"Quiero un bebé"

Capítulo beteado por Flor Carrizo

Beta de Élite Fanfiction

Habían pasado tres meses desde que se habían casado, ellos se habían ido a vivir a la casa en Londres e Isabella había quedado encantada con lo hermosa que era. Se había encargado de decorar y acomodar todo en la casa, Anthony la dejaba hacer y deshacer como quisiera, le había dicho que era su casa y podía hacerle lo que quisiera, y ella encantada había aceptado.

Anthony había heredado la casa de su abuelo y era muy antigua, no le encantaba el lugar, pero tampoco tenía el tiempo para arreglarla. Entonces Isabella pintó, acomodó y remodeló todos los espacios, volviendo el lugar un hogar hermoso.

Durante esos meses él había quedado completamente hipnotizado por la dulce Isabella, sus sonrisas y encantadores ojos cafés lo tenían cautivado. Aún no habían consumado su matrimonio, él estaba dispuesto a hacerlo pero aún temía que ella no lo estuviera. No podía pensar en hacerle daño y que luego ella se fuera, llevándose todo con ella, no se imaginaba su vida sin esa encantadora chica en ella.

Todas las noches ella preparaba la cena y lo esperaba para cenar juntos. Luego, mientras él revisaba algunas cosas en su despacho, ella se entretenía con el montón de libros que Anthony tenía en su biblioteca, ese lugar se había vuelto el favorito de Isabella.

Cuando Anthony terminaba, pasaba a buscarla y se quedaba mirándola desde la puerta. Se veía tierna leyendo hecha bolita en aquel viejo sillón, que era de las pocas cosas que había dejado de los viejos muebles. Luego, ella levantaba la mirada, sus ojos se encontraban y ella dejaba el libro sobre una mesita que tenía al lado del sillón, llegando al lado de su marido y tomando su mano, así ambos se iban a dormir.

Ella se sorprendía de lo bien que se sentía con Anthony a su lado, le gustaba su compañía y dormir junto a él. Y Anthony estaba encantado con cada detalle y cada momento que pasaba al lado de su dulce Isabella.

—¿Cuál es tu color favorito?

Durante las noches, Isabella se dedicaba a sacarle toda la información posible, quería saber todo de él y Anthony sólo sonreía y contestaba todas sus preguntas.

—Me gusta el color café —dijo él mirando los ojos de su esposa, ella sonrió.

—A mí me gusta el verde. —Anthony acariciaba su brazo con suavidad—. ¿Tienes segundo nombre? —preguntó curiosa—. Yo sí, me llamo Isabella Marie Swan.

—Cullen —la corrigió su esposo, ella se sonrojó y asintió—. Algo así —respondió Anthony pensativo—. Me llamo Edward Anthony Cullen.

—Edward —susurró ella con suavidad y a él le gustó como sonaba su nombre en sus labios.

—Dilo de nuevo —pidió mirándola encandilado.

—Edward —repitió Isabella mirando los ojos de su marido, él sonrió y se acercó lentamente para robarle un beso a aquellos labios rojos como cerezas, se había vuelto adicto a ellos.

...

Esa tarde Isabella había decidido dar una vuelta por la ciudad mientras Edward salía a trabajar. Estaba en una tienda viendo los hermosos vestidos y atuendos que había, quería comprarlos todos, pero entonces algo al final del pasillo después de la tienda llamó su atención. Caminó hasta ahí y vio una hermosa cuna blanca. Era preciosa, la tienda para bebés tenía muchas cosas que le parecían tiernas y hermosas. Quería comprarlo todo aunque sabía que ni de lejos podría embarazarse, Edward apenas la tocaba; la besaba y la abrazaba, pero nunca habían hecho nada más. Debería hablarlo con él.

—No te hagas ilusiones, querida. —Se giró ante aquella voz que parecía hablarle a ella, una mujer rubia y alta, bastante guapa, la miraba con desdén.

—¿Me habla a mí? —preguntó confundida, la rubia rodó los ojos.

—¿A quién más podría ser? —Ella frunció el ceño.

—¿Quién es usted? —interrogó Isabella, mirando a aquella mujer.

—Irina Denali —se presentó la rubia con una sonrisa petulante.

—Creo que me confunde, señorita Denali, yo no la conozco y…

—No te confundo, niña. Eres la esposa de Anthony. —Bella frunció el ceño y miró a la rubia confundida.

—¿Conoce a mi marido? —cuestionó Isabella temerosa.

—Digamos que antes Anthony yo nos entendíamos muy bien… —Isabella frunció aún más el ceño. Al menos dijo antes y no ahora—. Por eso puedo decirte que no te hagas ilusiones, Anthony jamás tendría hijos, él odia la idea de formar una familia.

