¡Hola! Me alegra que les vaya gustando. Ya corregidos los capítulos anteriores, paso a subir este.

Éste es el primer capítulo con violencia en él, así que recomiendo discreción.

Como siempre digo: se aceptan comentarios y críticas constructivas, les responderé con gusto.

Subiré el siguiente capítulo en cuanto pueda.


Capítulo 12: Mi primer Asesinato


Siento la adrenalina en mi interior, jamás he corrido tan rápido, escucho mi respiración. Faltan unos seis metros para llegar a la mochila. Peach pasa corriendo de derecha a izquierda enfrente de mí pero no agarra la mochila ni intenta atacarme o detenerme, continúa su camino al igual que yo, lo más rápido posible.

Llego a la Mochila negra y me volteo para regresar. Sólo puedo ver enormes árboles que tapan el cielo casi totalmente. Sigo corriendo y escucho algunos gritos y gruñidos, no tengo idea de quienes los hagan.

Sigo corriendo y veo que un cuchillo pasa enfrente de mí y se clava en un árbol. Lo tomo y me lastimo un poco la mano al quitarlo de la corteza. Sigo corriendo y creo que ya me encuentro lejos de los lugares de lanzamiento.

Continúo corriendo, jadeante, volteando hacia atrás para ver si alguien me sigue. Al ver que me encuentro totalmente sola doy un último vistazo con una vuelta rápida y me meto en un arbusto grande de maleza pegado a un árbol. Me recargo en el tronco, abrazo fuertemente la mochila y tranquilizo mi respiración, aunque me cuesta trabajo.

Siento mi corazón aún palpitar y no quiero ni parpadear. Intento ver por los pequeños orificios del arbusto y contraigo mi cuerpo lo más posible, asegurándome que me cubra totalmente.

Después de varios minutos me tranquilizo un poco, me doy cuenta de que he sudado y levemente me limpio el sudor de la cara con la manga negra de mi uniforme.

Decido ver el interior de la mochila con adornos rojos que he agarrado. Lentamente deslizo el cierre, lo más silenciosamente posible. No quiero moverme mucho, por lo que con el tacto exploro la mochila.

Escucho el primer cañonazo. Respiro hondo y escucho el segundo. La imagen de todos los tributos pasa por mi cabeza. Escucho tres y vuelvo a respirar profundamente. Cuatro y la cuenta se detiene. ¿Cuatro? Es un número inusual de bajas. Puede que se deba al terreno en pendiente o a la cantidad de árboles… Me sorprende pero no me alegra, eso significa que hay más tributos en la arena, posiblemente listos para asesinarme… no quiero que eso pase… no se los permitiré… no quiero morir…

Respiro lentamente para volverme a tranquilizar y vuelvo a lo que estaba haciendo con la mochila. Siento una botella y por su peso puedo decir que tiene agua. Siento un bote de tamaño mediano, lo saco lo más que puedo y lo abro ¡Es camuflaje negro, lo mejor que me pudo pasar! No puedo evitar poner una sonrisa y después de ver que únicamente tengo unos cerillos, me dispongo a ponerme la pintura sin un patrón en especial; me pinto la cara, el cuello, las manos y el área adyacente de las zonas de piel visible, incluso casi hasta llegar a los codos. También le pongo pintura a los adornos de la mochila hasta que queda totalmente negra, no me puedo arriesgar.

Mientras hago esto escucho unas voces, lo cuál me deja totalmente congelada. Volteo ligeramente la cabeza y veo por los orificios nuevamente, incluso entrecierro mis ojos para ser lo más negra posible, pero no alcanzo a ver a nadie.

—Deberíamos Mantener ésta estrategia a lo largo del juego ¿No creen?— escucho una voz femenina muy aguda.

—Claro… Así tendremos más oportunidad… ¿Cierto? — Reconozco la voz con tono dudoso de Dril.

—¿Y tú que Piensas querido Bren? — de nuevo habla la primera voz.

—Pienso que hay que repartir la comida entre los tres, sólo por si acaso— le responde una voz masculina, supongo que es Bren.

Como continúan avanzando ahora si los tengo a la vista, están algo lejos.

—¿Qué no confían en la pequeña Mily? Además ¿Qué me asegura que cuando tengan su parte no abandonarán a Mily, eh? —

Alcanzo a ver que Mily porta un Arco y Bren una Espada no muy grande. Por la maleza no veo si Dril tiene un arma también, si sobrevivió al baño de sangre, seguramente sí.

