Kimiko Haruki me preguntaba por el título de este Capítulo. Bueno, directamente desde Wikipedia: El término movimientos oculares rápidos (en español MOR; en inglés REM, de rapid eye movements) describe la fase del sueño durante la cual se presenta la mayor frecuencia e intensidad de las llamadas ensoñaciones (sueños, las escenas oníricas).
Se debe de filosofar sobre ésto, además de que hay ciertos patrones en la historia que al final tendrán coherencia.
¡Cualquier otra pregunta es bienvenida!
CAPÍTULO 17: M.O.R.
El mutante sigue intentando, sin éxito alguno, subir por el árbol para atraparnos. La lluvia sigue cayendo con fuerza y todo a nuestro alrededor es gris, el aire sopla desde lo profundo del bosque y el sonido de las gotas es opacado por los espantosos gritos del muto.
Mantengo mi cuchillo preparado para atacar, no sé cuál sea su próximo movimiento. Mi respiración lentamente vuelve a su ritmo normal, me comienzo a tranquilizar, pero no me atrevo a verlo; por lo menos no a su cara.
—Puedes bajar tu arma, no planeo atacarte. —dice Deo, supongo que mi pose es muy hostil aun.
Veo en su mano que él también tiene un arma, es una daga larga.
—Si no me vas a atacar, —comienzo a hablar sin atreverme a ver su rostro —¿Por qué también estás preparado para encajar eso en mí?
No dice nada por unos segundos, tal vez deba convencerlo… nunca me imaginé como sería al encontrarnos, creo que después de todo no confiaba tanto en mí.
—Bueno, entonces creo que debo dar el primer paso —mueve su arma y me altero al ver esto, pero sólo la deja en sus piernas y levanta ambas manos —¿Listo?
Por primera vez decido mirarlo a los ojos, sorprendida, está haciendo una cara inocente. Pienso que ahora mismo puedo acabar con él, podría encajarle mi cuchillo y caería con el mutante… Aunque nadie merece una muerte así, además, yo estoy en la parte más delgada de la rama, más alejada del tronco. Decido hacer lo mismo que él, aunque no levanto mis manos.
—Perdón por lo de la daga… uno debe de ser precavido ¿sabes? —se disculpa mientras voltea a ver al mutante, yo no le respondo; No sé qué decir.
—Increíble juego ¿No? —Aunque es obvio que lo dice de broma, incluso con su sonrisa, yo lo volteo a ver con insulto ¿Cómo puede decir eso?
Después de ver mi expresión, decide retractarse de lo que dijo. Me doy cuenta que tiene unas ojeras muy notorias y de que está más delgado que la última vez que lo vi.
—Creo que debemos de comenzar de nuevo, ¿Cuál es su nombre señorita? —extiende la palma de su mano hacia mí, como si estuviéramos en cualquier lugar, alejados de la horrible creatura que nos acecha.
—Soy… —comienzo, nerviosa —Aurora Roblee, del Distrito Siete. —Le doy la mano, no puedo evitar notar que su mano es áspera.
—¿Tienes sólo un nombre? —Me pregunta sorprendido.
—Sí… —Le afirmo mientras intento acomodar un poco mi cabello —¿Tú no?
—Lo que pasa es que en el Distrito Diez la mayoría tiene dos nombres…
—Entonces ¿Cómo te llamas? —me siento un poco comprometida a preguntarle, aunque en verdad quiero saber.
—Mi nombre completo es Deo Volente Saphian. —Me mira, creo que espera una respuesta.
—Oh… —intento pensar en que decir —¿Por qué prefieres Deo que Volente?
—No lo sé, toda mi vida me han dicho así. Creo que a todos los de mi distrito les llaman por el primero. —Al parecer Deo Volente intenta recordar a alguien a quién no cumpla esa regla. —¿Por qué te pusieron así? —Me pregunta al no tener éxito en recordar.
—Pues… —me da algo de vergüenza contarle la historia de mi nombre, especialmente porque metería a mi madre en problemas si le digo que, mientras ojeaba ilegalmente una de las revisas del Capitolio, encontró una imagen con unas luces "muy bonitas" del cielo que al parecer son llamadas "Aurora Boreal", por lo que le digo:
—En siete se cuentan historias de unas luces que aparecen más al norte, creo que al fenómeno se le llama Aurora Boreal…
—¿En verdad? Que interesante, ¿La has visto? —Me pregunta, creo que en verdad le interesa el tema.
—No…—respondo con vergüenza, porque de hecho jamás la he visto —¿A ti por qué te llamaron así? —Comienzo a meterme en la conversación, me ayuda a distraerme del muto.
