¡Hola! Aquí les dejo el otro paquete de capítulos. Después de conocer a los tributos ¿Hay alguno que les haya llamado la atención en especial? ¿Uno que odien o les desagrade? ¡Pues es Hora de la Evaluación! Espero les guste.
Comenten y Critiquen constructivamente ¡se aceptan ideas!
CAPÍTULO 8: La Evaluación
Los dos primeros días que tenemos de práctica se pasan rápido. Gordon sigue yendo de un lugar a otro a hablar con los demás participantes. Yo sólo practico el lanzar unas pelotas de unos 3 kg, no soy muy buena, casi nunca doy en el blanco.
—El truco está en la muñeca— dice Tussah inesperadamente. Hace un intento y logra dar en el blanco, no parece sorprendido —Si se te dificulta lanzar objetos con gran volumen deberías lanzar cuchillos—.
Lo miro atentamente, intentando encontrar algún tono de burla en su voz ¿En verdad me estará dando un concejo?
—Gracias pero ¿Por qué me aconsejas? — intento ser lo más amable posible al preguntar esto.
—Creo que todos debemos de tener cierto nivel de peligrosidad al entrar a la arena y, por lo que he visto, creo que tú no tienes casi posibilidades— dice Tussah con tono sincero, pero aun así me siento ofendida. Le doy una sonrisa y me alejo. Él continúa practicado lanzamiento.
Llego al lanzamiento de cuchillo. El entrenador es muy grande y musculoso. Me da una pequeña plática, dice que atravesar uno de esos maniquíes es muy similar a atravesar a una persona, y procedo a la mesa en donde están las armas. Son más pequeños que el cuchillo que suelo utilizar. Intento apuntar y lanzo, fallo. Continúo lanzando sin conseguir éxito alguno. Comienzo a deprimirme cuando, con un último esfuerzo, doy en el maniquí; en la pierna izquierda. Después de varios intentos más, mejora mi puntería; aunque desgraciadamente sé que un blanco en movimiento no se compara a un muñeco de plástico.
Pasa el día y estoy contenta con mi progreso en Camuflaje, lanzamiento de cuchillo y cuchillo a distancia corta. Definitivamente soy mala memorizando plantas medicinales y comestibles, tampoco soy un erudito haciendo trampas.
De regreso en la planta del Distrito siete, Johanna nos entrevista exhaustivamente para saber con quién hemos hablado y si encontramos a alguien particularmente confiable. Joan nos advierte que, hablando con los otros encargados, están dudosos de permitir que sus tributos sean aliados del Bruto del Distrito 1.
—Gordo, ahí está lo que hemos esperado— dice Johanna y ambos se miran con una sonrisa de triunfo. Joan y yo nos limitamos a mirarlos con especulaciones.
El día de las evaluaciones, el tercero, Johanna aconseja en privado a Gordon. A mí me aconseja, o más bien me recuerda que no lo haga tan torpemente para ser identificada como "débil" pero usa su tono sarcástico para mencionar también que no haga algo "maravilloso". Aunque obviamente yo no puedo esperar una excelente calificación.
Pasan los tributos, y por si no fueran suficientes los nervios, los tributos profesionales tienen una expresión de emoción, menos Marietta del Distrito tres y Omario del Distrito dos, ellos parecen realmente concentrados.
Al Pasar Sig, Gordon voltea a verme, no hemos hablado desde la mañana.
—Oye, mucha suerte Au— encuentro realmente honesto su tono y puedo notar que está nervioso.
—Mucha suerte a ti también Gordon— le doy con una sonrisa, también con algo de nervio.
Pasa Gis y Gordon se pone en una pose realmente extraña; cruza las piernas y pone las manos en sus rodillas, haciendo un círculo con los dedos pulgar e índice. Complementa el show con unos sonidos raros.
—¿Qué haces?— Pregunto con leve curiosidad.
—¿Qué? ¿Esto? Es un truco que me enseñó mi abuelo para controlar mis nervios, lo hacia cada vez que sabía que iba a tener un cliente difícil, ¡Vamos! ¡Inténtalo!—
Mi gesto seguro fue gracioso ya que Gordon tuvo una carcajada al verla.
—Pues si no quieres no— dice con un tono agudo de niño tonto y recupera de nuevo su extraña posición.
Llaman a Gordon y antes de salir por la puerta gira hacia mí y dice —Haz la Pose Gordon, ayuda—.
Pasan unos minutos y me doy cuenta de que dentro de poco estaré en esa sala. Respiro hondo y decido en adoptar, con vergüenza, la dichosa "Pose Gordon". Al hacerlo, Lily, del doce, se ríe inocentemente, al igual que Dril, del distrito once. Paris, del distrito nueve, me mira en forma de insulto y vuelve la cara hacia adelante, muy propia. Deo me sonríe e imita "la pose Gordon". Rápidamente me siento derecha y un instante después me llaman.
