Kim se nos une.

—Sí —contesta mientras le pellizca la mejilla a Violeta como saludo.

—Yo también —dice Rosa.

—¿En serio? —pregunto incrédula.

—Yo no… —susurra Violeta preocupada.

—No te preocupes, tienes tiempo —la tranquiliza Kim—. Seguro que no lo tienes claro porque te ha tocado un chico…

Violeta se encoge, ruborizándose ligeramente. Las tres soltamos una carcajada.

—Eres tan transparente… —comenta Rosalya.

—¿Cuál de ellos te ha tocado? —le pregunto. Por un momento se me pasa por la cabeza que es Castiel y noto una sacudida en el estómago.

Ella me mira dudosa.

—Le vas a quitar la gracia al juego, Sucrette —me dice Kim.

Violeta asiente, de acuerdo con ella.

—Siempre con esa curiosidad innata… —se burla Rosa.

Yo suelto un bufido.

—Sólo quiero saber quién me regala a mí.

—Pues Violeta le regala a un chico, así que ella no es —dice de nuevo Rosa—. Y yo tampoco te regalo, lo siento.

—Ni yo —niega Kim.

—Sí, claro, porque si os hubiera tocado de verdad, me lo diríais, ¿no?

Kim sonríe de lado, divertida.

—El creernos o no, ya es asunto tuyo; pero yo no voy a hablar más de a quién regalo y a quién no.

—¿A quién regaláis?

Todas nos volvemos sobresaltadas hacia Peggy, que está muy animada con su micrófono en la mano.

—Deja ese trasto tuyo a un lado —protesta Rosalya—. Ya deberías saber que no te vamos a decir nada.

Peggy hace una mueca de aburrimiento.

—Pues Ámber sí que me ha dicho a quién regala.

—Pero Ámber no sirve para hacer otra cosa que no sea presumir —interviene Kim, molesta.

Yo giro la cabeza sutilmente y miro a Ámber de reojo. Está más altiva que de costumbre.

—Eso no es bueno —murmuro para mí misma.

La clase empieza unos minutos más tarde. Me intento concentrar, pero los ojos se me van hacia el asiento vacío de Castiel, que no aparece en toda la hora. Seguramente se está saltando la clase, algo nada nuevo, sin embargo ese pensamiento no me consuela. No tengo ánimos ni para moverme de mi sitio en el cambio de clase; simplemente entierro la cabeza entre los brazos, pensando.

Un soplo repentino en mi oreja izquierda me hace dar un respingo, incorporarme en la silla y lanzar un grito ahogado. Alexy y Armin se ríen de su propia broma a mi lado.

—Muy graciosos —les espeto—. Habéis ido a molestar a Kentin y os ha echado, ¿no?

—Vaya, mira quién se ha levantado con el pie izquierdo esta mañana —dice Alexy.

—No te dejes engañar, Alex —le dice su gemelo—. Yo creo que algún zombi la ha mordido y se está empezando a transformar, ¿le has visto la cara?

A pesar de que no quiero, una sonrisa empieza a invadir mi cara.

—Pues ten cuidado, a ver si te voy a infectar también a ti —le prevengo divertida.

—Hablando en serio, ¿te pasa algo, Su? —Me pregunta Alex—. No te has levantado de tu sitio. Debes tener fiebre o algo.

Yo lo miro levantando una ceja y él se ríe. Un segundo después lo imito.

—Estoy algo cansada —les explico—. ¿Tú estás bien, Alex?

Él me mira extrañado.

—¿Yo? ¿Por qué lo dices?

—Bueno… Ayer, Kentin… Tú sabes… —balbuceo.

Al comprender de qué estoy hablando, Alexy esboza una sonrisa cansada.

—Tranquila. Al fin y al cabo son cosas que no pueden evitarse.

El tono triste que utiliza sólo consigue preocuparme más.

—Pero…

—Venga anda, ¡quita esa cara! —me interrumpe más animado, llevando sus brazos hacia atrás—. Ya sé con qué me puedes compensar. ¡Este fin de semana vamos al centro comercial y me compras unas zapatillas! Las he visto en el catálogo.

Sin poder contenerme, me levanto y le abrazo.

—¿Te he dicho ya que te quiero, Alex? —murmuro contra su hombro.

—¡Hey! —interrumpe Armin—. Vale ya, me voy a poner celoso.

Alexy se ríe, apretándome también entre sus brazos.

—Yo también te quiero, Su.

—¡Vale ya! —gruñe Armin.

Alex y yo nos separamos y miramos al moreno sonriendo.

—¿De qué te preocupas? —le pregunta Alexy—. Sabes que Sucrette no es mi tipo.

—¿Y quién dice que esté celoso por Sucrette? —lo contradice Armin, poniendo morritos y abriendo sus brazos hacia su gemelo, implorando cariño él también.

Los tres estallamos en risas justo cuando la campana anuncia la segunda hora de clase. Antes de sentarme de nuevo echo un vistazo al asiento de Castiel, todavía vacío. Suspiro con pesadez. A este paso no voy a poder hablar con él. Espero que por lo menos se presente después del recreo.

