CAPITULO 6
Eric estaba sentado en la silla frente a la mesa, se giró y se levantó cuando me vio.
_ Buenos días, -miré a Jason- espero no interrumpir, en realidad venía a avisarte que iba a desayunar mientras Eric llegaba, -me giré hacia Eric sonriendo y mirándolo directamente a los ojos- pero eres madrugador.
_ Buenos días –dijo Eric, sí, misión cumplida, evité mi sonrisa triunfadora mientras se concentraba en mi corset y el encaje del pecho, en unos segundos pareció reaccionar-, bueno, si quieres puedes ir a desayunar, me quedo con Jason mientras tanto, no corre prisa.
_ Oh, no te preocupes, estoy acostumbrada a comer tarde, voy a por un café rápido y vuelvo.
_ Vale, ¿te espero aquí o…?
_ En realidad –lo interrumpió Jason- mejor os reunís en tu oficina Sook, llevo toda la mañana dándoles gritos a los proveedores y no creo que os ayude a concentraros mucho.
Lo dijo con una especie de sonrisa en la cara que no supe interpretar, así que guié a Eric hasta mi despacho.
_ Siéntate, yo vuelvo en un minuto, ¿Quieres un café?
_ Si me traes uno solo te lo agradezco –dijo con una sonrisa, hasta el momento no me había fijado en las ojeras que tenía, mala suerte para mi, se ve que esa novia lo hacía trabajar a conciencia…, asentí y me fui a por el café.
Bueno, no podía negar que le había llamado la atención como mínimo, era obvio que me había mirado el pecho y lo que no era el pecho, claro que en mi mente seguía planeando la sombra de su novia, creo que en algún momento pensé que no quería meterme en medio de nada, no quería ni podía liarme con Eric, pero era agradable sentirse admirada por alguien como él que era, obviamente, muchísimo más guapo que los hombres con los que yo acostumbraba a tratar, yo no era fea, rubia, buen pecho y trasero, caderas acentuadas y cintura estrechita, pero desde luego tampoco era el tipo de mujeres al que seguramente él estaba acostumbrado, casi parecía un Dios, quizá por eso me animaba aun más el hecho de conseguir que me mirase, me sentía más valorada, más mujer, por estúpida que esa idea pareciera.
Recogí los cafés de Moon, el pub estaba cerrado pero yo sabía manejar la maquina, volví a subir a las oficinas, entre al despacho y ofrecí a Eric el suyo mientras yo daba un sorbo del mío. Nos centramos en el presupuesto y la verdad es que estaba bastante bien, quedamos en que Eric avisaría a su amigo y empezarían con las obras esa misma semana si era posible, íbamos a contrarreloj, y aunque la estructura del edificio ya estaba, tenían que separar las oficinas, y adaptarlo todo así que mientras antes empezasen mucho mejor. Cuando ya habíamos hablado todo el tema de cómo se llevaría la contabilidad y demás pensé que debería haber alargado la reunión, me gustaba estar con él aunque fuese hablando de trabajo.
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Llegué temprano a las oficinas de Sookie y Jason, la verdad es que la similitud con nuestras propias oficinas me pareció sorprendente, casi podría pensar que Pam había tenido algo que ver también en la decoración de ese edificio. Pregunté por Sookie y me dijeron que aun no había llegado, pero me pasaron al despacho de Jason, entré y lo saludé, estábamos hablando un poco de todo cuando Sookie entró por la puerta, me giré al oírla y casi me quedé clavado en el sitio, nunca pensé que unos vaqueros pudieran llegar a ser tan sexys, además traía una especie de corset que solo lograba que yo pensase si no apretarían demasiado sus pechos, casi sentí el impulso de liberarla de él, joder, mala idea, no estaba preparado para ella vestida de esa forma, no es que vistiera mal, las dos veces que la había visto, en el parque y en nuestra reunión, estaba preciosa, pero no tan tan tan sexy y a la vez informal, me avisó que iba a por un café, Jason me mandó a esperarla a su oficina, y por un momento pensé que lo hacía aposta para darnos intimidad, yo era idiota y ya está, eso no tendría nada que ver pero un año fuera de las relaciones sociales me habían ablandado el cerebro, no había otra explicación, al tiempo que salíamos del despacho no pude evitar fijarme en su culo en movimiento, pues sí, estaba enfermo, porque no aparté la mirada aun sabiendo que no debería, hasta que ella se volvió para preguntarme si quería un café, pedí uno solo, así de paso me despertaba un poco que mi hija había vuelto a darme guerra, luego me senté a esperarla pensando en todo aquello, era mi nueva socia, estaba muy buena si, y además me caía bien, pero no era correcto, ya no porque yo echase de menos a mi mujer, por supuesto que lo hacía, pero sabía que tarde o temprano tendría que seguir con mi vida, no me encerraba en no salir con mujeres por mi mujer muerta, lo hacía por mi hija, porque no quería perder el tiempo con ninguna, básicamente porque era difícil admitir a un hombre como yo, medio depresivo, y encima a un bebé de apenas un año, y Sookie tampoco se veía de ese estilo de mujer, así que más me valía controlarme y dejar de fantasear con ella, eso era lo que pensaba porque lo que salió de mi boca a los dos minutos fue algo completamente distinto.
