Capítulo 14: Entrando en la Pesadilla


Corro en diagonal para que los árboles me proporcionen cierta protección y escucho un cañonazo, espero que haya sido Bren. Dejo de percibir flechas, por lo que creo que funciona mi estrategia. Lágrimas salen de mis ojos y veo con preocupación la herida, parece ser que me ha dañado el músculo de mi brazo. Vuelvo a escuchar la risa de Mily acompañada del sonido del viento siendo cortado, otra flecha da en mi cuerpo; esta vez en mi pantorrilla derecha.

Caigo y no me puedo levantar, tampoco puedo evitar gemir de dolor. Escucho pasos e intento volver en mí ¿Eso es todo? ¿Así terminará para mí ésta horrenda pesadilla? No… No me debo de rendir, me han enseñado que es mejor intentar que no intentarlo para nada.

Me arrastro con mis extremidades más fuertes hasta un arbusto copioso y me contraigo como la primera vez que me escondí. Siento el sudor y lagrimas en mi cara, tengo miedo; ahora más que nunca.

Me quito, con duda, la primera flecha y siento un agudo dolor recorrer mi cuerpo hasta mi herida, algo terrible. Veo sangre salir del interior del traje y me preocupo aun más. No quiero retirar la otra flecha de mi pantorrilla por temor a esa sensación de nuevo, además, comienzo a temer el desangrarme…

Retiro la flecha y escucho pisadas cercanas, no me muevo, me quedo inmóvil, incluso si no es la Psicótica, cualquiera aprovecharía esta oportunidad para acabar conmigo y ganar unos cuantos patrocinadores.

Un intenso dolor en mi pantorrilla causa que dé un ligero chillido, estoy segura de que es mi fin.

Escucho cómo se acercan los pesados pasos enfrente de mí, de forma rápida. Abren el arbusto, quedo totalmente descubierta y enfrente de mí tengo los intensos ojos color aceituna, es Deo.

Comienza a sacar algo de su mochila. Al percatarme de esto, asustada, busco el cuchillo en el suelo con mi mano para defenderme, pero veo que no es un arma, son unos objetos.

—Úntate esto y aprieta bien las vendas, yo las distraeré. —dice Deo apresurado —Desde ahora seremos aliados. —al terminar de decirme esto, vuelve a cerrar la apertura del arbusto y lo escucho alejarse, gritando algo.

Estoy impactada por lo que acabo de ver. Después de unos segundos sin escuchar sonido alguno y aun sorprendida por el suceso, lentamente me descubro las heridas, agarro el bote y, con dificultades, me lo aplico en mi piel.

Arde, como si unas abejas picaran justo los lugares más sensibles de mi cuerpo ahora mismo. Procedo a ponerme las vendas, me preocupa la cantidad de sangre que puedo perder.

Termino de aplicar generosamente el ungüento y puedo poner mis pensamientos en orden, incluso con el dolor que todavía siento.

Deo apareció de la nada y me dio algunos productos para tratar mis heridas… Al parecer debo de ser más atenta sobre mis alrededores ¿Me habrá visto alguien más? También, si no me equivoco, me ha dicho que somos aliados desde ahora… ¿Pero quién se cree que es?

Siento punzadas fuertes en mis heridas, creo que lo tomaré como una señal para en verdad confiar en él desde ahora… Después de todo, Celia, la chica de su distrito, dijo que a mí era a la única que consideraba confiable… si eso es verdad, me pregunto ¿Por qué?

Después de relajarme un poco más, recuerdo que ya he hecho dos asesinatos, y espero que no hayan sufrido Chip y Bren mientras morían… aunque creo que eso no es posible…

Agarro una pequeña piedra que se encontraba a un lado de mi mano y la giro con los dedos índice y pulgar.

Muevo un poco mi brazo por incomodidad y veo que vuevle a salir sangre. Nuevamente pongo vendas, ésta vez más apretadas y, al terminar, siento que se abren también las de la pantorrilla, vuelvo a aplicarle otras. "Sobreviviré, Sobreviviré" repito en mi mente, una y otra vez tratando de convencerme; giro la piedra entre mis dedos aun más rápido.

El Distrito doce vuelve a perder a sus dos tributos… Lily murió el primer día y Bren el tercero… recuerdo que casi nunca duran sus tributos más allá del quinto día, aunque es raro también que mueran en el primero… creo que es algo curioso.