—No lo sé, idea de mi madre —no sé que expresión haya hecho al decir esto, me es difícil voltear a verlo. —Pero el segundo nombre de Eidran es "Belarmino" — se ríe y mira hacia arriba. —¿Me escuchaste Belarmino? —Hace una especie de saludo al decir esto y vuelve a reír. Al ver mi cara de incomprensión, me dice que es su hermano; por el que se hizo voluntario de la cosecha.
—Yo también tengo hermanos, tres —intento, nerviosa, seguir la conversación —se llaman Pine, Alerce y Oleander.
—Veo que eres de familia pequeña, en verdad que tienen suerte. —cuando lo escucho decir eso en verdad me sorprendo.
—¿Una familia con cuatro hijos te parece pequeña? —Debe de estar mintiendo. —En Siete es considerado un lujo y sufrimiento tener más de dos hijos. —lo digo intentando darle crédito a mi familia.
—¿Si? —Está genuinamente sorprendido —En Diez las familias llegan a tener hasta seis hijos, principalmente para el trabajo familiar.
Los gritos del mutante me quitan de mi ensimismamiento, ¿Estará mintiendo?
—¿Cuántos hermanos tienes? —le pregunto, no pueden ser más de cinco ¿Cómo los mantendrían?
—Yo tengo… —hace una especie de cuenta —cuatro por parte de mi madre y otros siete por parte de mi padre.
Me toma unos segundos reaccionar a esto.
—Entonces… ¿Tu madre es la segunda esposa de tu padre? —Pregunto con temor a ofender a su familia.
—Fue la tercera —me observa por unos segundos y, al ver falta de respuesta, continúa —Falleció al nacer mi hermana menor, además, digamos que mi padre no tiene el control suficiente para no estar con una mujer…
La lluvia empieza a ceder, ha bajado su fuerza, ahora es una llovizna. No sé qué decir, por lo que busco en mi entorno. Veo al mutante, con esta claridad me doy cuenta que sólo tiene un ojo.
—Esas creaturas son horrendas… —digo, sintiendo un poco de lástima por ellos; aunque cada vez que gritan me recorre una horrible sensación por la espalda.
—Al parecer sus patas no les permiten escalar, —comienza a decir Deo, mientras observa al monstruo —ignorando sus patas y su rostro, son muy similares a los caballos que tenemos en mi distrito.
—Y… ¿Qué hacías en tu distrito? —Ver con claridad al Muto, especialmente ese espantoso ojo, causa que mi pavor regrese.
—Como dije en la entrevista, me encargo de arrear ganado; saco a pastar a los animales y algunas veces los transporto de villa en villa. —sinceramente no recordaba lo que había dicho Deo en la entrevista… todo parece tan lejano ahora. —Siempre he sido el mejor de mi familia montando y domando animales, aunque mi caballo siempre fue tranquilo.
—¿Tenías un caballo en tu distrito? —Nunca he visto uno, creo que es muy interesante.
—Bueno, no, no realmente —comienza a decir algo apenado. —Es del Capitolio, nos los rentan para hacer nuestro trabajo; son muy caros.
El Capitolio les rentaba animales para luego pagarles mal por su carne, supongo que es el negocio perfecto.
—Pero dime, ¿Tú que hacías en tu distrito? Siete debe de ser un lugar muy interesante, con tanto bosque por explorar.
No sé como se lo imagine, tal vez crea que, por exportar madera y papel, haya bosque por todas partes.
—Aunque en los alrededores hay muchos árboles no se nos es permitido ir más allá de la frontera del bosque, yo marcaba árboles en el borde. —Pienso que es un trabajo totalmente aburrido a comparación del de él.
Después de explicarle que no era un trabajo difícil y que la paga era suficiente para comprar un poco comida al día, me dice que ese sería el trabajo ideal para él. Aunque no le mencioné que uno elige un trabajo de tres que te da a elegir el Capitolio… aunque yo sólo califiqué para dos, ese y empacadora; pero no quiero seguir los pasos de mi madre, además prefiero estar al aire libre; aunque la paga sea menor.
Seguimos hablando de lo diferentes que son nuestros distritos: Mientras en Siete las casas están muy juntas y son de madera, en Diez tienen grandes terrenos (aunque le pertenecen al Capitolio y sólo son para trabajo), están muy separadas las casas y son de concreto; Nuestras casas están cerca del bosque, en Diez sólo tienen un árbol como referencia; incluso comparamos las desventajas de la fábrica de papel de mi distrito y la fábrica de lácteos en el suyo.
Así pasamos las siguientes horas hasta que, al sonar el himno, el muto se fue corriendo a la oscuridad del bosque.
Deo se levanta y se para en la rama, al ver esto, yo llevo mi mano al mango del cuchillo.