_ Oye, ¿te apetece ir a comer? ya que te he privado del desayuno es lo mínimo que puedo hacer, además casi es la hora –era verdad, no nos habíamos fijado en que llevábamos ya unas horas trabajando.
_ La verdad es que sí, no deberías dejar a las mujeres sin comer, espero que no lo tengas por costumbre –dijo ella de risas- conozco un restaurante aquí cerca.
_ Genial, déjame hacer una llamada y nos vamos.
Llamé a Leif de inmediato para pedirle que recogiese a Eyra, le expliqué que tenía que comer con mis nuevos socios, obviamente no iba a decirle que solo iba con Sookie, y mucho menos que en realidad no había que hablar gran cosa de trabajo, si mi hermano ya tenía motivos para pensar que necesitaba una mujer, eso solo lo alentaría más a no dejar de darme la vara, como siempre no me puso pegas para recoger a la niña, quedamos en que se la llevaría a casa y luego yo la recogería, colgué y volví a la oficina de Sookie.
_ Cuando quieras podemos irnos.
Ella recogió sus cosas, avisó a Jason que salía y para mi sorpresa escuché como tampoco le daba detalles ni le decía que iba conmigo, vaya, ¿Qué tenía ella que evitar? Jason no parecía de los que daban la charla continuamente. Llegamos al restaurante y la miré mientras miraba la carta, tenía los labios rosados, joder, casi invitaban a ser besados, ¿Qué pasaba conmigo? ¿Cuándo me había vuelto un enfermo? cada rasgo que veía en ella me parecía sexy y apetecible, dirigí la mirada a mi carta y llamé al camarero, pedí vino y ella estuvo de acuerdo en que también quería.
_ No deberías beber en horas de trabajo –le dije mientras sonreía.
_ Bueno, teniendo en cuenta que mi hermano es el de la conducta irresponsable por lo general, no creo que me despida o me eche la bronca por tomar una copa, además esta tarde no tenía pensado pasar por la oficina. –dijo mientras me miraba y sonreía.
_ ¿Tarde libre?
_ A medias, tenía pensado ir al nuevo local y luego llamar a Pam, se está encargando de pelearse con los decoradores ella sola, y aunque intuyo que eso no le supone ningún problema me gustaría ofrecerle mi ayuda.
_ Tienes razón, para Pam no es problema ponerse berserker con los decoradores, ni con nadie en realidad –reí-, aun así, ¿Nunca tomas una tarde libre?
_ Buena pregunta, ¿Por qué no me contestas tú lo mismo?, Pam dijo que últimamente te limitas a trabajar y no apareces por tu pub más de lo imprescindible.
Vale, tenía que reconocer que eso me había pillado desprevenido, ¿Qué iba a decirle? ¿Qué por las noches me encargaba de pasearme como un zombi por la casa con bebé y biberón en mano? no creí que esa fuese la mejor respuesta.
_ Cierto, mi vida cambió un poco hará cosa de un año, y ahora estoy más centrado. Te toca –dije mientras me llevaba la copa a los labios y esperaba su respuesta.
_ Bueno, desde que me casé me limité a trabajar y estar en mi casa, supongo que es la costumbre. –miró hacia abajo con una sonrisa triste, y yo me quedé mirándola con otra casi parecida por una razón distinta seguramente.
