¡Hola! Gracias por continuar leyendo mi fic, cada vez hay más lectores que me animan a seguir.
Por cierto que he cambiado la Portada (Creada 100% por mí) y el Resumen (También creado por…mí). Espero que les haya gustado más de ésta forma.
¡Reviews, predicciones y preguntas Bienvenidas!
¡Happy Hunger Games!
Capítulo 19: Cruzada contra Saphian
Me observa en la oscuridad con sus ojos de color y me apuñala; en un movimiento rápido, como un rayo.
Despierto exaltada, casi gritando e intentando encontrar mi cuchillo… casi caigo del árbol cuando me doy cuenta que todo ha sido una horrible pesadilla.
Respiro hondo. Lo único que me faltaba, una pesadilla de Deo intentándome asesinar…
—No quiero parecer el capitán obvio pero… ¿Tuviste un mal sueño? —me pregunta mi aliado mientras hace algo agachado, de espalda hacia mí al nivel del suelo; no logro distinguir qué aunque sea ya más de medio día.
No le contesto enseguida, bajo del árbol con dificultades, aun impactada y algo confundida de lo que pasó.
—He soñado con una de esas criaturas, un… Mutto… —miento, esperando que no sospeche de ello.
Me acicalo y veo mi arma en la tierra, parece ser que la he tirado por lo acontecido… pienso en lo que hubiera pasado si Deo hubiera estado en ese sitio…
—Dicen que se debe de tener cuidado con lo que la mente te advierte en los sueños —me lanza una rápida mirada sobre su hombro y continúa con lo que hace —Tal vez debas de deshacerte rápidamente del próximo mutante que veas.
—Sí, probablemente…
Mientras él continúa contándome de una pesadilla que tuvo una vez, probablemente para relajarme; me quedo parada, solamente observándolo.
Volteo a ver mi cuchillo, ahora mismo puedo atacarlo y matarlo; incluso con su estatura y físico, en esta posición lo acabaría como lo hice con Bren, el tributo del Doce.
Menciona algo de un coyote, pero no le pongo atención. Será un enemigo menos, uno menos de quién preocuparme.
Avanzo con paso sigiloso y comienzo a levantar el cuchillo lentamente, cuando de improviso se levanta y da la vuelta. Queda frente a mí, comiendo un tipo de bayas rojizas. Rápidamente disimulo lo que estaba apunto de hacer.
— ¿Quieres? Son fresas silvestres, no hay posibilidad alguna de que sean venenosas —Me ofrece estirando su mano con unas cuantas frutas en ella. No sospecha lo que estuve apunto de hacer.
Giro rápidamente diciéndole que no, y me dirijo hacia el árbol, cuidando que no se acerque hacia mí.
— ¿Cómo sabes que esas son fresas silvestres?
—Gracias al campo de entrenamiento, es una de las pocas bayas comestibles que pude aprender… Celia era muy rápida memorizándolas —contesta Deo apenado con una sonrisa.
La chica del Distrito Diez, parecían unidos de vuelta en el campo de entrenamiento ¿Por qué no estará con ella?
— Dime… —Comienzo a decir, debo de aclarar cierta duda que me persigue — ¿Entre Celia y tú hay algo… más? — ¡No puedo Creer lo que acabo de decir frente a todo Panem!
Me observa como si no creyera lo que acabo de preguntar, o como si no entendiera la pregunta. Tal vez está más fuera de lugar la pregunta de lo que creí.
—No, no hay nada
Siento un poco de alivio al saber esto, hasta que Deo dice:
— ¿Por qué la pregunta?
¡No había previsto eso! Miro a mi alrededor, probablemente de una forma demasiada rápida e insegura.
—Sólo para… conocernos mejor —Una risita tonta parece delatarme.
Al no escuchar respuesta agrego que también sería buena idea saber qué sabe hacer esa chica. Decidimos subir al copioso árbol para charlar de forma más segura, mientras comemos las fresas, y me explica que ella alimentaba y cuidaba ciertos animales de pastoreo, y que siempre ha sido buena respecto a lo que vegetación silvestre se refiere.
—Y entonces ¿Por qué no estás con ella? —No puedo evitar preguntar directamente. —Ella es una fuente de alimentos potencial.
—Al inicio estábamos juntos pero… —hace una pausa un poco larga —te lo diré sin rodeos; me intentó envenenar.
Casi me ahogo con la fruta que estaba masticando de la sorpresa. Parecían los más unidos de los distritos no profesionales.
— ¿Cómo lo intentó? Y ¿Por qué no la terminaste de una vez?