—Tranquila Aurora —Me mira desde arriba y me sonríe —No te haré daño, sólo veré qué tributo murió hoy. —Sube un poco más arriba del árbol, tal vez hacia la copa.
En ese momento recordé que hace unas horas estaba por matar a Giselle. El hablar con el chico del Diez me hizo recordar que son personas, no sólo enemigos. Al no encontrar algo para girar entre mis dedos, comienzo a tallarlos entre ellos mismos. Me arrepiento de todo lo que he hecho.
—Sólo ha sido una chica del Cinco.
No le respondo y siento su mirada. Camina con cuidado por la rama y se pone en canclillas enfrente de mí.
—¿Tú la mataste? —me pregunta, y aunque me concentro en mis dedos y no lo veo, sé que me mira directo a mis ojos.
—No —le contesto sin voltearlo a ver.
—Entonces… —estira su mano hacia la mía, intentando detener mis dedos, yo la quito instantáneamente —…no te deberías preocupar. —continúa, ignorando mi gesto agresivo.
—¿Tú has matado a alguien? —pregunto, sin mirarlo, temiendo la respuesta.
—Sí, sí lo he hecho. —responde muy serio.
Hay unos segundos de silencio, ninguno de los dos habla, no creo que quiera recordarlo y yo tampoco quiero hacerlo. Intento cambiar de tema, entonces recuerdo que Celia dijo que, para Deo, yo era la única, de todos los tributos, que le parecía de confianza.
—¿Por qué confías en mí?
Deo se levanta y se retira hacia el tronco, pero parece ser que se ríe. Esta vez no puedo evitar mirarlo por esa reacción.
—Si te digo pensarás que soy un tonto —Mira hacia la derecha, muerde su labio, noto que se sonroja y vuelve a mirarme.
Espero unos momentos, ¿Qué puede ser? Él doma animales y ya ha probado que tiene mucho valor… ¿Será que me miente sobre la confianza que me tiene?
—Dilo… no puede ser tan malo… —intento convencerlo totalmente, después de todo, si somos equipo no puede evitar decirme el por qué confía en mí y no en nadie más.
—Está bien… pero te lo diré al oído para que no se entere todo Panem. —Se acerca a mí, lo cual me hace ruborizar; me intento aferrar a la rama por si me intenta tirar y entonces me dice —Tu personalidad me recuerda a como era mi madre.
Se aleja hacia el tronco nuevamente, sin mirarme ¿Qué se supone que deba de decirle después de eso?
—No tienes que decir nada, sólo… te dije la verdad, lo que querías saber. —Vuelve a morder su labio y me voltea a ver —Si vamos a ser amigos debemos de decirnos la verdad… ¿Cierto? —su rostro está muy sonrojado.
No digo nada ¿Qué puedo pensar? Eso… ¿Eso es raro? ¿Es Bueno? Me causa, algo de gracia, algo de vergüenza e incluso algo de lástima; yo soy muy afortunada por no saber lo que es perder a un ser amado, y decirle algún intento de broma tal vez lo ofendería.
Me decido quedar callada y buscar otro tema de conversación. Por lo menos, si es verdad eso que dice, hace que me tranquilice un poco.
—Descuida, no le diré a Todo Panem —le digo con una sonrisa, tal vez un poco forzada pero parece ser que lo tranquiliza. —Creo que debemos dormir y mañana hacer planes para… —Me doy cuenta que estaba a punto de proponerle hacer planes para asesinar a los otros tributos ¿Le afectará eso?
—¿Planes para deshacernos de los que faltan? —termina mi frase con tal naturalidad que me quita toda duda sobre su conciencia sobre terminar con los demás —Si queremos sobrevivir debemos hacerlo ¿No?
Bajo la mirada, tiene razón. Ninguno saldrá de aquí si los otros no…mueren. Comienzo a desesperarme ¿Cuántos días más estaremos en éste infierno?
—Aurora, —dice mi nombre con un suspiro —después de todos estos días somos más fuertes, más inteligentes. —Da una pausa, tal vez esperando que yo agregara algo más. —Si juntamos todo lo que hemos visto, vivido y lo que conocemos, nadie nos detendrá.
Deo agarra mi mano, caigo en cuenta que de nuevo empecé a tallar mis dedos entre ellos. Volteo a ver sus ojos, que ahora me inspiran confianza, y siento una ligera brisa fría, recorriendo mi cara.
—Entonces dime, ¿Qué sabes de los otros? —Le pregunto, sé que todo éste tiempo hemos recabado información suficiente sobre los demás.
—Para que comprendas todo, tengo que empezar desde el campo de entrenamiento…