Después de intentar distraerme en mis pensamientos, noto que el dolor disminuye. No quiero hacer movimientos porque puede que vuelva a salir sangre… creo que es mejor esperar a que la noche me sirva de protección para volver a mi escondite.

Pasan un par de horas y empieza el himno. Me levanto con mucho cuidado, aun con dolor, para buscar un lugar para ver el cielo.

Aparece la imagen del primer tributo, es el chico del distrito nueve, aunque no recuerdo cuál era su nombre; recuerdo que es el que tenía problemas para atar nudos y también que estornudaba muy fuerte… Pienso en Deo y espero que no salga después su rostro, no escuché otro cañonazo después de que se alejó pero pude haberlo pasado por alto…

Sigue el rostro de Corn, lo vi cerca de Paris pero dudo que haya podido "estar una vez con ella" de otra forma que no haya sido siendo Aliados. Era amable y puedo decir que era más que la mayoría, aun así me alegro que Deo no haya muerto…

Por último veo a Bren, otra víctima mía… y me decepciono de mi misma al notar que, de hecho, fue más fácil asesinarlo a él que a Chip… lo cual me deprime… creo que Johanna tenía razón.

Termina el Himno y todo vuelve a estar en silencio. Me dirijo, cojeando, a mi escondite; espero volverlo a encontrar.

Pasan unos minutos y reconozco el terreno accidentado por el que busqué, hace un par de noches, mi madriguera. Camino por el perímetro lentamente, sin hacer ruido; hasta que llego a los tres árboles, mi indicador.

Ya en mi fosa y después de marcar tres rayas en el muro, intento dormir, sin éxito, a causa de la incomodidad por las heridas. Encuentro otra piedra pequeña y me pongo a jugar con ella, creo que comienza a tranquilizarme.

Van nueve de veintitrés.

Despierto cuando aún es temprano, los ligeros rayos caen en mi cara que posiblemente, después de todo lo sucedido ayer, se ha despintado. Sin nada especial en la mente, aplico camuflaje en mi cuerpo y noto que ya no siento el mismo ardor que sentí antes de dormir. Me retiro los vendajes y me encuentro totalmente curada, aunque aun me causa molestias el aplicar presión con mis extremidades, puedo moverme con un buen grado de libertad. Debo agradecerle a Deo…

Después de desayunar un panecillo con azúcar, 4 tiras de carne seca con el polvo parecido al chile y otra botella de agua, procedo a pensar en mi siguiente movimiento.

Creo que debo seguir esperando sanar un poco más antes de intentar terminar con otro tributo, así que decido explorar el área cercana a mi escondite.

Después de toda la mañana y al llegar la tarde, no encuentro nada especial, ni siquiera una fuente de agua. Llego a mi Madriguera, me siento y escucho el cañón.

Por alguna razón no me sorprende ¿Será que después de estos días me he acostumbrado a ver vidas desaparecer? Me pregunto quién será y raspo una nueva Raya; sinceramente sólo espero que no hayan sido ni Deo ni Gordon, mis únicos aliados.

Cuando anochece, el cielo está nublado; me pregunto si eso hará interferencia con los rostros de los tributos. Busco mi lugar de apreciación del cielo y espero, a que un nuevo difunto aparezca en el cielo.

Comienza el himno que ya me empieza a disgustar, siempre trae malas noticias consigo. Dril, del Distrito Ocho aparece. Vuelve el sentimiento de tristeza, pero esta vez más leve. La chica del Distrito Ocho tenía una aliada muy fuerte, loca pero fuerte al fin ¿Cómo terminaron con ella tan rápido, especialmente con lo alerta que se mostraba? Creo que ella al final sí era una chica dulce, no aparentaba como mi "querida" mentora… Si la hubiera conocido, tal vez no hubiera tenido las agallas de asesinarla, al igual que a Peach… Hoy el equipo de la Psicótica ha llegado a su fin.

Me doy cuenta que nuevamente tengo una piedra entre mis dedos, creo que estoy adoptando una mala costumbre. Dejo la piedra y me voy a mi guarida, donde procedo a dormir.

La noche pasa rápido, al igual que los otros dos días. En el quinto y sexto día no hay tributos caídos, lo que en verdad me sorprende y me causa sentimientos encontrados. Tampoco he podido hallar una fuente de agua y comienzo a preocuparme, ya que sólo me sobran dos botellas. Creo que debo de empezar a alejarme de éste lugar.

