Capítulo 8 - Leon
En cuanto llegamos al laboratorio en Pennsylvania registramos el perímetro y al perecer no había nadie.
-Da vuelta a la derecha, ahí es la sala principal –dijo Hunnigan-
Entramos y ahí estaba todas las muestras del supuesto virus, acomodadas perfectamente, dispuestas a ser encontradas.
-Eso fue demasiado fácil –dijo Helena-
La mire preocupado, esto no se veía nada bien. Hunnigan nos dio indicaciones de ir a la bodega donde probablemente había más muestras, caminamos en completo silencio, siempre vigilantes. Cuando estábamos a punto de llegar a la bodega la interferencia nos cortó la comunicación con Hunnigan.
-No quites el dedo del gatillo –le dije-
Abrí lentamente las puertas de la bodega mientras que Helena estaba recargada en la pared, entramos los dos con paso sigiloso cuando de repente alguien me tomo por la espalda y vi como empujaban a Helena. Me golpearon en la cabeza y caí, me dispuse a levantarme para ir a Helena, pero aquella misteriosa persona me pateo, obligándome a caer otra vez y puso su pie encima de mí para impedir que me parara.
-¡Leon! ¡Ayúdame! –Gritaba Helena desesperada-
La persona que me estaba pisando solo reía mientras me aplicaba más fuerza, dejándome sin aire. Cuando ya no escuche a Helena el pánico me invadió, y de repente, siguió una explosión, el piso de la bodega empezó a caer, y una de las vitrinas se rompió golpeando a quien me tenía cautivo, me levante con toda la fuerza que me quedaba.
-¡Helena! –Grite esperando una respuesta-
Al no tenerla comencé a correr hacia el lugar de la explosión, el humo era demasiado denso, no podía ver nada. Llegue al lugar donde el piso de la bodega empezó a caer y ahí estaba Helena, sosteniéndose con todas sus fuerzas para no caer a un conjunto de barras de metal afiladas. Al verla ahí corrí y me lance para alcanzar su mano, estaba a punto de caer. La empecé a subir y cuando por fin logre subirla completamente, me deje caer y la abracé con todas mis fuerzas.
-Nunca jamás dejare que te alejen de mi –dije a punto de llorar acariciando su cabello- te amo Helena, pensé que te había perdido –tome su rostro y ella me miro a los ojos-
Nunca he podido describir lo que le pasa a mi cuerpo cuando Helena me mira a los ojos, siento como si una corriente eléctrica me recorriera, ver sus ojos cafés que están llenos de amor, me mata. La bese y cuando creíamos que ya todo había acabado, el bastardo encapuchado que se la había llevado estaba frente a nosotros apuntándonos, estaba a punto de disparar cuando un agente llego y lo tiro. Otros más entraron, con sus uniformes completamente negros y en sus espaldas se podía leer "F.B.I".
-Gracias Hunnigan –dije para mí mismo mientras los agentes nos llevaban a un lugar seguro-
Sabía que Ada nos había mandado a los dos solos, era su forma de cumplir lo que había dicho en su mensaje. La verdad Ada ya no me quitaba el sueño. Helena era la dueña de mis pensamientos, me enamore de ella y demasiado. Cuando íbamos en el avión de regreso a Washington vi los brazos de Helena y estaban llenos de rasguños y moretones.
-¿Estas bien? –la miré y le pregunte-
-Ella me miro- Si, no te preocupes –sonrió-
-Los que te hicieron eso pagaran –dije molesto mientras apretaba el puño-
-Está bien Leon, me han pasado cosas peores –ella tomo mi mano y la apretó con la suya- soy fuerte ¿recuerdas? –sonrió-
Era demasiado fuerte y ella me hacía fuerte a mí.
-Te amo –dije mientras la rodeaba con mi brazo-
Aunque ya haya pasado bastante tiempo, podía notar como Helena se estremecía cada vez que decía esas palabras, sin contar que sus mejillas se ponían de un color carmesí que me volvía loco. Esa noche llegamos a la casa e hicimos el amor. Fue mejor que cualquier otra vez, estaba cargado de pasión, de amor. Jamás me había sentido tan amado por una mujer, jamás había estado con alguien de que se estremeciera por mis caricias. Sus gemidos, su sudor, su olor, todo en Helena Harper era perfecto. Cuando estábamos unidos de esa forma, todo parecía perfecto. Ya ni si quiera podía recordar a aquel Leon que se volvía loco por una mujer que de vez en cuando venía, solo a saciar su placer. Ese Leon estaba muerto para mí.
Una semana después Helena fue enviada a Illinois para tratar asuntos legales del vicepresidente. El trabajo era aburrido sin ella, y lo peor, yo no sabía ni si quiera cuando volvería.
