Al cabo de unos segundos sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de la peli rosa, que aunque estuviera débil podía escucharse perfectamente:
—Karin…—Pronunció mientras tomó la mano de esta con sutileza—, Gra-acias, por haace-erte cargo de mí.
La peli roja se quedó unos segundos mirándola con asombro, luego volvió en sí para decirle:
—No tienes nada que agradecerme, lo hago porque quiero que la felicidad de Sasuke sea lo primordial, y tú eres su esposa, y el hijo que darás a luz es de él.
Sakura la observó aun con el dolor presente carcomiéndole las entrañas, pero sin embargo no podía dejar de sentir felicidad en su interior.
—Sabes, los lazos que nos u-nen… son realmente impo-ortantes—Dijo ella en tono bajo.
—¿Qué dices?—preguntó absorta la peli roja.
—A ve-eces, no hace fa-alta conocernos desde antes… pa-ara saber lo importante qu-ue son nuestr-os lazos.
—¿No-nosotras tenemos lazos de amistad?—Preguntó la Uzumaki aun asombrada.
—Así es… Lo que tu harás ah-ora nos marc-ará para sie-empre a las tres.
Karin pestañeó unas tres veces con confusión.
—¿Acabas de decir las tres?, se supone que Sasuke no sabe el género de su hijo aun… ¿Tú, cómo?
—Es por-que…—Se interrumpió por una fuerte contracción—Yo ten-go lazos con mi hija… nuestr-os sentí-mientos están totalmente conect-ados…
Karin se mordió el labio con ternura a punto de decirle algo, fue interrumpida por Sasuke y Juugo que aparecieron con prisa.
El Uchiha quedó extrañado al observar tal escena entre Sakura y Karin, parece que hubieran hablado de toda una vida en su ausencia. Entonces Karin observó nuevamente a Sakura y le susurró: Haré todo lo que esté en mis manos para que tu hija nazca salva y sana.
La Uchiha sonrió débilmente y abriendo paso a la larga y agotadora noche…
El bullicio de la noche los había dejado a todos agotados, el sudor emanado por el cansancio y las respiraciones agitadas de la nueva madre y Karin eran el sonido más relajante del día, y entre sollozos que iban aumentando con cada segundo las voces comenzaron a hacerse presente:
—Sasuke-kun… es ella nuestra hija…—Musitó Sakura con la bebé en brazos mientras Sasuke la tomaba con sumo cuidado y en su expresión se podía notar el nerviosismo a flor de piel recorrer su cuerpo.
—¿Verdad que es realmente hermosa?—Exclamó Karin maravillada con los resultados, Sakura le sonrió mientras que Sasuke no emitía ningún tipo de sonido, solo se mantenía concentrado observando los oscuros ojos de su hija.
—Karin… muchas gracias por todo… yo… no sé cómo pagártelo—Dijo la Uchiha respirando la paz del lugar. En su pecho se removían miles de sentimientos, el haberse convertido en madre le cambiaría la vida desde ahora, porque un pequeña vida dependería de la de ella.
—No tienes por qué preocuparte por eso. Esto realmente ha sido… algo hermoso—Exclamó en voz baja y con un leve sonrojo avergonzada, traer a un niño al mundo con sus propias manos fue lo más bonito que pudo haber presenciado antes.
—¿Y ya pensaron que nombre ponerle?—Preguntó Juugo observando todo desde la esquina de la rocosa cueva que ahora estaba iluminada por los rayos del sol.
Todos se observaron de repente sin saber que responder incluyendo a Sasuke, hasta que por fin Karin habló:
—¿Que les parece, Sarada…?—Dijo acomodando sus lentes con expresión seria y sutil.
—Me parece bien—Dijo Sasuke, sabiendo el significado de ese nombre en su Clan—¿Tu qué piensas, Sakura?
Ella notó la expresión tierna que Sasuke le había brindado, y asintió con una sonrisa de felicidad.
Entonces Karin se sonrojó de sobremanera, ayudó por primera vez a que esa bebita naciera y además escogió el nombre de esta… quién lo tendrá para siempre…
—Sarada Uchiha—Pronunció Sasuke con suavidad al sentir las manitas de esta apretar las de él. Una vez él llegó a pensar que en su corazón no cabría el sentimiento del amor, por ser tan estrecho y rustico, empero cuando notó lo contrarió supo que no todo estaba perdido, que mantendría esta nueva sensación en su pecho para siempre. Que esa pequeña a la que él estaba observando ahora y que tal vez en el futuro ya no pueda reconocer, estaría esperándolo… a lo igual que él a ella.
