CAPÍTULO 6: Un vistazo a los Contrincantes
Más rápido de lo que cae un árbol Joan nos presenta a nuestros estilistas. Mi estilista, un hombre algo amanerado y viejo llamado Alculeo, llega directamente hacia mí, parece no tener respeto por el espacio personal.
— Alculeo ha arreglado a los tributos del distrito 7 desde hace casi 40 años— dice Johanna en forma de pesar.
— 37 para ser exactos — Alculeo agrega con mucho orgullo.
Discretamente me acerco a Johanna para recodarle que quiero pasar desapercibida por todos y si le podría mencionar al estilista mi idea.
— Descuida Aurora, el hombre ha arreglado a los tributos con temática de árboles durante toda su vida, estoy seguro de que no causarás mucha impresión con lo que elija — me murmura mientras Alculeo habla con el estilista de Gordon, Bucco.
No pudimos haber pedido mejores estilistas para nuestro plan. Alculeo, el que no innova y Bucco, que tiene una nueva idea cada 20 segundos.
Ese día comienzan lo más rápido posible a arreglarnos. Pareciera un rito de iniciación, una iniciación muy dolorosa lamento decir. La depilación, el baño de regeneración de piel, el tratamiento capilar, el acondicionador para todo el cuerpo. Después de lo que a mí me parecieron horas, por fin mi equipo de preparación me deja libre, no sin antes comentar entre ellos lo difícil que fue ponerme "decente".
Se van y me quedo totalmente descubierta. Jamás en mi vida me había sentido tan vulnerable, con tantas ganas de huir, sin embargo, no hay nada con que cubrirme. Cuando Alculeo entra al cuarto dice algunas cosas para él mismo y me empieza a observar, dando círculos alrededor de mí.
— ¡Suerte mía! Eres lo suficientemente delgada para usar un traje que he estado queriendo utilizar para la presentación, aunque… eres muy enana ¿No pudiste haber sido como la bellísima joven del distrito 5? ¡Todos los estilistas la Adoran!— Aunque a mi madre le fascinaría su acento y cualquier vestido que alguien del Capitolio pudiera hacer, a mi me empieza a enfadar; por desgracia no me atrevo a contestarle.
Cuando me presenta el vestido que usaré, me asusta, de primera vista.
— No te preocupes querida, creo que eres lo suficientemente digna de usarlo — cuando Alculeo me dice esto intento forzar una sonrisa.
El peinado resulta muy tardado y muy pesado. A Alculeo se le ocurrió la idea de darle retoques azules, ponerme una peluca recta en el copete y extensiones por detrás; espero no verme tonta cuando todo esto termine.
— ¡Bellísima! — grita Alculeo con una expresión de placer total.
Estoy esperando lo peor, cuando volteo al espejo y veo que en realidad luzco bastante bonita. El vestido tiene una forma de globo muy estilizada, es de un color verde que en verdad me recuerda a los árboles de mi distrito, debajo del vestido hay un forro amarillo muy esponjado, ambos llegan aproximadamente arriba de la mitad del muslo. Llevo puestas dos mallas cafés oscuro y zapatos de un tono café rojizo. Mi cabello es totalmente lacio, la forma del peinado, su exótico color y los brillos parece el cielo nocturno.
— Disculpe — digo con voz ahogada — ¿Podría usar mi insignia? — Aunque Alculeo se porta como loco, después de ver cómo queda en mi cabello, acepta; no sin antes decir que fue una maravillosa idea de él.
El centro de renovación es gigantesco. Se puede escuchar a la muchedumbre exclamar y reír. En mi camino con Alculeo, diviso a Gordon que se ve totalmente diferente. Aunque todavía tiene algo de él en su ser, ya nadie en el distrito lo podría reconocer a simple vista. Usamos una variación de traje, pero la de él es, como le llama Bucco, un esmoquin. Su verde es del mismo verde oscuro que el mío, también le pusieron brillo en el cabello y su moño son dos hachas cruzadas con sangre en las orillas. Sangre que brilla cuál estrellas.
— ¿Qué tal Au? — me dice sin vergüenza alguna.
Pienso que en realidad no hace falta pelearme con él, por lo menos creo que, como me siento ahora mismo, será más fácil deshacerme de él cuando llegue la oportunidad.
— ¿Qué ya no somos amigos? — me pregunta al ver mi falta de respuesta.
— Creo que para ser amigos primero hay que decirnos la verdad, ¿No? — Le doy la espalda y me cruzo de brazos mientras los demás se forman.
— ¡Oye tributo del Siete¡ — ambos volteamos instantáneamente — ¿Qué tal si nos deshacemos de ella justo al inicio de los juegos? — grita el chico del distrito uno, un profesional.
Veo que varios voltean a verme, está sucediendo justo lo que no quería; me están empezando a notar.
— Oye y ¿Qué te parece si mejor bailamos ahora mismo? — le dice Gordon con un tono que me parece ser… ¿Coqueto?.
La chica que viene con él profesional se ríe y el tributo del uno la voltea a ver algo nervioso.