No controlo mi tono de voz, pero no importa ¡Casi lo mata! Y merecía morir, no hay razón para perdonarla… seguro soy la más hipócrita de la arena…
—El tercer día fue a buscar comida mientras yo cuidaba nuestro "campamento"; cuando regresó me intentó dar un tipo de hongo muy venenoso, tal vez el único que pude recordar de lo que estudié en el campo de entrenamiento.
— ¿Y por qué no le hiciste algo? ¡Ella planeaba matarte! A la primera sospecha yo…
—Lo que sucede es que — Deo me interrumpe abruptamente —La conozco de toda la vida, ha sido mi compañera de escuela desde que puedo recordar…
A continuación lo trato de convencer de que él también era un conocido de toda la vida para ella y aun así lo intentó asesinar, por lo que el debió detener todo el derecho de atacarla. A lo que él agrega:
—También debo decir que su novio, con el cuál ha estado casi cinco años ya, me amenazó de que si yo le hacía algo a Celia, y regresaba a Diez, él y sus amigos se encargarían de terminar conmigo.
Continúa explicándome que Celia y su Novio eran una gran pareja en su Distrito, sobretodo porque el joven es hijo del alcalde, y éste último discrimina a los obreros y trabajadores. Cuando su hijo se reveló y tomó a Celia como pareja, los ciudadanos de Diez hicieron una pequeña fiesta en forma de burla de la situación del alcalde.
Pasan unos minutos sin conversación. Logro escuchar un par de pájaros y comienzo a sentir algo de calor, el clima en la arena cada vez varía más. Pienso que debería de decir algo, por lo que decido hacer una pregunta algo aleatoria.
—Cinco años es un largo tiempo para una pareja…
—Aurora, cuando quieres mucho a una persona el tiempo se pasa volando —por alguna razón su respuesta me llama especialmente la atención.
—Tú… ¿Tienes Pareja? —Decido de una vez por todas preguntarlo, estoy segura que nunca hubiera hecho esto antes de los juegos.
—Sí, y debo de decir que ilumina mi mundo —dice esto mientras se recarga en el tronco del árbol, y por alguna razón tengo un sentimiento amargo en mi interior —Su nombre es Suesan, y es muy graciosa e increíblemente hermosa.
Dirijo mi mirada al suelo, parece que cada palabra me sumerge cada vez más… pero continúa:
—Pareciera que siempre se preocupa por los demás antes que por ella, y cuando monta a caballo su largo y ondulado cabello rubio se mece en el viento de una manera casi mágica… —Está perdido en sus propios pensamientos, con ambas manos en su nuca y mirando a un cielo en otro lugar.
—Me parece que debo de llenar mi botella ¿De dónde has conseguido tu agua? —cambio súbitamente el tema, esperando no ser muy obvia respecto a lo que sucede en mi interior.
Parece que lo desconcierta mi pregunta, pero sin dudarlo me dice que hay un pequeño lago a unos metros al Este de nuestro lugar actual, decido ir y aunque me ofrece su compañía, ahora mismo lo único que necesito es estar lejos de él y masticar la situación; me limito a aceptar su concejo de no tardar, ya que los muttos pueden salir en cualquier momento. Me doy cuenta ahora de cual es mi mayor debilidad.
Camino con precaución por un cuasi sendero del bosque mientras pienso de lo que me he enterado. ¡Por supuesto que tiene a alguien! Y no sólo a alguien, tiene a la señorita perfección…
Pero no siento tristeza, es rabia lo que corre por mi cuerpo. Una vez más me ha sucedido…
Llego al lago, enojada, me hinco y lleno, de mala gana, la botella. Decido quedarme hincada por un tiempo a la orilla del agua, si no fuera un juego de muerte podría quedarme aquí hasta el anochecer… jugar escondidas nuevamente sin el peligro de ser atravesada, cazada, envenenada o descuartizada por alguien o algo…
Escucho un grito desgarrador; no el de una persona, a ésta altura sé que esa sensación sólo la puede causar un mutante. Me levanto lo más rápido que puedo y me dirijo, apresurada, a mi escondite con mi otra desilusión; cuando noto que se me ha olvidado mi botella.
Doy la vuelta para volver por ella y me encuentro frente a frente con Linebeck, un profesional del Distrito Cuatro. Tiene varios troncos en sus brazos; ambos estamos atónitos.
Volteo velozmente para huir pero ahora tengo a Marietta frente a mí. Ella trae la lanza.
Y veo que está apunto de atravesarme con ella.
