Capítulo 9 – Helena

Llegue a Illinois y hacia más frio de lo que esperaba aun cuando eran los últimos días de junio. Llegue al hotel y luego tome un baño y dormí, al día siguiente tenia cosas que hacer.

Al día siguiente me arregle, me puse un abrigo y me dirigí a una pizzería popular. Despedirme de Leon había sido doloroso, pero en estas últimas semanas mi cabeza ha sido un desastre, y mentirle solo me hacía sentirme peor. Llegue a la pizzería y aquel hombre ya me estaba esperando, me senté enfrente de él y no me dirigió la palabra.

-Bien, ya me tienes aquí sin nadie más interrumpiéndonos ¿Qué quieres? –dije seria-

El hombre empezó a jugar con sus manos, como si estuviera pensando en que decir, después levanto la cabeza y me miró fijamente.

-Te quiero a ti –dijo dominante-

-¿A mí? –dije sorprendida-

-Sabes de lo que hablo, Helena –dijo con un poco de tristeza-

-Yo ya estoy con alguien –trate de dejarlo en claro-

-¿Y me vas a decir que ya no piensas en mí? –me miro-

-¿Puedo tomar su pedido? –dijo la camarera amablemente-

-Sí, una pizza hawaiana, para los dos –dije sonriéndole a la camarera- y cerveza, por favor.

-En un momento les traigo su pedido –dijo y se fue-

-Mira, hablaremos de eso después, no arruines la comida, por favor. –dije seria-

Comimos en silencio y salimos del establecimiento, ambos íbamos caminando, puesto que no éramos de Chicago y no contábamos con un automóvil. Mientras íbamos camino a mi hotel, el me tomo de la mano.

-¿Qué hace… -me interrumpió con un beso-

No sé si fue la cerveza que después de tanto tiempo sin consumirla me hizo perder la razón, o fue el simple hecho de que quería algo diferente en mi vida. Nunca pude descifrar cual fue la razón que me hizo actuar así, pero al final le seguí el juego. Lo besé con pasión, el buscaba más de mí y yo estaba dispuesta a dárselo. Fuimos a mi hotel, subimos las escaleras corriendo, puesto a que la pasión era demasiada para esperar un elevador. Entramos y el me tiro en la cama, se deshizo de mi abrigo y mis suéteres dejándome solo en ropa interior, me contemplo casi por un minuto para después comenzar con el acto. Terminamos, agotados y sudorosos, no había necesidad de encender la calefacción puesto a que el ambiente era bastante caliente ahí adentro. Me quedé acostada mirando hacía el techo tratando de recuperar el aliento. Entonces sentí sus brazos rodear mi cintura.

-Te amo Helena –dijo y me beso la mejilla-

Me quede pensando en lo que había hecho, y unos segundos después por fin conseguí que las palabras salieran de mi boca.

-¿Por qué seguimos haciendo esto? –Dije y me levante de la cama-

-Estamos destinados a estar juntos, ¿Cuándo te darás cuenta de eso? –me dijo y se levantó de la cama, siguiéndome-

-Pero yo no quiero estar contigo. –dije seria-

El entendió, se puso su ropa y salió de la habitación. Me senté en la cama, me toque la sienes y después de un rato empecé a llorar.

-Nadie tiene que saber esto, jamás –dije para mí misma- ¡Mierda Helena! Ya estas con la persona que te robo el sueño por mucho tiempo, cómo pudiste hacerle esto… -grité y me acosté-

Lloré hasta dormirme ese día. Decidí quedarme unos días en Chicago, no quería volver de inmediato y que Leon se diera cuenta de que algo pasaba. Me quedé dando vueltas en Chicago, iba de un lado a otro, sin un rumbo fijo. El último día no salí de mi hotel, me quedé en cama todo el día. Cuando tocaron a mi puerta. Me asome por la mirilla y era el, de nuevo.

-¿Qué quieres? –dije algo seria-

-Mi hotel se inundó por las lluvias de ayer, no hay más cupo en los otros hoteles y vine a ver si aun seguías aquí, no perdía nada –dijo mientras temblaba de frio-

-Está bien, pasa. –Dije y me hice a un lado-

Le ofrecí un café y después de un rato se fue a dormir, le ofrecí quedarse en la cama puesto que el sillón estaba demasiado duro, el acepto y se quedó dormido después de unos minutos. Nunca lo había visto así, tan pacifico. Siempre que lo tenía tan cerca de mí estaba ebria. Sentí como si mi corazón se hiciera pequeño, siempre había sido una maldita con él.

-Lamento haberte lastimado tanto, Jake –le susurre al oído y besé su mejilla-

Trate de dormir, pero no podía dejar de verlo, era como si mi cuerpo y mente sintieran una atracción natural hacia él.

-¿Qué tienes que te hace tan especial, Muller? –Dije en voz baja-

Después de que hable él se movió un poco, por lo que decidí dormirme de una vez. A la mañana siguiente me levante temprano porque tenía que llegar a alcanzar mi avión. Después de tener todo en mis maletas le deje una nota a Jake.

"Tengo que volver a Washington, puedes quedarte todo lo que quieras, ya hable con el gerente. Yo me encargo de los costos, no te preocupes. Fue encantador verte de nuevo Jake."

Tomé un taxi y me dirigí al aeropuerto. Cuando subí al avión y finalmente despegamos, saque mi teléfono y miré todas mis fotos con Leon. Una lagrima cayo lentamente por mi mejilla. Lo había traicionado. Le rompería el corazón si se enterara.

-Tal vez eres demasiado para mi… -susurré y me seque la lagrima-

Borré todos los mensajes de texto de Jake y su número, no podía permitir que esto se siguiera repitiendo, ya no más. Cuando llegue a Washington, Leon me estaba esperando, corrió hacia a mí y me abrazo con fuerza.

-Fue como una eternidad sin ti –me besó-

-Correspondí su beso y acaricie su rostro- te extrañe demasiado, mi vida.

Nos fuimos a casa tomados de la mano, todo lo que pasó en Chicago, fue solo un error. Yo pertenezco con Leon y el conmigo.