CAPÍTULO 21: Últimos Siete.
Despierto con los rayos de sol acariciando mi rostro, no he podido dormir bien a causa del tributo que nos descubrió en la noche. Volteo a ver a Deo, sigue dormido apaciblemente a un lado de mí.
Admiro el paisaje que nos rodea, en esta zona aun hay muchos árboles y la luz que atraviesa las hojas me relaja; recuerdo por unos minutos el Distrito Siete. Escucho un cañón en el cielo, ha muerto otro tributo. El silencio sepulcral vuelve a la Arena.
No sé si despertar a Deo o esperar a que lo haga por su cuenta, debe de ser la primera vez que duerme tranquilamente desde el comienzo de los juegos.
Pasa una hora aproximadamente y Deo comienza a despertar, da un largo bostezo; parece que él no ha tenido problemas para conciliar el sueño.
—Buenos Días Deo— Digo — ¿Listo para otro asombroso día en la Arena?
Deo termina de bostezar y me propone desayunar parte de la comida que recibió el día anterior, por supuesto lo mínimo que puedo hacer es darle agua.
— Ha muerto otro tributo hace poco —Digo con tono neutral —Espero que haya sido el que nos encontró…
Deo no dice nada por un momento, puede ser que empezar el día con la muerte de alguien no es algo bueno. Parece saltarse el tema de la identidad del tributo caído:
— ¿Tienes alguna sospecha de quién pasó cerca de nosotros anoche? — pregunto — Fue una risa aguda, de mujer…
—Debió de ser la del Distrito Uno, ya sabes, la demente; tiene una risa escandalosa. — Dice mi compañero mientras mordisquea un pedazo de carne.
— ¿Crees que nos haya… visto? — Me pongo nerviosa porque pudo haber sido mi culpa.
—No lo creo… —Me responde tranquilamente —Ella tiene en sus manos el único arco en la arena, nos hubiera asesinado sin ningún problema.
Me doy cuenta de lo rápido que pueden terminar nuestras vidas, tan fácil que me comienzo a preocupar y vuelvo a tallar las yemas de mis dedos.
—Creí que ya habías dejado esa maña Aurora. —Me dice gentilmente mientras me observa atentamente —Deberíamos de movernos, no es bueno quedarse en un solo lugar cuando hay merodeadores por ahí.
Caminamos con cuidado sin un rumbo fijo, esperando no toparnos con los profesionales; pasan varias horas y comenzamos a escuchar los horribles gritos de los mutantes. Aunque no se encuentran muy lejos, ya no me preocupan tanto como antes; Creo que nuestros sentidos se han desarrollado ampliamente, reaccionamos a la más leve señal de movimiento.
Deo me comienza a platicar, nuevamente, de cosas que hacía con sus amigos en su Distrito. Parece ser que tenía diversas aventuras con ellos. Yo logro recordar algunas cosas que hice en Siete, pero no son tan divertidas como las de él, por lo que decido no contar nada.
— ¡Ustedes! — Escuchamos un grito detrás de nosotros.
Al girar rápidamente con nuestras armas en defensiva, vemos que es Marietta, nos está apuntando con un Arco. Deo y yo nos quedamos callados, esta puede ser, uno de nosotros morirá.
— ¡Por su culpa Linebeck está muerto!
La profesional dice esto con lágrimas apunto de caer de sus ojos. Observándola atentamente puedo ver horribles llagas y heridas en su rostro y manos.
— Nosotros no lo asesinamos — Deo comenta, al parecer intentará racionalizar con ella, me parece inútil; los profesionales son como animales, no se puede razonar con ellos.
— ¡Si no nos hubieran arrojado esa bomba no le hubieran destrozado la pierna! — Marietta grita con dolor. Temo que en cualquier momento nos atraviese con una de sus flechas.
— Un momento, ustedes nos perseguían para matarnos ¿Esperabas que nos dejáramos asesinar sin más? — Siento que Deo la provocará después de escuchar esto. —Además no murió con la bomba, no escuchamos el cañón.
— Él ya no podía correr, ni huir de… — Comienza Marietta, pero deja de hablar para gritarle a Deo que no se mueva, ya que se comenzaba a dar pequeños pasos. — Ahora yo los mataré.
Tensa su arco, siento las palpitaciones de mi corazón acelerándose; hasta que se detiene por escuchar el grito de un mutante aproximándose rápidamente hacia nosotros. Veo que Marietta, al verlo, Susurra un "No" muy leve y con miedo.
Con esta distracción Deo sujeta mi brazo y corremos al bosque, intentando zigzaguear entre los árboles por si la profesional nos dispara una flecha.