Me levanto, arreglo rápidamente hacia atrás mi cabello dejando ver toda mi cara, intento acomodar lo mejor posible mi uniforme y avanzo. Un paso antes de cruzar la puerta, Deo me desea suerte, pero no alcanzo a reaccionar rápido y quedo del otro lado de la puerta, petrificada por lo que acaba de pasar. Intento quitar los cientos de pensamientos que pasan por mi cabeza, al igual que el sudor que ahora recorre mi, seguramente, sonrojada cara. Vuelvo en mí y veo una amplia habitación blanca. Los vigilantes están en un extremo de la sala. No me atrevo a ver directamente hacia ellos.
Decido ir a camuflaje. Encuentro la mesa casi limpia, al parecer casi nadie se ha planteado utilizarlo; tal vez Bren o Giselle han pasado por aquí. Comienzo a Pintar la piel que está a la vista de color negro, por desgracia no hay un espejo cerca. Cuando finalizo la mano izquierda me doy cuenta de que en realidad no servirá de nada camuflarme en este lugar, ¡Es Blanco!. Empiezo a desesperarme pero decido que será mejor concluir el trabajo, por lo menos así no me dejaré en evidencia. Al terminar de cambiar el color de mi piel suelto mi cabello y ahora soy totalmente negra, creo que me debe de dar un aspecto algo espelúznate. Los Vigilantes se quedan observando en mi dirección, sin hacer ni decir nada; únicamente escucho que alguien tose. Avanzo hacia los cuchillos y me doy cuenta de que el piso está hecho de un material ligeramente ruidoso. Intento hacer un poco más de ruido al caminar. Al llegar a los cuchillos agarro el que tiene el tamaño más similar al que utilizaba en siete. Es mucho más pesado y puedo ver que también es más afilado.
Me acerco al maniquí, ésta vez doy mis pasos con mucho sigilo, intento ser lo más sigilosa que he sido en toda mi vida, no se escucha ninguno de mis pasos, ni siquiera logro escuchar el roce de mi ropa. Al llegar al muñeco lo rodeo, concentro mi energía en mi brazo y doy rápidamente tres golpes casi aleatorios, uno al estómago, otro a la garganta y el último a la entrepierna. Al sacar el cuchillo por tercera vez doy dos saltos hacia atrás y lanzo el cuchillo esperando no fallar. El arma da en el costado derecho del maniquí.
Al terminar volteo a ver a los vigilantes, siguen observándome, en silencio. Avanzo hacia la salida sin decir nada y, de improviso, empiezan a hablar. No distingo lo que dicen.
Entro al ascensor y veo que dos Avox están ahí. Aprieto el botón número siete y, al asegurarme que no hay nadie más, les pregunto si hubo algún tributo en especial que lo hay echo bien. Un chico Avox, algo apresurado, señala el número cuatro y el número uno. Pienso instantáneamente en Electra, la chica de los ojos rasgados y Iulian, el bruto. Iba a preguntar que les había parecido mi "actuación" pero antes de hacerlo llegamos a la planta de nuestro distrito. Joan estaba justo fuera del ascensor.
—¡Aurora por fin! Gordon llegó aquí hace ya casi media hora ¿Por qué tardaste tanto? —.
Observo su blanquecina piel y digo —creo que lo hice lo suficientemente bien—dudo un poco al decir esto, no tengo ninguna base para saber cuánto es bien y cuánto es mal.
—Cuéntanos lo que hiciste allá Palo de Escoba— dice Johanna apenas llego con ella. Después de contarle llega Gordon muy sonriente, seguro le fue bien.
—Me caí intentando lanzar un maniquí—
Intento analizar lo que pasó —¿Perdón? —
Gordon da una risotada y me vuelve a decir —Me caí al intentar lanzar un Maniquí a otro, pero después, me recuperé decapitando a uno y cortándole el brazo a otro muy rápido— dice esto último haciendo dos movimientos algo torpes.
Alculeo y Bucco llegan poco tiempo después con unos trajes de colores muy llamativos. Alculeo llega insultando el trato de los Avox y, después de echarle un vistazo a Joan, también le critica su modo de vestir; una interminable pelea del por qué o por qué no el Rosa combina con todo.
En la cena Gordon comienza a Jugar con la comida y Joan rápidamente lo reprime. Yo sigo perdida en mis pensamientos. Pensando si lo hice mal, o si me excedí al acuchillar maniquíes.
—Muy bien albóndiga y fideo, ya es hora de que muestren las puntuaciones— Dice Johanna. En éste punto, a pesar de que llevamos pocos días conociéndonos, creo que empieza a tenernos un poco de aprecio; incluso si lo demuestra con insultos.