Las dos clases siguientes son como una lenta tortura. Mis ojos se desvían hacia mi reloj de muñeca a cada minuto. Ya no hago el intento de prestar atención, y me dedico a imaginar la conversación con Castiel, sopesando sus posibles contestaciones y reacciones. ¿Seguirá tan molesto como ayer? ¿Me dirigirá al menos la palabra? No creo… Castiel es orgulloso, sí, pero admite sus errores.

Tengo mucho en cuenta el hecho de que a pesar de creer todo lo que Debrah había dicho de mí en su momento, él siguiera hablándome. Incluso me pidió perdón por lo que me dijo en las escaleras… Aquello de 'No me vuelvas a dirigir la palabra, olvida que existo y no te acerques a las personas que me importan'… Uf, el recuerdo todavía escuece.

Agito la cabeza rápidamente de un lado a otro. Ya bastantes vueltas le estoy dando a todo esto como para también meter en el saco lo mal que lo pasé aquellos días. No. Eso ya quedó en el pasado. Al fin y al cabo, Castiel no fue el único; casi todos fueron engañados por ella. Evoco la expresión de Castiel cuando se enteró de las mentiras de Debrah. Tristeza, desilusión, impotencia, ira… El nudo que tengo en el estómago se hace más grande y se aprieta ante la duda que acaba de empezar a carcomerme por dentro: ¿Él la quería cuando se enteró de la verdad? ¿Seguirá sintiendo algo por ella ahora? Escondo la cara entre mis manos y abatida aplaudo mentalmente mi inexistente inteligencia. ¡Muy bien, Sucrette! ¡Más cosas desagradables por las que preocuparte, como si no tuvieras ya suficientes!

A la hora del recreo me dirijo hacia las escaleras sin meditarlo mucho. Qué frustrante es todo esto… Si voy a estar de los nervios tan sólo por una conversación pendiente y porque no lo vea en clase, me esperan unas vacaciones muy largas. ¿Por qué me pongo así? Me gusta, sí, pero no tanto. ¿Verdad? Suelto un bufido mientras me siento en los últimos escalones y me tapo la cara con las manos.

—La falta de sueño me está afectando… —me digo.

—Pues espero que no sea muy grave.

Levanto la cabeza y me encuentro a Kentin de pie delante de mí.

—¿Puedo sentarme?

Yo le sonrío y me echo a un lado. Él se sienta enseguida y me mira con la cabeza ladeada.

—¿Y Alexy y Armin? —le pregunto extrañada de no verlos a los tres juntos.

Kentin resopla.

—Dame un respiro —dice, haciéndome reír.

—No seas malo. Con lo que Alexy te aprecia… —suelto sin poder evitarlo.

¿He sido demasiado descarada?

—Sí, bueno, no es que me caiga mal de todas formas…

Pues no; demasiado sutil, Sucrette.

—Entonces, ¿por qué te enfadaste ayer? —inquiero observándolo de cerca.

—¿Q-qué? Yo no me enfadé —niega, bajando la vista ruborizado.

—Si tú lo dices…

Me levanto sacudiéndome el pantalón negro que escogí esta mañana.

—Voy a volver a clase.

—Voy contigo —dice levantándose también—. Pero antes, ¿te pasa algo?

—¿Eh? —lo miro confusa.

—Estás rara hoy —haciendo una extraña expresión, se acerca a mí hasta que las puntas de sus zapatos chocan con las mías—. Si quieres hablar con alguien, estoy aquí.

Antes de poder contestarle, me agarra los brazos, acariciándomelos suavemente con sus dedos. Me sobresalto al contacto, pero él no aparta sus manos. Incómoda y avergonzada, alzo la vista para mirarlo. Está cerca, demasiado cerca.

—Y-yo… E-estoy bien… —tartamudeo revolviéndome.

Él afloja su agarre, pero acto seguido me coge de la mano y me guía hasta el sótano.

—¿Kentin? ¿Qué pasa? —pregunto, pero él no da señales de haberme escuchado.

Cuando estamos en el centro de la estancia se vuelve hacia mí y me mira frunciendo el ceño.

—¿Por qué no confías en mí? —me pregunta. Parece realmente molesto.

—¡Claro que confío en ti! ¡Eres uno de mis mejores amigos y lo sabes!

Por alguna razón, eso parece enfadarle más.

—¿Por qué te enfadas?

—Creo que ya lo sabes.

Yo me limito a observarlo perpleja y él suspira y coge mi mano.

—Quiero… —hace una pausa apretando los dientes—. Quiero ser más que un amigo para ti.

Por un momento no asimilo lo que acaba de decirme. Se ha ruborizado, pero me mira directamente a los ojos sin titubear. Yo también noto el calor en mis mejillas, pero no es una sensación agradable. Más bien es puro nerviosismo.

No puede ser. ¿Él todavía siente algo por mí? No sé muy bien qué decir ni qué hacer. Dándome un suave apretón en la mano que todavía mantiene agarrada, Kentin se inclina hacia mí. Su rostro cada vez está más cerca. Sin pensarlo, actúo movida por el pánico.

