Capítulo 23: Agridulce
Comienza a caer la noche y me cruzo de brazos para protegerme del frío. Camino cabizbaja, pensando en lo mucho que cambiaba el ambiente el tener a alguien a mi lado… Al tener a Deo...
Comienza el himno y me doy cuenta que no he escuchado el cañón de la psicópata, no ha muerto aún ¿O lo habré pasado por alto? Estoy segura que no regresaré, seguro los tributos restantes se encargarán de ella. Al terminar la melodía y después de comprobar que no hay nadie alrededor; el hecho de que haya menos árboles reduce mis lugares para ocultarme pero también siento que me permitiría detectar enemigos más fácilmente, escucho el cañón que seguramente es de Mily. Siento un extraño alivio por oírlo, pero todavía no puedo perdonarla por lo que hizo…
Frente a mí tengo un árbol. Aspiro de forma prolongada y lo intento trepar, permanezco colgada por unos segundos de una rama con los pies al aire y caigo secamente al suelo… soy una vergüenza para el Distrito Siete ¿Cómo es que no aprendí a hacerlo todas esas noches que me ayudaba Deo a subirlos?
Vuelvo a mi forma tradicional, como empecé. Busco los arbustos más espesos y me meto entre ellos. No recordaba que fuera tan incómodo.
Ignoro cuánto tiempo pasa antes de comenzar a soñar y viajar a otro lugar. De esta forma paso el siguiente día, en el cuál no escucho ningún mutante gritar, me parece extraño. Sólo como pocas fresas silvestres que habíamos guardado para la ejecución final del plan de Deo… por desgracia nunca hicimos más que esa única práctica. Si la maldita de Mily no hubiera dicho lo que dijo… Rasguño mi dedo pulgar y vuelve la depresión que no había sentido desde hace varios días.
En el tercer día sin Deo, sueño que jamás fui a los juegos pero súbitamente algo me sacude y me hace despertar de golpe en una soleada y calurosa mañana ¡Se está removiendo la vegetación del lugar en el que estoy!
Salto rápidamente de mi horroroso escondite y huyo, asustada por la posibilidad de tener un final como el de Giselle. Logro arrojarme a la parte sin hierbas, arbustos o árboles.
Caí boca abajo, una pose muy riesgosa en mi situación; pero al momento de levantar algo mareada la vista, veo a un tributo de cabello negro y lacio a lo lejos, todo indica que me tiene en su mira. El desprendimiento de follaje ha llamado su atención y yo sólo he saltado a lo que puede ser mi muerte.
Me levanto con tal fuerza que me lastimo un poco mis extremidades, pero no dejaré de correr. Aun traigo las dos armas, podría arriesgarme a arrojar una y luego luchar contra… No, con ESA profesional jamás podría ganar una lucha de cuerpo a cuerpo.
Visualizo y corro al lugar más denso de vegetación, ahí podría esconderme; sólo debo de llegar, parece tan distante.
Mientras sigo corriendo a toda velocidad volteo una primera vez para ver a Electra, que parece que tiene toda la intención de terminar con mi vida. Me asusto e intento incrementar la rapidez con la que corro. Al llegar a la orilla del "Bosque" giro para apreciar la distancia y calcular el tiempo que tengo para esconderme, pero me doy cuenta de que no hay suficiente al ver que corre mucho más rápido que yo, ya está casi por llegar y no habrá oportunidad alguna de encontrar un escondite efectivo. Me interno a toda velocidad en el bosque y me comienzo a agotar, como sucedió en la persecución de Linebeck y Marietta.
Esta parte sigue siendo espesa y, aunque sé que tengo experiencia corriendo entre arbustos y hierbas, sé que la Profesional no pierde la rapidez con la que corre; desearía que hiciera tanto ruido como Mily o Chip, para saber en dónde está.