— No durarías ni diez segundos contra mí —
Aunque estaba claro que el tributo del 1 hablaba de una pelea a muerte, Gordon le responde
— Pues fíjate que soy bailarín profesional y tengo el record de aguante en el distrito siete — hace un pequeño baile.
Todos menos el bruto nos reímos, probablemente les viene bien un poco de comedia improvisada; estamos a punto de aparecer enfrente de toda la nación.
— ¡Cállense! ¡Yo puedo contra todos ustedes inútiles! ¡Los mataré a todos yo sólo!— Grita el tributo del uno.
Es obvio que tiene un problema con el manejo de la ira, pero realmente creo que nos asesinaría a todos. Es muy grande, el más grande de nosotros.
— ¡Ya baila con él para que se desestrese siete! — grita el tributo masculino del Distrito nueve con una voz nasal.
— ¡Pues No quiere! — le contesta Gordon y vuelven las carcajadas, no es usual que alguien deje en ridículo a un profesional.
Podría jurar que el chico del uno estaba a punto de bajarse de su carroza, cuando la música empieza y avanza, por poco cae de ella.
Después de ellos, avanzan en orden los carruajes, hasta llegar a nosotros. Al parecer Gordon nota que me pongo más tensa de lo normal por ser nuestro turno y dice — Imagínatelos como Cerdos—.
— ¡Eso no me tranquiliza! — le respondo y es cierto, nunca he entendido por qué lo dicen.
— Entonces como… como… — a Gordon no se le ocurre nada.
Recordé que una vez que vimos en la televisión una fiesta de un cantante muy joven, había un tipo gracioso vestido de "payaso".
— ¿Como Payasos? — le pregunto inocentemente.
— Pero si ya parecen payasos — dice con sorna Gordon y no puedo evitar reírme, porque en realidad, los ciudadanos del Capitolio sí parecen eso.
Salimos y Gordon realmente se ve contento, gracioso, de su traje sacaba flores de árboles que arrojaba al público; tenía miles de sorpresas. Yo me limitaba a saludar como la mayoría de los tributos que he visto en televisión. Por desgracia esa mayoría también es la que muere… Delante de Nosotros se escuchan ovaciones a alguien llamado Gurges, no tengo idea de quién podrá ser.
Mientras saludo e intento pensar que el público es el verdadero espectáculo, pienso en Johanna. ¿Dónde estará? ¿No se supone que debería alentarnos? ¿Tal vez decirnos unas palabras de aliento? Vuelvo en mí al escuchar que los vítores a Gurges han cambiado a "¡Gordon! ¡Gordon!" hay muchas risas y veo cómo la gente lo señala. Me parece bien, aunque sigo con ligeras dudas sobre los patrocinadores. ¿Será mi perdición el no tener? ¿Qué pasaría ni necesitara una medicina especial o comida?
Llegamos a la mansión presidencial. Y el presidente Snow dice unas palabras a las que no presto atención por preocuparme por las cámaras que enfocan los carruajes. Justo frente a mí veo a los otros tributos. El furioso chico del uno, los hermanos del seis, la chica que lloró del ocho y el chico de los ojos color aceituna del distrito diez… creo que me gustan sus ojos. Al pensar esto me sonrojo e intento bajar la cabeza, espero que la cámara no lo haya notado… ¡Pero que locura! ¡Que me guste un tributo es peor idea que insultar al presidente Snow ahora mismo! Intento recobrar la cordura recordando todo lo malo que le decía a Onika sobre los hombres.
Llevo unos minutos pensando en que en verdad me gustan las aceitunas hasta que vuelvo a poner los pies en la tierra, cuando avanzamos hacia el campo de entrenamiento.
Dejamos atrás a los ciudadanos del capitolio, a los que por alguna razón no les tengo envidia. Con cuerpos deformados de maneras grotescas, apegados tanto al materialismo… seguramente preferirían el vestido que ahora traigo que una tranquila caminata por el bosque.
— ¡Regio! — Se acerca gritando Bucco hacia Gordon.
Alculeo parece celoso del estilista de Gordon — ¿Por qué no llamaste la atención? Debías ser Inadvertida ¡No Invisible! — Sale corriendo molesto mientras mi equipo de preparación lo sigue algo disgustado. Bucco se va también después de admirar mi broche, creo que con algo de compasión.
— Felicidades por su actuación — dice la chica del dos.
Yo le agradezco de forma sencilla pero Gordon le comienza a hacer plática. Mientras Gordon le intenta contar un chiste típico de Siete, la tosca chica me pregunta — ¿Y tú? ¿Eres muda? —
Yo, para intentar parecer totalmente neutral ante su directa agresión digo — No. ¿No te encanto que el público opacará al tal Gurges?— Doy una pequeña risotada —Seguro es el Bruto del distrito uno, ¿Qué clase de Nombre es Gurges?— Río una vez más poniendo una cara inocente, arrugando un poco los ojos y las cejas.
—Yo soy Gurges— dice la tosca mujer.