—¡Kentin! —lo paro dando un traspiés hacia atrás, bajando la cabeza y extendiendo mis brazos hacia delante, en un intento de mantener las distancias. Me doy cuenta de que estoy respirando agitadamente, así que intento serenarme antes de enfrentarlo. Levanto la vista y mi corazón se encoge. Tiene una mirada tan triste…

—¡Lo siento! —me disculpo, algo tarde—. De verdad Kentin, lo siento mucho.

—¿Por qué? —pregunta él, apretando los puños.

—¿Eh?

No entiendo a qué se refiere con esa pregunta.

—¿Por qué no puedo ser yo, Sucrette? ¡Dijiste que era perfecto!

Lo veo mirarme impotente, suplicante, y los ojos se me llenan de lágrimas.

—Y lo eres, Ken, pero…

—¡No me llames Ken! ¡No ahora! —replica furioso. Y lo entiendo.

—Lo-lo siento… —me vuelvo a disculpar sin poder evitar estallar en llanto.

Él se calma un poco al notarlo. Lentamente, como si no quisiera asustarme, envuelve sus brazos a mi alrededor. Al principio me tenso, pero en unos segundos se me pasa y me apoyo en él soltando un sollozo. Su pecho se siente bien, pero no de la forma en la que él desearía. No es el pecho de Castiel y no son sus brazos los que me rodean.

—No entiendo por qué eres tú la que llora, si soy yo el que ha sido rechazado —dice. No puedo verlo, pero sí puedo apreciar la ironía que ha puesto en frase y la decepción que oculta con ella.

Yo me regaño mentalmente. Tiene razón. Soy una egoísta, haciéndolo sentirse mal, llorando y dejando que me consuele. Cojo aire y me aparto.

—Perdón. Es verdad, soy una tonta egoísta. Tienes todo el derecho a enfadarte.

Kentin parece molesto otra vez.

—¿A qué viene eso? Yo nunca he pensado que fueras egoísta. Eso es lo último que podría pensar de ti.

Intento agradecerle con la mirada, pero creo que más bien me ha salido un puchero.

—Yo… no quiero hacerte daño.

Él suelta un bufido, pasándose la mano por la nuca.

—Egoísta quizás no, pero injusta…

Lo miro sin comprender.

—Así no puedo enfadarme contigo —me dice medio sonriendo. Y yo le sonrío también.

—Gracias.

El eco de la campana resuena a nuestro alrededor dando inicio a la siguiente clase, pero ninguno de los dos hacemos ademán de volver. Un difícil silencio se instala entre nosotros. Sé que quiere decir algo, así que espero inquieta a que se decida.

—¿Es porque… te gusta alguien?

Siento que se me tensan los hombros y empiezo a ruborizarme. ¿Por qué en dos días me he sonrojado más que en todo el tiempo que llevo en este instituto?

—Eh…

No me siento capaz de mirarlo, pero él ya ha deducido la respuesta.

—¿…Y te corresponde?

Durante un momento me invaden unas enormes ganas de gritarle y decirle que ese asunto no le incumbía, pero enseguida desaparecen mientras recuerdo su triste mirada de antes.

—No lo sé —confieso con un suspiro.

Para mi consternación, él sonríe.

—Así que, ¿todavía puedo tener una oportunidad?

Me quedo sin habla durante un minuto, tiempo que aprovecha él para dirigirse a las escaleras.

—¡Un momento! —exclamo cuando me recupero del shock, corriendo hacia él.

Kentin se vuelve hacia mí con un gesto tranquilo.

—No voy a perder, Sucrette —suelta antes de salir y cerrar la puerta a sus espaldas, dejándome con la palabra en la boca y un caos mental bastante grave.

Bueno, ya se va poniendo la cosa un poquito más interesante. Este capítulo me ha sorprendido hasta a mí, porque sinceramente no tenía planeada la confesión de Kentin, ni en este capítulo ni en todo lo que queda de fic, así que no sé... ya me comentaréis supongo jajaja.

fuckthehopes: Seeeeh se ha puesto rojo de celooos xDD Sinceramente, de todas las chicas que hay, quitando a las que ya sabemos que tienen mala leche (Ámber, Debrah, etc), Melody es la que peor espina me da. Esa mirada tan fría y cínica que nos echa en los penúltimos capis... Yo digo que esa va a dar problemas en un futuro, jajaja. Ya habrás leído lo que he hecho con Ken... no me pegues xD Me ha salido sólo, y no sabes lo mal que me siento por el pobre Alexy... Pero bueno, pienso hacer un fin aparte de los dos para conseguir vuestro perdón (¡que viva el yaoi!). ¡Estoy tan contenta de que te guste! Ojalá que lo de Ken no te haya desanimado.

yuckari: ¡Gracias! intento hacer todo lo más "realista" posible, dentro de lo que cabe. Porque siendo sinceras, ¿quién tiene un Castien en su vida real? (Aqunque sea muy triste no tenerlo u.u) Yo quiero uno... *se va a llorar*