Llego a la parte más espesa del lugar cuando, de improviso, choco con alguien que venía corriendo. Caemos ambos al piso y me obligo a voltearlo a ver, ¡Es Gordon!
Preparo cualquiera de mis armas porque sé que es aliado de Electra y de Gurges, pero antes de atacarlo se levanta y grita:
—¡Corre y no vayas para allá! —Sale corriendo despavorido mientras grita esto.
Me levanto y voy en su dirección; No sé de qué esté huyendo, pero sé que es peligroso, además cabe la probabilidad de que lo amenace para que me diga todo lo que pueda de sus aliadas… o de que no me desprecie tanto como yo pensaba…
Me esfuerzo un poco más para alcanzarlo, mientras porto mi cuchillo en caso de ser necesario su uso. Por suerte para mí, él no es muy rápido.
Al llegar con Gordon, noto que aspira aire con fuerza y de forma rápida; pronto no podrá continuar corriendo.
—Au… Me…alegra…verte…—Me dice Gordon agitado.
—Ni tú ni yo podremos continuar, ¡debemos descansar un poco!
—Loca…Nos va a…—No puede terminar la frase y cae de cara al pasto.
Aún seguimos en un área lo suficientemente densa. Gordo de un salto logra levantarse y casi volando se intenta subir al árbol más próximo, hace un intento más patético que el mío y cae de cara sobre varios arbustos.
—¡Gordon quédate ahí! —Le digo mientras corro al lugar en el que aterrizó.
Aunque Gordon se encuentra completamente bocabajo entre los arbustos no se puede apreciar ni una sola parte de su cuerpo, por lo que intento esconderme lo mejor que he intentado en mi vida y me tumbo fuertemente sobre él. Espero a que Electra o lo que sea que persiga a mi compañero salga, no sin antes taparle la boca y ponerle la daga de Deo en la espalda como amenaza.
En pocos segundos llegan Electra y Gurges, siguen corriendo a buen paso. Al identificarlas le clavo más aun la daga para hacerle saber que su vida terminará si hace algo estúpido, pero pareciera que tampoco quiere que lo encuentren.
Cuando las dos profesionales pasan de largo y después de pasados varios minutos, le digo a Gordon aun con mi mano en su boca que debemos de salir de esa zona lo más rápido posible, él asiente vigorosamente. Al levantarnos aprecio que Gordon aún tiene su arma-martillo.
—Antes de que digas algo, —Levanto la daga y se la pongo en la garganta, muy enojada—¡¿Por qué dijiste eso de mí?!
—¿Eso?¿Cuál eso? —Gordon tartamudea y se alza poco a poco para evitar la presión de mi arma.
—Que soy —Comienzo aun enfadada —"Tu estúpida compañera de Distrito" y que me planeas asesinar…
—¡Oh! ESE eso…
—¿Ese? ¡¿Hay más?! —No puedo resistirme a clavarle mi daga; hasta donde sé, esta podría ser una trampa para acabar conmigo.
—¡Au! Comprende que tenía que sobrevivir y que tenía que decir y hacer ciertas cosas —Parece relajarse un poco, por lo que agrego más presión —¡Por todos los árboles Aurora! ¡Son profesionales! ¿Crees que sólo por mi Guapura y masculinidad me dejaban vivo?
Dudando y mirándolo con la más grande mirada de ira que he hecho hacia alguien, bajo mi arma, pero no la guardo ya que no sé qué pueda estar planeando. Noto que ha adelgazado mucho, aunque sigue teniendo sobrepeso; pero vuelvo en mí después de esa leve impresión.
—¿Y por qué huías de ellas? —Le pregunto de forma acusante —¿Qué acaso ya no tenían un uso para ti?
—Pues ya no me llegaban paracaídas… — Me observa con miedo, cómo si tuviera algo más que decir — Además ya no tenía más información tuya qué repartir… ¡Deberías de comenzar a ser más interesante eh!
