CAPÍTULO 3: Mis Habilidades Ocultas


Gordon y yo entramos al tren que comienza a despegar. Es más lujoso de lo que cualquiera hubiera imaginado. Todo brilla y reluce ante cualquier alteración de la luz. Todas las habitaciones tienen platos con fruta, dulces y bebidas de todos colores.

— Oye ¿Eres Aurora cierto? ¿Te puedo llamar Au? — me pregunta Gordon sorprendentemente con su extraña voz.

— Sí soy Aurora y…— Lo pienso por unos segundos — Sí, llámame Au, si te agrada—

Aunque realmente detesto ese apodo creo que no es bueno empezar con el pie izquierdo.

— ¿Tú eres Gordon cierto? — pregunto, me siento algo comprometida a hacerlo.

— Gordon Beaver al servicio de Todos. Puedes llamarme Gordon, Gordo, Gor, Guapo…— Realmente me desconcierta su respuesta

— Bien, Gordon me parece bien —

Parece que se plantea a contestar cuando entran 2 personas al vagón. Una es Joan, el encargado y la otra es una Joven que me parece conocida.

— Conque estas son las nuevas víctimas del Gran Capitolio — dice la mujer con sarcasmo. Lleva el cabello castaño corto. Su complexión es bastante musculosa para alguien de su edad, entonces la recuerdo; es…

— ¡Johanna Mason! — grita Gordon desquiciadamente. — ¡La ganadora de los Juegos pasados! —

— Vaya, al parecer alguien aquí tiene memoria — le responde Johanna a Gordon sin voltear a verlo — Ya que me conocen tan bien, preséntense. —

— Yo soy Gordon Beaver y tengo 17 años —

—Mi nombre es Aurora Roblee y tengo 15... —

Johanna nos mira fijamente de arriba abajo.

—Mientras no recuerde sus nombres serán Flacucha y Gordo — dice mientras espera una respuesta.

—Pues ya sólo le falta la letra ene para decir mi nombre — dice Gordon en lo que a mi me parece el momento menos apropiado con la persona menos apropiada.

— Me gusta más Gordo; ahora necesitamos hablar de los próximos días — comienza Johanna — Sus habilidades, sus estrategias, sus ventajas y desventajas sus antiguos modos de vida. —

Empiezo a sentirme algo presionada, aun no digiero todo lo que ha sucedido, hace 1 día estaba escondiéndome en el bosque jugando con mis hermanos y ahora mismo estoy camino a un baño de sangre.

— Tienen 8 horas para poner en orden sus ideas, y quiero que absolutamente todas estén en orden, especialmente la parte de asesinar o ser asesinados. —Johanna sale súbitamente del vagón dejándonos solos con Joan.

— Yo les mostraré sus habitaciones. —

Seguimos a Joan por un corredor, por las ventanas podemos ver que son aproximadamente las once de la mañana.

— Aquí están sus cuartos, cualquier cosa pueden salir por ella — dice Joan alejándose por el corredor mientras murmura algo sobre "Mejores Tributos".

— ¿Se ve que el tal Joan no sabe nada de buenos tributos cierto? —dice Gordon

Le respondo con una leve sonrisa y entro a mi cuarto. En el momento en que me siento en la cama rompo a llorar, al parecer no había aceptado mi destino… tal vez sólo lo veía como una mala pesadilla.

Pienso en mi familia, en los tributos anteriores, en Onika, en qué hubieran echo ellos en la arena, en Gordon, en si es confiable, en cómo podré ganar y finalmente en lo que dijo Johanna: en asesinar o ser asesinados. No me imagino matando a alguien, menos a alguien de mayor tamaño, que seguramente los habrá, siempre los hay; los tributos de los distritos más ricos siempre lo son, entrenan toda su vida… para este momento. Realmente no tengo habilidades especiales… ¿Cómo podré asesinar a alguien?

Suena una alarma cerca del Buró. Es un Reloj, marca las 7 de la noche y yo no siento que algo en mi interior esté en orden. Minutos después llaman a la puerta. Es Gordon, quiere que vayamos juntos a encontrarnos con Johanna. Al salir tras él, por el corredor, no puedo evitar notar unas cuantas canas que salen de su cabello negro y ondulado; mi madre siempre intentaba relajarse para evitar esos dichosos cabellos blancos. Me pregunto si en su casa, en el distrito siete tenía problemas… probablemente su carisma y confianza son una forma de tapar dichos problemas… aunque tal vez es por una mala alimentación…

— ¡Johanna! ¡Johannita! ¿Dónde estás? — grita sin escrúpulos Gordon por el elegante vagón.

— Miren nada más quiénes están listos para ir al matadero: El cerdo y el pollo— dice Johanna de una manera que me parece agresiva.

— Yo siempre estoy listo Johannita — le contesta Gordon.

Aunque me impresiona que nuestra mentora aun no haya tomado represalias con Gordon siento que debo de empezar a abrirme, por lo menos con ella. Siendo mi mentora ella será una parte decisiva en el juego.

— Bien empecemos con Flacucha, ven para acá. —

La sigo y nos metemos a un cuarto con muebles azules y paredes blancas.

— Cuéntame ¿Qué habilidades descubriste de ti misma en esas ocho horas? — me mira fijamente, esperando una respuesta convincente.

— No tengo ninguna habilidad… — le contesto con mucha vergüenza.

— ¿Bromeas, cierto niña? — después de unos segundos de un silencio incómodo me contesta con un tono rudo de voz — ¡Hasta el gordo tiene su gracia! Debes de tener algo… ¿En qué trabajabas? —

— Marcaba árboles… —

— ¿Con qué? — parece algo desesperada.

— Con un cuchillo en forma de Pico… —

Tardé unos segundo en comprenderlo.

Johanna, algo exasperada me dice — Flacucha, en los juegos del Hambre todo lo que hagas, absolutamente todo cuenta para ganar — al no tener respuesta de mí, continuó — A la arena van otras 23 personas dispuestas a hacer todo por salir victoriosas, luchan vida con vida; El Pescador del 4 contra el Agricultor del 11 ¿No lo vez? ¡Todo lo que hacías en tu vida debe de ser un arma¡ —

Al Momento de escuchar eso pasaron por mi mente todo lo que hacía y había hecho durante mi vida: Utilizar el cuchillo, hacer que nadie me notara, ser sigilosa, esconderme mejor que nadie, pintar; incluso pensé en las veces en las que le daba mi comida a mis hermanos y duraba casi tres días sin comer algo decente. Al contarle todo a Johanna quedó satisfecha.

— Bien, es obvio lo que vas a hacer en la arena —

Por supuesto que era obvio, y si la suerte estaba de mi lado, empezaba a tener un poco de esperanza en volver a casa.

— Bien, Ahora, ¿Cómo te comportarás ante todos? —

— ¿Todos? — pregunto.

— Sí, ¡Todos! Público, rivales, patrocinadores; ¡Todos! — me contesta enojada.

Dudo un poco antes de contestar. Su respuesta sobre mis habilidades le ha dado un giro a mi apreciación al juego.

— Quiero pasar inadvertida—

Pasaron unos segundos antes de que Johanna se riera de la misma forma en que nos reímos Alerce, Oleander y Yo de Pine, cuando le hicimos la broma hace dos días.

— ¿Estás segura Flacucha? Recuerda a los patrocinadores —

Aunque lo vuelvo a pensar al final me convenzo a mí misma a hacerlo

— Estoy segura.