Seguimos corriendo y, ya que no hay señal alguna de Marietta, nos detenemos completamente. La carne nos ha ayudado a mantener el paso. Después de recuperar el aliento, le digo a Deo:
— Entonces de Linebeck fue el cañón de la mañana.
— ¿Crees que sus heridas fueron causadas por la bomba? — Me pregunta, parece tener cierto remordimiento.
— Tal vez el azúcar y el chile causaron que no hubiera forma de salir ileso…
Imagino que la primera se derritió, causando un líquido hirviente como la vez que Alerce la puso en su sartén. El Chile debió de causar un ardor insoportable, probablemente hubieran preferido morir en esos momentos de agonía.
Escuchamos un cañón y nos miramos fijamente, no puedo evitar ponerme nerviosa; si los profesionales mueren tan rápido ¿Qué podemos esperar de nosotros?
—Creo que debemos de quedarnos en uno de estos árboles. — Me propone Deo, parece nuevamente intentar ignorar el Cañón.
—Con éste sólo quedamos Siete tributos… — No creo que sea recomendable ignorar el hecho que, ciertos de nuestros rivales, han fallecido ya. — ¿Crees que haya sido Marietta? ¿La habrá atrapado el Mutante?
— Por más cruel que suene, yo espero que sí — responde Deo mientras observa el suelo. — No es conveniente que haya alguien en la arena con rencores hacia nosotros.
Deo nuevamente se queda callado y subimos al árbol. Cenamos un poco y, mientras escuchamos a lo lejos a los mutantes, me platica algunas cosas que hacía para matar el tiempo en el Distrito Diez.
Suena el himno de la nación y volteamos al Cielo; en esta parte casi no hay árboles, por lo que tenemos una buena apreciación.
Sale la imagen de Linebeck, Distrito Cuatro. Siento un poco de pena por él… pero puede que, si murió por culpa nuestra, nos proporcione algunos patrocinadores.
Volteo a ver a Deo y le digo que es un profesional menos, por lo que tenemos más oportunidad. Pero él observa el cielo, con una cara de sorpresa más pálida de lo normal.
Volteo para ver el otro tributo y veo que es Celia, la compañera de Distrito de Deo, a la que conoce de toda la vida.
Mi aliado no hace ni dice nada, solo se muerde su labio inferior; parece salirle un poco de sangre por la presión con que lo hace.
— Deo… en verdad yo… — intento decir que lo siento, pero me interrumpe súbitamente.
— Cuando Marietta nos apuntaba con su arco, pude ver al mutante que corrió hacia nosotros comiendo fresas silvestres. — me desconcierta ¿A qué viene eso al caso? — Necesitaba llamar su atención.
— ¿Por eso hiciste que Marietta te gritara? ¿Para que la distrajera? — Debería de poner más atención a mis alrededores, pensaba que yo había mejorado…
— Si pero… — Deo da una pausa un poco reflexiva — eso me da una idea para obtener una ventaja.
— ¿De qué se trata? — pregunto, intentando no pensar en el tema de Celia.
— Por ahora no te lo puedo decir — El chico del Diez se acerca un poco a mí — Pero necesito que confíes en mí.
Duro unos segundos procesando esto en mi cabeza.
— ¿Por qué no me lo dices? — replico, si vamos a tener un plan ¡simplemente lo debo de saber!
— ¿Confías en mí? — Sus verdes ojos me miran expectantes.
— Por supuesto… — No puedo evitar sentirme presionada.
Me dice que mañana lo intentaremos, sin embargo que es una lástima que no tengamos armas con más longitud.
Recuerdo que en la mañana Deo me había dicho que el único arco lo tenía Mily. Le comento esto a Deo y le pregunto ¿Por qué Marietta tenía uno?
Al no tener una buena teoría, nos acomodamos para dormir y hablamos por unos minutos, cuando de improviso llega un paracaídas con un paquete enorme a las manos de Deo.
— ¡Es una espada increíblemente larga! — No puedo evitar exclamarlo.
Deo baja del árbol, asombrado y emocionado, para probarla.
— Aunque es larga es muy ligera. — Mi compañero la blande con una sonrisa en su rostro.
Mientras lo observo practicar y dar las gracias, siento celos y tristeza; esta vez no ha llegado nada para mí… Y me hace recapacitar que, de nuestro equipo, él es el favorito, el que me deberá vencer en este juego de muerte.
Tal vez mi pesadilla sí era una advertencia.
Ojalá les haya gustado, todos se preparan para la última parte de los 72° Juegos del Hambre ¿Deo terminará con Aurora? ¿Cuál será el Plan de Deo?
¿Qué harían ustedes si su aliado estuviera ganando más popularidad que ustedes y le dieran un arma formidable?
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