"Epílogo"

Capítulo beteado por Flor Carrizo

Beta de Élite Fanfiction.

Había luces por todas las calles adornando los arboles y creando un hermoso y encantador paisaje navideño. Edward y Bella iban en la limosina rumbo a la fiesta de navidad de la empresa para los empleados.

La mayor parte de ellos conocían a Bella y la adoraban, a veces el mismo Edward era el último en enterarse de que su esposa había llegado a la empresa. Había descubierto que Bella amaba perderse entre las oficinas y ayudar a quien fuera, incluso la había encontrado sacando las copias de todo su piso. Ese no era el trabajo para la esposa del jefe, al menos eso él le repetía cada vez que la encontraba infraganti en las oficinas, pero ella sonreía y decía que no quería tener un puesto sólo por ser su esposa y que le gustaba pasar sus tardes haciendo algo más productivo y no estar en casa encerrada.

Finalmente la había dejado tranquila con el tema, aunque a decir verdad lo hacía porque le encantaba darse la vuelta y encontrarla ahí. Además, podían ir a comer juntos y ese era solo un pequeño agregado, porque lo que más amaba de tenerla en la empresa era que durante los primeros meses del embarazo ella tenía las hormonas a mil y él encantado cumplía con los antojos de su esposa.

Charlotte no había durado más que aquel día en la oficina, quiso explicarle a Edward que ella no sabía de su matrimonio y muchas cosas más, pero él sabía que ella mentía, sólo quería parecer inocente. Lo supo cuando Alice había ido a visitarlo y le dijo que esa mujer buscaba meterse en su cama, su hermana no tenía filtros, así que él contaba la versión corta.

A Bella en verdad no le había importado, esa tarde había estado tan feliz por darle la noticia a su esposo que ignoró las groserías de la secretaria, ya ni siquiera pensaba en ello.

Pero con los cambios hormonales no sólo había cosas buenas, también Bella se había vuelto una pequeña celosa, con justa razón porque Edward tenía todo un harem de chicas tras él. Un hombre joven y adinerado era el sueño de cualquier cazafortunas. Edward se había llevado sorpresas con su pequeña celosa, en uno de sus ataques incluso lo mandó a dormir al sofá, explicando claramente que como era un castigo no podía quedarse en otra habitación. Al día siguiente, la encontró llorando porque se sentía culpable. Había sido un reto llevarle el ritmo pero aun así cada día la amaba más.

—Llegamos —anunció el chófer de la limosina. Edward sonrió y tomó la mano de su esposa dejando un suave beso.

—Te ves hermosa. —Ella se sonrojó y le sonrió. Edward salió de la limosina y luego la ayudó a ella, Bella tenía ocho meses y medio de embarazo, Edward se había propuesto no ir porque no quería algún accidente que pusiera en peligro a su esposa o a su hijo, pero ella dijo que quería hacerlo y ahí estaban—. ¿Si te llegas a sentir mal, me lo dirás?

Ella sonrió y asintió.

—Si algo llega a pasar te lo diré, pero ahora mi pequeño pateador y yo queremos una gran rebanada de pastel. —Él sonrió y asintió, acarició su vientre y le dio un dulce beso en su frente.

—Vamos, amor. —Las cámaras en la entrada los bombardearon apenas aparecieron, pero Edward amaba presumir a su muy embarazada esposa. Quería que todos vieran lo felices que eran.

Durante la noche Bella se sintió un poco incómoda, pero no lo suficiente como para querer irse a casa; así que fue al baño para limpiarse el rostro y refrescarse un poco, mientras Edward la esperaba saludando a los empleados y demás.

De pronto una rubia que él conocía bien apareció frente a él, Irina Denali. Ni siquiera sabía qué hacía en la fiesta, ella no trabajaba en la empresa y había roto todo contacto con ella cuando terminaron su relación.

—Irina —la saludó cortésmente. Ella le dedicó esa sonrisa con la que logró engatusarlo hacía tiempo, pero que ya no causaba nada en él.

—Hola, Anthony. —Se acercó más de lo debido a él y acarició su saco—. Hacía tiempo no te veía.

—No teníamos por qué vernos —dijo él cortante, mirando hacía el baño para ver si Bella salía.

—Escuché que tu mujercita está esperando… —dijo y él frunció el ceño, ¿a dónde quería llegar?

—¿Qué quieres, Irina? —preguntó molesto.