_ ¿Estás casada? –dije de pronto y reconozco que no de muy buen ánimo- ósea, no me malinterpretes, es solo que te veo joven y eso, no sé, no lo imaginé.
_ No te preocupes –dijo mientras sonreía- en realidad, estaba casada, acabo de divorciarme, de hecho, el receptor de mi salida de tono cuando me llamaste ayer era mi ex marido y no tu.
_ Me alegra saber que no era yo –sonreí quizá más de lo que hubiese debido, bueno, tal vez me había equivocado un poco al pensar que ella no era mujer de atarse, claro que tampoco sabía las razones de su divorcio-. ¿Y puedo saber qué pasó? si no es mucho preguntar.
_ Tranquilo, pues Bill es una persona agradable, educado, respetuoso, halagador, con buena conversación, y no lo pienso solo yo, el zorron con el que se acuesta debe pensar lo mismo –rió ante la cara que puse- perdona, quizá he sido muy directa, pero en resumen fue eso, me puso los cuernos, durante mucho tiempo, tanto que a decir verdad ya no sé si cuando nos casamos ella ya estaba en su vida –de pronto pareció ponerse triste-, pero en fin, tampoco se termina el mundo, es verdad que tenía esas cualidades, pero créeme, yo descubrí muchas otras cosas que ganan a su parte buena, así que decidí que estaba cansada de aguantarle y pedí el divorcio, aunque ahora me toque soportar sus excusas varias y demás.
_ ¿Excusas? perdóname pero, no creo que exista ninguna excusa que se acerque siquiera a algo razonable, simplemente hay que estar loco para engañar a alguien como tu –era verdad, era simpática, inteligente, guapísima, no conocía a ese Bill pero desde luego era un imbécil de campeonato-.
_ Gracias, pero bueno, más bien lo que ha hecho es ponerle pegas a todos, para intentar por todos los medios hacerme creer que la culpa de todo en realidad era mía, que yo no me ocupaba lo suficiente de él, que no lo quise lo suficiente, que siempre lo consideré inferior a mí, en fin, ya sabes cómo son los divorcios, él es quien tiene la mala acción pero irremediablemente tiene que dejar caer la culpa en alguien para que su conciencia lo deje dormir, supongo.
_ Entiendo, es difícil estar con alguien así, no sé lo que yo sentiría en el caso de verme engañado de esa forma, pero desde luego creo que lo estas llevando con una entereza impresionante, al menos lo poco que veo.
_ Es fácil, Bill nunca se preocupó de darme alicientes para que yo me ilusionara por esa relación, me casé con él a pesar de que mi hermano, incluso mis amigos me advirtieron en repetidas ocasiones que yo merecía algo mejor que él, pero nunca lo pensé, no lo creía, yo creía que era el mejor, por Dios, sigo diciendo a día de hoy que si mi hermano o mis amigos me quisieran de verdad, me habrían drogado y secuestrado antes de dejar que me casara –reímos los dos de forma abierta- pero bueno, de los errores se aprende, ahora sé que los hombres por lo general no miráis más allá de vuestras narices, es difícil que dejéis de pensar en vosotros mismos para pensar en una pareja.
_ No hables en general, entiendo que tu ex es un imbécil, pero eso no quiere decir que todos seamos iguales, te aseguro que los hombres somos distintos entre nosotros a pesar de que sigáis insistiendo en que no es así.
Comimos y seguimos bebiendo y hablando, las horas con ella se pasaban en un suspiro, debí darme cuenta de que estaba algo mareada, ya sabía que no tenía por costumbre beber alcohol, e íbamos por la segunda botella de vino, lo confirmé cuando empezó a hablar de nuevo.
_ ¿Cómo sabes que un hombre es un cabron? Hay una fórmula –dio un trago a su copa de vino y volví a llenársela al tiempo que yo acababa la mía y hacía lo propio- eso va en relación a lo guapo que sea, o eso dice mi amigo al menos, pero yo no lo creo, mi ex era un imbécil de campeonato, lo sigue siendo, y no te creas que es un bellezón, tiene cara de duende estreñido –se rió de su propia comparación y yo no pude evitar reírme mientras me mordía el labio inferior, estaba realmente graciosa- además, si esa fórmula no fallase nunca, si eso fuese como dice Lala, tu serías el más cabron de todos, y no lo pareces –se encogió de hombros como si acabase de decir lo más obvio del mundo.