Quedo pasmada; no puedo creer lo que escucho y, reprimiendo hasta el más profundo sentimiento de encajarle mi arma le pregunto:
—¿Qué les has dicho?
—Todo…— Gordon solamente se queda parado enfrente de mí —Lo de pasar desapercibida, lo de tu trabajo, de que eres la mejor jugando al Escondite…
—¡¿Les dijiste eso?! — Ahora que saben eso sobre mí, saben mi estrategia, seguro que les preocupé un poco más —¿Y que dijeron?
—Se rieron —Dice secamente mi compañero de Distrito —bueno sólo Gurges, Paris y Omario… A Electra ni eso le sacó una sonrisita.
Siento la más grande vergüenza, llevo la palma de mi mano a mi frente y caigo en cuenta de por qué no he tenido tantos patrocinadores. Avanzamos por las partes espesas en silencio y después de estar seguros de estar lo suficientemente lejos de las profesionales decidimos detenernos para pasar la noche.
Gordon quería pasar la noche en un claro, como lo había estado haciendo desde hace unas varias noches, lo cual me pareció una gran tontería. Su justificación era que "así lo hacían los profesionales" por lo que simplemente le dije que desde ahora lo haríamos a mi modo.
Una vez que encontramos un lugar lo suficientemente grande para ocultar al Grodo y a la Flaca del distrito siete, me meto en él para descansar de la persecución.
—¿Ya nos vamos a esconder? —Pregunta casi ofendido Gordon —¡Pero si todavía falta por lo menos una hora para el Atardecer!
—Ahora estás conmigo y lo harás a mi modo. —Se nota que casi todo el tiempo ha estado con profesionales, no ha tenido la necesidad extrema de ideárselas para sobrevivir.
Tardamos unos minutos en acomodarnos, no sin protestas de mi no-oficial aliado. Logramos estar en una posición aceptable, uno a un lado del otro y con muy poco espacio entre los dos; en este momento recuerdo a Deo y siento nostalgia por sus historias del distrito Diez, algunas veces creía que se las inventaba. Río un poco al pensar esto. Gordon, al notarlo, dice al aire que ya he perdido la cabeza. Algo apenada y recordando que él no sabe nada de mis alianzas y vivencias, le pregunto sobre sus antiguas aliadas.
—Bien, ¿recuerdas hace unos cuantos días que dejaron de salir las cosas feas? —Cuando me pregunta noto que en verdad ya han dejado de escucharse los mutantes — Pues le dije a Gurges que se tapara la cara, ya que ella era la causa de sus gritos de terror…
Realmente me toma por sorpresa su comentario y no puedo evitar reírme pero logro controlar el sonido, el miedo que siento por esas mujeres es mayor que cualquier otra cosa… por ahora. Continúa diciéndome que lo dijo porque Gurges era la líder del grupo y había decidido que Gordon ya no les era de utilidad, ya que ya no aportaba información de mí y que sus "bromas tontas" ya no le causaban gracia a los patrocinadores. Al día siguiente del que se había separado recibió un humilde desayuno.
Según Gordon, Gurges cuenta con una muy respetable fuerza pero que no es muy rápida al correr; al parecer se le habían escapado varios tributos anteriormente, pero que vio su horrible potencial cuando asesinó a una chica en el lugar en donde nacía un delgado arroyo. Fueron a ese lugar ya que Omario murió al tomar de un pequeño escurrimiento que llegaba a un diminuto lago.
—¿Quién era la chica? —Le pregunto.
—Era de cabello castaño, bonita y se veía que le estaba yendo bien…creo que era del Distrito Cinco… —Me responde muy pensativo.
—No creo, Giselle era la Tributo del Cinco y era pelirroja… tampoco pudo ser Gis porque estaba increíblemente desnutrida.
—Bueno entonces era del Once —Dice Gordon casi de manera casi aleatoria.