—¿Qué nos asegura que no intentarás nada extraño? — pregunta Bren, casi retando a la Psicótica.

—Si yo cuido la mochila iré más lento, es muy grande y por la comida está muy pesada, no le conviene a nadie correr con ella— contesta Mily con un tono falsamente inocente.

Siguen su camino y los pierdo de vista, ya no los logro escuchar. Hago una nota mental: La Psicótica se ha aliado con Bren y con Dril. Mily es una profesional y Bren es muy grande, ambos son peligrosos. A Dril no la considero una amenaza, por lo menos no por ahora.

Pienso que por este momento no me gustará salir de mi escondite, creo que para cubrirme mejor me moveré durante la noche; aunque es cierto que puede ser contraproducente, pienso que la mayoría de los tributos descansará después de las emociones de hoy. Aunque ¿Si uno no lo hace? ¿Me voy a arriesgar a pasear por la noche? o siendo yo ¿Es en verdad pasear de día mejor? Mi fuerte es esconderme, ser invisible en la arena; debo de hacerlo, seguro habrá menos tributos y más posibilidades de no ser vista. Además he paseado por un bosque a oscuras durante algunos años, ya estoy acostumbrada, aunque este es más denso…

Paso horas en la misma posición, moviéndome ligeramente cuando me entumo y pensando en las diversas posibilidades que me esperan. Ya que he decidido quedarme aquí durante la noche, pienso que debería de tener un escondite "perfecto" durante el día. Es casi estúpido el basarme en un juego de niños para sobrevivir, pero ¿Qué otra opción tengo?

También está el problema de la comida. Con lo que he comido tendré energía para máximo tres días. El equipo de la Psicótica tiene una enorme mochila con suficiente comida para cerca de un par de semanas… Yo jamás aprendí a proveerme de la naturaleza… ni siquiera he buscado frutos en mi vida… ojalá hubiera acompañado a Oleander esas veces que me pidió ir con él…

Siguen pasando las horas, las cuáles ocupo para pensar sobre los posibles asesinatos que causaré. El tiempo pasa lento, pero comienzo a sentirme confiada y me estiro un poco más.

Se puede ver el cambio de luz y de temperatura. El ambiente se torna un poco más azulado, ya casi es hora de iniciar mi búsqueda.

Pienso en quiénes han muerto. Los tributos más débiles creo que fueron Chip, Lily, Gis y Dril… Dril sobrevivió, por lo que cualquiera de ellos pudo sobrevivir también. Pienso en lo que dijo Johanna sobre matar a los más pequeños y lo que eso haría por mí en el juego. Lily y Chip… ¿Está mal que espere que no hayan muerto para matarlos yo?

Ya está oscuro, comienza a refrescar y en cualquier momento sonará el "Maravilloso" himno de Panem.

Decido que es tiempo ya de salir de este lugar, no sin antes revisar bien todo el área, y me levanto muy entumida; mi espalda me duele y las piernas me hormiguean, no puedo evitar estirarme. Noto que ya no me duele la mano por el cuchillo que conseguí.

Comienza el himno y me apresuro a buscar un espacio entre los árboles para ver los rostros de los difuntos. Se me acelera el corazón pero se para completamente al ver que los primeros rostros en salir han sido los de Iulian y Rala, los profesionales a los que todos temíamos, los que sacaron la mejor evaluación ¿¡Cómo es posible!

Pongo una ligera sonrisa porque eso significará que hay dos profesionales menos, y lo mejor de todo, los más peligrosos. El siguiente rostro de tributo sale y me entristezco al saber que es Peach… Más allá de ver a Onika en ella, es por que realmente tenía buen corazón. Me alegra no haber tenido que matarla… Van tres, falta uno. Desaparece el rostro de Peach y veo el de la Pequeña Lily.

Siento una gama de sensaciones que me hacen pensar que soy Hipócrita. Me siento mal por ella, el hecho de ser tan joven y que muriera. Creo que también fue lo mejor que falleciera al inicio, aunque no sé de qué forma… espero y la mejor. Pero también sé que, si Johanna tiene razón en que debo de asesinar a uno de los niños para tener más oportunidad de ganar, se ha ido una de mis dos objetivos; por lo que ahora únicamente me queda Chip… y no sé cuánto durará antes de que alguien más lo mate.

Bajo mi cabeza, agarro mis sienes y exhalo en silencio antes de empezar la búsqueda del escondite perfecto.

Camino durante algún tiempo analizando el terreno. Haciendo un mapa mental, creo que la cornucopia es el punto más bajo de la arena, después hay una especie de meseta, y mientras continúo mi camino, veo que el terreno se hace más abrupto, terminando en algunos cerros; absolutamente todo cubierto de árboles.