_ Bueno, gracias por el halago, supongo, ¿Sabes qué? me alegra que estés divorciada del duende estreñido, creo que de otra forma no estaríamos teniendo esta conversación, créeme, hacía mucho tiempo que no me reía así con una mujer.
_ ¿Y eso? ¿Tu novia no es divertida? –dijo mientras me sujetaba el hombro y yo abría los ojos de forma desmesurada.
_ ¿Mi novia?
_ Sí, la mencionaste el otro día, ¿Cómo era? ¿Leira? ¿Leisa?, bueno, algo así –volvió a llevarse el vino a los labios y yo pensé que ya había llegado a su límite así que le quité la copa antes de que bebiera.
_ Vale, creo que tú ya has cumplido con la botella por hoy, otro día, más.
_ ¿Me estas llamando borracha Eric?
_ No, ni mucho menos, te estoy ofreciendo ir a dar un paseo, hace buena tarde, o más bien noche ya, ¿no crees?
Pareció dudar pero luego asintió, yo llamé al camarero, pagué la estrepitosa cuenta, es lo que tiene el buen vino, y luego me puse en pie para salir, no quise ayudar a Sookie para que no se sintiese mal, aunque era obvio que al levantarse se le había ido un poco el cuerpo.
_ Vale, igual un poquito mareada sí que estoy –dijo mientras me miraba y sonreía- ¿me ayudas a salir sin hacer mucho el ridículo? no es como si no supiera andar y eso, ya sabes, es solo que me gustaría hacerlo en línea recta.
Me reí, la agarré por la cintura y salí con ella del restaurante, una vez fuera se soltó y empezó a caminar, asombrosamente bien para mi sorpresa, entre el mareo y los tacones yo no entendía como era capaz de hacerlo. Andamos hasta el pub, en realidad hasta mi coche que estaba enfrente, y por un momento pensé en la posibilidad de invitarla a tomar algo, pero viendo su estado supuse que no querría, además yo tenía que recoger a Eyra.
_ Bueno, tengo que irme.
_ Claro, no te preocupes, tengo el coche aparcado un poco más allá.
–dijo mientras señalaba con el dedo índice hacia ningún lugar en concreto, como intentando localizarlo.
_ Puedo llevarte a casa Sookie.
_ No creo que estés en condiciones, has bebido mucho vino –dijo mientras reía-
_ Creo que puedo soportarlo, no ha sido tanto.
_ Está bien, si quieres conduzco yo.
_ Eso definitivamente no es una buena idea –dije riendo abiertamente- anda sube –abrí el coche y la ayudé a montarse.
Conduje siguiendo sus indicaciones y cuando llegamos paré un momento en doble fila.
_ Gracias por la tarde Eric, y por pagar la cuenta –rió- ha estado bien charlar con alguien diferente para variar, espero no haberte dado mucho la lata con lo de mi matrimonio.
_ Tranquila, ahora ya sé que desde luego tu ex marido es el tipo más imbécil de la faz de la tierra, yo no dejaría escapar a alguien como tú.
Nos miramos un instante y luego ella se rió y bajó del coche, miré como se alejaba y se metía en su portal, puse el coche en marcha y me dirigí a casa de Leif, aun no podía creer que hubiese pasado todo el día con ella casi sin pensarlo, y lo peor es que no me arrepentía ni lo más mínimo, es más, quizá por los efectos del vino, o quizá por tantas horas a su lado, contemplé por algunos minutos la posibilidad de pedirle una cita seriamente, ese pensamiento se me fue en cuanto entré en casa de Leif y vi a mi niña dormida, no, no podía, yo tenía que centrarme en ella, me sentí como un bastardo de pronto, había estado todo el día sin verla y lo peor es que casi no había mirado el reloj ni había llamado a mi hermano o Ana para preguntar como estaba, yo me debía a Eyra al cien por cien, y no podía dejar que en mi vida entrase nadie más, ninguna mujer, ni aunque esa mujer tuviese un cuerpo de infarto, la cara más preciosa del mundo y se hiciese llamar Sookie Stackhouse
