CAPÍTULO 11: Inicio
Durante la repetición me doy a mí misma varias críticas. Aunque mostraron una "Versión más arreglada de mí" como dice Alculeo, no me agrada verme en televisión y creo que nunca lo haré. Pasa la repetición de Gordon y en ese momento le pregunto
—¿Por qué hiciste tanto énfasis en Iulián y en Rala?—
Gordon voltea a verme y muy feliz me dice —Es un secreto— Cómo si Gordon no tuviera suficientes secretos ya.
—Chicos— con lágrimas Joan nos habla —en verdad me divertí haciendo todo esto—.
Yo creo que exagera, pero luego recuerdo que los ciudadanos del Capitolio son muy sensibles y no guardan nunca lo que piensan, por lo menos los que he conocido.
—No te preocupes Joan, te veremos dentro de un tiempo— dice Gordon y Joan hace una expresión que arruga su rostro de una manera extraña
—Gracias por tus servicios Joan, creo que no pudimos pedir mejor encargado— le sonrío y Joan se va con mucho pesar, nunca creí que le agradáramos de verdad; pensándolo bien ha de ser difícil ser encargado, viendo tributos y encariñarte con ellos sabiendo que van a morir, tal vez su horrible personalidad le sea de alguna utilidad para no encariñarse tanto.
—Me aseguraré de conseguir todos los patrocinadores posibles, aunque ¿Quién patrocinara un Gordo y a una flacucha? — dice Johanna en un tono rudo, pero sé que es broma. —Mañana mismo me lanzaré por patrocinadores y no me importará amenazar a unos cuantos— se acerca un poco más y agrega —Sean rudos, como su mentora. Palo, recuerda tu razón de ser y… mejor no te doy recomendaciones porque eres mala siguiendo planes. Gordo, no hagas tonterías— se acerca y nos da un abrazo… distante y duro, pero a pesar de eso lo aprecio y creo que Gordon también. Johanna sale de la habitación con decisión y no voltea atrás.
—Bien, creo que me voy— le digo a Gordon esperando que el también dijera lo mismo
—¿Ya te vas? ¡Ésta podría ser tu última noche de vida¡ y ¿te vas sin más?— volteo a verlo y veo que en verdad le sorprende —Te invito a una fiesta muy exclusiva que he planeado—
Lo observo y le digo —No lo sé…—
—Sonríe de manera graciosa y agrega con un tonito chistoso —Invita el capitolio—.
Lo pienso por un segundo y acepto su propuesta, de todas formas ¿A cuántas fiestas más podré acudir en mi vida?
Gordon me invita a su cuarto, que será el lugar de la "fiesta".
—Mira ponte esto ¡Por supuesto que por encima de la ropa!— Dice Gordon al lanzarme una ropa muy colorida, casi ridícula —Bucco me daba trajes de emergencia y no creo que nos puedan castigar a estas alturas—.
Realmente fue divertido inventar trajes, me quedaban casi como vestidos algunas prendas.
—Soy la señora Snow y les aseguro que el Presidente Snow no sufre de locura ¡La disfruta! —
—Y Yo soy un gran ricachón del Capitolio, y soy tan tacaño que cuando sueño que tomo un café ¡me despierto para no pagarlo!— reímos y seguimos burlándonos del Capitolio, de sus habitantes y de cientos de miles de cosas más.
Nos cambiamos de disfraz haciendo los más horrendos trajes y asegurando que será el nuevo grito de la moda hasta que Gordon dice
—Es hora de asaltar el refrigerador—.
Aunque se pide servicio a la habitación generalmente, el cuarto posee una nevera con diversos tipos de comida. Pasamos por la sala silenciosamente y llegamos a ella. Gordon la abre y agarra todo lo que puede.
—¡Vamos! ¡Tú también lleva la mayor cantidad de comida que puedas!— me dice detrás de muchos productos.
—¡No hables tan fuerte!— murmuro.
—¡A nadie le importa!— me contesta con una imitación aguda de mi tono.
Llegamos de nuevo a la habitación y vemos el botín.
—Chocolate… ¡Gordon esto es carísimo! —.
—Au, recuerda que el Capitolio invita, ¿Me pasas ese paquete naranja?—.
Tiene razón, además, nosotros los divertiremos mañana, por más grotesco que parezca. Como cinco grandes piezas de chocolate y al empalagarme continúo con la leche. Mi madre se avergonzaría de mí ahora mismo y seguro me daría una reprimenda, pero si es mi última noche quiero disfrutarla.
—¡Mira! ¡Chantillí!— grita Gordon muy emocionado.
Le pregunto qué es y me dice que me acerque, yo de inocente lo hago y me llena la cara de una cosa deliciosa, ambos reímos, creo que estamos en un sueño. Hacemos una guerra de comida y cantamos a todo pulmón, pareciera que nadie nos escucha o nos escuchará. Sólo somos Gordon, la comida y yo.
