Capítulo 11 – Leon y Helena

~Leon~

Era sábado en la mañana, estaba en la cocina en ropa interior, bebiendo un poco de café, cuando dieron las 9, fui a despertar a Helena. Me senté enseguida de ella y le acaricie la mejilla.

-Despierta bella durmiente –besé su frente-

-Es sábado Leon… -dijo adormilada-

-Sí, pero tengo una sorpresa para ti –sonreí y ella me miro-

-¿Qué sorpresa? –Dijo y se sentó en la cama-

-Es sorpresa Helena, anda date un baño, yo prepararé el desayuno.

Desayunamos, se terminó de arreglar y primero fuimos al cine. Vimos la película que tanto quería ver.

-Es la película más hermosa que he visto –dijo con los ojos llorosos- Quien diría que Leon Scott Kennedy sería capaz de ver películas de amor –dijo y sujeto mi brazo-

-Bueno, a veces tenemos que hacer sacrificios –dije y reí-

-Eres un tonto –dijo y rio- y bien ¿ahora qué? –me miro-

-Vamos al parque, más tarde iremos a cenar, ¿le parece señorita Harper? –la miré tierno-

-Claro, vamos –se recargo en mi hombro y caminamos hacia el auto-

~Helena~

Leon y yo dimos vueltas por el parque, nos abrazábamos y nos besábamos, era un día muy lindo para ser sincera. Cuando dieron las 8 fuimos a uno de los restaurantes más lujosos de todo Washington ¿Qué se traía Leon entre manos?

-No viene vestida para un lugar así –dije mirando todo a mi alrededor-

-¿De qué hablas? Te vez hermosa, como siempre –sonrió y tomo mi mano y le respondí la sonrisa-

Después de unos minutos nos trajeron nuestras cenas, comimos y conversamos de muchas cosas.

-Solo te estoy diciendo que no es posible que haya fuego abajo del mar –dijo el-

-Es una caricatura Leon –respondí divertida-

-¿Le traigo el postre señor? –Llego el amable mesero y le guiño el ojo a Leon-

-Sí pero sabe, primero quiero decir algunas cosas –le sonrió al mesero y se paró- Bien –se aclaró la garganta- Helena, te conocí en la inexistente Tall Oaks, después cruce el mundo contigo, hasta China. Te salve el trasero –reí un poco- y yo salve el tuyo.

¿Qué estaba tratando de decir con todo esto? Acaso él estaba…

-Y a pesar de que te conocí en el caos y que ambos vimos como la esperanza se iba yendo lentamente, salimos de ahí vivos, y no fue sino hasta tiempo después que me di cuenta que estaba enamorado de ti –hizo una pausa y me sonrió- Así que hoy, Helena, quiero preguntarte algo. –Metió la mano a su bolsillo y saco una pequeña caja, se puso de rodillas y abrió la caja- ¿te casarías conmigo?

Quedé paralizada, estaba ahí, de rodillas frente a mí, como siempre había querido. Trague un poco de saliva y asentí con la cabeza.

-Sí, sí quiero –el sonrió y me abrazó-

Entonces me puso el anillo, sentí como mis ojos se llenaban de lágrimas y entonces nos abrazamos y me dio un dulce beso. La gente empezó a aplaudir, no sabía por qué, pero lo hicieron. El seguía abrazándome cuando me susurro.

-Te amo demasiado –beso mi mejilla-

-Yo también te amo Leon –lo mire a los ojos y lo besé-

Todo el camino fui observando ese precioso anillo con aquel diamante, era simplemente perfecto.

-¿Te gusto? –pregunto Leon cuando me vio-

-Me encanto –sonreí- Gracias, dígame ahora Helena Kennedy señor –reí un poco-

-Y dígame señorita Kennedy, ¿es soltera? –dijo mientras seguía conduciendo-

-Lo lamento señor, pero estoy comprometida, tendrá que buscarse a otra Kennedy –los dos reimos-

Llegamos algo tarde a la casa por lo que fuimos a dormir, mis pensamientos simplemente no me dejaban dormir, cuando confirme que Leon estaba dormido me senté al borde de la cama y me quite el anillo, lo quería observar más de cerca, quería observar cada detalle. Adentro de él tenía grabado "H & L" más un signo de infinito. Una sonrisa se dibujó inmediatamente en mi rostro. Me acosté de nuevo y lo abrace, entonces el entrelazo su mano con la mía.