El corazón de Isabella se rompió ante aquellas palabras. Ella siempre había deseado una familia grande, con muchos niños, al menos quería dos. Si lo que esa mujer decía era verdad, jamás podría cumplir su sueño y si se lo contaba a Edward él seguro la dejaría por querer algo más de lo que le daba.

Sin poder resistir aquella idea, se giró y, a paso firme, salió de aquel lugar. Quería volver a su casa y que Edward la abrazara, pero él no estaba allí. Y antes de darse cuenta terminó en su oficina, ¿él se molestaría si la veía allí? En ese momento poco le importaba, quería que él la consolará, sólo él.

Al llegar al piso donde Edward trabajaba, lo vio en el pasillo con un montón de hombres riendo y platicando. Entonces los hombres frente a él la miraron como si estuviera loca, tenía los ojos rojos y parecía nerviosa. Edward frunció el ceño y se giró para ver qué llamaba la atención de sus acompañantes y se encontró con su esposa a punto del colapso. Sin pensarlo, caminó hasta ella y tomó sus manos entre las suyas ¿Qué la tenía así?

—Bella, nena, ¿qué te pasa? —preguntó mirando sus ojos llenos de lágrimas. No le gustaba aquella imagen, su Bella siempre reía. Ella sólo se lanzó a sus brazos y enredó los suyos en el cuello de su esposo, llorando contra su pecho.

Los hombres se dispersaron y dejaron a la pareja solos, Edward la abrazó y la dejó llorar hasta que se calmó. Cuando estuvo más tranquila, tomó su mano y la llevó hasta su oficina, ahí se sentó en un sofá y la colocó a ella en su regazo.

—¿Me dirás qué pasa? —preguntó de nuevo.

Ella sollozó y bajó la mirada. ¿Qué le diría? ¿Que una mujer la abordó en el centro comercial y le dijo cosas horribles? Eso parecía una excusa muy vaga para su estado.

—Bella. —Ella levantó la mirada y no pudo evitar llorar de nuevo. Ella quería bebés, muchos bebés, y quería que tuvieran esos bellos ojos verdes.

—Quiero un bebé —dijo ella entre sollozos, los ojos de Edward se abrieron como platos. ¿Un bebé? Sintió como se le iba el aire del cuerpo, él no había pensado en tener hijos—. Y tú no quieres —continuó ella rompiendo en llanto de nuevo.

Él la abrazó y besó su frente, no quería verla así, no le gustaba verla sufrir; pero ella tenía razón, él no quería bebés, pero jamás se lo confesaría. Él podía superar ese miedo tan absurdo antes de tener que quitarle esa ilusión a su Isabella.

—¿Quién te dijo que yo no lo quiero? —dijo él intentando parecer confundido y tranquilo, ella lo miró a los ojos.

—Fui al centro y vi una cuna hermosa. —Sollozó—. Y luego una mujer dijo que no me ilusionara, que Anthony no quería hijos. —Sollozó más fuerte, él la abrazó y consoló. Por Dios que ella tendría lo que ella quisiera, si quería que llenaran una guardería entera lo harían, ¿qué podía salir mal? Una hermosa niña con los ojos de Isabella o un niño que tuviera esa curiosidad de su esposa… Sí, él podía intentarlo.

—No llores más —le pidió limpiando las lágrimas de sus mejillas—. No debes creer en todo lo que dicen, nena. Sí querías saber si quería hijos debiste preguntármelo a mí. Yo te habría dicho que a tu lado quiero todo. —Los ojos de Isabella brillaron como nunca, su Edward nunca había dicho algo tan hermoso como aquello.

—¿En serio? —preguntó emocionada.

—Sí —respondió él. Mentiría si dijera que era un completo fan de tener hijos, pero por ella lo haría, quería verla sonreír de nuevo y no llorar, quería darle el mundo y más.

No sabía qué era aquello que sentía en su pecho cuando la tenía entre sus brazos, pero le gustaba la sensación. Era la primera mujer que le había hecho dudar sobre su decisión de no tener descendencia, Isabella podía hacer con él lo que quisiera.

—Tendremos todo un equipo de fútbol si eso te hace feliz. —Ella sonrió encantada y tomó el rostro de su marido para darle un tierno y casto beso, Edward pensó que jamás había dado un beso más sincero que ese.

—También quiero que tú seas feliz —le dijo Isabella una vez terminó el beso, él sonrió y besó sus labios rápidamente.

—Yo soy feliz si tú eres feliz.

Ella se lanzó a sus brazos y sonrió feliz, Edward la estrechó y besó su cabeza en repetidas ocasiones, le gustaba eso.

—¿Qué te parece si te invito a comer?

Ella sonrió encantada y aceptó, Edward tomó su mano y entrelazó sus dedos, mientras salían de la empresa se encargó de presumirle a todo aquel que veía a su hermosa esposa. Isabella sólo se sonrojaba y él sonreía dulcemente, era una mujer hermosa.


Espero les guste y dejen sus RR :3