Decido que un buen lugar para esconderse debe de ser en éste lugar con pequeñas elevaciones. Busco con cuidado, esperando no ver serpientes o insectos venenosos. Llego a una elevación con diversas fosas muy superficiales. Encuentro una que me permitiría estar cómoda pero no hay suficiente maleza que la cubra. Otra no es lo suficientemente profunda. Después de casi otra hora veo una, pero está muy arriba y salir o entrar a ella ya es un peligro. Duro por lo menos otra hora y noto que estoy empezando a acercarme nuevamente al centro, comenzando a creer que aquí no encontraré un buen lugar.

Busco por otros 15 minutos y encuentro la perfecta, está disfrazada y cualquiera que pase pensará que es una pared totalmente lisa, hay mucha maleza que la cubre totalmente; también está en subida, lo que me dará una ligera ventaja en caso de combate o huida. Aunque es pequeña ya me cansé de buscar. He estado agachada casi completamente todo este tiempo, mi espalda tiene un dolor muy molesto. Me meto a la pequeña cueva por un lado, tocando lo menos posible la cobertura vegetal, únicamente quepo sentada. Después de unos minutos decido dormir un poco, no sé que hora pueda ser y durante el día tendré una mejor referencia. Espero que "mi presa" no muera.

Me despiertan gritos distantes, son fuertes y claros.

—¿Cómo le haces eso a Mily? ¿Cómo te atreves?—

Veo mis pies Iluminados y también pequeños agujeros en la maleza que no había visto en la noche.

—¡Vuelve para acá estúpido perdedor!— escucho gritar a Mily de nuevo.

Seguramente se quedaron a acampar cerca de aquí, suerte mía no haberme topado con ellos.

Escucho la respiración apresurada de alguien y rápidamente me asomo discretamente por un lado de la maleza y veo correr a Chip justo por enfrente de mi escondite y no sólo eso, también veo que corre con la enorme mochila de provisiones ¿¡Cómo lo ha logrado! Seguramente lo hizo mientras el equipo de la psicótica dormía, y ahora ella lo persigue. No tiene oportunidad…

Aprieto mis labios con fuerza, es hora de que yo entre al juego.

Salgo lo más aprisa de mi sitio perfecto, pero cuidando de no mover nada. Doy un vistazo alrededor e identifico tres grandes árboles, me dirán que aquí es mi madriguera.

Chip corre muy lento por el peso de la mochila, ¿Cómo es que no decide soltarla? Tal vez, al igual que yo, no tiene otra forma de alimento.

Lo sigo rápido, pero sigilosamente, hasta que llegamos a un precipicio sin vegetación. Chip se queda observando el vacío y corre ahora, a una distancia sensata, alrededor del borde del precipicio, yo hago lo mismo pero con el del bosque. Se escuchan los frenéticos gritos de Mily a lo lejos; se divierte con el niño, de haberlo querido ya lo hubiera alcanzado.

Decido que alejarme más podría causar que pierda mi recién encontrada madriguera, por lo que acelero el paso hasta unos diez metros más adelante de Chip, al igual que el día anterior, lista para salir corriendo tras mi objetivo.

Me doy cuenta que si salgo estaré en la situación que temía, asesinar a alguien menor que yo, pero intento sobreponer lo que pensé todo el día anterior, pero principalmente lo que me dijo Johanna; que después de acabar con uno de ellos podré acabar con cualquiera, mi impedimento es mi mente y mis buenos valores… que uno de ellos viva significa que yo sufriré y moriré… que matar no es tan difícil como parece…

Veo a Chip a tres metros, él no me ha visto aun. Lo veo ahora enfrente de mí, salgo de la oscuridad súbitamente, levanto el cuchillo, el pequeño Chip me voltea a ver sorprendido y se detiene, suelta la mochila e intenta correr. Pero ya es tarde, intento sentirme enojada y en éste momento no siento lástima por él o por cualquiera. Lo agarro del hombro, lo volteo y le encajo el cuchillo directamente en su pecho; veo sus ojos con lágrimas que se quedan sin vida rápidamente. No hay sonido, todo se queda en silencio, entonces, al sacar el ensangrentado cuchillo de su pequeño cuerpo casi inerte, recobro mis sentidos. Doy tres pasos para atrás, recojo la pesada mochila y salgo corriendo, aun en shock por lo que había pasado, por lo que acabo de hacer. Mi primer asesinato.