—Bueno, ella no puede… satisfacerte en su estado, pero yo podría cumplir bien ese trabajo —dijo seductora, pero él la miró furioso. ¿Cómo se atrevía siquiera a pensar en que él le fuera infiel a Isabella?

—Escúchame bien, querida… —Él estaba por ponerla en su lugar cando la voz de otra mujer lo hizo callar.

—Te vuelvo a escuchar hablar así con el esposo de mi hermana y yo misma te destrozaré esa bonita cara que usas para seducir a los hombres. —Edward se sorprendió aún más de ver a Tanya, no la había visto desde que se fue y de repente ahí estaba.

Irina vio que Tanya no bromeaba y se alejó furiosa porque en verdad creía que podía seducir a Anthony o algo parecido.

—¿Tanya? —Bella había escuchado la amenaza de su hermana y se lo agradecía porque ella no podía lanzarse a golpear a la zorra de Irina.

—¡Bella! —Tanya gritó emocionada y corrió a abrazarla—. Mírate, estás preciosa y tendrás un bebé. ¿Será un niño o una niña?

—Gracias —dijo Bella un poco confundida de verla, Edward se acercó a ella y la rodeó por la espalda, la había visto un poco cansada así que no quería que se cayera o algo así—. Será un niño. —Tanya sonrió emocionada.

—¡Un niño! ¿Cómo lo llamarás? —preguntó, Bella la miró confundida, no recordaba haberla visto así nunca.

—Se llamará Anthony —respondió ella con una sonrisa.

—Oh, que tierno.

—No quiero ser grosera, Tanya, pero ¿qué haces aquí? —interrogó ella, Tanya sonrió.

—Bueno, hacía mucho tiempo no te veía y quería saber cómo iban ustedes dos. Siempre creí que eran el uno para el otro, desde que conocí a Anthony, pero ahora estoy completamente segura de ello. —La mujer amaba verlos juntos, estaba muy feliz con que al final hubieran descubierto el amor.

—Sí, somos muy felices —dijo Edward besando la frente de su esposa, Bella sonrió y Tanya los miró enternecida.

Cuatroaños después.

—¡Anthony! —La voz de Edward se escuchaba por toda la casa, el pequeño Anthony era un completo travieso—. Ven aquí, debes tomar un baño.

—¡No! —gritó el pequeño corriendo de un lado para otro.

—¡Tony! —lo llamó su madre—. No debes correr así —lo reprendió, pero al pequeño no le importó mucho, él seguía en su carrera.

Edward y Bella se miraron desesperados, sin duda Anthony los volvía locos; lo amaban demasiado, pero a veces los sacaba de sus casillas.

Se dejaron caer pegados a la pared, esperando a que el pequeño se cansara. Edward pasó su brazo por los hombros de Bella y ella se recargó en su pecho, no volverían a darle chocolate.

—Estoy empezando a arrepentirme de llenar una guardería —dijo Edward con una sonrisa, Bella se mordió el labio—. ¿Bella? —Ella levantó la vista y lo vio directamente a los ojos, él de inmediato reconoció esa mirada—. Oh… —sólo pudo decir eso y ella suspiró porque faltaba la mejor parte.

—Son gemelos. —Los ojos de Edward se abrieron como platos y luego se puso pálido, Tony los miró curioso.

—¿Qué tenes, papi? —preguntó acercándose y mirando a su padre que parecía enfermo. Edward vio los ojos verdes de su hijo y su cabello chocolate, era una combinación perfecta, igual de curioso que su madre y tan firme como él.

Amaba a Anthony, ¿por qué sería malo tener más? Él y Bella eran un gran equipo en eso.

—Gemelos, ¿eh? —dijo mirando a Bella, ella asintió y él le dedicó una sonrisa sincera—. ¿Crees que serán más tranquilos que este pequeño granuja? —preguntó abrazando a su pequeño, Tony comenzó a reírse cuando su papá lo levantó por los aires.

Bella sonrió y vio a sus dos hombres jugar divertidos. Serían una gran familia, Edward había cumplido cada promesa que le había hecho, la hacía la mujer más feliz del mundo cada día y su pequeño Tony tal vez era un travieso pero amaba a su pequeño de ojos verdes. Sus bebés sólo llegarían a hacer aún más feliz a toda la familia.

Sí, serían muy felices.

—¿Vienes, hermosa? —la llamó su esposo desde las escaleras, ella sonrió y asintió.

—Claro. —Sonrió y los alcanzó, con su pequeño riendo a carcajadas en los brazos de su padre.

Fin


Espero les haya gustado :3