Es el noveno día y me levanto con más ánimos que de costumbre. Mis heridas ya casi no presentan un problema y desayuno de forma abundante. Creo que ya tengo la fuerza suficiente para enfrentarme a alguien de ser necesario; tal vez pueda terminar con Giselle, Celia o Gis con ayuda de mi cuchillo… siento un poco de asco por mí misma al pensar esto, se me pasa unos segundos después.

Agarro mi chuchillo y la mochila más pequeña, me aseguro de estar usando camuflaje suficiente y salgo directamente al bosque. Camino más de media hora, éste clima me recuerda al distrito siete. Es fresco, los árboles se mueven con la brisa, se escuchan algunos pájaros cantar…

Entonces oigo unas voces. Parece que alguien está molesto y ha alzado la voz.

Me acerco lenta y silenciosamente; he mejorado y soy más cautelosa desde mi "última batalla". Encuentro al equipo de Gordon.

—¡No hemos encontrado desde ya hace días tributos y se nos terminan las provisiones! —Veo a Paris decirle a todos, muy molesta.

—Pero preciosísima Paris… —comienza a hablar Gordon casi divertido.

—¡No me vengas con tus tonterías, gordo! —lo interrumpe bruscamente la voluptuosa. —Nunca terminaremos los juegos si seguimos así ¿No me apoyan?

Paris voltea a ver a los cuatros profesionales que están con ellos. Omario da un paso al frente y dice —Es verdad, debemos de comenzar a eliminar a los demás, tenemos la ventaja.

Creo que su equipo se desmorona ante mis ojos, pienso que será mejor no salir.

—Mira negrito… —empieza Gordon a intentar tranquilizarlos.

—¡No nos intentes convencer! Te hemos dejado estar con nosotros porque creíamos que tendrías patrocinadores ¡y lo único que te han mandado es un estúpido e inútil martillo! —Grita Paris, burlándose de lo que pareces ser el arma de Gordon; un pequeño mazo con algo parecido a un clavo, muy largo, retorcido y puntiagudo, clavado en él.

—Además… —comienza a hablar Gurges —No nos has dicho nada de tu compañera ni de sus habilidades. —me alegro mucho al escuchar esto, Gordon no les ha dicho nada; en verdad es confiable.

—Pero Gurges, Gurgecita… Ya les dije que es inútil; no sabe encontrar comida, ni usar un arma, ni siquiera es popular con la increíble gente del Capitolio. — Creo que Gordon dice eso para librarse del tema, como en la entrevista… espero.

Todos parecen empezar a alterarse, todos menos Electra. Sospecho que a ella no le importa tener equipo… que arrogante.

—Les propongo algo Profesionales, —Paris comienza a hablar, pero esta vez con un tono agudo; me da mala espina. —matemos a este gordo inútil, es más, creo que no sería capaz de matar a alguien, menos a su estúpida compañera de distrito.

Paso saliva lentamente al ver que los Profesionales lo están considerando seriamente, hasta que Gordon da un paso hacia Paris. Ésta le lanza una mirada de desprecio, igual que lo hizo con Giselle y conmigo en el campo de entrenamiento y voltea la cara con desdén. Gordon hace un súbito movimiento y le encaja el pico del mazo directamente en la nuca, Paris cae al suelo y Gordon la sigue golpeando mientras la chica grita desesperadamente el nombre de Omario, intentando defenderse con un hacha pequeña; pero un golpe de Gordon en una de sus sienes termina completamente con ella. Suena el cañonazo.

Los Profesionales y yo estamos congelados al ver la barbarie que ha sicedido, ¿Ese es el mismo Gordon Beaver del Distrito Siete? En todo lo que llevo en la arena, esa ha sido la muerte más horrible que he visto. Por un momento creí que Omario iría a ayudarla, su daga cambió ligeramente de posición.

—Que esto les recuerde... —Gordon empieza a hablar, muy serio y con una voz muy grave —Que como equipo cualquiera que quiera disolverlo será asesinado por los otros.

Ningún profesional habla, y creo que ahora mismo Gordon es su líder, podría convencerlos de aceptarme. Me levanto para ir directamente con ellos pero escucho que mi supuesto amigo dice:

—Esto le espera también a mi estúpida compañera de distrito.