-Eres la mujer perfecta Helena –susurró- Eres lo que siempre quise encontrar –beso mi mano y volvió a dormir-.

~Leon~

El lunes en cuanto llegamos a la casa blanca fuimos recibidos por Ingrid.

-Leon, Helena –sonrió- el presidente quiere hablar con ustedes en su oficina –dijo y la empezamos a seguir-

Helena y yo nos miramos algo extrañados, pero igual la seguimos. En cuanto entramos a la oficina del presidente muchas voces diciendo "felicidades" inundo todo el lugar.

-Felicidades Leo –dijo el presidente y me dio un abrazo- Se lo tenían muy bien guardado –rio y abrazo a Helena-

-Gracias señor –dije y tome a Helena por la cintura- Que puedo decir, el amor me dio duro –reí-

-Claro que sí y más con una señorita tan linda –sonrió y miro a Helena-

-Gracias señor –dijo ella-

A lo lejos pude ver a Ada mirándonos seriamente, note rabia en su mirada. Negó con la cabeza y salió de ahí. No le di mucha importancia, ya no me importa cuál es el problema con Ada. En todo el día recibimos felicitaciones y Helena se veía radiante, demasiado feliz. Me encantaba verla así. Cuando termino nuestro turno fui a su oficina, estaba de espaldas acomodando sus cosas. Llegué y la abrace por la espalda.

-¿Nadie te ha dicho que con esos pantalones eres tan sexy? –dije y ella sonrió-

-¿Tan sexy como te miras tu sin camisa? –Dijo y se dio la vuelta y toco mi abdomen-

-me sonroje un poco- Bueno, no creo que haya comparación ¿o sí? –la besé-

-Te llevo una ligera ventaja –sonrió y me beso apasionadamente-

Empecé a acariciar su espalda mientras nos besábamos hasta que llegue a sus bien formados glúteos. Ella me seguía besando con una pasión interminable, estuve a punto de subirla al escritorio y hacerla mía ahí mismo hasta que alguien toco la puerta.

-Consíganse un cuarto –dijo molesta- Kennedy el presidente quiere que lleves a Ashley a su casa –dijo y azoto la puerta-

Era Ada.

Volteé a ver a Helena y se veía incomoda.

-No le hagas caso ¿sí? –La mire a los ojos-

-Está bien, ve a llevar a Ashley, te espero en la casa –sonrió y se fue-

Genial Ada, tu sí que sabes cómo matar el momento. Lleve a Ashley a su casa, ella no dejo de hablar todo el recorrido sobre sus bandas de pop y todas esas cosas, la deje y de regreso a casa iba algo fastidiado por todo lo que me contó. Llegué a casa y en cuanto entre la mayoría de las luces estaban apagadas y solo había velas por toda la escalera.

-¿Qué? –Dije para mí mismo confundido mientras seguía el camino de velas-

Entre a la habitación y ahí estaba Helena, con un camisón algo transparente, con una mirada tan provocativa.

-Tú y yo tenemos algo pendiente, Kennedy –dijo y me beso tomándome por el cuello-

Me tiro a la cama y se puso encima de mí, fue desabotonando mi camisa, con delicadeza, mientras iba besando mi torso, se deshizo de mis pantalones y mi ropa interior y no dejaba de besarme con pasión. Me senté y él tome por la cintura, la seguía besando mientras mis manos acariciaban su bien formado cuerpo, deseosas de deshacerse de aquel camisón negro. Bese su cuello y a ella le encantaba. La deje completamente desnuda y entonces hicimos el amor toda la noche, que importaba el trabajo, el trabajo viene y va, ser uno mismo con ella era más placentero que una vida llena de éxito. Terminamos agotados y nos abrazamos.

-¿Helena? –Dije mientras intentaba recuperar el aliento-

-¿Sí? –dijo atenta-

-¿Y si empezamos una familia y dejamos toda esta vida de lado? –Dije mientras acariciaba su brazo-

Ella se giró para verme y puso una gran sonrisa. Me abrazo con todas sus fuerzas y dijo que sí.

Estaba listo para dejar todo por ella.