—La chica del Once era Peach y ciertamente no era Castaña. —Vuelvo a corregirlo mientras sigo pensando.
—Bueno ¿Cómo te aprendes los nombres y de qué sirve saber quién es cuál? —Pregunta un poco exasperado por mi necesidad de saber quién fue —No importa quiénes murieron, lo que importa es quienes sobran.
—Llegué a saber el nombre de todos, y no puedo olvidar rostros y nombres fácilmente —Comento, pero al ver su imitación mía exagerando lo que dije, yo agrego: —Aunque contigo puedo hacer una excepción.
—Lo que importa es que esta tributo sin nombre envenenó el pequeño riachuelo con unas bayas muy venenosas, Omario tomó del laguito contaminado y, pues, Electra sugirió que fuéramos a investigar.
Hago una expresión para hacerle notar que lo he escuchado, pero me digo a mi misma que entonces fue Gurges la que terminó a Celia… Mi pensamiento se va de nuevo con Deo y recuerdo el día en que le dieron la Espada Larga. No puedo evitar pensar que Deo podría intentar vengarla ya que era su "conocida de toda la vida". Decir eso con desprecio únicamente me hace sentir peor, por lo que mejor le pregunto a Gordon sobre la profesional de ojos rasgados, Electra.
—Sólo te diré que cuando muera iré a su funeral. —Dice Gordon, lo cual me sorprende.
—¿Eran amigos tú y la que jamás sonríe? —Pregunto realmente atónita —Hablando de parejas disparejas
—¡No! ¡Iría a su funeral sólo para asegurarme que estuviera realmente muerta!
—Sabes, deberías ser más específico —Nuevamente sonrío, a pesar de todo Gordon sigue siendo Gordon.
Dice que no sabe mucho de Electra, que ella fue la que asesinó a uno de los hermanos, decapitándolo… Me parece uno de los peores finales de estos juegos, por lo menos de los que sé; espero que Gis no lo haya presenciado, si a uno de mis hermanos lo asesinaran de esa forma yo no sé qué haría…
Después del himno y de no ver ningún rostro en el cielo, Gordon me dice que en los dos últimos días que estuvo con ellas, las profesionales decidieron salir de cacería, separadas y dejando a mi compañero de vigía, protegiendo lo que tenían. Sin embargo con las pocas provisiones que tenían Gordon se limitaba a una mísera ración de carne seca y Gurges comía la mayoría. Su compañera de ojos rasgados comía insectos, algo repugnante que, según Gordon, la mantenía con una gran energía; aún más que a Gurges.
Entrando la fría noche Gordon no tardó en dormir ni en roncar. Por lo que cada vez que comenzaba a hacer ruido, lo golpeaba con el codo para que guardara silencio. Ha sido una de las peores noches que he tenido en la arena, no por el no poder dormir, sino por el miedo de que nos descubrieran por su culpa. No sé cómo lo pudieron soportar tanto tiempo sus antiguas aliadas. Aunque acepto que no pareció haber tenido ni la más mínima intención o idea de asesinarme mientras yo dormía, también parece confiar plenamente en mí. Seguro no hay apuestas para él en el Capitolio.
Al amanecer me despiertan unos codazos poco amables de Gordon, que me hace una señal para guardar silencio. Con la poca atención que puedo prestar, escucho unos sigilosos pasos, pero no puedo visualizar quién puede ser. Cuando Gordon lo logra ver, pone una cara de sorpresa y espanto, no quita la mirada de quién esté allá afuera. Yo dejo de respirar y no muevo ni un dedo. Logro ver a Electra por un pequeño orificio entre las hojas de los arbustos, está increíblemente cerca y buscando a alguien para asesinar. Veo su espada delgada, antes sucia por la sangre de Sig, a una distancia que hasta por error me podría tocar. Siento un escalofrío subir por mi espalda como un rayo.
Entonces tal vez escucho el cañón más importante de todos los que escuché o escucharé.