Después de una noche de desenfreno total y de dejar toda la basura en el comedor, procedo a mi cuarto; no tengo idea de la hora que es. Nadie en el distrito nos creería lo que hemos hecho y posiblemente nunca lo sabrán, pero cuando estás por enfrentar tu muerte eso en realidad ya no importa. Decido que hoy no me cambiaré, ni me bañaré, ni nada; será hasta en la mañana.
Me recuesto en la cómoda cama y lo disfruto con cada célula de mi piel, cierro mis ojos y pienso en lo feliz que en verdad era; o soy. Tal vez sea por los dulces y el sentir que ya nada importa pero creo que no estoy triste ni preocupada. Pienso que lo peor que pudo pasar era que uno de mis hermanos fuera elegido y siendo realista ¿Cuántas posibilidades hay de que en una misma familia salieran dos elegidos? Oleander crecerá siendo algo así como un botánico. Tarde o temprano descubrirá algunas plantas curativas o que alivian algunos males. Alerce será un gran cocinero, o por lo menos tendrá buena fama y podrá vender comida decente a precios accesibles, él no es tacaño ni avaricioso como Pine. Mi "querido" hermano mayor… posiblemente seguirá los pasos de mi padre y será Jefe de leñadores. No está mal para una familia común del Distrito siete, lo único de lo que me arrepiento es no poder estar ahí para acompañarlos durante ese proceso…
Aun es oscuro y llega Alculeo para acompañarme a las catacumbas, donde seremos sacados directamente a la arena. La fiesta de anoche presenta sus estragos en mí. Llegamos al tejado, el cuál no había visto jamás y en el que se tiene una bella vista del amplio Capitolio, llega un aerodeslizador y baja unas escaleras que me mantienen pegada a ella, inmóvil, para posteriormente ponerme mi dichoso dispositivo de seguimiento, que me seguirá hasta que mi cuerpo salga de la arena, vivo o muerto.
Nos sirven el desayuno y, aunque sigo satisfecha por nuestro festín secreto de anoche, como todo lo que me permite mi estómago; los próximos días, si sobrevivo, serán de hambre y sed.
No sé cuanto tiempo pasó en el viaje del Capitolio al Corral, sólo sé que no quería que llegara el momento de llegada.
—Escucha pequeña Aurora— volteo a ver a Alculeo —Sé que nunca nos llevamos fenomenal— continúa mientras me ayuda a vestirme —Pero has sido el mejor tributo que he tenido en mucho tiempo… y digo, en verdad mucho tiempo—.
Alculeo sonríe y critica el "Traje sin chiste de éste año" empieza a ver todos los puntos malos del diseño y agrega que me hará ver más delgada de lo que soy por ser totalmente negro.
—Por suerte tienes tu insignia, le dará un poco de vida— acerca su mano hacia mí y me coloca el broche con la mariposa amarilla —Úsalo hasta que sea necesario—.
Al escuchar éste último comentario vi a Alculeo un poco más grande, de mente y de cuerpo. Le sonrío y dice —Toma mucha agua en cuanto puedas, una cara deshidratada puede alejar patrocinadores—.
—Ha llegado el momento para el lanzamiento— dice una voz profunda y masculina.
Siento un rayo recorrer mi espalda que me hace respirar muy hondo. Alculeo me ayuda a subir a la plataforma y dice —Es hora que vean al hada en acción— pone sus manos en su protuberante estomago y se queda con una sonrisa, no de lástima si no más bien, de comprensión.
Me rodea el Cilindro, pero no lo toco, no sé que pueda ocurrir después. Subo lentamente, siento un cosquilleo recorrer mi espalda y mi estilista se despide con una mano de mí. Llego a una zona oscura de la cual espero no salir, pero veo un borde ligeramente brillante y verdoso en la parte superior del cilindro.
Salimos completamente a la arena y la voz de un hombre anuncia:
"Damas y caballeros, ¡Que empiecen los Septuagésimo Segundos Juegos del Hambre!"
Empieza la cuenta regresiva. Sesenta. Entro en pánico. Cincuenta y nueve. Intento tranquilizarme. Cincuenta y ocho. Me enfoco en observar mi entorno. Cincuenta y siete. Es un Bosque muy espeso, con mucha maleza alta en el suelo. Cincuenta. Estamos en un desnivel. Cuarenta y cinco. La cornucopia se encuentra en una inclinación enfrente de nosotros. Cuarenta. No veo a los otros tributos. Treinta y cinco. Logro ver que a mi derecha está Giselle. Treinta. No veo ninguna mochila a causa de la maleza. Veinticinco. Alcanzo a ver una pero está lejos de mí. Veinte. Veo que en mi lado izquierdo está Electra. Dieciséis. No veo a Gordon por ninguna parte. Diez. Veo que Lily está a un lado de Rala. Nueve. Iulian se encuentra junto a Rala también. Cinco. Me concentro para salir disparada hacia la mochila. Uno. Estoy lista para correr hacia la cornucopia y tal vez a mi muerte. Cero. Salgo lo más rápido que puedo hacia la Cornucopia.
Como Claudius Templesmith dijo: ¡Que empiecen los Septuagésimo Segundos Juegos del Hambre!