Luego de unos días, cuando Sakura por fin se recuperó del proceso de parto era el momento que ninguno de los dos había deseado que llegara. Debían separarse… no emocionalmente y mucho menos romper los lazos de amor que ambos tenían, sino físicamente uno del otro.
Sakura entendía que el estado en el que estaba ya no podría hacer más nada por evitar estar más lejos de Sasuke, él debía llegar lo más pronto posible a la torre que se situaba justo en la frontera de Konohagakure, lugar en el que debía permanecer en guardia por las posibles amenazas…
Ambos se encontraban en una escena muy lamentable para los que la presenciaban.
La familia Uchiha, los tres estaban abrazados como uno solo, porque eso es lo que eran, uno solo. Y cada uno de ellos mantenían sus sentimientos conectados, aunque los tres se necesitaran, ambos debían proteger a la nueva vida que habían traído al mundo indefensa, aunque eso conllevara que se tuvieran que separar, pero esto no sería para siempre. Ellos se volverían a encontrar.
Al escuchar todas esas palabras, Sarada soltó un quejido anunciado que lagrimas saldrían de sus ojos, su respiración estaba agitada y sentía una fuerte sensación en su pecho, ¿Cómo había ella podido dudar de quienes eran sus verdaderos padres?, ellos se habían jurado protegerla hasta el más diminuto momento que ella viviera y a pesar de que no pudo hablar mucho con su padre hace unos días cuando se machó, ella sabía que él no la había abandonado, sino que debía continuar con su misión por unos cuantos días más hasta que se asegurara de que no corrían peligro en ningún lugar.
Sakura observaba como su pequeña se desahogaba entre lágrimas y lamentaciones, y el sentimiento de madre le acorralaba el cuerpo con tan solo verla así, aunque hace mucho habría querido contarle todo esto desde un principio, ella sintió que no sería el momento preciso, pero sin embargo, las cosas habían sucedido por algo y así pudo conocer a su padre después de tanto tiempo.
—Te amo, hija. Y tu padre también te ama.
Sarada miró a su madre al escuchar aquellas palabras y rompió en llanto abrazándola con fuerza mientras Sakura le correspondía a punto de llorar también.
—Mam-á, ¿Y qué pasó con Karin?—Preguntó la pelinegra con curiosidad, casi olvidándose por completo de ella.
—Bueno… antes de que Sasuke partieraél, él ordenó a Karin y Juugo traernos de vuelta a la aldea. Fue en ese entonces cuando ella me confesó que tus ojos tenían un problema y que no podrías ver…
—Sí, cuando tenía 6 años me explicaste por qué utilizaba lentes mamá—Exclamó serena la pequeña.
—Así es, entonces Karin decidió obsequiarte esos lentes que a causa de la pelea que tuvimos recientemente quedaron totalmente arruinados.
Sarada bajó su cabeza con tristeza.
—Pero, ¿sabes algo?
—No, ¿Qué?
—Ella te mandó un obsequio—Dijo Sakura mientras sacaba de una caja de madera un estuche con la réplica de los lentes rojos.
La portadora del Sharingan los tomó rápidamente con alegría mientras se deshacía de los lentes viejos y anticuados que tenía puestos.
—Mamá, ¿Crees que me veo hermosa?
—Lo eres hija mía, lo eres.
—¿Mañana vas a contarme como es que tú y papá… ya sabes, me obtuvieron?—Preguntó ella juntando ambos dedos índice con pena.
Sakura se sonrojó hasta más no poder, ocultando su vergüenza exclamó:
—¡Sarada!, bueno no creo que este sea el momento por ahora…—Dijo casi en un susurro imaginándose lo curiosa que era su hija y lo capaz que podría ser si ella lo descubriera por si sola…—. Prométeme que esperas el tiempo correcto para saberlo.
Sarada colocó una sonrisa vacilona en sus labios, le encantaba ver como su mamá se sonrojaba, después de todo, ella sabía ahora cuánto se amaban sus padres.
—Ja, ja, ja, era solo una broma, mamá.
N/A: ...Y así concluye este ShortFic. Estoy extremadamente agradecida por todos sus votos y comentarios, ¡son un amor de lectores!.
¿Les ha gustado?. esperaré muy ansiosa sus comentarios u opiniones linduras.
Un fuerte abrazo, nos leemos la próxima :-*
